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P.
Flor Maria Rigoni, C.S.
1
Metodología
Tomo como punto
de partida la realidad migratoria así como se ha ido volviendo en
mí, carne de mi carne. En sus escritos
los teólogos centroamericanos Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino han
destacado claramente la importancia de la realidad en el quehacer
teológico: una teología valida, significativa y cristiana tiene que
enfrentarse con la realidad, tiene que cargar con ella y asumirla.
“La "honradez con lo real" y "la fidelidad
a lo real" son actitudes básicas para hacer teología. Con estas dos actitudes metodológicas espero iluminar
unos aspectos de la relación migración – misión. Primero, mirar a la realidad desde abajo, es decir, desde
la perspectiva de los migrantes, aunque tenemos que reconocer desde
el principio que hay que ser verdaderamente migrante para ver la realidad
como un migrante. Mi propósito es leer la realidad desde aquellos/as
que lo arriesgan todo, hasta sus vidas, para realizar el sueño de
la "tierra prometida". Este punto de vista particular nos
permite ver dimensiones de la realidad migratoria que muchos de nosotros
ignoran o se les hace cómodo ignorar, y aquí me refiero sobretodo
a los aspectos más trágicos y tristes de la migración. En otro escrito
he hablado de esta situación como del "Calvario del migrante",
de un Vía Crucis hecho de deshumanización, criminalización, violaciones,
abusos, sufrimientos, y muerte. Quiero
ser fiel a la realidad, en actitud de diaconía hacia la verdad, partiendo
desde un acercamiento de escucha y de condivisión, para luego liberarlo
todo en la perspectiva teológico-contemplativa, en lo que es ya el
refrán de mi espiritualidad caminante: el éxodo se vuelve Pascua. El tema, así
como se enfoca, conlleva tres posibles dimensiones básicas:
a.
lectura de la realidad migratoria
b.
enfoque acerca de los elementos provocatorios
y potenciales de la misma
c.
su relación teológica – eclesial y
antropológica hacia la misión
1.1
lectura de la realidad migratoria
La migración
afecta hoy de forma trasversal y vertical todo nuestro planeta. Se
habla de 150 millones de migrantes internacionales, de 45 millones
de refugiados y desplazados, de un sin numero de migrantes internos.
Sin entrar en los detalles sociológicos de la migración y tampoco
en sus causas, me permito destacar como la migración sea hoy en día
la punta de un iceberg o según una expresión inglesa, acuñada por
nuestros Centros de Estudios Scalabrinianos, el control gauge (manómetro)
de la sociedad. La migración
nace como ruptura, como apuesta sobre el futuro, como drama de opresión
en su sentido más amplio. Cada año por lo menos 300,000 Mexicanos
cruzan de forma indocumentada la frontera norte. EEUU recibe de forma
legal 850,000 nuevos migrantes, más alrededor de 400,000 en forma
indocumentada. Para situarnos
en actitud de verdad y de justicia teológica de cara a este fenómeno
tenemos que percibir el alcance de esta porción de la humanidad que
mueve la historia y hace historia en contra de toda tentativa de ignorar
o vanificar o peor todavía, reprimir el clamor de su dolor y el manantial
de su novedad.
1.1.1
Lectura sapiencial de la migración
Tal vez el
título puede sonar algo extraño. Por sapiencial entiendo la
lectura contemplativa, teológica y sosegada de los acontecimientos.
Es la actitud de quien, siguiendo Romanos 8, sabe vislumbrar en la
historia cotidiana y por mucha gente profana, la historia
de salvación. Es el camino hecho por los profetas y los salmistas
sobre la historia de Israel. Primero consideran la esclavitud en Egipto
como el lugar soteriológico que desencadena la intervención de Dios,
el consecuente éxodo marcado por la primera pascua y la llegada a
la tierra prometida. Luego la caída de Jerusalén con la deportación
a Babilonia y la nueva situación que se crea: una minoría en diáspora.
En el NT nos hallamos frente a un contexto similar en la primera persecución
desatada después de la muerte de Esteban, por la cual la diáspora
se torna misión evangelizadora alrededor de Jerusalén. Si luego asumimos
la I Pedro en la interpretación de Elliot, donde los términos paroikoi
y parepidhmoi nos remontan a los sin techos, a los vecinos, a los
marginados del Imperio romano, entonces el contexto sapiencial de
una lectura teológica sobre la relación migración – misión asume toda
otra perspectiva.
1.2
elementos provocatorios de la
migración
Toda migración
nace como ruptura de raíces, muchas veces ruptura dramática, otras
veces simplemente como búsqueda de un mas allá o mas arriba, otras
veces inclusive es la respuesta a una inquietud que siempre ha marcado
unas personas.
1.2.1
Ruptura de raíces
Es una ruptura
de raíces, de relaciones, de identidad, es un reto abierto
a toda tentativa de justificar el cemento, las categorías definidas,
las estructuras intocables: la migración fundamentalmente pone en
tela de juicio toda certidumbre, derrumba todo cerco y se lanza mas
allá de cualquier tipo de frontera antropológica, social, política,
cultural o religiosa. Es un drama
donde convergen distintos factores, desde lo económico, al social,
a veces el político, religioso o racial...
1.2.2
apuesta
La ruptura
conlleva una apuesta sobre el futuro: hay una confianza por lo menos
subconsciente, de que el futuro será menos amargo y que unas puertas
se abrirán en su vida. El migrante, en contra de la actitud generalizada
de la sociedad occidental, piensa y planea en categorías del futuro.
Europa y EEUU y parte de México y de aquella América latina que ha
alcanzado niveles de primer mundo, han borrado de su Weltanschaung
el pasado y el futuro. Viven el momento presente, casi remontándose
al carpe diem de los
Romanos. El migrante todo se lo juega en un mañana que ve a su alcance.
Para él existe tan solo el futuro.
1.3
relación entre migración y misión
Con la pequeña
premisa y sin entrar en toda la problemática y potencialidad de una
teología de la migración con sus conexiones a la teología bíblica,
a la eclesiología y antropología teológica, trataré de mover unos
pasos hacia la misión en un contexto moderno, donde el concepto de
la missio ad gentes se ha paulatinamente alejado de una prioridad
de tipo proselitista para acercarse más a la dimensión del Reino.
En este contexto trataré de enfocar unos aspectos sin la pretensión
de agotar ni el tema ni la búsqueda. Mi aportación nace de un contagio
con la migración que dura desde hace 30 años y que es el resultado
de aquel haber estado sentado horas y días con migrantes, deportados
y refugiados. Hoy con Juan podría decir: lo que mis ojos han visto,
mis oídos han escuchado, mis manos han palpado, les hablo de una humanidad
caminante, esto se lo comparto para que celebren conmigo la fiesta
de la esperanza. Me concreto
así en unos aspectos de la migración que considero directamente relacionados
con la misión.
2
Aspectos teológicos
2.1
El Dios peregrino
En diversas
ocasiones y bajo diferentes formas Dios habló a nuestros padres por
medio de los profetas, hasta que en estos días, que son los últimos,
nos habló a nosotros por medio del Hijo, a quien hizo destinatario
de todo, ya que por él dispuso las edades del mundo. (Heb.1,1s) Esta afirmación
de la carta a los Hebreos, texto fundamental de la dimensión misionera,
ha sido a lo largo de los siglos demasiadas veces ignorada. La misión
en mi experiencia, es antes que nada la actitud de escucha, es aquel
quitarse las sandalias porque la tierra y las culturas que pisamos
son sagradas, y de rodillas reconocer aquel Dios desconocido que nos
invita como Moisés a entrar en la intimidad de su nombre, de un misterio
que nos rebasa. En ninguna misión creo sea justificada la pretensión
de anunciar a un Dios completamente nuevo, distinto y menos que nunca
rival del dios o de las divinidades que podemos encontrar, porque
Dios es siempre el absolutamente otro y quiso encarnarse como
imagen, semejanza y anhelo de infinito en el ser humano y con ello
en la historia, conciencia de la humanidad. Partiendo desde
este Dios peregrino en la historia y en la humanidad, la migración
es el vehículo hoy privilegiado del Dios desconocido, del Dios de
los muchos rostros, el Dios otro, del Deus ignotus... Si con Levinas
aceptamos que yo soy en el tú, y que es el tú el que se revela espejo
de mi ser y de mi identidad, sigue a rigor de lógica que el otro,
el forastero en el sentido de desconocido, de otro de mi persona y
de mi comunidad, es el lugar de la revelación del Dios desconocido.
Cuando
en la intimidad trinitaria el Padre, monos a)rxh=|, principio primigenio
del ser, acepta la única tentación posible en Dios, la del amor, y
pronuncia el sí del Hijo, es el hijo, en la relación de alteridad
reciproca, que se convierte en el espejo del Padre, hasta llegar en
las teofanías a la afirmación: este es mi hijo en el cual he puesto
mi complacencia. El Padre se reconoce, podemos decir así, en el
hijo. La migración
en este sentido rompe los esquemas cerrados de un Dios totalmente
definido, rebasa las teologías muchas veces fruto de una cultura y
seguido de intereses, para irrumpir en nuestras categorías como un
Dios que habla otro idioma, que tiene tez curtida y tal vez pelo rizo,
que viene de lejos y se celebra en la expresividad de otras liturgias,
donde el cuerpo, la danza, el silencio contemplativo, el lenguaje
de la naturaleza, desde el viento hasta el mar y la montaña son sacramentos
de su ser Emmanuel, el Dios con nosotros y con la historia. Cuando los
Náhuatl definían a Dios como el Dios del cerca y del junto
no solamente balbuceaban la revelación bíblica, sino que la celebraban
como huellas de Dios y semillas del Verbo antes de la evangelización
cristiana. Cuando Meyer
nos comparte su tentativa de acercarse al Cristo histórico titula
su libro de una forma provocatoria tal vez, pero muy acertada: A
marginal Jew. Hoy estamos enfrentando distintos Cristos que podrían
definirse como a marginal African, a marginal Indio, a marginal
chineese, a marginal latin american... Se me podrá
objetar que se trata de Cristos históricos tan solo: sin embargo ¿quien
puede dividir el Cristo histórico del Cristo de la revelación, del
Cristo del Reino, del Cristo enviado del Padre? La migración
actúa dentro de la misión y de sus categorías teológicas un poco como
la deportación y el exilio de Babilonia actuaron para Israel y la
muerte de Cristo actuó sobre el velo desgarrado del templo. En el exilio
Dios sale encadenado con su pueblo y con el rey de este pueblo. Es
un éxodo volcado, donde muere definitivamente el Dios de los ejércitos,
el dios victorioso para empezar el camino de los derrotados y oprimidos,
de los esclavos y desdichados. Estamos delante de la muerte del Dios
mayoritario, del Dios poderoso, del Dios eficiente,
[i]
para volverse el Dios de un puñado que ya había
bajado a Egipto como extranjero para volverse luego pueblo. Es la
muerte del Dios de los colonizadores y muchas veces de las teologías
evangelizantes que se acompañan. El exilio será
el lugar teológico que trasformará el Dios derrotado en el Dios universal,
el Dios del espíritu capaz de volver otra vez el corazón de piedra
corazón de carne. Así, arriba de aquel Calvario afuera de los muros
de la ciudad y de la jurisdicción religiosa y política, Cristo jala
todos a si mismo y desgarra el velo del templo, derrumba el cerco
de Israel para un horizonte sin fronteras.
[ii]
Nuestra teología de la misión muchas veces arrogante
e impositiva hacia los pueblos objeto de la evangelización está invitada
frente a la migración a emprender su éxodo para volverse teología
pascual de la evangelización.
2.2
El Dios desconocido
Pablo al areópago. Mientras recorría
la ciudad contemplando sus monumentos sagrados, he encontrado un altar
con esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo que ustedes
adoran sin conocer, es lo que yo vengo a anunciarle (17,23). La tradición
misionera cristiana y católica en especifico partía para la evangelización
con recetas hechas, con una pequeña suma teológica muy definida, y
mas que todo con la certeza de poseer la verdad y a veces toda la
verdad. Se reproducía en la misión la teoría de Paulo Freire del concepto
bancario, donde yo deposito en el vacío mis bienes y los retiro con
intereses. Es cierto que en el documento de Juan Pablo II Fides et
Ratio se afirma que un elemento profundo define al ser humano como
aquel que busca la verdad y las constituciones por ejemplo de
los Dominicos destacan como la Orden tiene propensio ad veritatem...
una tensión hacia la verdad. Sin embargo mi verdad necesita de la
verdad de Dios y en ultima instancia de la verdad de los demás, piezas
de este mosaico infinito, depositarios todos de una forma de encarnación
del mismo Dios, si no queremos llegar a aniquilar al mismo Dios, aniquilando
al ser humano imagen de Yahwé.
[iii]
Si aplicamos
estas notas a la migración nos chocamos con un Dios distinto, con
un Dios que todavía no conocemos,
con un Dios que nos desafía e invita a abandonar nuestro castillos
y alcázares teológicos, culturales, litúrgicos para reconocerlo como
el Dios que sigue caminando en el desplegarse como misterio que rompe
el silencio. Que extraña nuestra teología y nuestra iglesia a veces.
Partimos del concepto maravilloso de la carta a los Colosenses, donde
Dios rompe el silencio de siglos para darse a conocer y nosotros hemos
construido todo un mundo teológico bien estructurado que a veces se
parece mas bien a una Babel y hemos vuelto a ponerle bozal a Dios,
callándolo desde siglos. Estos pueblos migrantes distintos, otros,
marcados por una diferencia que nos atemoriza, rompen otra vez el
silencio, aquel velo puesto de vuelta sobre nuestros templos, universidades
y congregaciones misioneras para revelarnos el Dios que sigue caminando
con nosotros y construyendo su Reino. La misión demasiadas
veces se ha quedado en el scio cui credidi de Pablo, olvidando
que hay todavía muchas cosas que ustedes no conocen... de Juan.
2.2.1
Dios desconocido en un nuevo contexto
de catolicidad
La iglesia
se reconoció desde el principio como católica = universal e iba celebrando
esta característica en las diferentes iglesias peregrinas y locales,
que usaban las litterae comuniones para destacar la dimensión
de unidad – universalidad y peregrinación entre sus hijos e hijas.
La iglesia local siempre ha sido el lugar sacramental de la catolicidad
de la iglesia. Sin embargo las tentaciones históricas de identificar
el local con su propia cultura, con sus tradiciones y su raza
acabó por trasformar la catolicidad en ghetto. El mundo de las migraciones
remite en juego la catolicidad genuina recordándonos que la diversidad
es el sacramento de la universalidad. Como la unidad y la santidad
en la Iglesia, así también la catolicidad es un valor que continuamente
tenemos que perseguir y buscar.
2.3
Migración como revolución copernicana
en la misión
La missio
ad gentes que ha caracterizado la grande expansión misionera de
la iglesia cristiana y católica, los dos grandes momentos históricos,
después de la era apostólica, son el siglo XVI y el siglo XIX, paralelamente
y en conjunto con las grandes colonizaciones, en las Americas (1500)
y en África (1800). El contexto histórico de la expansión misionera
justifica una duda, o por lo menos una pregunta sobre los reales motivos
de tanto interés: ¿era evangelización o colonización vestida
de evangelio? La pregunta
no quiere ser polémica, sino echar una duda sobre los contenidos y
la teología de la misión. La misión seguido ha sido la imposición
de una cultura haciendo palanca sobre el evangelio y la religión.
El Dios universal era un Dios blanco, francés, alemán ingles, o italiano.
Hablaba tan solo un idioma, volvía a ser el Dios de los ejércitos
británicos o franceses, o españoles. Con las migraciones
masivas del siglo pasado y de este inicio del milenio los destinatarios
están en medio de nosotros, nos rodean muchas veces callados, invisibles,
porque arrinconados por nuestra comunidades políticas e incluso religiosas.
30 millones de migrantes en Estados Unidos, los 150 millones de extranjeros
que la Unión europea tendrá que importar hasta el 2050 para su equilibrio
demográfico y productivo, rebasan los números de la missio ad gentes
clásica. De repente
toda la iglesia se tiene que convertir en iglesia misionera, nuestra
missio ad gentes está en medio de nosotros, nuestras calles, los parlamentos,
los estadios deportivos (piensen en el racismo italiano hacia futbolistas
de color), las escuelas, nuestras comunidades son hoy los lugares
teológicos de la revelación del Dios universal, del Dios que quiere
seguir siendo un Dios eterno en el desenvolverse de la historia y
pide casi de rodillas a cada uno de nosotros y de nuestros hermanos
de ser su vehículo en la historia de nuestros días. Si puedo usar
una imagen, la migración nos ha puesto a todos en un sincrotrón o
acelerador de partículas atómicas, donde el tiempo se detiene y el
espacio se dilata. Este es nuestro tiempo de misión. La historia se
detiene, el tiempo se torna kairos, tiempo de Dios, el aquí y ahora.
Pero hay otra
revolución que la migración actúa hacia la misión: los destinatarios
están en medio de nosotros y de repente nos damos cuenta de ser al
mismo tiempo nosotros los destinatarios de un Dios que quiere revelarse.
Retomo la actitud primaria de la missionariedad: la escucha, la contemplación,
el quedarnos en la brisa de la tarde para la cita con el Dios que
pasa y nos habla. El discurso interreligioso y de allí el discurso
interétnico no puede ser remontado tan solo al acontecimiento del
11 de septiembre donde el mundo se ha dado cuenta del peso del Islam,
uno de los credos religiosos de la humanidad. Considerémoslo sin duda
un evento trágico y salvifico a la vez en historia de salvación, un
momento en el cual finalmente nos hemos detenido e interrogado y de
allí llamados a reconocer lo que es Dios y la aberración que del mismo
han hecho los hombres, unos musulmanes, como también en su tiempo
y hoy todavía unos cristianos. Se injerta
aquí pienso un concepto relativamente nuevo: la teología volcada
o del in-out. Es la teología que mira desde el otro,
el in-out ingles, por el cual te quitas la camiseta y el revés es
el nuevo frente. En esta perspectiva los que era destinatario se vuelve
protagonista y al revés. Es un poco la eclesiología de los años ’70
en Europa, cuando hablando de migrantes se consideraban sujetos de
misión, evangelizadores y no simplemente receptores de la pastoral.
La misión vive
hoy una posición volcada: está invitada y retada a dejarse evangelizar,
aplicando el dicho evangélico: el sabio del Reino es aquel que saca
de su tesoro cosas antiguas y nuevas. El recordatorio de Jesús delante
del encuentro con el centurión romano: en verdad les digo que no
he encontrado tanta fe en Israel vendrán de Oriente y de Occidente
para sentarse en el seno de Abraham,(Mt.8,11) es un recordatorio
impelente a saber reconocer las nuevas semillas de fe, las mujeres
siro-fenicias de nuestros días, los samaritanos del camino que cumplen
a diferencia del sacerdote y del levita el mandamiento del amor a
Dios a través del amor al prójimo. Para concluir
este tema de la revolución copernicana en la misión podemos resumir
así: con la migración
lo que era periférico se vuelve centro y el centro se mueve hacia
la periferia. Me explico.
Hasta ahora
los demás eran tan solo objeto de evangelización o en unos casos de
acogida, objeto de nuestra caridad o emergencia. Hoy con el no
pueblo
[iv]
a nuestro alrededor y con nosotros llamados
a dejarnos interpelar por este Dios nuevo, otro y distinto,
el centro de nuestro interés, el alcázar de nuestras certezas se vuelve
periferia. Es por un sentido el volver a la tabula rasa teológica
de la misión. Por un momento tenemos que dejar a nuestra espalda
todo lo que era nuestra visión de Dios, para mirar delante, para volver
a ser según la Biblia personas escatológicas, que todo lo evalúan
desde el mañana. Alguien dijo un día que la iglesia maneja sus carros
con el espejo retrovisor, anclada al pasado: el viento del espíritu
peregrino en el migrante nos voltea la mirada hacia el frente.
2.4
la misión del Pentecostés
Si nos preguntamos
cuando empieza en la historia de la iglesia la primera misión evangelizadora
creo que tenemos que remontarnos al evento del Pentecostés. Cuando llegó
el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De
repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de
viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas
como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno
de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a
hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran.…
Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los oía
hablar en su propia lengua. Todos quedaron muy desconcertados y se
decían, llenos de estupor y admiración: «Pero éstos ¿no son todos
galileos? ¡Y miren cómo hablan! Cada uno de nosotros les oímos en
nuestra propia lengua nativa. (2,1ss) El Pentecostés
es la cumbre de un camino que empieza a desenvolverse en liturgia
en el exilio de Babilonia, abriendo las puertas a la universalidad
del pueblo de Dios, para desembocar en la fiesta de los pueblos y
de las fronteras lingüísticas y culturales del Pentecostés. Es también
la caída definitiva de Babel, la derrota de la arrogancia de imponer
un solo idioma, un solo pensar y por consecuencia un solo ser. En
Babel Dios baja para consagrar la diversidad como valor antropológico
y teológico de la diversidad. Es la condenación definitiva de toda
tentativa de homologar = estandardizar la humanidad. Dios se revela
como mosaico y diría hoy delante de la danza multicolor de las migraciones
como mosaico de mosaicos, en un dinamismo que nos supera continuamente.
En el día de Pentecostés nos enfrentamos a un Dios que habla muchos
idiomas y viste diferentes tradiciones y hábitat. Cuando se presentó
la primera grande cuestión sobre la circuncisión en una labor de parto
y en la fatiga del dialogo, a veces contrapuesto, se optó por un Dios
libre, distinto, codificado como otro y que rompe con el pasado. Si
la circuncisión era una marca en la carne que constituía para Israel
su gloria y su privilegio, la libertad de ser cristiano sin circuncisión
marca también en la carne un Dios distinto, con otras señas que a
lo largo de los siglos e ya en el tiempo de la iglesia apostólica
llevaba los signos de los esclavos, de la mujer, de los bárbaros y
de los pobres Otra dimensión
del Pentecostés es el sello definitivo para la iglesia de una comunidad
que acoge en su seno a todos los pueblos, hablando sus lenguas, vistiéndose
de sus tradiciones, poniéndose de rodillas delante de un Dios que
le sale al encuentro un poco como la reina de Etiopia, llevando todo
el anhelo de África, del mundo greco-romano, de los periféricos del
imperio. El Pentecostés sella el derecho a ser distinto, Dios regresa
como arco iris en una nueva alianza cósmica y hoy podemos decir que
la migración es la nueva catedral del Pentecostés, o por lo menos
estamos invitados a considerarla aquel cenáculo del piano de arriba
donde se prepara y espera el Pentecostés de un mañana que toca a nuestras
puertas. La fiesta de las lenguas remite la iglesia a su diaconía
profunda: la palabra es objeto de contemplación, adoración y celebración.
En el Pentecostés el idioma es diaconía, queda hasta nuestros días
juicio histórico y teológico en contra de toda tentación de manipular
la palabra, de hacerla instrumento de dominio, de interpretación personal
e interesada, para que vuelva a ser vehículo que devela en misterio
y lo desmigaja en las categorías de cada cultura. Aplico a la misión
una afirmación de Chris McVey
[v]
, allá donde él dice: la misión empieza en humildad
y termina en el misterio. La migración, aun que sea de nuestros
pueblos latinos, empapados de un camino de 500 años de evangelización,
nos pone delante de un misterio que tan solo el silencio contemplativo
puede entrever. Son destellos que claman por el abandono definitivo
de la arrogancia, son matices de un Dios que ha asumido el sabor a
tierra fría o caliente, que lleva las heridas de la historia, la fiesta
de tradiciones que se hunden en la memoria de antaño y que despedazan
nuestras ideologías y construcciones teológicas que tienen a veces
los pies de barro como la grande estatua del libro de Daniel.
2.5
misión hermanada con los pobres
de YHWH
El capitulo
25 de Mateo nos presenta el juicio de la caridad y en una de sus fotografías,
además de hambriento, sediento, enfermo y preso, Cristo se identifica
también con el extranjero. Un extranjero que en la mayor parte de
las veces es al mismo tiempo hambriento, sediento, enfermo, desnudo
y preso o por lo menos rechazado. La missio ad gentes contemplaba
casi siempre un compromiso social, una obligación moral hacia los
destinatarios de la palabra de Dios que fuera también signo concreto
de la Providencia de Dios en hospitales, técnicas productivas, enseñanza
etc. Cuando el Cristo llama dichosos a los pobres y perseguidos y
se hace peregrino para encontrarlos y anunciarles que el Reino de
Dios está en medio de ellos, define el camino de la misión. Y aquí
otra vez, tengo que repetir que la periferia se ha vuelto centro:
la migración es éxodo de pobres, extranjeros, de aquellos hambrientos,
sedientos y desnudos por los cuales el Cristo nos dice: denle ustedes
de comer. Ahora se abre un capitulo nuevo para la misión. Hay
migrantes que no comparten nuestro credo, que lo obstaculizan o lo
rechazan tajantemente. El juicio de la caridad de Mateo 25 y la parábola
del buen Samaritano, como la conocemos, abre un capitulo nuevo: la
misión de la caridad, el anuncio de aquella Biblia que todos pueden
leer: la mano tendida en gratuidad como sacramento de la Providencia
de Dios que nutre los pájaros del cielo y viste los lirios del campo.
La caridad de acogida, la caridad de una tortilla compartida, un taco
de frijoles con el transeúnte o con el migrante que busca un trabajo,
un tejavan ofrecido como a las golondrinas que lo encuentran en los
atrios del templo para hacer sus nidos. Entonces podrá ser que alguien
nos pida razón de nuestra caridad. Entonces como los paganos preguntaban
a los primeros cristianos razón de la esperanza que estaba en ellos,
podremos contestar que Dios se ha asomado a su cielo, ha escuchado
el clamor de su pueblo y ha entrado con nosotros en la historia, para
empezar la aventura de nuestro éxodo. Es la teología
del Cristo sufriente, del Cristo derrotado que se encadena a todo
este pueblo desamparado, sin voz ni derechos, expuesto al proyecto
político de ser desaparecido de nuestra vista y de nuestras conciencias.
[vi]
Este es el terreno de nuestra misión hoy, estos
son los areópagos y las ágoras de una iglesia que quiere caminar con
los signos de su tiempo. La comunidad parroquial, las diócesis, la
sociedad civil y política son el lugar eclesiológico de la misión
y de la misión ad gentes. Tal vez aquí en México el problema no se
percibe todavía: es cuestión de tiempo, porque cuando la migración
se mueve todas las fronteras viven un terremoto, desde las geográficas
hasta las culturales. En mi experiencia cotidiana en la frontera sur
de Chiapas los musulmanes, budistas, evangélicos o paganos de retorno
por falta de evangelización (por ej. cubanos, nicaragüenses, hondureños
y guatemaltecos de la Sierra) son ya desde hace tiempo los destinatarios
de mi misión. África y Asia ya han llegado a Europa y Estados Unidos.
El movimiento tectonico de África con su empuje hacia el norte es
ya también movimiento inarrestable de pueblos y naciones hacia otras
fronteras.
2.6
Migración en contexto de globalización
y misión
Si el global
village se hace visible y eficiente en las transacciones internacionales,
en la comunicación, en los transportes y en la informática, si las
bolsas de valores pueden producir un efecto domino en todo el planeta
así como contagiar de euforia mercados en caída, a nivel de relaciones
humanas el único fenómeno verdaderamente globalizante, aun que reprimido
y rechazado, queda la migración. Los ejes norte – sur, este –oeste
traspasan nuestro mundo rompiendo esquemas, programas y planeaciones.
El Reino de Dios está en medio de nosotros como novedad que irrumpe
desde otros continentes y tradiciones. Si Pablo definía a los cristianos
como ciudadanos del cielo y de los santos, podríamos hoy definir a
los extranjeros que vienen de oriente y occidente ciudadanos del Reino.
La profecía de Zacarías: en aquel tiempo 10 hombres agarrarán a
un judío e le preguntarán: muéstranos a YHWH…(Zac.8,11) Dios se hace
peregrino sediento de la Palabra en estas masas que fluye como ríos
a través de continentes pueblos y naciones. De repente el espacio
geográfico y las barreras jurídicas, lingüísticas y culturales se
han como convocado en nuestro aquí y ahora y nuestro espacio se ha
vuelto lugar de misión, kairos de la evangelización. Credos distintos
y muy lejos entre si mismos, razas y pueblos distantes años y miles
de kilómetros están reunidos en nuestras áreas. Es el momento del
testimonio, es la cita histórica donde las rupturas, las heridas de
nuestra humanidad, los prejuicios con los que una vez más se crucifica
al Dios hecho carne pueden vislumbrar más allá del Calvario el jardín
de la resurrección.
2.6.1
Dialogo = sacramento de la evangelización
En esta globalización
que ya ve unas áreas católicas volverse minorías delante del irrumpir
a través de la migración masiva de otros credos, podemos ver el lugar
litúrgico de la reconciliación con un pasado de arrogancia. La petición
de perdón puede partir de una actitud de humildad, como decía arriba,
donde el diálogo se torna hoy el nuevo sacramento de la evangelización,
lejos de la imposición del pasado. Delante de una globalización
enajenante, donde los traileres tienen prioridad sobre el ser humano
en el derecho de cruzar fronteras, donde se privilegian maquilas y
chequeras, pero se niega la visa de paso a un hijo de Dios y de la
humanidad, de repente los destinatarios de la misión hoy son por un
lado las nuevas olas de un prójimo antes desconocido, y por otro lado
nuestros mismos hermanos y hermanas que cierran las puertas al Cristo
peregrino. Los Josés y Marías de nuestros días siguen afuera, porque
no hay lugar para ellos en la posada y el Dios que sigue naciendo
en un portal, en la calle, bajo los puentes, nos recuerda que la Buena
Nueva apenas se empieza a proclamar. Se trata de una missio ad intra
y de una missio ad extra. Ad intra hacia nuestra misma iglesia y comunidad
humana; ad extra hacia quien nos pregunta de conocer al Viviente.
En este contexto la iglesia evangelizadora y misionera tiene que dejar
por un momento la transfiguración y la resurrección para volver a
la crucifixión de pueblos en desbandada, de pobres y oprimidos; estamos
llamados a dejarnos crucificar con el Cristo en estos nuevos pobres.
La misión pascual del Cristo resucitado es la reunificación de la
comunidad apostólica y del discipulado dispersada por el escándalo
de la cruz. Estamos hoy más que nunca derrotados por muchos cementerios
sin cruces
[vii]
, heridos por el fracaso y la derrota, oprimidos
por el escándalo dentro de la iglesia y de nuestra sociedad cristiana.
La diáspora de la migración nos hace hermanos, se vuelve el ágora
común de la experiencia pascual. Una última
nota: la perspectiva universal de la migración como signo de nuestro
tiempo pone a la misma teología de la liberación de América latina
en entredicho. No me refiero a sus contendidos, sino más bien a los
horizontes de la misma: ha llegado el tiempo de que se vuelva teología
de una liberación planetaria, lugar teológico de la iglesia universal.
El éxodo traspasa los continentes, la diáspora se ha vuelto situación
global de soledad y anonimato. La teología a servicio de la iluminación
pascual y ancilla liturgiae pascalis tiene también que traspasar las fronteras
de nuestra América latina.
3
Resumen
Frente a la
migración, la misión vive una revolución copernicana: la periferia
se vuelve centro y el centro periferia. Las gentes nos rodean,
nos interpelan y nos evangelizan a través del Dios desconocido y otro. Es el tiempo
de la teología volcada, del in-out donde nos dejamos evangelizar por
el Dios desconocido y otro. Hemos entrado
en una maquina del tiempo o mejor dicho en un acelerador que nos avienta
en la velocidad de la luz: lo que era absoluto se relativiza y lo
relativo se eterniza. El Pentecostés
regresa para ser otra vez fiesta de las gentes, de los pueblos y de
un Dios pintado de arco iris. Nuestra misión baja del Tabor para subir
al Calvario, hermanarse y crucificarse con los pobres de la historia
en el umbral del jardín de la resurrección. El éxodo se vuelva Pascua
de los pueblos y de la iglesia. Notas 1 Me impresionaba
en África las respuesta que daban los niños en la catequesis o los
Adultos cando preguntaba el color de la piel de Dios y siempre me
contestaban que era blanco, porque tan solo los blancos saben hacer
cosas buenas, grandes y poderosas. Con ellos Dios hubiera sido un
Dios pobre y siempre derrotado. 2 S. Fausti en Idiocia
presenta a los dos primeros teólogos del Cristo en la persona del
ladrón que apuesta sobre un derrotado y condenado como él y en la
figura del Centurión que exclama: este de veras era el Hijo de
Dios. Dos personajes afuera de los esquemas de Israel y de una
cierta lógica religiosa y teológica. 4 Prefiero esta expresión de no pueblo, tomándola de la Biblia,
en vez que tercer mundo. Hoy existe en mi opinión tan solo quien
manda y cuenta y los que no tienen voz ni recursos. 6 Una portada de la
revista “Tim”e decía:
The vanishing borders, mostrando grandes
fotos de traileres y turistas que cruzan a diario la frontera entre
México y Estados Unidos, ignorando aquel cementerio sin cruces que
es el desierto de Arizona y New México donde el Cristo anónimo y
sin rostro cae, muere y desaparece. |