Juan
Stefanów
Reconstruir la comunidad desde el perdón y solidaridad.
Una relectura de Nehemías 5, 1-13
Juan Stefanów es Misionero del Verbo Divino, de origen
polaco. Estudió teología en Madrid, y después teología bíblica en el
Bíblicum de Roma. Actualmente es el Director del Centro Bíblico Verbo Divino en Quito.
La
situación irreconciliada del pueblo de Israel se parece mucho a la situación
del Ecuador que ha sufrido últimamente desastres naturales, y sobre
todo pasa por una profunda crisis política y económica. En una situación
parecida, el pueblo de Israel recordó su alianza de vida con Yavé, y
esta memoria le hizo retomar las tradiciones del año jubilar.
Plantear el tema del perdón
dentro de una metodología de lectura de la Biblia a partir de la realidad
del pueblo — porque dentro de esta metodología queremos situar el presente
estudio — nos marca unas coordenadas precisas para el tratamiento de
este y cualquier otro tema. Los desastres naturales — fenómeno del Niño,
la amenaza de los volcanesque ha vivido Ecuador en los últimos dos
años, el colapso del sistema económicobancario del país, la corrupción,
las grandes turbulencias sociales, los consecutivos cambios de presidentes
que se han producido en el mismo lapso de tiempo, y la profunda crisis
socio-económico-moral que vive nuestro pueblo en consecuencia
de todo esto, nos llevan a buscar en la Biblia luces y elementos para
una reconstrucción de las estructuras y valores de nuestra sociedad.
La pregunta que tratamos de responder en este artículo es: ¿Se puede
reconstruir el pueblo partiendo del perdón y de la reconciliación? La
respuesta a esta pregunta la buscaremos en la experiencia del pueblo
de Israel a lo largo de su historia y especialmente
en la época después del exilio, cuando Israel también estaba reconstruyendo
sus instituciones y construyendo de nuevo su identidad como pueblo.
1. ¡Escucha Señor y ten piedad!
La relación de
los israelitas con Yavé, el Dios atento al clamor del pueblo, que los
había sacado de la esclavitud de Egipto y constituido en un pueblo libre
y soberano (Dt 26, 5-9), frecuentemente se presenta en la Biblia en
términos de una relación de pareja: la ruptura de la Alianza por pane
del pueblo se denuncia en términos de infidelidad, prostitución (Os
3; Num 25,1-3). Como consecuencia, se produce la ruptura de la alianza,
el fin del compromiso de Yavé con su pueblo. Cuando los israelitas se
alejan del proyecto del Éxodo, cuando sus estructuras sociales, sus
leyes y sus comportamientos contradicen la Alianza establecida en el
monte Sinaí, su prosperidad se convierte en desgracias, y su futuro
se ve amenazado.
Será, sobre todo,
la teología nacida en los círculos deuteronomistas, la que contemplará
toda la historia de Israel en términos de Alianza/bendición
- infidelidad - castigo - conversión – perdón/bendición. Un ejemplo
claro de esta forma de ver la historia lo podemos encontrar en la oración
de Daniel (Dn 9,4-19).
1.1. El comienzo de una reflexión
teológica
El exilio de Babilonia, la
pérdida de la tierra, del templo y del rey - elementos que identifican
a Israel como pueblo — constituyeron los mayores traumas del pueblo
de Israel. ¿Por qué Dios nos ha abandonado?, es el grito que atraviesa
el Libro de Lamentaciones nacido en la época del exilio babilónicó (Lam
5). Esta dolorosa experiencia del pueblo origina una intensa reflexión
teológica que tiene como finalidad explicar las causas de este desastre
nacional. El diagnóstico, fruto de esta reflexión, es claro y categórico:
Dios nos ha castigado porque hemos abandonado sus leyes (Bar 1,15-3,8).
De ahí que cuando el pueblo de Israel recupera su libertad, gracias
al edicto de Ciro, rey de Persia (Esd 1,2-4), uno de los principales
proyectos de reconstrucción, promovido por Esdras, un doctor de la Ley,
insistirá en la necesidad de restablecer la Alianza con Dios. Esto se
debía llevar a cabo a través cumplimiento riguroso de la ley (8,1-12).
Dentro de este
proyecto renovador debemos situar la legislación relacionada con el
Año Jubilar (cf. Reimer y Reimer Richter 1999; Guyarro 2000) legislación
que recupera ei proyecto nacido a raíz del Éxodo y lo relanza en este
nuevo contexto socioeconómico de Israel.
La mayor parte
de los comentaristas cree que el Jubileo era una visión utópica de esperanza
proyectada por los sacerdotes del tiempo del destierro, que empleó motivos
a ideas corrientes en aquella época. Así pues, las leyes del Jubileo
parecen representar intentos tardíos a idealistas para restaurar el
Año Sabático y la remisión de las deudas.
El Año Sabático
acontecía cada siete años. El septenario se inspiraba en la semana de
siete días: había un día de reposo, el sábado, cada siete días; y, había
un año de descanso, ad para los esclavos hebreos el año séptimo (Éx
21,2-6). Los campos de cultivo, las viñas y olivares, deben dejarse
yermos, y aquello que produzcan espontáneamente debe dejarse para los
pobres y la alimentación de los animales (Ex 23,10-11). La legislación
deuteronómica (Dt 15,1-18) obliga cada siete años a la remisión. La
"remisión" consiste en la devolución de prendas personales
retenidas para satisfacer deudas (Dt 15,1-6), y la liberación de los
esclavos hebreos (Dt 15,12-18). La "remisión" tenía carácter
general y acontecía en fechas fjas (Dt 15, 7-11), en las que se proclamaba
solemnemente la Ley (Dt 31,10-11).
La ley sobre
el reposo de las tierras (Éx 23,10-1
1), reaparece en Lv 25,2-7: cada siete años la tìerra debe disfrutar
el descanso sabático, según un ciclo que se supone iniciado al conquistar
la Tierra Prometida. La tierra no se siernbra el séptimo año; pero,
el año sexto Dios bendice a Israel, de tal manera, que la tierra produce
suficiente para comer durante el año de reposo y el año siguiente, y
todavía sobra (Lv 25,18-22).
1.2. El año jubilar
El Año Sabático,
por la exigencia de las leyes que to regufan, es ocasión privìlegiada
para vìvir comunitarìamente la justìcia y la libertad de Dios: recupera
la igualdad entre todos ios hebreos, libera fos esclavos, otorga reposo
a la sierra y conmuta las deudas.
El Año Sabatico es una antigua y genuina institución
de Israel. Un excelente programa y una magnífica utopia. La oportunidad
de vivir como pueblo, un año de cada siete, la experiencia de justicia
y libertad nacida del recuerdo liberador del Éxodo. La ley del Año Sabático
no pudo aplicarse en plenitud; pero recordaba a Israel la necesidad
de vivir como pueblo en libertad, igualdad y justicia. Dios había liberado
a su pueblo, a Israel debía vivir su vide como comunidad salvada por
Dios.
El Año Jubilar, institución que recupera y
actualiza la práctica del Año sabático en la época de postexilio, era
tiempo de liberación para todos los habitantes de Israel: "Declararán Santo este año cincuenta y proclamarán la liberación
para todos los habitantes del país. Será para ustedes año jubilar y
podrán regresar cede uno a su propiedad y a su familia" (Lv
25,10). El término "liberación" (Lv 25,10) indica el cese
del sometimiento de toda persona al capricho arbitrario de un amo, sumisión
que impide al ser humano su realización personal: Alude, expresamente,
a la liberación de los cautivos (Is 61,1) y esclavos (Jr 34,8.15.17).
La liberación otorgada en el Año Jubilar (Lv 25,10) puede desglosarse
en dos apartados: el descanso de la tierra y la liberación de personas.
La fundamentación religiosa del Año Jubilar repose en un principio:
Yavé es el Dios de Israel y no hay otro, "Yo soy el Señor tu Dios" (Lv 25, 55). De
esa raíz nacen las dos experiencias básicas de la fe israelita: La certeza
de que Yavé liberó a Israel de Egipto (Lv 25,42.55) y la seguridad de
que Yavé es Señor de la tierra (Lv 25, 23), por ser su creador (Gn 1,1-2,4a).
El Año Jubilar
es la utopia social y humana del Antigun Testamento. Rememora, igual
que el Año Sabático, la liberación de Egipto y actualize el señorío
divino sobre la tierra, pero no tenemos ningún indicio, en la Biblia,
de que las prescripciones del Jubileo fueran verificadas globalmente
alguna vez.
La referencia
al Año Jubilar consta en los textos jurídicos que Lo rigen: en Lv Z5
como ley general, y en dos leyes menores (Lv 27,16-25; Num 36,4) que
matizan aspectos legates de la ley principal. Ninguna narración de la
historia de Israel refiere el cumplimiento de las prescripciones del
Año Jubilar. Cuando Jeremías menciona la liberación de esdavos acontecida
en Jerusalén durante el asedio de Nabucodonosor (Jr 34,14), la fundamenta
en las prescripciones del Año Sabático (Dt 15,12-18), y no en las normas
del Año Jubilar (Lv 25,39-55). Nehemías ordena la observancia del Año
Sabático (Neh 10,32), pero no menciona al Año Jubilar. Ezequiel
y el Tercer Isaías (Is 56-66) describen el Año Jubilar como proyecto
de futuro, pero no a modo de realidad puesta en práctica. La ley jubilar
(Lv 25) y las posibles alusiones de Ez 46,17; Is 61,1-2, inducen a pensar
que el Año Jubilar es el proyecto de libertad, igualdad y justicia social
para todo Israel que en la práctica no llegó a realizarse plenamente
nunca: solo permanece en las leyes que lo regulan y en la utopía de
Ezequiel y el Tercer Isaías.
Existe, sin embargo,
en la Biblia, un texto que refileja - aunque no de manera directa -
la fuerza y la incidencia que tenían en la vida del pueblo los ideales
de igualdad social y dignidad personal de los israelitas que habían
impulsado el proceso del Éxodo y que animaron más tarde las leyes jubilares.
El capítulo 5 del libro de Nehemías - es a este texto al que nos estamos
refiriendo - podría ser un ejemplo claro de una realización práctica
de estos ideales y puede ser considerado también extremadamente actual
y revelador en la coyuntura que vivimos hoy en nuestro continente latinoamericano.
2. ¿ No somos
iguales que nuestros compatriotas?
2.1. La propuesta de Nehemías
El libro de Nehemías es un
escrito generalmente muy poco conocido y prácticamente ausente de nuestra
reflexión y vida eclesial. Habría que preguntarse si esta "falta
de popularidad" se debe a la simple omisión o es una ausencia "premeditada",
como la de tantos otros textos de la Bibiia, debido a su "fuerza
contestataria"...
Todo el libro
de Nehemías - y su capítulo 5 en especial - se encuadran en el contexto
de la crisis social que vive Israel en el siglo V antes de Cristo (cf.
Croatto 1990). El factor desencadenante de este agudo conflicto social
fue probablemente la carga económica adicional que cayó sobre el pueblo
a raíz de la decisión de reconstruir la muralla de Jerusalén en tiempos
del gobernador Nehemías (cf. Aibertz 1999, 661-683). Tenemos indicios
para pensar que no se trata aquí de un episodio puntual
sino, más bien, se nos describe una profunda y duradera crisis social
reflejada también en otros textos bíblicos nacidos en la misma época.1
Dentro de este
capítulo 5 del libro de Nehemías son los versículos 1-13 los que reflejan
directamente la crisis que está viviendo el pueblo y la solución que
encuentra Nehemías, el gobernador mandado por el rey de Persia - el
imperio "protector" de Israel en esta época.2 La misma estructura
del texto, en el que podemos distinguir dos partes bien evidenciadas,
refleja los dos grupos protagonistas del conflicto descrito en el texto.
Detengámonos entonces a ver con más atención los detalles presentes
en el texto de Neh 5,1-13 que presentamos a continuación en una traducción
propia del original hebreo (véase el recuadro).
2.2. Neh 5,1-13
1. Entonces hubo
un gran clamor del pueblo
y de sus mujeres contra sus
hermanos judíos.
2. Había quienes
decían: «Nuestros hijos, nuestras hijas y nosotros somos muchos para
obtener GRANO para comer y vivir».
3. Y había quienes
decían: «Estamos empeñando nuestros
campos, nuestras viñas ,y nuestras casas para obtener GRANO
durante el hambre».
4. Y había quienes
decían: «Hemos prestado DINERO para pagar el impuesto al rey sobre nuestros campos, y nuestras viñas».
5. Siendo nosotros
iguales a nuestros hermanos y
nuestros hijos a sus hijos, he aquí que nosotros tenemos que entregar
a nuestros hijos y nuestras hijas como esclavos, y algunas de nuestras
hijas han sido deshonradas y no pudimos impedirlo porque nuestros campos,y nuestras viñas pertenecen a otros.
6. Se encendió
mi ira escuchando su clamor y estas palabras.
7. Y tomé la determinación
de reprender a los nobles y a los magistrados y les die:
«¡Ustedes ejercen usura con sus hermanos!». Y convoqué contra ellos una gran asamblea.
8. Les dije:
Nosotros, según nuestras posibilidades,
COMPRAMOS a nuestros hermanos judíos vendidos a gentiles,
pero ustedes nos para
que sean vendidos a nosotros.
Ellos callaron, pues no encontraron
respuesta.
9. Les dije: «¡No
está bien lo que hacen! ¿No deberían caminar en el terror de nuestro
Dios evitando el desprecio de nuestros enemigos?
10. También yo,
mis
hermanos y mis criados hemos prestado a ellos DINERO
y GRANO
Abandonemos pues esta usura.
11. Devuélvanles
sus campos, sus viñas, sus olivares y
sus casas y perdónenles el DINERO, el GRANO, el mosto y aceite
que Ustedes exigen de ellos».
12. Ellos respondieron:
«Devolveremos y no se lo reclamaremos;
haremos como tú dices».
Llamé entonces a los sacerdotes
y les Nice jurar que obrarían según aquella palabra.
13. Además sacudí
mi manto y dije: «Así sacuda el Señor a todo hombre que no cumpla esta
palabra de su casa y sus riquezas, y así sea sacudido y despojado».
Y toda asamblea
respondió: «¡Amén!» y alabaron al Señor. Y el pueblo obró según este acuerdo.
2.3. El trasfondo
La primera parte,
los versículos 1-5, refleja
el grito de protesta del pueblo
llano y pobre, con destacado protagonismo de las mujeres, frente
al gobernador Nehemías. El motivo de protesta es la dificultad económica
que atraviesa el pueblo:
- no les alcanzan medios económicos para
conseguir alimento para sus familias (v. 2);
- se han visto obligados a hipotecar sus
bienes materiales y medios de producció, campos, viñas y casas, para obtener el alimento
(v. 3);
- se han tenido que endeudar para poder
pagar el impuesto anual sobre los campos y viñas, que de todas maneras
ya estaban empeñados (v. 4).
Detrás de este
reclamo, como ya hemos mencionado antes, asoma la profunda crisis social
que atraviesa Israel en el siglo V. La alegría de la liberación producida
en el año 538 a.C. por el decreto de Ciro, pronto se vio oscurecida
por las dificultades económicas que desembocaron en una profunda crisis
y división social. Si bien el rey Ciro dio libertad y autonomía a los
israelitas, uno de sus sucesores, Darlo, realizó una reforma financiera
en el imperio persa, por la cual los judíos tuvieron que pagar impuestos
al rey de Persia (Neh 5,4) en moneda de plata. La cantidad a pagar se
fjaba de antemano para cada provincia, sin tener en cuenta el rendimiento
de las cosechas. En un año de sequía o mala cosecha los campesinos no
solo pasaban hambre y tenían que empeñar sus bienes para conseguir alimento
(Neh 5,2-3), sino que además tenían que endeudarse para conseguir
monedas de plata para el pago del impuesto al rey (v. 4). Conviene que
tengamos presente que en aquella época regía una estricta legislación
sobre créditos, que permitía al acreedor tomar posesión de los bienes
a incluso de !a familia de sus deudores (v. 5).3
El cuadro descrito
en estos primeros versículos es entonces sumamente trágico: los campesinos
-"el pueblo de la tierra" como se los llamará en otras partes
- están pasando escasez alimenticia y para poder sobrevivir están empeñando
sus campos y casas a cambio de alimento. Pero esto no soluciona su problema
porque además tienen que pagar los impuestos al rey de Persia y para
esto tienen que pedir préstsmos. ¿Qué pueden ofrecer como garantía a
sus acreedores? A sus hijos e hijas y a ellos mismos; se entregan "voluntariamente"
como esclavos de sus acreedores. Esta situación, dura e inaguantable,
desemboca en el clamor del pueblo. Seguramente no por casualidad utiliza
el sutor en el versiculo 1 la palabra "clamor", que hace referencia
al clamor de los esclavas de Egipto que produce la intervención liberadora
de Yavé: «¡He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor
que les arrancan sus opresores y conozco sus angustias! Voy a bajar
para liberarlo del poder de los egipcios» (Éx 3,7-8). El clamor del
pueblo frente al gobernador es entonces un clamor de esclavos. Pero
lo más grave de toda esta situación es que los opresores del pueblo
son... ¡sus propios compatriotas judíos! (v. 5). No es casualidad que
la palabra "hermano" se repita hasta 6 veces a lo largo de
todo este breve pasaje. Parece como si el autor del texto quisiera destacar
que la legislación jubilar que prohibía expresamente a los judios tomar
a sus propios hermanos como esclavas (Lv 25,45-46) estaba siendo violada.
2.4. La vuelta a la alianza
Esta situación
de injusticia y opresión, en flagrante violación de la más antigua legislación
de Israel, encendió la ira de Nehemías, como en tantas otras ocasiones
se encendia la ira de Yavé a causa de las infidelidades de su pueblo
(Neh 5,6; cf. Num 11, 1; Jos 7,1). Nehemías, indignado y furioso, les
echa en cara a los ricos su perversidad y convoca contra ellos la assemblea
del pueblo para condenar y sofucionar públicamente esta situación de
injusticia (Neh 5,7-13).
Un elemento interessante
de la segunda parte de nuestro texto radica en el hecho de que aparezcan
en él dos grupos de acreedores: los "buenos", representados
por Nehemías (v.10), el Gobernador del pueblo y sujeto narrador del
relato, y los "malos", identificados como "nobles y magistrados"
(v.7). La oposición entre estos dos grupos - inìciada en el reclamo
de Nehemías (v.7), reforzada con la estructura binaria del versículo
8 donde se confronta la práctica opuesta de cada uno de los grupos -
constituirá el hilo conductor de esta segunda parte del relato. Esta
forma de organizer el texto refleja la situación de división social
que vivía el pueblo de Israel en el tiempo de redacción del libro de
Nehemías. El pueblo estaba dividido no solo entre ricos y pobres, sino
que se produjo también una
división entre los nobles a causa de la diversidad de sus intereses.
No cabe duda, que fueron las familias ricas e influyentes las que ejercían
de prestamistas y sacaban el provecho económico de la crisis. AI interno
de la clase alta se plantea un conflicto de lealtades:
- ser fieles a sus intereses y los del
imperio persa
- o, más bien, fieles a las antiguas tradiciones,
insistir en el bienestar e igualdad de la propia comunidad judía.
Por lo visto,
una gran parte de la clase alta estaba plenamente de acuerdo con la
política económica del imperio persa que les beneficiaba también a ellos.
Sin embargo exíste un sector de la nobleza israelita, representado en
nuestro relato por Nehemías y su familia, que, inspirado por la legislación
del Pentateuco, se sentía obligado a una solidaridad con sus hermanos
empobrecidos. Es justamente a partir de la ley de rescate (Lv 25,47)
que se resaltan las diferencias entre la nobleza israelita y arranca
el juicio público de Nehemías sobre sus compatriotas "usureros":
Nosotros, según nuestras posibilidades,
COMPRAMOS a nuestros hermanos
judíos vendidos a gentiles,
pero ustedes
VENDEN a sus hermanos
para
que sean vendidos
a nosotros.
Llama la atención
también la motivación religiosa (teológica) del juicio de Nehemías:
«No deberían caminar en el temor de nuestro Dios evitando el desprecio
de nuestros enemigos?» (v.9). Todo este juicio, y también la solución
que se buscará, están empapados del espíritu de las leyes jubilares,
a las que nos hemos referido anteriormente, leyes que se traducen en
práctica en el perdón y remisión de deudas (cf. Lv 25). Justo el perdón
de las deudas y el abaridono de los beneficios económicos ("usura")
que las mismas implicaban, es to que exige Nehemías a la nobleza israelita.
En el versículo 11, que constituye el centro de esta segunda parte del
texto, se plantea la devolución de los medios de producción - campos,
viñas, olivares (elemento nuevo que refuerza la grandiosidad del perdón)
y casas - hipotecados para conseguir alimentos. Esta devolución, que
de hecho es el perdón de las deudas, "desbloquea" la enredada
situación social y restablece la igualdad de oportunidades al interior
de pueblo de Israel. A partir de este perdón se restablece el proyecto
original del pueblo de Israel, se restablece la Alianza. Por eso también
se realiza una nueva Alianza con Dios en presencia de los sacerdotes
(v.12), reforzada con el gesto profético de Nehemías vinculando la fidelidad
a la misma al castigo divino (v. 13). De esta manera se consuma la liberación
de la esclavitud, se constituye de nuevo la unidad del pueblo, se restablece
la Alianza; el clamor del pueblo se convierte en alabanza.
3. Buscando luces nuevas
El texto de Nehemías
que acabamos de analizar aporta, a nuestro juicio, muchos y valiosos
elementos para el debate que se lleva actualmente a cabo, a lo largo
y ancho de nuestro continente latinoamericano. Son muchos los profetas
del sistema neoliberal que abogan por la necesidad de implantar o radicalizar
las medidas económicas que aseguren la recuperación de la maltrecha
y destruida economía de la mayoría de los países de nuestro continente.
"Disciplina fiscal", "eliminación total de subsidios",
"pago de los compromisos adquiridos" (es decir "pago
de la deuda externa") son los términos que nos bombardean todos
los días a través de la televisión, de los noticieros y de los titulares
de la prensa. El resultado de esta situación es que el 80% de los ecuatorianos
vive en pobreza y la mitad de ellos en absoluta indigencia. Esta situación
es denominada "el costo social de las reformas".
Pero la pregunta
que se plantea el pueblo, el clamor popular que arranca del campo, de
los páramos y de los suburbios de las grandes ciudades se traduce en
una pregunta: ¿por qué siempre los más pobres tienen que ser los más
perjudicados? A la luz del estudio que acabamos de realizar podemos
preguntar: ¿por qué no pensar en un "esfuerzo compartido"
para la recuperación del país? Acabamos de ver, como el pueblo de Israel,
haciendo memoria del pasado y recuperando sus más antiguas leyes y tradiciones,
plantea un inicio solidario a una etapa de su historia. Tal vez, iluminados
por el ejemplo que asoma de las páginas de la Biblia, podríamos esforzarnos
por buscar alternativas al desarrollismo desalmado y esclavizador promovido
por los sectores pudientes de nuestras sociedades y tratar de construir
proyectos alternativos que traten de promover estructuras sociales solidarias
a igualitarias. AI fin y al cabo, "¿no somos iguales que nuestros
compatriotas y nuestros hijos no son como los suyos?".
Notas
1. Cf. Is 29,17-24; 57,1; 58,6-10; Sal 37
2. Sin entrar en tecnicismos
exegéticos podemos recordar que un texto bíblico se puede estructurar
en base a las palabras utilizadas, su posición y su repetición. En el
caso concreto del capítulo 5 de Nehemías, descubrimos una repetición
de la palabra "pueblo" en los versículos 1 y 13, que junto
con otros elementos que destacamos en el esquema que se presenta a continuación,
nos permiten considerar el texto comprendido entre estos dos versículos
como una unidad textual.
3. Algunos exégetas corrigen
también en el v. 2 una letra y leen: «Tenemos que dejar en prenda nuestros
hijos a hijas».
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Ref.: [Juan J, Stefanów -
Centro Bíblico Verbo Divino - Apartado 17-03-252 Quito — ECUADOR]. Spiritus
(edición hispanoamericana), año 42/1, n. 162, marzo 2001, pp. 58-69.