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Daniel
Wankun Vigil, O.P. Quisiera comenzar esta Conferencia compartiendo las profundas dudas que he tenido para sistematizarla. Es, sin lugar a dudas, más fácil enfrentar una tarea sabiendo quién estará frente a ti, a qué tipo de gente le vas a hablar, y especialmente saber qué expectativas tiene al venir hoy aquí. ¿Me encontraría con jóvenes que están en formación y que desean conocer qué les puede esperar en su primer destino? ¿serían amigos de América Latina que les interesa saber qué hacemos por ahí? ¿Quizás algún miembro de las comunidades nativas donde trabajo? ¿Superiores mayores de congregaciones misioneras que se interesan por brindar algunas líneas de trabajo a los futuros misioneros? En fin, muchas posibilidades, pero lógicamente no podía responder a todas. Hay que correr riesgos, y eso es lo que he hecho. Me propongo contar mi experiencia misional, como primera misión, en un lugar de la Amazonía peruana, Koribeni, pensando principalmente en aquellos que van a comenzar una nueva labor, sea la que sea, y mucho mejor si es una labor misionera. Narro esta historia para aquellos que como yo, quieran correr riesgos. He sistematizado esta Conferencia en cuatro partes. En la primera, que llamaré Contexto haré una muy breve referencia a mi persona, a la historia del proyecto con el que comencé mi primera misión, y a las características socio-culturales y religiosas del lugar donde se lleva a cabo esta experiencia. En un segundo momento, que llamaré Mi Primera Misión destacaré los elementos que considero importantes a tener en cuenta para propiciar el mejor ambiente para aquel que realiza su primera misión. Una tercera parte se centrará en la experiencia eclesial específica, que denominaré Compartiendo la Misión. Para afrontar por último los retos que considero más relevantes de cara tanto al proceso formativo de los futuros misioneros como a la propia experiencia en Koribeni. Esta última parte la llamaré Corriendo riesgos.
1. PRIMERA PARTE: CONTEXTO
El narrador Soy un misionero dominico peruano, tengo 32 años, seis años de sacerdocio y llevo cinco años en la misión de Koribeni, de la que hablaré más adelante. Ingresé a los 17 años en el prenoviciado de esto ya hace 15 años y a los dos años tuve mi primera experiencia en la selva. No fue una experiencia pastoral, misionera ni mucho menos. Se trataba simplemente de conocer un bello lugar de misiones: Timpía, pequeño poblado compuesto por nativos de la etnia machiguenga, ubicado en la selva del Cusco. Era verano, época de vacaciones escolares. Mucha de la población estaba ausente y compartíamos la vida en la Misión el sacerdote encargado, su sobrino, algunas niñas del internado y la gente del poblado. Aquella experiencia de algo más de un mes arreglando el techo de un internado de niñas, construyendo con madera un aula de una escuela, moliendo el arroz de las comidas, bañándome en los ríos, conociendo gente diferente, gustando de comidas exóticas, disfrutando de la hermosura de aquellos lugares quedó para siempre en mi memoria. Pero no pude volver a la selva hasta después de seis años, una vez ordenado.
Historia de un Proyecto En 1997, junto con dos compañeros más pensamos, planificamos y realizamos un Proyecto de labor misionera en lo que denominamos el Medio Urubamba. En este Proyecto habíamos plasmado el ideal de comunidad dominicana que queríamos ser: una comunidad pobre, itinerante y dialogante. Ahí quedaba reflejada la formación recibida, pero también el deseo de querer recorrer caminos nuevos, distintos, exigentes. La tarea a realizar no era fácil, significaba recorrer una parte de la parroquia de Koribeni, aquella parte geográficamente más alejada de la residencia de la Misión y que en ese momento se encontraba menos atendida sólo tenía la parroquia un misionero que podía visitar las comunidades y en ese recorrido nuestro objetivo era conocer mejor la situación real de las comunidades, y determinar si era conveniente o no crear una nueva presencia dominicana. Aquel año 97 ha sido uno de los más hermosos que he vivido. De marzo a octubre Rafael un dominico español y yo recorrimos toda aquella región. En octubre se nos uniría otro compañero más. Con nuestra mochila a la espalda, a pie, en camiones que transportaban café y cacao, sin un lugar fijo de residencia, durmiendo donde nos acogiesen; a veces, simplemente donde nos cogía la noche, haciendo nuevos amigos y amigas, compartiendo la fe de aquellas personas, ilusionándolas e ilusionándonos ellas a nosotros. Recuerdo que cuando presentamos el Proyecto al Capítulo nos decían: "Pero ¿dónde van a vivir? ¿dónde van a comer?". Habíamos redactado un Proyecto que reflejaba nuestros ideales de vida, la forma en que queríamos vivir como dominicos, los principios de vida que queríamos compartir con aquellas personas con las que íbamos a encontrarnos, pero no habíamos pensado en ningún momento dónde viviríamos, dónde comeríamos. Y eso también se reflejaba en nuestro presupuesto, nos decían algunos: "Ese presupuesto se les acabará simplemente en la comida y la vivienda de un mes" Y nuestro Proyecto duraba unos ocho . Simplemente decíamos: "Ya veremos, eso es lo de menos". Y así resultó: fuimos acogidos en las escuelas, vivimos algunas temporadas en una habitación de un puesto de salud, en casa de unas misioneras seglares, en las casas de aquellos que nos invitaban a sus comunidades. Pudimos disfrutar sin prisas del encuentro con la gente, y el esfuerzo que suponía hacer todo esto muchas veces a pie jornadas que iban desde las dos horas hasta los dos días se veía recompensado por la alegría, la acogida y el cariño que sentíamos. Y pudimos conocer y maravillarnos de la belleza de la naturaleza, de sus quebradas, de su verdor. Al finalizar el '97 se nos pidió asumir una nueva tarea: las dificultades de personal en otras misiones, hacía que aquel sacerdote encargado de Koribeni tuviese que irse a otra Misión. Se nos pedía, a los tres del Proyecto que pospusiésemos la posible creación de una nueva comunidad, y que asumiéramos la parroquia de Koribeni. Así lo hicimos, y aunque la finalidad del Proyecto no pudo cumplirse totalmente, conservamos los principios que nos habían orientado.
Koribeni La Misión de Koribeni se ubica en el Alto Urubamba, a unos 100 kilómetros de la ciudad de Quillabamba, Capital de la Provincia de La Convención, Departamento del Cusco, Perú. Para quienes conocen Machu Picchu no les será difícil imaginar unas horas más en tren siguiendo ese camino y llegar a Quillabamba aunque hoy ya no es posible, pues el Fenómeno del Niño de hace unos años nos dejó sin tren. Sólo se llega hasta las famosas ruinas incas. La Misión se creó en 1918, albergando a los nativos de aquella zona. Actualmente el territorio de la Misión comprende, en su longitud, unos 200 kilómetros, siguiendo el curso del río Urubamba, pero a ello se añaden los numerosos valles donde se asienta la gran mayoría de la población campesina y de Comunidades Nativas. A grandes rasgos, cabe distinguir dos grandes grupos de población: Uno, formado por Comunidades Nativas Machiguenga, habitantes tradicionales de la zona y que, en la actualidad, se agrupan en 10 Comunidades legalmente establecidas. En total, agrupan a una población nativa aproximada de 4,000 personas. El otro constituido por colonos agrícolas provenientes de zonas andinas. Se trata de población, en su mayoría, netamente campesina, dedicada al cultivo de café, cacao, achiote, arroz y artículos de consumo familiar. El resto se trata de población dedicada al comercio. Se agrupan en un total aproximado de 120 comunidades y centros poblados. En total, la población abarcada gira en torno a 30,000 habitantes.
Situación de las comunidades La agricultura es el centro de la actividad económica de la región y dadas las características ecológicas de la "Ceja de Selva", denominación de la zona de pequeños valles que introducen a la selva baja se está generando un proceso de rápido empobrecimiento de la tierra y deforestación por la búsqueda constante de nuevas tierras para el cultivo. El café es el principal producto del valle, pero su comercialización está siempre sometida a las fluctuaciones del mercado internacional, con lo que la economía familiar presenta variaciones muy notables entre un año y otro. Aún así, la ausencia de una formación familiar y económica genera un derroche de los ingresos existentes que impide mejoras reales en las economía familiares. Esta falta de capacitación hace que la inversión en mejora de cultivos y otros bienes relacionados con la actividad agrícola sea mínima. Por otra parte, las experiencias asociativas existentes (Cooperativas, Comités de producción, etc.) están sumergidas en una profunda crisis, por su incapacidad para competir con la fuerte relación de dependencia existente entre campesinos y comerciantes. La inversión en mejoras productivas que estas asociaciones generan se ven, por ello, minimizadas. A nivel cultural existe una marcada diferencia entre las comunidades de colonos campesinos y las nativas. En ambos casos se da una tradición cultural muy fuerte, aunque los colonos tienden a crear mecanismos de adaptación cultural a la zona. El tipo de asentamiento tan disperso que caracteriza a las comunidades ha hecho que se pierdan algunas tradiciones y rasgos culturales de carácter comunal entre la población campesina, aunque el impulso de ciertas organizaciones propias de sus lugares de origen (Organizaciones populares, comunidades cristianas, comités de desarrollo, etc.) están suponiendo un nuevo impulso de carácter cultural. Es por ello que cualquier iniciativa de tipo formativo y que tienda a generar nuevos sistemas de asociación interna implica una fuerte influencia en los elementos culturales. En el caso de las Comunidades Nativas, los rasgos culturales tienen una influencia socio-económica mucho mayor, pero tales comunidades se ven necesitadas de una mayor capacitación y orientación para relacionarse con el mundo externo que viene ejerciendo en los últimos años una presión cada vez mayor sobre sus tierras y su cultura. En el área abarcada por la Misión existen más de 50 Centros Educativos de nivel Primario y 6 de Secundaria, siendo el Centro Educativo el punto principal de referencia de las comunidades, la principal obra ejecutada por los mismos comuneros y el modo de demostrar la estabilidad y permanencia en el caso de los colonos. Asegurar la educación de los hijos es un aspecto prioritario para las poblaciones campesinas y lo está siendo también para las Comunidades Nativas, aunque éstas poseen una infraestructura educativa mucho más deficiente. A nivel de profesorado la complejidad es aún mayor por su inestabilidad laboral, los bajos sueldos y la escasa preparación profesional. En lo referente a salud, la situación es mucho más crítica. Existen unas 10 Postas Médicas, pero con fuertes limitaciones en su implementación tanto de medios como de personal. Los promotores de salud de las comunidades reciben una apoyo de capacitación y de medios mínimo e ineficiente, precisando un fuerte impulso de estas áreas, a fin de que la atención sanitaria pueda llegar de forma más eficiente a todos los sectores poblados. Por último, el elemento religioso juega también un papel importante en la situación social de la población. Si bien ésta, en su mayoría, es creyente, hay un claro alejamiento de sus creencias religiosas por el proceso de aislamiento y desenganche con respecto a sus costumbres de origen, originando procesos de individualización social. Por otra parte, existe una marcada presencia de nuevos movimientos religiosos cristianos no católicos, comúnmente llamados bajo el nombre de "sectas", con una carga semántica negativa, que si bien aportan elementos religiosos positivos, a nivel social generan fuertes divisiones sociales y familiares, así como una menor participación en el desarrollo socio-económico de las comunidades. De este modo, la capacitación religiosa tiene también implicaciones directas en la cohesión social y en la generación de experiencias asociativas. El desarrollo y unión de la población es fruto también de la recuperación de tradiciones religiosas propias y de una formación más completa y global. En este contexto ¿qué hacemos desde la Misión de Koribeni? ¿De qué forma respondemos a las necesidades que se desprenden de esta descripción de la parroquia? Y entraríamos así a la segunda parte de esta Conferencia.
2. SEGUNDA PARTE: MI PRIMERA MISIÓN
Un trabajo organizado El centro de toda la actividad pastoral es el trabajo con comunidades cristianas, realidad ya bastante consolidada en nuestra Parroquia. Actualmente contamos con unas 60 comunidades cristianas organizadas, se da un nivel de estabilidad muy importante y se viene potenciando de forma considerable todo lo referente a actividades de formación. No ha sido una tarea fácil. Permítanme hacer una comparación: en diciembre de 1997, se celebró el Congreso de las Comunidades Cristianas, encuentro que reúne a todas las Comunidades Cristianas de la parroquia. Fueron 17 las Comunidades que participaron. Al año siguiente, con el nuevo equipo contamos con cerca de 50 comunidades. Sin duda, el poder organizar, planificar el trabajo hecho en conjunto ha sido el elemento fundamental para que eso haya sucedido. Hemos dividido la parroquia en 4 zonas, dadas sus características geográficas. Eso ha permitido que en cada una de las zonas se vaya mejorando la organización, que exista la figura del catequista zonal que se encarga de animar a las comunidades de su zona y recoger sus inquietudes. Dedicamos una parte de nuestro tiempo para planificar las actividades del año, involucramos en esto a los agentes pastorales de la zona, catequistas parroquiales, catequistas de cada una de las zonas de la parroquia, directiva de cada una de las comunidades. Nuestra Parroquia presenta limitaciones geográficas muy importantes: es una parroquia muy grande (casi 200 kms. de un extremo a otro), con comunidades muy alejadas y de difícil acceso, por lo que la atención a las comunidades cristianas ocupa la mayor parte de nuestro tiempo y aún así no se logra una atención totalmente satisfactoria. Cabe resaltar como muy positivo la respuesta de las comunidades en las actividades programadas desde la parroquia, especialmente en lo referente a Cursillos de formación, lo cual permitirá ir delegando funciones a los catequistas de las propias comunidades. Aún así, una de las grandes limitaciones es no contar con agentes de pastoral más especializados y con dedicación exclusiva a este campo. Las religiosas dominicas atienden las actividades en la Misión, y en algunas de las actividades que se organizan desde la parroquia. Destacamos el importante apoyo de dos catequistas contratados por la Parroquia. Ellos visitan a las comunidades y se encargan de la preparación más directa de los sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación. Un trabajo organizado es muy importante para iniciar una experiencia de primera misión. Saberse dentro de un Proyecto definido, claro, que quiera mejorar, que desee ser autocrítico y que deje la posibilidad de nuevas formas o maneras de hacer las cosas hará que uno pueda sentirse capaz de asumir con más rapidez e intensidad este proyecto.
Variedad de dones, variedad de trabajos Cada persona es distinta y trae una forma también distinta de entenderse como misionero. Esto, lejos de ser una fuente de problemas es más bien un recurso que hemos utilizado para potenciar las habilidades de cada uno. Uno tiene mayor capacidad para gestionar proyectos, otro para hacerse cargo de la búsqueda y preparación de materiales formativos; uno llevará mejor las cuentas, otro de los trabajos con jóvenes, etc. Esto no significa que todos y cada uno no esté enterado ni deje de participar en los ámbitos de los otros, sino que se busca una comunicación fluida para estar al tanto de todo lo que pasa en la parroquia. Para eso, son importantes las evaluaciones, o encuentros periódicos con la finalidad de organizar bien todo el trabajo a estas reuniones les llamamos "reuniones de cinco minutos", que como se imaginarán, duran mucho más que eso. Con frecuencia varias horas del días, para poder informar cada uno de lo que se hace dentro de la parroquia, las necesidades, las ideas nuevas, los distintos compromisos asumidos o a ser asumidos, etc. Para quien vive la experiencia de primera misión este hecho es muy importante. Se va descubriendo cuáles son las cualidades reales que tenemos, muchas veces podemos creernos con la capacidad de hacer algo determinado y resulta que no llega a ser verdad, que en la práctica nos damos cuenta que no servimos para eso. En otros casos, uno descubre nuevas cualidades o la habilidad para hacer algo específico y nos damos cuenta de que lo hacemos bien y eso nos satisface. Además ese autodescubrimiento nos predispone para esperar eso mismo del otro. Vamos descubriendo quién es el compañero que está a nuestro lado. Es decir, vamos descubriendo nuestros talentos y carismas y vamos reconociendo esto en los demás.
Trabajo fuerte Acceder a visitar unas 60 comunidades cada mes y medio aproximadamente reclama un esfuerzo grande, teniendo en cuenta que normalmente somos tres las personas que realizamos estas visitas, y muchas de las comunidades tienen un acceso difícil debido a su geografía. Horas de viaje en coche, o en bote, o a pie. Con unas "carreteras" algún nombre hay que darle que se convierten en infames y casi intransitables especialmente en la época de lluvias. Horas dedicadas también a programar, ejecutar y evaluar los planes de formación para las comunidades. Este trabajo fuerte ayuda a poder dar todo lo que uno tiene, a preguntarse si realmente vale la pena este esfuerzo, a reconocer que realizar nuestros ideales especialmente el del servicio no es fácil, sino que nos demanda constancia, confianza y paciencia. Constancia porque es bonito hacer algo que nos pide esfuerzo si es algo esporádico, especial o extraordinario; pero cuando este esfuerzo tiene que ser diario, cuando nos cansamos, entonces es allí donde se prueba las convicciones personales. Confianza porque descubrimos que todo ese esfuerzo sería inútil si no sintiéramos que es Dios quien nos da la fuerza y hace que ese esfuerzo produzca sus frutos; si fuera un trabajo fácil, nos veríamos tentados a creer que lo hacemos por nuestras propias fuerzas, sin la necesidad de Dios. Y por último paciencia, porque no se ven los resultados de ese esfuerzo inmediatamente; son procesos largos, de años, y eso nos hace también más comprensivos, más conscientes de las limitaciones tanto personales como las de los demás.
Promoción social En la forma de entender el trabajo evangelizador, la promoción humana forma parte de ella. Y la parroquia realiza una labor en el campo de la promoción social de las comunidades bastante amplio. Es importante resaltar que en todos los casos, nuestra acción no trata de suplir las obligaciones que corresponden a organismos estatales, sino únicamente ofrecer apoyo en los campos que muestran mayor limitación y que afectan a necesidades más urgentes; y siempre intentando involucrar lo más posible a las instituciones estatales con la finalidad de hacerles tomar conciencia también de sus obligaciones.
EDUCACIÓN
Construcción de Centros Educativos: principalmente en las Comunidades Nativas. Contratación de profesores: En muchas de las escuelas creadas por la Misión de Koribeni en comunidades nativas, el apoyo estatal consiste en la contratación de un profesor, lo cual resulta muy escaso cuando dicha escuela tiene más de 30 alumnos Apoyos con alimentación escolar: Una de las principales causas de las deficiencias en el aprendizaje es la alimentación, generalmente muy escasa y deficiente, lo que unido al sacrificio que los niños deben realizar para ir a la escuela (caminar varias horas al día), hacen imposible que los niños puedan estudiar con normalidad. Por ello, realizamos apoyos con alimentos en ocho comunidades nativas, lo cual garantiza un plato diario de comida más nutritiva para los niños de estas escuelas, gracias al apoyo organizado de los padres de familia Becas: La Misión otorga cada año una serie de becas en Institutos Superiores y Universidades a aquellos jóvenes que más destacan en sus estudios.
SALUD
Capacitación de Promotores de Salud: Dada las distancias de las comunidades con respecto a los puestos de salud existentes, dicha capacitación es de gran importancia para lograr una acción más organizada y efectiva en todo lo referente a prevención y atención sanitaria. Implementación de botiquines comunales: En aquellas comunidades más alejadas y mejor organizadas se han implementado 25 botiquines comunales, con los medicamentos básicos para una atención primaria.
BOTIQUINES ESCOLARES
Tratamientos de Salud: En el caso de enfermedades puntuales cuyo tratamiento es más costoso se ofrece el apoyo con el medicamento correspondiente. Apoyos específicos a Puestos de Salud: Ante necesidades concretas se viene apoyando a diversos puestos de salud del Ministerio con medicamentos, equipamiento y arreglos de infraestructura, a fin de mejorar en lo posible la atención sanitaria. Programa de Saneamiento Ambiental : Proyecto de prevención sanitaria que ha beneficiado a unas 25 comunidades de la Parroquia con programas de letrinas, cloración de agua y capacitación en temas de saneamiento ambiental aplicado a la prevención sanitaria.
CAPACITACIÓN POPULAR
En casi todos los casos, las acciones van unidas a actividades de formación popular que buscan mejorar la situación socio-económica, haciendo que los propios pobladores puedan hacer frente, con sus limitados recursos, a las necesidades más emergentes. En los puntos anteriores referidos a educación y salud ya se han mencionado algunas de las actividades de capacitación realizadas. A continuación se mencionan otras acciones más destacadas que han facilitado dicha formación o la han complementado. Construcción de un local multiusos: Cuenta con capacidad para acoger a más de 30 personas y en él se realizan múltiples cursillos de formación popular durante el año. Cursillos de formación: De forma periódica (casi mensual) y en los poblados más importantes de la zona se organizan cursillos de formación popular referidos a diversas áreas de mayor interés para la población: Salud básica y prevención, derechos humanos, defensa de la ecología y el medio ambiente, problemática familiar, promoción de la mujer, problemática agraria, etc. Para ello se ha contado con la presencia de personas e instituciones especializadas en cada área, lo que garantiza una formación más cualificada y siempre adaptada a las circunstancias propias de la zona. Foros de debate multi-institucional: La Misión de Koribeni ha logrado reunir a las diversas instituciones que, especialmente en el campo agropecuario, trabajan en la zona, a fin de desarrollar foros en los cuales se ha informado y debatido sobre la situación actual y cómo mejorar la calidad de los productos propios de la zona.
Desde una mirada especial: Creo que los lugares donde vivimos en la actualidad y que seguimos manteniendo responden a un criterio que en nuestro caso viene ya marcado por la historia e intuiciones de nuestros primeros misioneros, llegados hace un siglo: estar donde la dignidad de las personas es violentada, olvidada, reprimida; para llevar la esperanza que el mensaje de Jesús trae consigo bajo el signo de la resurrección. Una zona con las características que he señalado al describir la situación de las comunidades demanda nuestra presencia, nuestra solidaridad. Una opción de lugares donde la pobreza, la marginación, el olvido pero también la creatividad, los valores humanos, la esperanza y las ilusiones están muy presentes.
Un modelo exportable La forma en que venimos trabajando dentro de la Misión de Koribeni creemos que es una forma exportable, es decir, que puede servir como un modelo dinamizador dentro de un contexto con características similares. Así ha sucedido, y a partir de este año, uno de los miembros de la Comunidad se irá a otro puesto de Misión para promover un trabajo mejor planificado, con las características que he mencionado más arriba. Es significativo que las personas que han ido acabando su formación institucional, haya sido destinados a realizan su "año de pastoral" que es el tiempo de una experiencia fuerte de trabajo pastoral antes de proseguir estudios postinstitucionales en Koribeni. Creo que es una apuesta por ir aprendiendo de esa experiencia eclesial que allí se desarrolla y que puede ser implantada en otras muchas partes de nuestro territorio de misión. Veamos esas experiencias en la tercera parte.
3. TERCERA PARTE: COMPARTIENDO LA MISIÓN Quisiera destacar ahora la experiencia de Iglesia experimentada en este tiempo de vida en Koribeni.
Una Iglesia local Lo primero que habría que subrayar es la existencia de una Iglesia local, es decir, de una Comunidad de Comunidades que incluye a todas las parroquias comprendidas en ese territorio más amplio que llamamos Provincia de La Convención. Cada año nos reunimos de las siete parroquias que comprende esta Iglesia local, para reflexionar en común de las realidades de las mismas, de los problemas comunes que vemos en la zona, de las actividades en conjunto que deseamos compartir, etc. Esto nos ha permitido proponer y asumir retos comunes, ayudarnos unos con otros y, especialmente, reconocernos como una Iglesia local con un sello personal, con una forma de ser, de vivir y de servir que nos ayuda a crecer y que da un testimonio sensible de la presencia de la Iglesia en la Provincia. En este trabajo compartimos el trabajo todos los agentes pastorales de las diversas parroquias: religiosos, miembros del clero diocesano, religiosas, misioneras seglares y laicos. La vivencia y convivencia como Iglesia local es muy significativa; el principio de la búsqueda de un trabajo de pastoral en conjunto va dando sus resultados. Vamos madurando en nuestras opciones también.
Aprender desde la sencillez Sin lugar a dudas, una de las cosas que uno aprende es a mirar la vida desde la sencillez de las comunidades que forman nuestra parroquia. Nos sentimos interpelados desde esa profunda religiosidad que ellas profesan, de su modo tan espontáneo de brindar lo mucho o poco que tienen, de su esfuerzo por mantener la fe viva, de su trabajo comunal realizado con fines religiosos, etc. Desde esta sencillez también nos preguntamos por la actuación de Dios en la historia, de su acompañamiento a un pueblo que sufre y que espera; procuramos un lenguaje claro y cercano, favorecemos los encuentros festivos como una expresión de vivencia comunitaria de la fe. Nos esforzamos también por mantener en ese continuo contacto con los demás esa sencillez en nuestra forma de vida, sin ostentaciones, con una amplia disponibilidad para escucharles, atenderles, servirles. Creemos que somos signos de esa manifestación de la presencia de Dios en su Iglesia y dejamos también que ellos nos manifiesten el rostro de Dios.
Experiencia de organización La organización de las comunidades cristianas campesinas nos han enseñado la dinámica de búsqueda de mantener y crecer esa honda experiencia religiosa. Es en muchos casos un rasgo que les habla de su identidad cultural, de su vinculación a sus costumbres y a su tierra abandonada para encontrar nuevos horizontes. Hemos aprendido el valor de la comunidad, del hacer en común, del trabajo a favor del bien común. Nos ha mostrado también la necesidad y la capacidad de participación en la vida eclesial por parte de los laicos, de su labor propia de evangelización, de su colaboración en el robustecimiento de la fe y el compromiso social. En no disociar el evangelio que es vida, de las preocupaciones más urgentes que les aquejan. De sentir que el anuncio de Jesús no puede ir separado de un compromiso por la promoción integral del ser humano.
Compartiendo responsabilidades En la búsqueda por que la vivencia de la fe no se clericalice que se haga imprescindible la presencia del ministro ordenado para reunirse a celebrar la fe, por ejemplo se ha favorecido la toma de conciencia de que somos un pueblo, y que la experiencia de fe es una experiencia comunitaria, en la que todos somos responsables y por lo tanto de todos tenemos algo que decir, y debemos ser escuchados. En esta búsqueda hemos impulsado siempre una participación laical en las decisiones que atañen a la vida de las Comunidades. Existe un Consejo parroquial dentro de la Misión de Koribeni, una Directiva de las Comunidades para toda la parroquia, un Congreso donde participan representantes de todas las comunidades donde se aborda la evaluación en conjunto de la marcha del año, se recogen las propuestas para el año siguiente, siendo ellos los que determinan muchas de las actividades o proyectos para las propias comunidades. Intentamos que cada vez más los laicos vayan comprendiendo su misión dentro de la Iglesia, aunque el proceso es siempre lento. Hemos contado en estos años con la ayuda de lo que denominamos "catequistas parroquiales", que han sido un gran apoyo en la distribución de tareas de la parroquia, que han trabajado muy fuerte en sus visitas en las comunidades, y que han dado ejemplo siempre dentro de las comunidades. Quisiera, por último, en esta última parte que queda, abordar los retos que se nos plantean tanto en la experiencia vivida hasta hoy en esta etapa nueva de la historia de Koribeni como en el ámbito de la formación, de cara a aquellos que se verán confrontados con su primera misión.
4. CUARTA PARTE: CORRIENDO RIESGOS
Retos en la labor pastoral de Koribeni
Las comunidades nativas: Un reto importante al que aún no se logra dar una respuesta satisfactoria a nivel pastoral es el referido a comunidades nativas. Actualmente, venimos atendiendo unas 7-8 comunidades y cada año se nos presentan más solicitudes para hacernos presentes. La zona del Alto Urubamba presenta una gran riqueza de Comunidades nativas Machiguenga (hay casi 15), ofreciendo un enorme campo de trabajo que presenta peculiaridades que le distingue totalmente del trabajo con comunidades cristianas. A nivel de apoyos (especialmente en educación y salud) la respuesta de la Misión ha sido bastante positiva, pues se viene realizando un esfuerzo muy importante (construcción de 5 escuelas, contratación de profesores, becas, botiquines comunales, alimentación escolar, etc.) pero a un nivel más estricto de atención pastoral la respuesta es mucho menos positiva, pues se reduce a una actividad mínima sacramental. El trabajo con Comunidades nativas es un reto muy fuerte en el Alto Urubamba, pero la respuesta a este reto no puede ser parroquial, es decir, no puede darse únicamente desde la Parroquia en que se ubican, sino que debe ser asumido por la Pastoral de conjunto de la zona, potenciando un nuevo tipo de pastoral nativa con dedicación exclusiva de algunos agentes pastorales. Es un planteamiento un tanto arriesgado y de muy difícil aplicación, pero debemos ser conscientes que sólo así se podrá enfrentar dicho reto con resultados concretos, pues tal como está organizado en la actualidad, el trabajo pastoral con Comunidades nativas será siempre un elemento marginal dentro de la pastoral del Alto Urubamba. Ir más allá de la organización parroquial: Sin lugar a dudas, una etapa importante ha sido el organizar la parroquia, o reorganizarla para ser más exactos. Esto nos ha permitido que las comunidades se vayan acostumbrando a participar en cursillos de formación, a reunirse y conocerse, a ir responsabilizándose en algo dentro de todo lo compleja que es la parroquia. Esta organización ha logrado ser también una plataforma para potenciar el trabajo comunal, en ámbitos como la salud y la educación, que va más allá de la referencia específicamente religiosa. Hoy se debe avanzar un paso más. El organizar una serie de contenidos más sistemáticos, que impliquen un compromiso más fuerte por parte de las comunidades. Áreas como la función laical dentro de la Iglesia, los Derechos humanos, la mujer, la violencia familiar, el cuidado de la naturaleza son urgentes y necesarias. No es que no se haya tratado estos temas dentro de los cursillos de formación. Lo que sugiero es proponer cada uno de estos temas como proyectos específicos que sean ampliamente explicados, y con consecuencias prácticas en la vida eclesial de la parroquia. En esta misma línea, creo que nos urge ser cada vez más Iglesia. Veo conveniente una mayor distribución de las tareas eclesiales, del poder de decisión, una puesta en marcha de iniciativas provenientes de los agentes pastorales o de las comunidades, involucrarnos en los procesos sociopolíticos y culturales dentro de la Provincia, e incluso tener una proyección más amplia hacia fuera de ella. Esto implica también una elaboración de materiales de fácil comprensión para las comunidades y que pueda permitir generar también una reflexión suya, propia, más articulada de su vivencia de fe. Promoción de ministerios laicales: Una formación adecuada de las comunidades cristianas tiene que desembocar en el nacimiento de una presencia ministerial laical, y este es un gran reto. No que un laico haga lo que nosotros presbíteros hacemos; sino generar una reflexión para vivir la fe de forma comunitaria con ministerios dados a personas con una formación religiosa y un compromiso cristiano fuerte, que sepan celebrar una liturgia nacida desde su particularidad de Iglesia. Esto implica continuar en una formación sólida a los agentes de pastoral, darles y hacerles comprender el protagonismo que ellos tienen, crear espacios de verdadero diálogo y escucha al interior y entre comunidades. Significa también no aferrarnos a una posición de privilegio, no sólo socialmente que quizás perdure mucho tiempo más , sino ante todo eclesialmente. No hay cristianos de primera y de segunda; no hay ministerios de primera y de segunda; no hay comunidades de primera y de segunda. Una propuesta misional: Las propuestas parroquiales hasta ahora iban dirigidas sólo a las comunidades organizadas como comunidades cristianas. El reto es llegar hacia todos aquellos que no participan de ellas. Creo que mucha falta de participación se debe a que no se ha llegado nunca a presentar el mensaje de Jesús en su integridad, es decir, mostrando todo lo que implica el ser cristiano. Necesitamos recuperar ese espíritu misionero que nos caracteriza: llegar a los más alejados no sólo geográficamente, sino también a las personas alejadas afectivamente, aquellas cuyo "tesoro" está en otro lugar y no en Cristo. Retomar el compromiso cristiano de proclamar con nuestra vida y con nuestras palabras lo que Cristo significa para cada uno y como comunidad eclesial implica una actitud de acogida y de reconciliación; es un gesto de comunión real con nuestra realidad, con sus problemas, con sus posibilidades también. Los medios de comunicación: La parroquia de Koribeni aprovecha los medios de comunicación que tiene a mano. Contamos con un programa de radio que dura una media hora y que se emite cada semana. Este medio, que llega a la gran mayoría de la gente, nos permite brindar formación e información parroquial. Continuar con este medio es necesario, pero también el mejorar la calidad de los programas, proponer la creación de un medio escrito, que pueda ser fácilmente distribuido, y una plataforma que permita dar a conocer la experiencia de Iglesia desarrollada en Koribeni. Internet es parte de ese reto. Tener un medio desde el cual fácilmente pueda obtenerse información de la labor que venimos realizando ayudaría a que la obtención de fondos, por ejemplo, no sea tan difícil. Es ese aspecto contamos con la gran colaboración del Secretariado de Misiones de Madrid, al igual que la de la ONG española Acción Verapaz, llevada por los dominicos de España. Creo que se me va acabando el tiempo, y me queda aún por delinear un campo importante que son los retos en la formación institucional de los futuros misioneros.
Retos en la formación
No separar la formación de la misión: No es difícil encontrar concepción de la pastoral desintegrada de nuestra vida, de nuestra Misión, de nuestra espiritualidad e historia. La etapa de la formación institucional sería para el estudio, y el trabajo pastoral vendría después; como si no tuviesen relacionados uno y otro. El estudio es hoy por hoy algo a lo que no podemos renunciar: el estudio serio de la filosofía, de la teología, de las demás ciencias humanas nos ayudan a entendernos mejor a nosotros mismos y a conseguir que nuestra predicación sea eficaz. Por otro lado, el trabajo pastoral tiene que plantearse de una forma más integral. Para eso hace falta que alguien dentro de la formación pueda diseñar en colaboración con los otros formadores y los formandos un plan de trabajo pastoral que de forma gradual vayan implicando la vida real de los formandos. De esta forma misión y formación se verían mutuamente implicados. Vivir una vida comunitaria fuerte: En la etapa de la formación debemos a aprender a convivir, a planificar juntos nuestra vida, a saber dialogar, a recibir opiniones contrarias o distintas a la nuestra; a saber escuchar a la otra persona, a expresar nuestra necesidades y a saber recibir ayuda por parte de los demás. Esto implica no vivir una vida distinta a la que se vivirá desde otros lugares, con una vivencia misional más fuerte; sino que desde la formación se debería proponer la integración en comunidades. Es un intento por no seguir manteniendo esa dicotomía de casas de formación y el resto de casas y conventos. Quizás en algunos lugares sea más fácil la posibilidad de que esto se dé, especialmente cuando no son muchos los formandos. Lo problemático resulta cuando se piensa en casas de formación con un buen número de formandos. La propuesta de pensar diversos núcleos, diversas comunidades desde donde realizarse esta etapa de formación debería ser un incentivo para una vivencia más fuerte de la vida comunitaria, y creo nos ayudaría a enfrentar mejor ese transito de la formación a la integración con "pleno derecho" dentro de una casa o convento formalmente constituido. Trabajo en común: Vivir juntos no quiere decir trabajar juntos. Y esto es también un reto. Necesitamos saber proponer proyectos comunes, que vayan más allá de nuestras apetencias, gustos y preferencias aunque no por eso ellos se tengan que suprimir. Necesitan ser proyectos que se enmarquen en la dirección o proyección que una determinada entidad quiere tener de sí misma. De esta forma, el formando se sentirá parte de un proyecto común, aprenderá a programar, ejecutar y evaluar aquello que se ha pensado; da también la posibilidad de compartir proyectos comunes y trabajo común con otras entidades distintas, y así darse cuenta de la complejidad del mundo, pero también de la necesidad de actuar concertadamente, hacia un objetivo común. Interés por los más necesitados: Una formación no puede estar al margen de la situación de injusticia de nuestro planeta; no podemos formarnos al margen de las cuotas de dolor que mucha gente padece; no podemos seguir anunciando la presencia de Dios si no contamos con aquellos a los que Dios más ama, y que reclaman de nosotros la solidaridad y la búsqueda por restituirles su dignidad de seres humanos. Mirar desde la mirada del necesitado, del oprimido, del olvidado nos ayuda a acercarnos a la mirada de Dios, y a evaluar nuestra vida desde esa mirada. Desde allí es que debemos mirar la cultura y la sociedad: saber descubrir aquello que humaniza o deshumaniza al hombre, aquello que le hace crecer y así responder a su búsqueda por la felicidad o aquello que lo achata, que lo disminuye como persona. Es descubrir también todo aquello que en la sociedad denigra la dignidad del ser humano, que lo destruye interiormente, que crea violencia y muerte. A MODO DE CONCLUSIÓN Quisiera concluir con algo que no he mencionado hasta el momento de forma explícita pero que sin embargo recorre desde sus inicios de esta Conferencia y que por supuesto va más allá de ella. Es la espiritualidad. Nada de esto que he dicho tendría mayor sentido si no se hiciese desde la certeza de que nuestro Dios es un Dios-con-nosotros. Nos sentimos misioneros porque Dios ha venido hacia nosotros, porque él nos ha mostrado y demostrado que "hay más dicha en dar que en recibir". Y nosotros simplemente queremos seguir su ejemplo, intentando corresponder a aquel que nos amó primero y que nos amó hasta el extremo; que se hizo como nosotros para poder nosotros ser como Él. Darnos su amor, ha sido la primera misión de Dios. Tengo que agradecer la oportunidad a SEDOS de poder conversar con ustedes de mi experiencia misionera, de mis inquietudes, de mis sueños. Experiencia, inquietudes y sueños que por supuesto muchas más personas comparten en este mundo, y que desde la sencillez de Koribeni he querido presentar ante ustedes. Deseo que pueda servir como ejemplo de lo que es posible, teniendo confianza en Dios y esforzándonos por nuestra parte.
Muchas gracias.
Conferencia pronunciada en SEDOS (Roma), el día 26 de febrero del 2002.
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