| Mensaje Jubilar de la
Red Casas del Migrante – Scalabrini
"¡He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias! Voy a bajar para librarlos del poder de los egipcios. Lo sacaré de este país y lo llevaré a una tierra nueva y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel" (Éxodo 3, 7-8). 1. Andando por las veredas de la migración, sentados en la misma mesa con los indocumentados y con cuantos son hijos e hijas de nadie, en nuestras Casas del Migrante hemos intentado ser sus oídos, ojos y su corazón. Compartiendo con ellos sus esperanzas, dramas y lagrimas, penas y sufrimientos, el dolor del fracaso y de la exclusión, el sueño por una patria que les dé pan, hemos sido contagiados por este Cristo Migrante y queremos compartirlo con ustedes, "para que también ustedes estén en comunión con nosotros" (I Juan 1, 3). En este caminar con los hermanos y hermanas migrantes, chocando con muros y fronteras, con discriminación y rechazo, hemos llegado al umbral del nuevo milenio, que se presenta a nuestros ojos mojado de la sencillez de los pobres y como un nuevo amanecer cargado de esperanza y liberación. En la experiencia del destierro, en nuestras tiendas plantadas a veces en tierra quemada por la ley y el acoso, nos sentimos impulsados a dar voz y rostros a esta humanidad migrante despojada de nombre, derechos y rasgos. 2. El tercer milenio nace con un sueño: contemplar aquella parte de la humanidad condenada hasta ahora a un continuo vagar en los desiertos y las fronteras de este mundo detenerse en una patria común para gozar del descanso jubilar y plantar su tienda en una tierra fértil en donde "construirán casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán su fruto; no construirán para que habite otro ni plantarán para que otro coma, pues mi pueblo vivirá tanto como los árboles, y mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos" (Isaías 65, 21-22). Dios nos invita a una pausa, a la fiesta del perdón y de la reconciliación con la tierra y entre nosotros. Nos urge a empezar el nuevo milenio proclamando la santidad del tiempo y la liberación de la familia humana: "Declararán santo este año cincuenta y proclamarán la liberación para todos los habitantes del país. Será para ustedes año jubilar y podrán regresar cada uno a su propiedad y a su familia" (Levítico 25, 10). Nos recuerda la naturaleza migrante de cada ser humano", porque la tierra es mía y ustedes son como inmigrantes y criados en mi propiedad" (Levítico 25, 23), y la vocación común a ser peregrinos hacia la ciudad que no se acaba "porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que anhelamos la ciudad futura" (Hebreos 13, 14). A partir de los clamores de los migrantes, de los sueños que evoca este "año santo" lleno de la gracia y las promesas de Dios, y de nuestra historia y experiencia como misioneros scalabrinianos para y con los migrantes, queremos compartir con ustedes nuestro mensaje jubilar. Cireneos en el Vía Crucis del migrante 3. Vino un hombre, llamado Juan Bautista Scalabrini, obispo de Piacenza (Italia). En la estación de trenes de Milán y en sus numerosas visitas en las montañas áridas de su diócesis abrió los ojos a la ausencia de su gente, y su corazón al dolor de los que salían hacia las Américas. Llego a avergonzarse como creyente, ciudadano y obispo delante de la tragedia de la migración de aquel morir de siglo y las leyes injustas que codificaba a los buitres de carne humana como agentes migratorios. Respondió en el ámbito de la sociedad civil y de la Iglesia a un drama que lo interpelaba como ser humano y como cristiano. Habló al Congreso Italiano, abrió centros, y en el 1887 fundó una congregación para que sus miembros fueran Samaritanos del camino y sacramento de esperanza. A distancia de un siglo fuimos alcanzados por el clamor de un pueblo migrante y desterrado, acosado y perseguido, clamor que nos hizo asomar en los años 80s a estas fronteras. Era una serie de vallas y barreras, zanjas como trincheras y fosas de división y rechazo. Desde 1985 nos volvimos samaritanos del camino en la frontera EE.UU. — México, y más tarde en la frontera México — Guatemala. El primer paso fue hacernos santuarios y casas de acogida para aquellos que andaban perdidos y desesperados, como "para darle cuerpo a una esperanza derrotada". Era nuestra respuesta al mandato y al reto que nos dejó nuestro Fundador Scalabrini: "Donde el pueblo sufre y lucha, allá está la iglesia". Nuestra gente luchaba por la sobrevivencia, por una dignidad pisoteada, por la libertad de seguir prestando a Dios su trabajo para continuar moldeando la creación. El Calvario del migrante 4. "La migración se yergue cada vez más como 'una pesadilla errante, como una especie de guerra mundial, de desesperación por un lado y de cerrazón por otro". Estas palabras bien definen la situación dramática que viven los migrantes en este momento, situación que ha venido empeorando en el último decenio. Las leyes migratorias se han convertido en instrumento de rechazo, discriminación y de cacería en contra del pueblo migrante. En el estado de California (EE.UU.), la Proposición 187 se ha enfocado sobre el pueblo latino y ha escogido como blanco a los inmigrantes más vulnerables como los niños, las mujeres, los enfermos y los ancianos. La reforma migratoria de 1996 conocida como IIRAIRA se ha destacado por su crueldad e inhumanidad. Esta ley desconoce el concepto y la práctica del perdón; no admite el concepto y la práctica de la rehabilitación del inmigrante; niega una segunda oportunidad en la vida; destruye hogares y separa familias; deja a miles de niños/as sin sus papás; transforma el pasado en una pesadilla porque le recuerda al migrante sus delitos y los castiga de nuevo por ellos. A estas leyes que violan los derechos básicos de los migrantes se añaden los operativos especiales que se han implementado en la frontera entre México y EE.UU. El ejemplo más grave es el Operativo Guardián que desde 1995 hasta la fecha ha causado tan solo en la frontera entre California y Baja California la muerte de 485 migrantes (mujeres, niños y hombres). En toda la frontera México — EE.UU. aumenta el numero de migrantes que mueren porque se les obliga a cruzar en lugares mortíferos y peligrosos como desiertos, montañas y ríos. 5. La influencia opresiva de los EE.UU. sobre sus vecinos en campo migratorio ha llegado a pedir a sus satélites de transformarse en los verdugos de sus hijos e hijas. Por otro lado la suspensión unilateral por parte de Guatemala del tratado CA4 que permitía el libre tránsito en Centroamérica por parte de los ciudadanos de las naciones que la componen, es una violación abierta a la convivencia internacional y a la fraternidad entre los pueblos centroamericanos. Siempre en Guatemala el nuevo Reglamento de Migración #529-99 se presenta como ley de carácter policíaco que califica al migrante como potencial terrorista y criminal, quiere eliminar el derecho al santuario en un momento de grave emergencia para toda Centroamérica, puesto que para muchos la migración ya es cuestión de sobrevivencia. La nueva actitud en campo migratorio ha transformado a México en una interminable frontera vertical, sembrada de retenes, acoso, robos, asaltos y violaciones, hasta juntarse en la frontera Norte con los EE.UU.. formando así una gran cruz de muerte. Ya el cementerio de los migrantes se ha extendido desde las fronteras a grandes áreas del territorio donde parte de nuestra humanidad pide tan solo el derecho de transitar, como lo tienen los pájaros del cielo y los ríos de la tierra. En la franja fronteriza de México con Guatemala ya no se cuentan los muertos de este conflicto para sobrevivir. En los últimos 3 años solamente en la zona entre el Departamento de San Marcos (Guatemala) y el estado de Chiapas (México) han muerto más de 250 migrantes centroamericanos. El camino de la migración en esta parte del continente americano se ha vuelto en campo minado, guerra de baja intensidad, guerrilla de veredas y de leyes. 6. Estos procesos han conllevado una progresiva criminalización y, consecuentemente, deshumanización del migrante. Desde los años en que el migrante que iba rumbo al Norte como espalda mojada/"wet back", objeto inclusive de corridos populares, se pasó paulatinamente al término de indocumentado, luego de ilegal/"illegal alien" que se usa frecuentemente en los medios de comunicación o en la calle, para desembocar en el lenguaje que las mismas leyes han promovido de criminal/"criminal alien" que representa el último anillo de esta cadena de deshumanización. La tendencia de las autoridades oficiales es justificar el cierre de las fronteras, y la implementación de operativos especiales en contra de la migración indocumentada aduciendo el espectro del narcotráfico y del contrabando de armas, fenómenos ajenos a la realidad migratoria. Denunciamos esta relación gratuita como una forma subliminal de criminalización de la misma migración. El cierre de las fronteras, el endurecimiento de las leyes migratorias ha desatado una reacción en cadena. Los "coyotes o polleros" han subido sus precios amargando ulteriormente una situación ya dramática. La necesidad de escaparse a los retenes y a la sofisticada y sistemática vigilancia fronteriza ha empujado a muchos migrantes a recurrir más y más a los profesionales del contrabando que seguido se vuelven en buitres de carne humana. Se expone así al migrante para que sea estafado y abandonado en veredas, montañas y desiertos. 7. La violación sexual de la mujer es otra cruz plantada en el camino de la esperanza. El cuerpo, hasta de niñas, es usado como precio de "mordida" o de rescate. La dignidad del ser humano ha sido desvalorizada y definitivamente profanada. Lo mismo pasa con la familia condenada a la separación frustrante, o a tiempos exasperantes de espera para la reunificación familiar. En este marco hay una parte de nuestra gente, una porción profunda de nuestra cultura y tradición que esta emigrando dentro del territorio nacional de Centroamérica y México: son los indígenas. Es un pueblo que está saliendo de nuestra historia, porque ya salió de nuestra conciencia civil y colectiva. Acosados por toda una serie de factores, desde la indiferencia al hambre y a conflictos armados, aceptan la explotación en las grandes fincas agrícolas, donde los hacinan ya no como bestias sino como leña. Trabajan de sol a sol, hombres, mujeres y niños muchas veces sin educación escolar, sin asistencia médica, y menos sindical, en las grandes haciendas o campos agrícolas de Baja California y Sinaloa. Engañados por enganchadores que les prometen salarios tentadores, para después trabajar por un salario indigno e inhumano. La violencia en contra del migrante, desposeído de derechos territoriales y civiles, es hoy tan solo la punta de un iceberg, que mañana puede revertirse en contra de los grupos sociales más vulnerables como los niños, los ancianos y los enfermos. 8. En este esbozo negativo no podemos pasar por alto una realidad muchas veces ignorada a propósito por aquellos que quieren solamente explotar a los migrantes pero al mismo tiempo los rechazan: el migrante es un portador de valores, es un trabajador dedicado que muchas veces hace los trabajos humildes que nadie quiere hacer en nuestros países. El filosofo suizo Max Fisher afirmó un día con respeto a la migración en Europa durante los años 60: "Hemos llamado brazos y nos han llegado seres humanos". Con el migrante se mueve toda una cultura, a veces mucho más antigua y profunda que las que tienen los países que los reciben. Se mueven con el migrante las tradiciones antiguas preñadas de sabiduría popular; en toda la historia el peregrino ha cargado con su fe y la de sus padres y sigue siendo un testigo del Viviente, que invita Abraham a salir de su tierra y se le revela a lo largo del camino. Nos atrevemos a decir que el migrante puede ser un manantial de valores, que retan y ponen en tela de juicio la arrogancia de culturas hegemónicas cuando estas se han vuelto vacías y deshumanizantes. La retórica del Jubileo nos ha acostumbrado a hablar del perdón de la deuda externa de los países del Tercer Mundo, pero creemos que este año de gracia nos desafía a reconocer lo que muchos países y personas, gobiernos y políticos no han sabido y no quieren reconocer: la deuda que sus naciones tienen con los migrantes del Tercer Mundo que construyen y limpian sus casas, universidades, oficinas, y hoteles; que trabajan en los campos agrícolas produciendo el pan de cada día; que cuidan sus niños cuando sus papas están trabajando.
El jardín de la Resurrección — el milagro de la sobrevivencia 9. Si es cierto que el camino del migrante pasa por la subida del Calvario y es marcado profundamente por las heridas de la discriminación, de la indiferencia, del rechazo y de la muerte, es también una realidad el renacer a la vida y al mañana de este pueblo que salió al camino quemándose los barcos a su espalda. "Vivianne Forrester ha definido muy bien 'esta caza del extranjero' como 'una caza del pobre'. Una caza inútil: 'Nadie puede poner fronteras a nuestra hambre', protesta Brahim, uno de los pocos sobrevivientes del naufragio de una patera — barca insegura — en el estrecho de Gibraltar, sucedido el 16 de septiembre pasado." ¡Gracias a Dios estamos vivos! Así un grupo de migrantes hondureños expresaba su gratitud y su fe en un Dios del camino por haber llegado a la frontera norte después de un sin fin de hazañas. Los mismos migrantes nos dan testimonio de su fe cuando hablan de su relación con Dios y de su actitud de oración a lo largo del camino. Los migrantes expresan la gratitud del salmista que dice "Hemos escapado como un pájaro de la red del cazador: la red se rompió y pudimos escapar. Nuestro auxilio es el Señor, que hizo el cielo y la tierra" (Salmo 124, 7-8). En nuestra vivencia con los migrantes hemos sido testigos de una realidad que reta toda tentativa de represión: es una marea humana que rebasa cualquier cerco de contención y arrolla cual cascada de vida a nuestras instituciones. En el umbral del nuevo milenio queremos gritar al mundo que cuando la emigración se mueve es la misma historia a moverse y nos atrevemos a decir que la migración ha movido y seguirá moviendo fronteras geográficas, culturales, lingüísticas, raciales y religiosas. Testigos de humanidad hasta los límites de la tierra (Hechos 1, 8) 10. Nos dirigimos a ustedes, mujeres y hombres de buena voluntad y a cuantos buscan un hábitat humano en nuestro planeta, para denunciar las causas que obligan a nuestra gente a emigrar, porque no es delito emigrar, sino las causas que fuerzan a emigrar. Dentro de las causas de siempre, cuales son la hambruna, las sequías, catástrofes naturales, escasos recursos, queremos antes que nada apuntar a la globalización neoliberal "que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetro absoluto en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y de los pueblos". El mercado se ha transformado en el horno crematorio de nuestros días, en el dios en cuyo altar se inmolan las vidas de los pobres, los derechos fundamentales de nuestra humanidad, y se queman los sueños para una tierra que fue creada sin fronteras. Con ustedes queremos también denunciar la malversación de fondos y recursos por parte de gobiernos corruptos que venden a su gente y las avientan en los caminos y travesías de la migración. Denunciamos toda tentativa de maquillar al migrante para hacerlo como nosotros, para que se pierda entre la muchedumbre, para que no sea motivo de reto y de confrontación, ni tampoco cargo de conciencia por su pobreza y estado de abandono. El migrante como otro y distinto, nos invita a confrontar nuestro estilo de vida, nuestros valores, nuestra fe acomodada, nuestra caridad del superfluo, y nuestra esperanza apagada. 11. "El Señor preguntó a Caín: ¿Dónde está tu hermano? Él respondió: No lo sé; ¿soy acaso el guardián de mi hermano?" (Génesis 4, 9). En una época en la cual se subraya la necesidad de defender territorios y fronteras, y se usa la expresión "guardián" para definir operativos que causan la muerte de los migrantes, queremos con fuerza y valor hacer un llamado a ser guardianes no de nuestras causas, territorios y fronteras, sino guardianes y garantes de las vidas de nuestros hermanos y hermanas migrantes en camino hacia la tierra prometida. Queremos anunciar un milenio en donde se rebase la mentalidad del homo homini lupus (el ser humano es lobo para otro ser humano) para llegar a una relación de fraternidad y de cuidado de nuestra humanidad en una patria grande. Queremos pedir a toda persona de buena voluntad pasar de la justicia equitativa a la justicia de la misericordia y de la compasión, a la justicia que sabe ir mas allá de las apariencias y de los prejuicios para ver las necesidades de nuestros semejantes. Queremos anunciar un salario digno, un hogar digno, un trabajo digno, con las palabras de Juan Pablo II: "Este es nuestro grito: ¡vida con dignidad para todos!" 12. Nos dirigimos a ustedes que han tendido la mano al hermano o hermana caminante y se han hecho samaritanos de los caídos y golpeados mas allá del credo religioso y de la cultura dominante para agradecerles y pedir su adhesión. En el marco jubilar pedimos la solidaridad de toda las personas de buena voluntad para una amnistía general en favor de todos los migrantes indocumentados, juntándonos a Juan Pablo II que ya sugirió esta iniciativa. En el mismo marco queremos vendar las heridas provocadas por leyes injustas y lesivas de los derechos fundamentales del ser humano. Al lado del Tratado de Libre Comercio y acuerdos similares, donde las transacciones financieras, el libre movimiento de capitales y de mercancía tiene la prioridad ¿porque seguir negando a los hijos e hijas de América Latina el derecho de cruzar fronteras?: "Si aceptamos la movilidad del capital, ¿por qué no aceptamos la movilidad de la fuerza de trabajo? El capital se mueve donde puede asegurar su ganancia, ¿ por qué los trabajadores (as) no pueden inmigrar donde puedan asegurar su salario? Si el Norte rico invade al Sur con su capital, el Sur pobre puede invadir al Norte con su fuerza de trabajo. Las fronteras se abren para los mercados y se cierran para los pobres". Iglesia Samaritana, Santuario y Hogar 13. Aprovechamos del llamado de Juan Pablo II a un mea culpa y reconozcamos los pecados que hemos cometido como iglesia en el campo migratorio, las "formas de antitestimonio y escándalo" que hemos dado al mundo rechazando al migrante, abandonando las ovejas de nuestros rebaños, dejándolas en la indiferencia y en el abandono. Lo hacemos con la firme convicción que "reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy". Como hermanos, los más pequeños del pueblo de Dios, queremos prestarle voz a tantas ovejas sin pastor. Sin presumir, queremos ser eco de la voz de Dios delante de tanta indiferencia para con nuestros hermanos y hermanas migrantes, desplazados y errantes en las carreteras de nuestro aquí y ahora. Tenemos la impresión que también para una parte de nuestra iglesia el migrante constituya la válvula de escape por una responsabilidad que incumbe al gobierno, a la sociedad civil y a la misma comunidad de creyentes. "Quisieron irse, ya no pertenecen a mi rebaño" esta es la frase que representa la actitud que subyace calladamente en muchos pastores. Queremos denunciar el silencio cómplice frente a leyes injustas, a situaciones de clara explotación, cuando no se han unido al coro de los que discriminan o apuntan el dedo en contra de los indocumentados. Aquí se aplican las fuertes palabras del profeta: "¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben apacentar el rebaño? Mi rebaño anda errante por montañas y colinas, dispersas mis ovejas por todo el país sin que nadie las busque ni las cuide" (Ezequiel 34, 2.6). Las veredas entre las Jerusalén y Jericó de nuestros días han sido desertadas muchas veces por gentes de iglesia que a la vista del migrante golpeado y malherido, "pasaron de largo" (Lc 10,31). Queremos pedir perdón porque como iglesia no hemos estado con el Dios peregrino caminando con su pueblo en las fronteras de hoy. 14. "Por amor a Sión no callaré, por amor a Jerusalén no descansaré hasta que su liberación resplandezca como luz y su salvación brille como antorcha" (Isaías 62, 1). La expectativa y la esperanza del pueblo migrante para este nuevo milenio es ver a su iglesia salir del silencio para ser voz de la dispersión, dejar la comodidad para ser cabildeo de las minorías, de los desprotegidos. Es el sueño de ver el cumplimiento del mandamiento del amor en el sacerdote y en el levita que cruzan la acera para cargarse en su hombro al caído y golpeado del camino. Es la esperanza de una toma de posición clara y firme en favor de las vidas de los migrantes. Aquí se aplican las palabras de uno de nuestros mártires americanos de este siglo, Mons. Oscar Romero: "Ahí se le presenta a la Iglesia, como a todo hombre, la opción más fundamental para su fe: estar en favor de la vida o de la muerte. Con gran claridad vemos que en esto no hay posible neutralidad. O servimos a la vida de los salvadoreños o somos cómplices de su muerte. Y aquí se da la mediación histórica de lo más fundamental de la fe: o creemos en un Dios de vida o servimos a los falsos de la muerte". Parafraseando las palabras de Mons. Romero podemos nosotros también decir que no hay neutralidad en este campo: o servimos a la vida de nuestros hermanos y hermanas migrantes o somos cómplices de su muerte sirviendo así a los falsos dioses del egoísmo, del libre mercado y de la muerte. 15. La iglesia de hoy tiene que considerar la lucha para los derechos humanos como parte integral de su misión evangelizadora. Es tiempo de aceptar el campo de los derechos humanos como elemento integral del mandamiento de la caridad en la misma línea del juicio de la caridad de Mateo 25, 31-46: "tenía hambre y me diste de comer... andaba de forastero y me acogiste... violaron mis derechos y me defendiste... ". Juan Pablo II afirma: "Sólo cuando una cultura de los derechos humanos, respetuosa con las diversas tradiciones, se convierte en parte integrante del patrimonio moral de la humanidad, se puede mirar con serena confianza al futuro." En la lectura de nuestro aquí y ahora consideramos la lucha por los derechos humanos como el octavo sacramento en una Iglesia que quiera ser presencia de Dios y signo de esperanza y salvación en el camino de la humanidad. Aquí resuena de nuevo la voz del Papa: "Quien viola los derechos humanos, ofende la conciencia humana en cuanto tal y ofende a la humanidad misma. El deber de tutelar tales derechos trasciende, pues, los confines geográficos y políticos dentro de los que son conculcados... Tenemos que dar gracias a Dios que siga creciendo, en la conciencia de los pueblos y las naciones, la convicción que los derechos humanos, universales e indivisibles, no tienen fronteras". 16. Queremos pasar de una iglesia estática y administradora de sacramentos a una iglesia peregrina y evangelizante con su pueblo migrante como sujeto y objeto de evangelización. Queremos regresar a los orígenes del misterio de la Encarnación en el cual "la Palabra se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros" (Juan 1, 14). Nosotros también, así como lo hizo Jesús, queremos plantar nuestras tiendas en medio de la humanidad en camino. Queremos redescubrir la dinámica inicial de la presencia de Dios entre nosotros, una dinámica que nos invita a ser una iglesia móvil, itinerante, una iglesia de la tienda que, como Dios, camina junto con su pueblo: "Yo no he habitado en una casa desde el día en que saqué de Egipto a los Israelitas hasta hoy. He estado peregrinando de un sitio a otro en una tienda que me servía de morada" (II Samuel 7, 6). El Dios peregrino, el Dios de la tienda llama una vez más a su Iglesia a seguirlo por los caminos del mundo. Esta Iglesia del camino ha sido vehículo de evangelización dentro de las mismas comunidades cristianas. Hay que reconocer que muchas comunidades se han renovado y la vida eclesial se ha prendido gracias a la participación, devoción y fe de miles y miles de migrantes. La iglesia católica en los EE.UU. sería bien poca cosa sin la aportación de este pueblo en camino. 17. Hay que ampliar la celebración de los sacramentos en la evangelización de los gestos de solidaridad, en la encarnación de la misericordia, allá donde la caridad se vuelve libro abierto que todos pueden leer y entender como Palabra de Dios. En el acoso de nuestros días, delante de la licencia de cacería y mordida invitamos a la Iglesia a hacerse santuario del fugitivo, del perseguido, del deportado y del refugiado y desplazado. De aquí la importancia fundamental de una actitud de acogida y hospitalidad en nuestras iglesias. Juan Pablo II afirma "En este año jubilar y en el marco de una movilidad humana que ha aumentado por doquier, esta invitación a la hospitalidad resulta actual y urgente. ¿Cómo podrán los bautizados pretender que acogen a Cristo, si cierran la puerta al extranjero que se les presenta? 'Si alguno que posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? (I Juan 3, 17)'". 18. Queremos transformar la iglesia en un hogar para los que no tienen casa, ni familia, ni pertenencia, ni derecho. Repetidamente Juan Pablo II en sus mensajes para el "Día Mundial del Emigrante y del Refugiado" ha exhortado a la iglesia a hacerse casa para con los migrantes. "En la Iglesia nadie es extranjero, y la Iglesia no es extranjera para ningún hombre y en ningún lugar". La sabiduría popular se ha vuelto evangelio cuando aplica el famoso dicho mi casa es tu casa. A nivel de iglesias locales la parroquia juega un papel fundamental porque puede transformar la imagen de la "iglesia hogar" en una realidad viva y concreta: "La parroquia, que etimológicamente designa una habitación en la que el huésped se encuentra a gusto, acoge a todos y no discrimina a nadie, porque nadie le es ajeno.… De la misión propia de toda comunidad parroquial y del significado que reviste dentro de la sociedad brota la importancia que la parroquia tiene en la acogida del extranjero, en la integración de los bautizados de culturas diferentes y en el diálogo con los creyentes de otras religiones. Para la comunidad parroquial no se trata de una actividad facultativa de suplencia, sino de un deber propio de su misión institucional. La catolicidad no se manifiesta solamente en la comunión fraterna de los bautizados, sino también en la hospitalidad brindada al extranjero, cualquiera que sea su pertenencia religiosa, en el rechazo de toda exclusión o discriminación racial, y en el reconocimiento de la dignidad personal de cada uno, con el consiguiente compromiso de promover sus derechos inalienables".
El ecumenismo de la compasión y de la solidaridad 19. "Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo. Jesús le respondió: No se lo prohíban, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues él que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y todo él que les dé un vaso de agua porque anuncian al Mesías, les aseguro que no quedará sin recompensa" (Marcos 9, 38-41). La historia ha visto a lo largo de los siglos levantar muros y escarbar trincheras dentro de su regazo, inclusive unas migraciones masivas y forzosas han sido provocadas por persecuciones religiosas en nombre de Cristo y de la intolerancia dogmática. Hoy vemos con complacencia en las fronteras de la migración, en medio de tanta dispersión y de profundo rechazo, muchas manos tendidas en nombre de Cristo para con el migrante. Tienen denominaciones distintas y tal vez en las comunidades de oración se ignoran o se desconocen. Sin embargo han salido a la calle para hacerse Samaritanos del camino y cumplir el mandamiento del amor. Son gestos de evangelización, son gestos de profecía y piedras vivas para la reunificación de un solo rebaño bajo un solo Pastor, el Cristo (Juan 10,16). El migrante y el indocumentado sufren el mismo drama, sean ellos evangélicos, protestantes, musulmanes, budistas o católicos. San Pablo nos dice claramente que "Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba" (Efesios 2, 14) y que por tanto "ya no son extranjeros o huéspedes, sino conciudadanos de los que forman el pueblo de Dios; son familia de Dios"(Efesios 2, 19). Juan Bautista Scalabrini nos recuerda como la migración hace del migrante un "ciudadano del mundo". 20. "Si un inmigrante se instala en la tierra de ustedes, no lo molestarán; será para ustedes como un nativo más y lo amarás como a ti mismo, pues también ustedes fueron inmigrantes en Egipto. Yo soy el Señor tu Dios" (Levítico 19, 33-34). No es sólo cuestión de no molestar al inmigrante y de amarlo, sino de recuperar nuestra memoria histórica que frecuentemente se nos hace cómodo olvidar. La migración es una parte esencial y casi natural de la historia de la humanidad. Nos hemos olvidado que nosotros también fuimos inmigrantes, que nuestros padres y nuestras madres tuvieron que sufrir las adversidades del camino y las dificultades de la inserción e integración en una sociedad que no conocían. ¿Cómo podemos traicionar la memoria de nuestro Dios y nuestra misma memoria histórica? Nosotros tendríamos que conocer lo que quiere decir ser inmigrante, tendríamos que conocer lo que siente su corazón, pero a menudo preferimos olvidarlo. Un Reino sin Fronteras en el nuevo Milenio 21. "Nosotros, sin embargo, según la promesa de Dios, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en los que habite la justicia" (II Pedro 3, 13). Es la visión de Isaías (65, 17; 66, 22) que se repite al profeta visionario del Apocalipsis (21, 1-4) casi a clausurar la escatología de la esperanza y de la utopía. Es el concepto del Jubileo bíblico que nos invita dejar las certidumbres de todos los días, las tradiciones más arraigadas y codificadas de nuestras categorías, cual el derecho inalienable a la propiedad privada, sea ella sobre la tierra como sobre el esclavo, para crear un proceso de liberación sobre bases nuevas y en cierto cual modo ilógicas para la mentalidad productiva y economicista de hoy. Mientras los poderosos de esta tierra proclaman e implementan una globalización del mercado, indiscriminada y despiadada, una globalización que no toma en cuenta a la mayoría de la población del mundo, una globalización que excluye, margina, empobrece y mata, nosotros queremos luchar para la "globalización de la solidaridad", donde la persona sea la que decide sobre las transacciones de las Bolsas, donde la continuación de la creación quede dirigida por el ser humano imagen y semejanza de Dios, conciencia de él en la historia. 22. Nos dirigimos a ustedes, mujeres y hombres de buena voluntad y que profesan el mismo nombre de Cristo para proclamar este año de gracia la posibilidad de seguir soñando una tierra nueva bajo un cielo nuevo, donde junto al reconocimiento de los derechos del migrante, se agradezca su aportación en la tierra que lo acogió, sus tradiciones, sus rasgos culturales y la misma expresividad de su fe multicolor. Con ustedes hermanas y hermanos cristianos queremos celebrar el Pentecostés de las culturas, de los credos religiosos, la fiesta de los pueblos en aquella diversidad que desemboca en unidad, en aquella multiplicidad que no niega la individualidad. "Así dice el Señor todopoderoso: En aquellos días diez extranjeros tomarán a un judío por el manto y le dirán: Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes". (Zacarías 8, 23). Es el Dios que se vuelve nostalgia del encuentro en el otro que me revela rasgos desconocidos; es la visión de Pablo en la carta a los Efesios 1, 10 donde el cosmos tiene a Cristo por cabeza y no el mercado o el dólar todopoderoso. Es el movimiento ascendiente de la creación que tiene en el ser humano la conciencia de Dios. 23. El Dios de nuestros antepasados, el Dios de un pueblo esclavo y migrante, siga haciéndose memorial para con su pueblo para recordarle su pasado de inmigración y esclavitud, hasta destacar que los mismos imperios eran tan solo al comienzo un puñado de gente que se hizo poderosa: "Y tu dirás antes el Señor tu Dios: Mi padre era un arameo errante. Bajó a Egipto y se estableció allí como extranjero con poca gente: allí llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa" (Deuteronomio 26, 5). ¿Por qué en este contexto jubilar no hacer una pausa para remontarnos a nuestros orígenes y leer nuestra historia con Dios? Veríamos cómo muchas naciones poderosas son el fruto de conquista y genocidios de pueblos que aquí vivieron y sobre cuya cenizas hemos levantado a veces nuestro poderío, excluyendo hoy a los descendientes de aquella gente que estaba en su propia tierra. Compromiso jubilar 24. Conscientes del hecho que el jubileo no es solamente la celebración de un año sino una característica de nuestra manera de vivir toda nuestra existencia, queremos precisamente tomar el compromiso de practicar este estilo de vida. Nos recuerda Juan Pablo II "que el compromiso por la justicia y por la paz en un mundo como el nuestro, marcado por tantos conflictos y por intolerables desigualdades sociales y económicas, es un aspecto sobresaliente de la preparación y de la celebración del Jubileo". Renovamos nuestra promesa de estar junto a nuestra humanidad migrante que pasa por las fronteras de Centroamérica, México y EE.UU., para ser con ellos el rasgo del Cristo peregrino hacia cielos nuevos y tierra nueva. Es nuestro deseo abrir a lo largo de la frontera vertical que de Centroamérica sube a los EE.UU. y que día tras día esta marcada por cruces de muerte, una cadena de posadas que puedan brindar al migrante una mano amiga y un corazón abierto. Nos unimos en este proyecto a toda persona de buena voluntad, mas allá de ideologías y credos religiosos. 25. Que podamos reconocer en la humanidad diversa de cada uno de nosotros la presencia de Dios, el rostro de Cristo. Pueda el Dios de la historia, el Viviente de hoy, ayer y siempre, el Cristo de la resurrección transformar nuestras veredas en calzadas de Emaús para que pueda renovarse el testimonio: ¡Cristo ha resucitado...nosotros lo hemos encontrado! Que nuestra Señora de Guadalupe, la Madre mestiza de este continente mestizo y Madre de los migrantes, nos acompañe con su ternura en este camino hacia este Reino sin fronteras.
Notas El obispo Juan Bautista Scalabrini decía que "Para el migrante la Patria es la tierra que le da el pan". 2 Como el Siervo sufriente de Yahvé: "Creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él, tampoco aspecto atractivo para que lo admiráramos. Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada" (Isaías 53, 2-3). 3 Éxodo 3, 8; Salmo 102, 20. 4 Expresión de un migrante hondureño. 5 Obispo Pedro Casaldáliga. El Cuerno del Jubileo — circular fraterna — 1998. 6 Para mayores informaciones sobre las muertes de los migrantes en la frontera México – EE.UU. consulta la pagina de Internet: www.stopgatekeeper.org 7 Obispo Pedro Casaldáliga. El Cuerno del Jubileo — circular fraterna — 1998. 8 Expresión de los misioneros Scalabrinianos en Guatemala que refleja una famosa frase del obispo Juan Bautista Scalabrini: "Tenemos la libertad de emigrar, no de hacer emigrar". 9 Ecclesia in América 56. 10 "¿Es que tú tienes envidia porque yo soy bueno?" (Mt.20,15). 11 Homilía al promulgar Ecclesia in América, Ciudad de México, 23 de enero de 1999. 12 "Ciertamente, resultaría significativo un gesto por el cual la reconciliación, dimensión propia del jubileo, encontrara expresión en una forma de regularización de un amplio sector de esos inmigrantes que, más que los otros sufren el drama de la precariedad y de la incertidumbre, es decir, los ilegales". Discurso de Juan Pablo II a los Participantes del IV Congreso Mundial del Pontificio Consejo de la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes. 5-10 de octubre de 1998. 13 Pablo Richard en Memoria Encuentro Centroamericano de Movilidad Humana: "Migrante y Refugiado". San José, Costarica: Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 1999: 35. 14 Tertio Millennio Adveniente, n. 33. En esta misma línea Juan Pablo II dice "¿Y no es acaso de lamentar, entre las sombras del presente la corresponsabilidad de tantos cristianos en graves formas de injusticias y marginación social?". Idem, 36. 15 Discurso de Mons. Oscar Arnulfo Romero al recibir el doctorado Honoris causa por la Universidad de Lovaina. 2 de febrero de 1980. 16 Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 1999, 12. 17 Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2000, 7. 18 Mensaje de Juan Pablo II para el Día Mundial del Emigrante y del Refugiado del año 2000, 5. 19 En este marco el biblista luterano John H. Elliott interpreta la Primera Carta de Pedro. Véase A Home for the Homeless. A Social- Scientific Criticism of I Peter, its Situation and Strategy. Minneapolis: Fortress Press, 1990. 20 Mensaje de Juan Pablo II para el Día Mundial del Migrante y Refugiado 1995, 5. 21 Mensaje de Juan Pablo II para el Día Mundial del Migrante y Refugiado 1999, 6. 22 Ecclesia in America, 55. 23 Tertio Millennio Adveniente, n. 11: "El Jubileo, año de gracia del Señor, es una característica de la actividad de Jesús y no solo la definición cronológica de un cierto aniversario". 24 Tertio Millennio Adveniente, n. 51.
Ref.: Desde las fronteras de Centroamérica, México y EE.UU. 8 de marzo de 2000. Miércoles de Cenizas
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