Robert Schreiter, CSSP
El desplazamiento hacia el hemisferio sur
Implicaciones para los institutos misioneros


Robert Schreiter es miembro de los Misioneros de la Preciosa Sangre y enseña teología en la Theological Union de Chicago (CTU). También forma parte del Consejo General de su Instituto, y trabaja en muchas asesorías a diferentes congregaciones. Recientemente asumió la Cátedra del II Concilio Vaticano en la CTU. Ha publicado muchos libros y artículos sobre temas de la misión, sobre todo en el contexto intercultural.

El autor analiza los cambios que los institutos experimentan con el ingreso de nuevos miembros originarios del Sur. De ahí saca consecuencias para la formación y el gobierno de estos institutos.

 

Un fenómeno muy amplio entre los institutos misioneros es el desplazamiento dramático en la fuente de sus vocaciones. Los institutos misioneros que se fundaron en América del Norte y en Europa, reciben ahora la abrumadora mayoría de sus candidatos de fuera de estos dos continentes. Los países de África, India, Indonesia y las Filipinas ofrecen la mayoría de los candidatos y miembros jóvenes de muchos institutos. Estos países que antaño se consideraban "territorio de misión", ahora son la fuente de la misión.

La abundancia de los nuevos misioneros que provienen del hemisferio sur, es algo que desde luego hay que agradecer. Es un claro signo de que las Iglesias en estos países son participantes plenos en la comunión de las Iglesias que conforman la Iglesia católica romana. Pero junto con este signo teológico muy apreciado viene una serie de desafíos prácticos para los institutos misioneros. Los recursos humanos puede que provengan del Sur, pero los recursos financieros para sostener el trabajo misionero siguen en el hemisferio norte. La base del poder, igualmente, se mantiene en el Norte, o en los países de origen del instituto misionero en el Norte. La población del instituto misionero en el norte es de edad avanzada, con un promedio entre sesenta y setenta años.

La división entre las fuentes de poder y finanzas por un lado y del personal por otro, ya ha causado conflictos en algunos capítulos generales y encuentros internacionales de los institutos. La formación de nuevos miembros, la adjudicación de personal joven y la orientación de misión en general reciben una fuerte influencia de las diferentes perspectivas de las respectivas áreas. Ciertamente, el pensamiento no es monolítico ni en el Norte ni en el Sur, pero en muchos institutos ha surgido un patrón de diferencias coherente. De muchas maneras, esta situación refleja la división Norte–Sur de la sociedad global, con la excepción de que en los institutos misioneros la diferencia de edad es mucho más eclatante. ¿Qué consecuencias tendrá esto para la vida dentro de los institutos misioneros en las próximas décadas, y cómo se podrá enfrentar este desafío?

Los problemas son muy complejos. Pero no se puede seguir adelante sin reflexionar y actuar sobre las consecuencias. Este artículo propone enfocar algunos de los aspectos de este desafío y sugerir algunos primeros pasos para asumir las implicaciones de este desafío. Comienza con una reflexión sobre algunos de los asuntos que definen el escenario del problema y en seguida avanza a mirar cómo tres dimensiones de la vida contemporánea afectan la comprensión del carisma de un instituto. Al hacer esto esperamos iluminar en algo la dirección en la que podríamos salir en el futuro inmediato.

1. La situación actual

Cuando trabajo con institutos misioneros en encuentros internacionales, muchas veces planteo esta pregunta: "¿Cuál es el desafío individual más grande para su instituto en los próximos años?". Casi siempre la respuesta viene en los siguientes términos. Entre los europeos, la respuesta es: transmitir el carisma del fundador o fundadora a los nuevos miembros que entran en el instituto. Para los participantes de África, Asia y el Pacífico Sur la respuesta es: Mejor comunicación intercultural o una inculturación más profunda del carisma en nuevas circunstancias. Esta evidencia anecdótica se ha corroborado en algunos estudios más bien científicos que se han realizado (por ejemplo el informe de Walter 1999). ¿Qué indican estas respuestas? Como he oído esto más y más, algo de un esquema se ha presentado. Por el lado de los participantes europeos, parece que bajo la superficie de sus comentarios se esconde la preocupación de que la identidad del instituto está cambiando, ya que tan pocos de los miembros más nuevos parecen conocer o comprender el carisma en su contexto original de Europa. En consecuencia, ellos temen por la identidad de su instituto. Por el lado de los participantes jóvenes del Sur, también hay una preocupación por la identidad, y es la que sus hermanos y hermanas europeos no comprenden lo que ellos intentan hacer para inculturar el carisma en sus propios contextos. Ellos sospechan que los europeos intentan hacerlos réplicas de sí mismos y no les permitirán ninguna latitud para nuevas comprensiones del carisma.

Aquí se trata de algo más que de una falla en la comunicación. Hay un claro cuestionamiento de la identidad y de las fuentes de la identidad. ¿Cómo podríamos entender mejor lo que está en juego aquí? Propondría que analizáramos este tópico bajo tres títulos: etnicidad, modernidad y ciudadanía.

Etnicidad

La altercación entre el Norte y el Sur está en su punto más álgido en institutos misioneros que han tenido hasta recientemente una clara identidad étnica. Este es el caso especialmente de institutos que fueron fundados como sociedades misioneras en el siglo xix y a principios del siglo xx. La identidad se enraizaba no solo en el carisma, sino en la etnicidad del origen de la mayoría de sus miembros, sea esta irlandesa, francesa, belga, italiana o de cualquier otro grupo. Cómo el respectivo grupo étnico se vio en casa, y cómo se vio frente a otros países, conformó su identidad más de lo que se quiera pensar. Cómo se llevan encuentros, cómo se configuran políticas de formación, cómo se maneja dinero, la propia visión de la misión – todo esto es afectado por cómo las cosas se hacían "a casa" en los institutos misioneros. Aunque el instituto haya sido fundado para trabajar en un área específica (por ejemplo, África o China), los orígenes del instituto se mantienen muy visibles. La "herencia" o el "patrimonio" del instituto constituyen más que la visión teológica o misionológica presente en el comienzo. Es entretejida también con una identidad étnica.

Esto se manifiesta en una serie de maneras. Como muchos institutos se fundaron en los períodos coloniales del siglo xix y principios del siglo xx, ¿hasta qué grado su acercamiento hacia el sur reflejó (o inclusive refleja) actitudes coloniales? Esta es una cuestión que se plantea especialmente en países que eran también poderes coloniales (Bélgica, los Países Bajos, Francia, Italia), pero también en los países que fueron colonizados (como Irlanda). ¿Los patrones de interacción todavía reflejan pasados coloniales? Por ejemplo, los británicos colonizaron a través de la educación de la elite colonial en las universidades de elite del Reino Unido, y de esta manera la socializó en el ambiente que deberían replicar en la colonia una vez que volvieron a casa. Los franceses estaban más preocupados con la creación de una cierta mentalidad en la elite colonial al hacerlos franceses. Los belgas e italianos hacían poco para formar las elites coloniales, pero tendían a ejercer más un control directo. ¿Estos patrones se repiten hoy en la manera cómo preparamos la dirigencia en las fundaciones más nuevas de nuestros institutos? Para aquellos países que fueron colonizados o se les negaba la autonomía en Europa (como Irlanda y Polonia), ¿ellos repetían sus propias historias colonizadas al tratar a los del Sur como ellos habían sido tratados en el Norte? Los patrones coloniales pueden sobrevivir, inclusive un largo tiempo después de que el tiempo formal de la colonización ha pasado.

En segundo lugar, uno se tiene que preguntar hasta qué punto la noción de la cultura ha sido capaz de penetrar las conciencias de los institutos religiosos. El concepto de la cultura ha adquirido prominencia en la Iglesia solo a partir del Concilio Vaticano II, e inclusive desde entonces, el reconocimiento de su importancia ha sido muchas veces formal o aplicado solo a quién queda fuera. Dentro de los institutos misioneros (aunque no exclusivamente con ellos), la cultura parece referirse a la diferencia que es evidente "allá", o sea, en el Sur. Rara vez se aplica al instituto misionero en su país de origen. Tampoco se reflexiona sobre ella como factor dentro del cual se formulan orientaciones y se organiza el trabajo dentro del instituto.1

En tercer lugar, debería estar entendido a partir de esto que la pérdida de un claro carácter étnico de un instituto se traduce como una pérdida potencial del carisma y de la identidad del instituto. Si la historia de un instituto es tan interrelacionada con un país específico y no se ha reflexionado dentro del instituto sobre la cultura de este país, la pérdida de esta identidad étnica se lee como pérdida de la identidad del instituto. Se pueden perpetuar o acentuar patrones inconscientes del colonialismo para mantener la identidad del instituto.

Modernidad

Un desafío mayor para la misión (y para la Iglesia entera) en la segunda mitad del siglo xx ha sido el asumir la modernidad. Desde el siglo xix, la política de la Iglesia había sido el adoptar una postura negativa contra la modernidad. Los institutos misioneros aceptaron el desafío de revertir esta postura y de ponerse al día con el proceso social de la modernidad.

De ahí surgió en el nivel internacional para los institutos misioneros con el comienzo del siglo xxi una aceptación plena de la modernidad. Las políticas de formación se adaptaron de su carácter generalmente colectivista a reflejar la vida en una sociedad individualista. La iniciativa se privilegiaba antes que la integración. Los patrones de autoridad, de la toma de decisiones y la implementación del voto de la obediencia reflejaban procedimientos más democráticos y la importancia del miembro individual. Esto ha causado a veces conflictos con la Iglesia jerárquica cuyo acercamiento a la modernidad ha estado bastante cauteloso.

Dos consecuencias de esta aceptación de la modernidad se destacan en referencia a los conflictos potenciales entre el Norte y el Sur en los institutos misioneros. En primer lugar, el proceso de modernización avanza rápidamente en muchas partes del Sur. Comenzó con la colonización, al ayudar a los países "atrasados" a "alcanzar" a los países más "avanzados" (es decir, el Norte). La globalización inclusive ha agudizado este proceso, ya que sociedades tradicionales han sido perturbadas por los poderes económicos de la globalización y por los medios sociales. Está claro que la modernización es un proceso complejo y no se realiza en todas partes de la misma manera o al mismo ritmo (Frei 2000). Pero las luchas alrededor de la modernización, que han llegado con más agudeza a la atención del mundo en las protestas anti-globalización de Seattle, Génova y Porto Alegre, están teniendo un efecto profundo sobre los institutos religiosos, aunque esto no siempre se reflexiona debidamente. ¿Requiere el compartir completo del poder por parte del Sur el hacerse semejante al Norte – como Europa y América del Norte? La modernización crea diferencias de clases, de manera que candidatos que provienen de entre los pobres y reciben una educación resultan inevitablemente en las clases medias, y después son enviados para identificarse con los pobres. ¿Es la modernización – en términos del Norte – un requisito para llegar a ser un miembro completo en la vida de un instituto? En la medida en que los programas de formación dependen de las herramientas de la modernidad (tests sicológicos, counselling y cosas por el estilo) y socializan a los miembros hacia un concepto individualista de vida en el instituto, ¿qué pasa entonces con el trabajo en culturas que siguen siendo ampliamente colectivistas?

En segundo lugar, inclusive cuando los institutos misioneros han aceptado la modernidad, ellos ahora se enfrentan a la postmodernidad. El término "postmodernidad" abarca una amplia gama de respuestas a los fracasos de la modernidad, desde los fundamentalismos y hacia la derecha, hasta la fragmentación radical y la izquierda. Una de las tensiones que los institutos sienten ahora, es generacional. La generación que ahora ocupa posiciones de autoridad en los institutos misioneros, típicamente es la que pasó de la situación del prevaticano a la del tiempo después del Concilio Vaticano. Muchas veces, ellos recibieron su propia formación en una transición turbulenta. El Concilio Vaticano II se realizó hace 40 años – una generación completa – y los candidatos que llegan en este momento, han sido formados por una experiencia muy diferente del mundo – tanto en la Iglesia como fuera de ella. En muchos lugares del Sur, particularmente en áreas rurales y en barrios pobres alrededor de las ciudades, la gente vive en tiempos mixtos, caracterizados por la colisión de premodernidad, modernidad y postmodernidad al mismo tiempo. El carácter multicultural de las ciudades en todo el mundo es ahora un lugar privilegiado para la misión, antes que las áreas rurales. ¿Hasta qué punto están los líderes de los institutos misioneros preparados para asumir el desafío polivalente que este nuevo y confuso mundo ofrece? Debido al diferencial etario en los institutos misioneros, algunas de estas tensiones se experimentan también como generacionales – entre una generación que ha trabajado duramente para llevar el instituto al diálogo con la modernidad, y la generación que intuye (pero quizá no capta conscientemente) los patrones turbulentos de lo postmoderno. Usar los términos de las realidades pre-vaticanos y post-vaticanos ya no capta esta realidad. La experiencia de miembros jóvenes del Sur, con sus sensibilidades para los "tiempos mixtos" en los que viven, desafían la manera en la que la dirigencia actual se ha acostumbrado a hacer las cosas (Schreiter 2001).

Ciudadanía

Un nuevo campo de importancia se abre en los estudios de migraciones con la ciudadanía (cf. por ejemplo Castles y Davidson 2000). ¿Dónde "pertenece" alguien en un mundo de migrantes, refugiados y sociedades multiculturales bajo el impacto de la globalización? El trabajo que se viene realizando en el tema de la ciudadanía, todavía no se ha aplicado dentro de los institutos misioneros, pero ayuda a levantar algunas cuestiones importantes. ¿Uno debe hacerse francés (o irlandés u holandés) para ser un miembro genuino de un determinado instituto misionero? ¿Qué significa pertenecer, y qué identidad uno comparte? Los institutos religiosos internacionales de mucha trayectoria, quizá apunten a una identidad transnacional como los franciscanos o dominicos. Para institutos más pequeños de origen más reciente, esto puede ser más difícil. Pertenecer tiene que ver con el lugar donde uno ubica la identidad. Y este es uno de los puntos de litigio. En situaciones multiculturales, orientaciones que trabajan hacia la unidad y asimilación enfatizarán las cosas que los diversos grupos tienen en común. Orientaciones que reflejan la diversidad de los grupos que participan; por otro lado, van a subrayar las diferencias como fuente principal de la identidad del grupo. Las cosas que se tienen en común son, desde el punto de quienes se consideran "diferentes", o altamente abstractas en su naturaleza (como "el carisma" sin ninguna referencia al contexto) o son las características definitorias del grupo del poder. Las diferencias de los grupos que se consideran "diferentes" son concretas y particulares. Ellas no se fusionan fácilmente a las cosas abstractas que se tienen en común (como el color de la piel o la etnicidad), y si no se hace referencia a ellas, significa que estos grupos se hacen invisibles en el instituto más amplio. Es por eso que el lenguaje de la inculturación del carisma se capta tantas veces en los grupos del Sur: es una manera de llamar la atención a lo particular que es esencial para ellos en el instituto. Cuando el instituto encuentra alguna manera de reconocer e incluir estas diferencias como parte de la identidad general, el instituto se mantiene monocultural en sus orientaciones para la formación y gobernabilidad al igual que en su visión más amplia.

2. Implicaciones

¿Cuáles son algunas de las implicaciones de este análisis para negociar los conflictos Norte-Sur que surgen en los institutos misioneros? Ellas afectan a todos los institutos hoy en día, pero son particularmente significativas para los institutos misioneros que comenzaron siendo sociedades misioneras nacionales. Quisiera abordar simplemente, en la brevedad posible, tres campos: la visión de la misión, la formación y la gobernabilidad.

La visión de la misión. Los institutos misioneros han sido capaces de trabajar en una amplia gama de ambientes hoy en día, en los "tiempos mixtos" de varias modalidades de lo premoderno, lo moderno y lo postmoderno. Hay una misión a realizarse en cada una de ellas. Tenemos que examinar hasta qué punto trabajamos a partir de un acercamiento sólidamente moderno que nos rinde ciegos para ver, particularmente lo que son las variedades de lo postmoderno. Los misioneros tienen que ser capaces de hacer puentes entre estas áreas.

Formación. Las políticas de formación en la mayoría de los institutos religiosos se han orientado en presupuestos modernos. Esto estaba de acuerdo con la indicación del Concilio Vaticano de leer los signos de los tiempos (entonces seriamente modernos) y de volver al carisma fundacional. Treinta y cinco años más tarde, y después de unos veinte años de cuestionamiento profundo sobre la naturaleza de la misión, tenemos que revisar estas orientaciones. ¿Hay aquí normas culturales no expresadas que orientan estas políticas (es decir, las culturas modernas de los países de origen del instituto)? ¿Qué necesidades se tienen que satisfacer ahora en referencia a la negociación de realidades postmodernas y al mejoramiento de la comunicación intercultural?

Gobernabilidad. Aquí habrá que mirar una vez más la manera cómo un instituto lleva adelante sus encuentros y sus usos de la autoridad. Muchos institutos misioneros han tenido formas de autoridad altamente centralizadas. La complejidad del mundo y la regionalización que necesariamente se establece precisamente por la interconexión de la globalización puede que clame por algunas formas descentralizadas. Dentro de esto, es importante dar a los territorios fuera de los países de origen más autonomía para buscar maneras de inculturar el carisma. La preocupación por la unidad no se pierde, pero ya no puede ser una unidad de uniformidad. La democratización de la comunicación significará más encuentros regionales (como los superiores mayores ya se están dando cuenta), pero ellos exigirán que se disponga de habilidades de la comunicación intercultural, tanto para articular las nuevas realidades que se tienen que confrontar como para traducirlas a través de fronteras culturales. Uno de lo más delicados será la cuestión de manejar los recursos financieros.

Los desafíos que los institutos misioneros están enfrentando no son solo de ellos. Pero más allá de asumir estos desafíos para que nuestros institutos misioneros puedan trabajar más efectivamente en la evangelización, ellos pueden ofrecer un camino para que otras organizaciones internacionales puedan aprender cómo trabajar y crecer juntos en unidad y diferencia.

 

Notas

1 Se ha hecho un esfuerzo en los Estados Unidos para reflexionar más directamente sobre la cultura de institutos religiosos, como ellos reciben cada vez más candidatos de fuera de los Estados Unidos. El Center for the Study of Religious Life in Chicago ha desarrollado un Cultural Audit para ayudar a comunidades en este aspecto. Información sobre este tema se podría conseguir en: csrl@visioni.com

Bibliografía

Castles, Stephen y Alistair Davidson (2000), Citizenship and Migration: Globalization and the Politics of Belonging, New York (Routledge).

Frei, Hans (ed.) (2000), Inkulturation zwischen Tradition und Modernität, Freiburg (Universitätsverlag).

Schreiter, Robert (2001), Major Currents for Our Time: What They Mean for the Church, en "Origins", 31, pp. 189-198.

Walter, Charles (1999), Intentional Marginality: Reviewing Missionary Formation through the Lens of Culture, Chicago (Catholic Theological Union: Proyecto de tesis doctoral).

 

Ref.: Spiritus (edición hispanoamericana), año 43/2, n. 167, junio de 2002, pp. 7-15. [Robert Schreiter, 5401 South Cornell Ave., Chicago Ill., 60615-5698 - Estados Unidos].

Traducción: Jorge Restrepo.