|
Hno.
Alberto Prada Sanmiguel Propuesta: “Mesa
redonda sobre el fenómeno de Religiosos(as) que provienen
de los países del sur y misionan en los países
del norte. Introducción “Lo primero que se me ocurre decir es que no todo el Norte es primer mundo; más aun, el Norte rico es más bien pequeño. Podríamos decir que hay un Norte muy pequeño rodeado de un sur muy grande. El cuarto mundo en el Norte es mucho más crítico que el que se vive en el sur porque las diferencias se hacen notorias”. Como miembro de la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el fenómeno que plantea el tema de esta mesa redonda no es una realidad vivida en nuestra Congregación. Los Hermanos Latinoamericanos que estamos viviendo en el NORTE, lo hacemos por funciones de servicio al Gobierno Central del Instituto y/o para cualificar la educación básica recibida en nuestras regiones. Por lo tanto, no hay presencia apreciable de Hermanos Latinoamericanos que trabajen directamente en el NORTE en la misión del Instituto. Es una excepción, la presencia misional de los Hermanos latinoamericanos en el Japón. Nuestro carisma de educación a los pobres es expresado principalmente a través de la escuela formal. Ello hace que nuestros Hermanos provenientes de regiones del SUR, o no tengan mucha posibilidad de acción, por las legislaciones de algunos países del NORTE, o no son considerados actores útiles en los procesos escolares institucionales de los mismos. De ahí, la no invitación institucional a participar en la misión, para llevar la escuela lasaliana y a trabajar con base en ella. Sin embargo, hay una honrosa excepción de Hermanos Mexicanos trabajando en Japón. Se dio la coyuntura de ser reemplazantes exitosos de los misioneros canadienses, del NORTE, que trabajaban en aquel país, lo que adquirió visos de un envío sistemático y planeado de Hermanos a continuar la obra educativa. También, tenemos Hermanos latinoamericanos, no muy numerosos pero significativos, que han trabajado o trabajan en África, en Medio Oriente y en China. Retos Con los Hermanos de mi Congregación que he hablado y que también son provenientes de Latinoamérica, consideramos que los principales retos que se nos presentaron cuando aceptamos la propuesta de venir al NORTE, fueron los siguientes: Conocer
los países y las culturas donde íbamos a vivir y/o
aquellos a donde íbamos a trabajar. Una vez realizado el desplazamiento físico del SUR al NORTE, se presentaron problemas, nuevos retos, otras perspectivas y oportunidades. Problemas: La formación para la cultura donde se vive y trabaja no existió. La información sobre ellas, es una parte de dicha formación y siempre es insuficiente. El tiempo de asimilación se prolonga entre menor sea el contacto con la cultura popular. Los ritmos y ritos Comunitarios disminuyen las oportunidades de mayor contacto y de mayor profundización con la cultura donde se vive. No hubo tiempo de inducción. Se consideró que la persona ya tenía la capacitación y las competencias requeridas. Por otro lado, la manera de funcionar en el trabajo (diseño de planes, estrategias, implementación de políticas) se continuó a pesar de la llegada de un nuevo miembro al grupo. Se planteó o una adaptación negativa (aceptar pasivamente la manera de funcionar), o una manera de funcionar paralela ( organizar su propio plan y estrategias), o una nueva manera de funcionar colegiadamente. La vivencia de la vida comunitaria se inició con la adaptación a los Proyectos ya elaborados. Posteriormente hubo mayor participación en dar aportes puntuales y no esenciales a los Proyectos. Sin embargo, la vivencia de los dos tipos de vida, (antes en países del sur y ahora en países del norte), es muy contrastante, por ejemplo, en el mayor número de miembros de las Comunidades, su alta edad promedio, su diversa procedencia nacional-cultural-étnica, los espacios amplios y poco personalizados donde se desarrolla la vida comunitaria, las relaciones limitadas con el medio cultural y social y, una manera de trato formal y distante con el mundo jerárquico eclesial y con los miembros de otras comunidades religiosas. A nivel personal, se mantienen unas relaciones funcionales y escasas relaciones interpersonales cálidas. El tipo de trabajo lleva a mantener relaciones ocasionales y poco duraderas, a la disminución de la comunicación en profundidad con el medio socio-cultural de procedencia y a romper con los Distritos de origen. Después de vivir unos años aquí tendría que plantear una situación dolorosa expresada por un compañero latinoamericano. Antes de decidirme a quedarme aquí a realizar la misión del Instituto, “tengo que estar seguro de que voy a ser tratado de igual a igual. Porque lo que se ve y se escucha es que cuando el Norte va al Sur, nos perciben como inferiores. Una cosa es ser pobre y otra muy distinta es ser menos”. Y otro decía: “Si venimos al Norte de Misioneros nos tendrían que dar muy buenas razones para trabajar porque aquí (ellos = Hnos. del norte) no han querido ver sus pobres y sus pobrezas”.... Oportunidades: “Una diferencia notable es que aquí tienen la percepción de que esto ya se acabó. Mientras que en el Sur aun creemos en la importancia de nuestra misión”. Ayudar a recuperar la esperanza es una misión fundamental. El vivir en el NORTE (primer mundo) facilita el tener una prospectiva distinta y visión del mundo diferente, pues se pueden observar las consecuencias sociales y ambientales (negativas y positivas) de medidas y procesos que se consideraban “desarrollados”, como por ejemplo: Consecuencias negativas: la degradación del medio ambiente, la baja tasa de natalidad, la promoción de la eutanasia, los problemas de la bio-ética, el laicismo como religión y el secularismo como difusión del ateismo. Consecuencias positivas: la política educacional de cobertura total y calidad de la enseñanza, la democracia social, la libertad religiosa, los beneficios sociales en un estado de bienestar, las posibilidades que da el desarrollo de la ciencia y la tecnología para pueblos empobrecidos, etc. Poder dar testimonio de los valores culturales de nuestros pueblos, sus logros y desarrollos positivos, frente a las visiones y discursos, de los que escriben la historia o registran los acontecimientos. Enriquecer nuestro acerbo cultural conociendo la cuna de la civilización occidental. Establecer nuevas relaciones de cooperación y ayuda entre nuestros pueblos. Testimoniar los valores de nuestras culturas y pueblos, el desarrollo de nuestra fe y la vivencia de los valores cristianos en condiciones distintas, expresando la importancia de conservar la fe y la cultura en todos los procesos de desarrollo social. Replantear los criterios y las definiciones de conceptos como desarrollo, democracia, participación, libertad, sostenibilidad, sustentabilidad. El cambio de cultura Las mayores dificultades que expresan los Hermanos Latinoamericanos en el primer mundo, cualquiera sea su papel en este, se refieren a sentir un cambio de su contexto cultural. Al inicio, se expresa en el tono, calidad y frecuencia de las relaciones que se establecen, luego, se toma conciencia del enfoque distinto que tiene la vida, y posteriormente, de los énfasis en la estructura de valores y el reforzamiento diferenciado de sentimientos-emociones-actitudes y valores que existe, en contraste con la cultura de procedencia del llamado SUR. El sentimiento de cambio tiene repercusiones en la expresión de la personalidad de cada Hermano, dependiendo mucho de las variables de edad; grupo cultural de procedencia, Distrito o nación. En mi parecer, este choque exteriormente imperceptible es vivido intensamente, repercutiendo en los esquemas de relaciones que se establecen, en los tiempos libres de descanso y solaz, en los espacios (casa) donde es posible establecer modificaciones, en el trabajo donde la iniciativa y la creatividad son posibles. Adaptación a la cultura Es muy distinta la manera de enfrentar dicho cambio por parte de Religiosos latinoamericanos lasalianos, con sensación de ruptura, frente a otros migrantes latinoamericanos, en países del NORTE. Mientras que el migrante por relaciones de trabajo y/o refugio acepta las limitaciones como condición para obtener sus objetivos, el Hermano latinoamericano hace frecuentemente referencia a la temporalidad de su compromiso, y por lo tanto, en mi entender, produce una acomodación temporal a la situación, y no una adaptación creativa a la cultura donde está inserto. Importar la propia cultura No he conocido el primer Hermano latinoamericano Lasallista que viva o haya vivido en el NORTE, que intentara o intente tomar elementos básicos de nuestra cultura para imponerlos a estructuras o esquemas de su trabajo, y hacer círculos cerrados de vida particular. Es imposible sustraerse a maneras de ser, aprendidas desde la infancia, niñez, adolescencia o adultez joven, que se reflejan en las acentuaciones que hacemos en nuestras conferencias, en los valores que defendemos o en las críticas que hacemos. A mi me parece inevitable. Mas, es sospechoso de acomodación inadecuada aquel que adopta todas las formas de la cultura que lo ha acogido, o de inadaptado, aquel que no modifica en nada su discurso o visión. Gústenos o no, el intercambio intercultural conlleva modificaciones entre las partes. ¿Cómo afecta, todo esto, a la manera de entender el carisma de la Congregación? El primer efecto principal, el más visible, es sobre la misión del Instituto. Considero que nuestro mundo latinoamericano Lasaliano está hoy muy presente en dicho enfoque de la misión La escuela lasaliana en A.L., desde la niñez hasta la profesional, muestra grandes signos de vitalidad, diversidad, creatividad. Al mismo tiempo, basándose en la escuela, la pastoral lasaliana latinoamericana, de la niñez y juventud, muestra caminos inéditos para otras partes del mundo lasaliano. La experiencia que ello conlleva permite tener Hermanos Latinoamericanos que hoy pueden dar un aporte significativo a nuevas formas de educación de los pobres en el NORTE, como educación para los niños de la calle, acogida de los jóvenes inmigrantes, reeducación de jóvenes delincuentes, rehabilitación de los jóvenes en problemas con alcohol o drogas, educación informal para el mundo del trabajo, educación media profesional. Reconozco, con humildad, que otros religiosos provenientes de A.L. y que están en el NORTE, han sido más audaces en su aporte a las Congregaciones de pertenencia. Tarde que temprano, nuestra Congregación tendrá que plantearse nuevas estructuras que faciliten la vida y la misión comunidades lasalianas, constituidas por Hermanos de diversas partes del mundo: del NORTE y del SUR ( del primero, segundo, tercero o cuarto mundo). Los espacios en la escuela formal del NORTE son cada día menos apetecidos por los pocos jóvenes religiosos de este NORTE. Es un espacio casi asfixiante para casi todos los Hermanos que provenimos del SUR. Creemos que la escuela formal básica y media en el NORTE, no es el mejor espacio para la evangelización de los niños y jóvenes. El espacio ha sido tomado por el secularismo en nombre de la escuela laica. Pero, niños y jóvenes del NORTE necesitan la presencia de Hermanos que construyan con ellos el sentido de sus vidas. ¿Qué queda? Que el Señor envíe nuevos Hermanos, con formas nuevas, con fidelidad creativa a nuestro carisma. Ahora, ese número de Hermanos está en el SUR, pero no será posible su venida fecunda hasta que unas condiciones mínimas de vida y de trabajo no se instauren. Pedimos algo similar a lo que hicieron muchos cristianos en el SUR para que la presencia de los Hermanos provenientes del NORTE fueran fecunda: crearon las condiciones para dignificar y hacer creíble el testimonio de sus vidas y la eficacia de sus enseñanzas. El segundo aspecto, que subrayo como contribución específica, es la asociación. Para los Hermanos latinoamericanos, la asociación con seglares lasalianos para la misión de educación de los pobres, no es una estrategia para encontrar reemplazantes en las escuelas, que por carencia de personal no podemos sostener. Es para nosotros, el reto de la Iglesia postconciliar en la educación cristiana de laicos comprometidos en la misión de Cristo. Nuestro Instituto tiene esa misión y la motivación para ello se fundamenta en el evangelio, en la solicitud de la Iglesia del Vaticano II y en el Carisma fundacional. Lasalianos pertenecientes al NORTE expresan de manera sistemática y profunda motivaciones fundacionales e históricas de la asociación para el servicio educativo de los pobres, pero la práctica de dicha asociación viene del SUR.
Ref.: Intervención en SEDOS, 24 de febrero de 2005. Hermanos de las escuelas Cristianas.
|