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P. Mario L. Peresson, SDB
El tema que nos proponemos desarrollar es cuanto más complejo y lleno de desafíos. Por esto mismo, más que intentar un tratamiento exhaustivo del mismo, pretendo clarificar algunos conceptos claves, esclarecer el tipo de relaciones que puede existir y/o debería establecerse entre educación, evangelización y culturas, y señalar algunos principios, criterios y metodología para plantear una apropiada inter-relación e inter-acción entre ellas. Queremos señalar, como punto de partida, algunos interrogantes que surgen espontáneamente al formularse el tema, Cada uno tendrá, sin duda alguna, algunos más que podrán agregarse al siguiente inventario. - Existen innumerables definiciones y descripciones de cultura. Por esto tenemos que reconocer que es un término polisémico y, para algunos, vago y confuso. ¿Qué entendemos, entonces, por cultura? - El Papa Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, sobre la evangelización del mundo contemporáneo (1975), anotaba con preocupación que la "ruptura entre el evangelio y la cultura es sin duda el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas" (n. 20). - Si se quiere, o mejor, si es necesario establecer un vínculo entre evangelización y cultura, ¿cómo debe darse dicha relación? ¿Cómo debe plantearse una evangelización inculturada y concebida desde las raíces culturales? ¿Con qué principios y criterios debe establecerse? - ¿Cómo volver a plantear la evangelización en un mundo real y conscientemente pluricultural y al mismo tiempo aceleradamente globalizado? - ¿Qué problemas y desafíos se presentan, en la evangelización en su articulación con las culturas ? - ¿Cuáles serían las metodologías más adecuadas para realizar una evangelización inculturada en un mundo pluricultural y a la vez globalizado? ¿Cómo debe plantearse una educación desde la identidad y pertinencia culturales? Estas y otras tantas preguntas pueden surgir al respecto. Teniendo en el horizonte no pocas reflexiones existentes sobre el tema, intentaré abordar los núcleos fundamentales entorno a los slgulentes puntos; 1. Deconstrucción del concepto de "cultura". 2. Relación e interacción entre las culturas. 3. Una educación a partir de las identidades culturales.
1. Deconstrucción del concepto de "cultura" Tanto en el use cotidiano, como en el campo científico-social y en el lenguaje teológico y pastoral, encontramos innumerables concepciones y definiciones de "cultura", presentes a veces de manera implícita y otras en forma explícita. Algunas de ellas son semejantes y asimilables, al menos parcialmente, otras muy divergentes y a veces contradictorias y hasta opuestas. Nos vemos obligados, entonces, a reconocer no tanto la confusión y ambigüedad de tales concepciones, cuanto aceptar la "polisemia" del término. Esto no nos ahorra, por el contrario, nos exige hacer el esfuerzo por proponer nuestra propia comprensión de "cultura" y, a partir de ella, sugerir la manera de abordar la educación y la evangelización en su relación con las culturas. Partimos de algunas comprensiones de culturas, a mi modo de ver reductoras, inexactas o claramente inaceptales, para luego hacer una propuesta que recoge los mayores aportes antropológicos y sociales en este campo. 1.1. La cultura como aprendizaje y saber ilustrado Con mucha frecuencia se utiliza la palabra "cultura" como sinónimo del "saber", de la adquisición de un amplio conjunto de conocimientos especificados en las varias disciplinas y materias. Según esta visión cognoscitiva, la cultura se identifica con el refinamiento intelectual y artístico y está ligada a las ideas, al conocimiento, a la instrucción, al mundo de las letras, de la filosofia, de las ciencias y de las artes. Esta concepción de la "cultura" sirve también para designar las cualidades subjetivas de una persona; tener cultura, "ser culto" es, ante todo, tener una educación exquisita, superior, ser letrado; una persona culta, es aquella, que hace acopio permanente de nuevos conocimientos y obtiene nuevos titulos y grados académicos, particularmente en el sistema educativo institutional destinado a la transmisión de los mismos, o que ha alcanzado por iniciativa propia; culto es aquel que, por medio del estudio, ha desarrollado capacidades intelectuales y se ha especializado en uno de los campos del saber humano. Consecuentemente, a mayor instrucción, mayor cultura. Ya el illuminismo veía los procesos culturales como actividades intelectuales restringidas a las élites. Los lugares propios para la construcción, transmisión y asimilación sistemática de la cultura son el sistema educativo institucional, formal o no-formal, en sus diversos niveles y modalidades, los centros investigativos, las universidades, el Ministerio de cultura, etc., y sus mediaciones: las clases, las aulas virtuales, los libros, las bibliotecas, el intemet; y sus mediadores; el profesor, el maestro, la escuela y universidad virtuales, etc. Ciertamente este concepto resulta restrictivo y selectivo ya que excluye de la cultura a grandes sectores de la población de un país y del mundo, que por el sólo hecho de no haber tenido acceso a la instrucción escolar o por estar fuera del sistema educativo, son vistos como "incultos" o ignorantes. Con frecuencia se habla de los analfabetos como de personas "carentes de cultura", aunque pertenezcan a culturas milenarias. Tanto en el mundo civil como en el religioso con frecuencia se habla y se dirige al "mundo de la cultura", refiriéndose con ello al mundo de la intelectualidad y a la clase dirigente; intelectuales, científicos, artistas, políticos, es decir, a una élite que contrasta con el resto del pueblo de la nación respectiva. Aunque en la práctica predomine esta concepción de cultura, es evidente su carácter elitista, reduccionista y excluyente y, por lo mismo, inadecuado para definir la tarea de la culturización, propia de la educación. Además, puede dar margen a un etnocentrismo incontrolado de grupos y pueblos que son considerados como detentores de la cultura frente a otros que no lo son, en condiciones de total carencia o inferioridad. 1.2. Concepto análogo de cultura; los valores universales Con mucha frecuencia se encuentra, tanto en autores como en documentos de la sociedad civil y de las Iglesias, un concepto análogo de cultura, identificándola al cultivo y promoción, en las personas y en los grupos sociales, de un conjunto de valores, actitudes y prácticas universales, necesarios para la convivencia pacífica y el bien común de cada pueblo y de la humanidad. Se habla de una cultura de la paz, del amor, de la solidaridad, de cultura democrática, cultura ecológica, etc. Se trataría de una meta-cultura vista como un conjunto de valores y comportamientos aparentemente comunes entre los pueblos, una especie de ética universal que permitiría la convivencia pacífica entre los pueblos y el respeto a la dignidad de toda persona y la integridad de creación. Muy afín con este concepto de cultura está el de "civilización", promovido por corrientes humanistas y organismos intemacionales, queriendo expresar con ello los valores universales de la humanidad o los grandes logros alcanzados en todos los campos de la vida de la humanidad en su conjunto o de pueblos con una historia milenaria; se habla así de la civilización occidental, egipcia, griega o china, etc. Hoy comprendería los valores universales y el conjunto de los derechos humanos y de los pueblos, reconocidos universalmente y propuestos como ideal permanente y punto de encuentro de todas las naciones. No olvidemos, con todo, que el término "civilización" está cargado históricamente de etnocentrismo, propio de los imperios y de las naciones dominantes que consideran como civilización el modo de vida y organización social, impuestos por el conquistador o colonizador bajo una ideología de progreso. La "vida civilizada" del conquistador es considerada como superior en comparación con la "vida salvaje" o atrasada de los pueblos conquistados. Con todo, hay que observar que con esta visión universalista de cultura no se puede desconocer la riqueza de la pluriculturalidad del mundo, mucho menos considerarla superada, y hasta peligrosa como división y fragmentación frente a la urgencia de una metacultura de valores universales, establecidos como denominador común para la coexistencia pacifica entre las naciones y los pueblos. La especificidad y originalidad de las culturas no puede ser reducida a una metacultura universal. Ademàs, dichos valores no son ideas abstractas sino realidades que deben encarnarse y manifestarse en las situaciones concretas de cada pueblo. Los valores universales han de surgir del robustecimiento de la identidad étnica y de las raíces socio-culturales de cada pueblo. 1.3. ¿Cultura de antivalores? Con mucha frecuencia vemos asociar, tanto en escritos como en discursos civiles y religiosos, el término "cultura" a ciertos antivalores que se han ido expandiendo y arraigando hasta volverse costumbres o mentalidades — en las personas y en amplios grupos sociales. La cultura aparece así negativamente marcada por ciertas lacras sociales y vicios ampliamente difundidos. Se habla, aunque de por sí es una contradicción en los términos, de cultura de la muerte, cultura de la violencia, de la corrupción, del consumismo, del hedonismo, etc. Esta extensión del término "cultura" a las negatividades sociales que se han convertido en vicios y comportamientos colectivos, viene a ser la otra cara de la moneda de la concepción anteriormente expresada de cultura como conjunto de valores universales. La primera está marcada por la positividad, la segunda por la negatividad. Como veremos posteriormente, la cultura por su naturaleza, misma está asociada a la positividad histórica de la vida de cada pueblo, y es el signo de identidad y el camino de humanización de cada grupo humano. Este concepto de cultura no tiene ningún sentido y encierra en sí misma una evidente contradicción. 1.4. La cultura como progreso y acceso a la modernidad Algunos autores entienden por cultura el progreso y avance material, científico y tecnológico alcanzado por algunos pueblos o naciones y en referencia al bienestar material y social superior logrado por ellos. Dicho concepto de cultura está asociado al de desarrollo y subdesarrollo, de naciones avanzadas y pueblos atrasados. Particularmente este concepto está vinculado al de "modernidad" como dominio del hombre sobre la naturaleza mediante la ciencia y la tecnología, al de la autonomía del ser humano frente a la dependencia religiosa expresada en la secularización y secularismo, y a la superación de autoritarismo, el absolutismo y las dictaduras mediante la democracia. El punto de llegada de la culturización sería el acceso a la "cultura moderna", alcanzando el desarrollo de los pueblos avanzados por parte de los pueblos o naciones rezagadas. Con la implantación de la globalización neoliberal, el progreso o meta de todos los pueblos, dentro de esta concepción dominante de cultura consistiría en entrar a formar parte del proceso irreversible el mundo globalizado de la economía del mercado, con las exigencias y consecuencias en todos los campos de la vida de la sociedad: a nivel politico, económico, militar, social, ideológico, etc. Como el progreso es ilimitado, la culturización deberá estar en constante renovación y cambio para no quedarse atrás y estar sobre la marcha del desarrollo y la modernización. Esta visión de cultura, muy unida al proceso impositivo de occidentalización del mundo, niega, por una parte, las grandes aportaciones de todas las culturas al progreso integral de la humanidad y, unilateralmente, tiende a la homogeneización cultural definida en términos de progreso capitalista, y vinculación a la globalización del mercado neoliberal. En efecto, el progreso histórico de la humanidad está constituido y acrecentado por las experiencias y aportaciones de todas las culturas y no pueden ser desconocidas o reducidas a términos de consumo y eficiencia. El surgimiento de una "aldea global", como consecuencia del proceso irreversible de globalización del mundo en todos sus campos, está jugándose entre dos polos en tensión: por una parte la unificación del mundo y la nueva ciudadanía universal que está penetrando cada vez más en la conciencia de las personas y de los pueblos y, por otra, el reconocimiento de la diversidad y pluralismo cultural que hay que valorar y promover. 1.5. ¿Una cultura de masas? La "cultura de masas", que como propósito y como resultado se quiere converter en una meta — cultura universal, no es otra cosa que un producto de la "industria cultural capitalista" y forma parte de la lógica y dinámica del mercado. En la llamada "cultura de masas" no se difunden propiamente los valores universales de los cuales hablamos anteriormente, sino que tiende a fomentar universalmente los pilares de la ideología neoliberal: la exasperación del consumo, el individualismo, la competitividad y el éxito individual y la eficiencia laboral y mercantil. Va creando un conjunto de patrones de comportamiento y conductas "de moda" que se implantan y se desvanecen con la velocidad de las nubes. Quien no consume o no está a la última moda es como si no existiera: "consumo luego existo", "el que no compra no es". Esta "así llamada cultura" no respeta ni promueve la identidad y la diversidad, sino la uniformidad y el mimetismo; no se basa en el diálogo entre sujetos culturales sino en la recepción pasiva de modelos de vida y formas de pensamiento impuestos por la "industria cultural". A la base de esta cultura de masas se encuentran elementos de la posmodernidad que se introducen hasta constituir modelos de vida personal y colectivos: el estilo ligero de la vida y las relaciones, la banalización de realidades tan fundamentales como el amor, la política, la familia, la religión, la ética. Parecería que el ideal de vida fuese el disfrute inmediato de todos los sentidos, hasta hacer del hedonismo un paradigma existencial. Todo se resuelve en lo inmediato y fugaz; el pasado no cuenta, el futuro no existe, sólo el presente vale la pena gozárselo. La "masa-población" sólo participa en esta industria cultural como receptora o no de los productos culturales, como "consumidores" que no tienen conciencia ni como etnia, ni como pueblo, ni como grupo social, privándolos de su identidad y subjetividad. La cultura de masas no es un movimiento cultural sino una industria mercantil. Los medios de comunicación llegan a ser, no por sí mismos, sino por el monopolio que ejerce sobre ellos, por la propiedad y control que se tiene sobre ellos; son los vehículos y escuela de esta forma de pensamiento y de vida masificante y homogeneizadora. 1.6. Cultura como el componente ideológico de la sociedad Siguiendo el pensamiento de Max Weber, numerosos científicos sociales consideran la cultura como un "sector" o segmento de la realidad social. Con fines analíticos dividen el conjunto de la sociedad en campos: el económico, el político, el social y el cultural, pero sin señalar la relación e interacción entre ellos, ni los niveles de determinación de cada uno de los sectores sobre los otros. De igual manera el marxismo considera la sociedad como una estructura orgánica compuesta de una infraestructura de la cual forman parte el nivel económico, político y social y la superestructura, la ideología, que comprende el conjunto de ideas y valores predominantes en una determinada sociedad. Todas estas partes están interelacionadas y actúan unas sobre otras, aunque el nivel económico y las relaciones sociales que se establecen en él, determinan, en última instancia, toda la dinámica estructural de la sociedad. La misma ideología, aunque tiene su autonomía relativa, sin ser un simple reflejo mecánico de la infraestructura, está determinada por las relaciones entre las clases sociales. Más aún, en una sociedad clasista, la ideología dominante, es la ideología de la clase dominante cumpliendo el papel de ocultamiento o justificación de la sociedad clasista y asimétrica. Pensamos que, aunque los componentes ideológicos y culturales están marcados por las relaciones sociales clasistas, no se puede identificar ideología con cultura. Como propondremos a continuación, la cultura no es un sector de la sociedad, o un subsistema de la estructura de la sociedad, sino la categoría englobante y omnicomprensiva y explicativa de la sociedad en su conjunto y no sólo de una parte. Además, las esferas política y económica también son, como producción y organización específicamente humanas, productos y manifestaciones culturales. Al identificar la cultura con la ideología dominante se pone bajo sospecha toda manifestación cultural, al considerar como ideologización y justificación de la clase dominante o equiparar la cultura auténtica con la ideología proletaria, sin reconocer la historia y la riqueza culturales de todos y cada uno de los pueblos que se verían unificados a igualados bajo la óptica de la ideología revolucionaria.
2. Inculturación del Evangelio En un mundo pluricultural Anotábamos al comienzo de esta reflexión que el Papa Pablo VI en la Exhortación Apostólica "Evangelii Nuntiandi", sobre la Evangelización en el mundo contemporáneo (1975) sacudió la conciencia de la Iglesia católica al afirmar: "La ruptura entre el evangelio y la cultura es sin duda el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas" (n. 20). 2.1. Ante una afirmación tan grave debemos preguntarnos: ¿En qué ha consistido este desencuentro? ¿Por qué se ha producido dicha ruptura y cómo podríamos superarla de tal manera que, por una parte, se respete la autonomía, la alteridad y la pluralidad de las culturas y, por otra, se mantenga la fidelidad a la novedad y dinamismo del Evangelio? • Partimos de una afirmación fundamental del misterio cristiano. La evangelización inculturada originante se dio en el mismo misterio de la Encarnación. La Palabra éterna de la Vida se hizo carne y puso su morada entre nosotros (Jn 1:14). En Jesús de Nazareth, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, Dios se hizo uno de nosotros para que nosotros llegásemos a ser lo que El es (Ga 4:4-5); se hizo en todo semejante a nosotros, menos en el pecado, para hacernos partícipes de su divinidad (Hb 4:15). El Verbo eterno de Dios, no sólo asumió la condición humana, sino que se encarnó en un pueblo concreto, en un momento determinado de su historia, asumiendo, desde el Proyecto liberador del Reino de Dios, la cultura judía de su tiempo. • Asimilando la lógica de la encarnación, como rasgo fundamental de la Buena Noticia anunciada y hecha presente en Jesús, la experiencia histórica de los primeros siglos del cristianismo conoció y favoreció la confluencia, más aún, la simbiosis entre el evangelio y las culturas. El primer gran conflicto en la Iglesia primitiva surgió precisamente ante la encrucijada que se le presentaba al entrar en contacto con el mundo pagano. El Evangelio se identificaba con una sola cultura, la cultura judía; siendo únicamente una versión, aunque original, del judaísmo, o la Buena Noticia de Jesucristo, no sólo podia sino que tenía que romper los moldes judíos a injertarse y amalgamarse con las diversas culturas con las que iba entrando en contacto y relación, adquiriendo un rostro pluricultural y comunicándoles toda su energía y su savia vivificadoras. Guiada por el Espíritu Santo, la Iglesia primitiva decidió tomar este segundo camino e hizo de su vida y su predicación la traducción de la Buena Noticia en las múltiples lenguas de las cultural de la época: vivió la sorpresa del Pentecostés. • Sin embargo, algo inesperado e insidioso apareció en el horizonte. A partir del Edicto de Milán en el 313, Constantino y Licinio, viendo en el cristianismo la mayor fuerza emergente de cohesión y unidad del imperio romano, no sólo cesaron la persecución en contra de él, sino que lo declararon privilegiadamente oficial, dando origen al imperio cristiano y a la Iglesia de estado. A partir de este momento se gestó y comenzó a desarrollarse rápidamente una compenetración profundísima no sólo entre Iglesia y Estado, sino también una fusión, o más bien una confusión, entre cristianismo y cultura greco-romana, dando origen a la cultura occidental cristiana. El cristianismo asumió el pensamiento filosófico griego como molde para expresar la fe, copió en gran medida las estructuras civiles y jurídicas del derecho romano, se apropió del latín como lengua universal de la Iglesia. 2.2. Las consecuencias fueron evidentes y cuanto más comprometedoras y funestas para el cristianismo. La primera consistió en identificar el cristianismo con una única cultura, llegando así a implantarse el monoculturalismo católico. La segunda fue desconocer la pluralidad cultural de los pueblos dentro del imperio con los cuales entraba en contacto y relación. Establecida la cristiandad como única forma de entender y vivir el cristianismo, la evangelización de los pueblos que estaban fuera de la Iglesia consistió en la expansión del "Orbis christianus" como único orden legítimo y posible querido por Dios. Papas, reyes, príncipes y misioneros asumieran como mandato divino y deber pastoral difundir y expandir por todos los medios este Orden. La Bula del Papa Alejandro VI, "Inter Coetera" de 1493, representa muy bien esta comprensión presente en toda la evangelización de la época, particularmente en el nuevo continente, América, recién descubierta por los europeos; "La fe católica y la religión cristiana, sobre todo en nuestros tiempos, sea exaltada y en todas partes extendida y dilatada; procúrese la salvación de las almas; las naciones bárbaras sean sometidas y reducidas a la fe". El orden querido por Dios constituía una totalidad política y religiosa. Evangelizar a los pueblos significaba introducirlos en el "Orbis christianus". La evangelización significó el adoctrinamiento en una fe ya codificada y lista. No hubo diálogo intercultural que diera origen a una posible versión nueva de la fe a partir del universo cultural de los pueblos con los que el cristianismo entraba en contacto y relación. 2.3. Sin querer resumir una historia demasiado compleja, sí podemos afirmar con certeza que en la evangelización del nuevo continente no hubo un encuentro entre culturas, la del invasor con las que existían en tierras americanas. Lo que bubo, de hecho, fue una confrontación y una relación de destrucción de la alteridad. La religión cristiana participó en este drama. La catequesis se vio incorporada al proyecto colonial. La evangelización no se dio en el ámbito de un dialogo intercultural. Significó una implantación de un modelo ya construido de cristianismo que fue entendido como querido por Dios. Por eso no tuvo nada que aprender en el contacto con los otros pueblos; sólo vino a dar. Esta realidad histórica, terriblemente dolorosa, partía del presupuesto de la existencia de una única "cultura cristiana", que debía imponerse e implantarse en nombre de Dios en toda la tierra. Al llegar a este punto debemos afirmar, como un balance histórico, que una "cultura cristiana" no respondió ni corresponde a la particularidad y pluralidad cultural de los pueblos. Una tal supuesta "cultura cristiana", como punto de partida y como punto de llegada, de la evangelización ha constituido parte de ese drama de ruptura entre "Evangelio y cultura" al identificar ambiguamente una determinada cultura con el cristianismo. El Evangelio no puede ser aprisionado dentro de una cultura patrón bajo cuyo único molde deberían ser asimilados todos los pueblos evangelizados.
3. Un nuevo paradigma: la inculturación 3.1. La nueva comprensión socio-antropológica de la cultura, por una parte, entendida como la construcción del sentido global de la vida de un pueblo, de sus condiciones materiales, su organización social y su universo simbólico e imaginario, que ha llevado a reconocer la incomparable riqueza cultural de los pueblos en términos de igualdad y, por otra, la reflexión teológica sobre la evangelización a partir del misterio de la Encarnación y de la Misión liberadora de Jesús, han llevado a las Iglesias cristianas a volver a plantear, de manera realmente nueva, la relación entre evangelización y culturas. Para clarificar y definir este encuentro, relación y diálogo entre Evangelio y culturas desde perspectivas completamente nuevas se ha acuñado el concepto de inculturación. La inculturación no es una substitución táctica a la imposición forzosa que se hizo del cristianismo, desconociendo o suplantando las culturas de los pueblos que evangelizaba; tampoco es un cambio estratégico del discurso autoritario por el diálogo. No se trata tampoco de volver a plantear el encuentro y relación del Evangelio con las cultural en términos de aculturación como si existiese una "cultura cristiana" que entraría en contacto con otras culturas. Esta sería una relación a medias y a medio camino por cuanto plantearía que una supuesta "cultura cristiana" incorporase algunos elementos secundarios y folklóricos de la otra cultura, sin que afectasen profundamente la vida de las Iglesias. Tal evangelización sería algo superficial y decorativo que no llegaría a las raíces mismas de las culturas. La inculturación, por el contrario, es un nuevo paradigma que señala una nueva presencia y una nueva práctica evangelizadora de las iglesias frente a los pueblos en su diversidad histórica y socio cultural. Se trata del encuentro y nueva relación del Evangelio con las diferentes culturas. La inculturación, aunque tiene su parentesco con la idea de aculturación, sin embargo ésta no expresa plenamente su alcance y significado, ni es apta para designar el encuentro y relación entre la fe cristiana y las diferentes culturas. No se trata, en efecto, del contacto y relación entre dos módulos culturales — la cultura cristiana y otra cultura — sino del encuentro del Evangelio con las diferentes culturas, por el cual la novedad del Evangelio se inserta en una nueva cepa vigorosa cultural y las semillas vitalizadoras de la Palabra se siembran en el terreno fértil de las culturas. El Evangelio entra a fecundar las matrices culturales de los pueblos, llegando a crear "aliquid novum", algo verdaderamente nuevo y original: el Evangelio adquiere una nueva expresión y rostro cultural, y una cultura determinada se enriquece con la vitalidad del Evangelio. Se pasa así de un concepto antropológico a uno teológico, de la aculturación a la inculturación. La inculturación viene a ser el proceso a través del cual se busca que la Buena Noticia liberadora de Cristo penetre en el núcleo fundamental constitutivo de una determinada cultura, no como imposición sino como propuesta en términos dialógicos. Este esfuerzo debe tender a que, por una parte, la fuerza liberadora y portadora de vida del Evangelio llegue hasta el corazón de las culturas, conservando éstas sus estructuras fundamentales de identidad, y, por otra, posibilite que la Revelación explicite sus "reservas de sentido" que sólo desde la riqueza de una cultura puede manifestarse y desarrollarse de manera inédita hasta entonces. 3.2. El esfuerzo de penetración del Evangelio en el corazón de las culturas debe estar acompañado igualmente del ciudado para que se conserve en cada una de ellas todo aquello que le es propio en cuanto, universo simbólico, valores, expresiones y estructuras de convivencia compatibles y afines con el Evangelio. Se trata, pues, de una doble y recíproca apropiación entre Evangelio y culturas. Por una parte, el Evangelio presenta la absoluta Novedad de Cristo, revelación plena de Dios a la humanidad y de la sublimidad de la vocación humana en el proyecto de Dios, y, por otra, cada cultura acoge y expresa el Evangelio de manera original y propia, contribuyendo de esta manera a descubrir y explicitar nuevos aspectos del mensaje salvífico de Cristo. La inculturación es la encarnación del Evangelio en las diferentes culturas y, al mismo tiempo, la introducción de estas culturas en la vida de las Iglesias. Partimos de la conciencia y de la afirmación teológica de que la evangelización, como anuncio y realización de la Buena Noticia del Proyecto salvador de Dios en Jesucristo, no se da fuera de una cultura, siempre se halla incorporada en las cosmovisiones culturales existentes. El evangelio no se identifica con una cultura aunque nunca puede existir fuera de una expresión cultural, ya sea aquella articulada por Jesús en el mundo judío, ya sea la desarrollada por Pablo en los parámetros del helenismo y del judaísmo de la diáspora, o por los cristianos de los primeros siglos en las matrices de la cultura grecoromana y después bárbara. No existe el Evangelio al "estado puro", fuera de una cultura, que se iría comunicando y encarnando en una cultura. Mediante la inculturación se busca que, a partir de una determinada cultura en la cual se encuentra encarnado el Evangelio, éste se comunique como Buena Noticia a otros grupos sociales y pueblos poseedores de otro mundo cultural que la acogen y la encarnan en su propia cultura. Dentro de esta lógica no seria correcto afirmar que el Evangelio se incultura, porque siempre está encarnado en una cultura. Se trata más bien de decir que el germen de vida y de liberación del Evangelio pasa a lnculturarse, a encarnarse en una nueva cultura. La Inculturación, como encarnación de la Buena Nueva de Jesucristo en una cultura concreta, para fecundarla y transformarla desde dentro, no es, dijimos, un encuentro a medio camino (aculturación), ni una integración de lo ajeno a la propia cultura, transformando el "otro" en uno mismo. Se trata, en primer lugar, de una aproximación respetuosa, amable, crítica y solidaria, sin perder la propia identidad, asimilándose uno mismo en el otro, sino que, a partir de la conciencia de la propia identidad y reconociendo la alteridad del otro, se establece una relación dialéctica de dialogo y reciprocidad, de fecundación y enriquecimiento mutuos. La inculturación del Evangelio, podrá sólo iniciarse por parte de una comunidad misionera y testimonial, pero será luego tarea y obra de todas las generaciones de la comunidad que lo acoge. Exige la recepción libre y la participación activa de los actores/sujetos de las respectivas comunidades que acogen en sus vidas la Buena Nueva de Jesucristo. Por lo mismo la inculturación del Evangelio no está ligada solamente a una acción misionera primera y sincrónica; debido al carácter histórico y dinámico de las culturas y del Evangelio, está vinculada a una construcción permanente y diacrónica. La inculturación mística, litúrgica, ministerial, estructural, ético-moral y teológica del Evangelio será, sobre todo, tarea y obra de los pueblos evangelizados, no aisladamente, sino en comunidad y en comunión con el conjunto de las Iglesias que componen la Iglesia universal. Cuando una comunidad humana, poseedora de una cultura entra en contacto con la positividad de la fe y del Evangelio como revelación de Dios en y por Jesucristo y decide libremente acogerlo, lo asimila como puede dentro de su matriz cultural y comienza a expresarlo mediante los códigos posibles de su universo cultural. Este proceso es dialéctico y exige una doble ósmosis; la cultura se transfigura en contacto con el Evangelio y el Evangelio se encarna en la matriz cultural de cada pueblo. La inculturación conoce entonces una doble circulación: por una parte es la comunicación del Evangelio en las matrices culturales de un pueblo y, por otra, es el proceso mediante el cual el pueblo asimila el Evangelio, lo recrea y lo expresa desde sus propias raíces históricas y culturales, dando al cristianismo un nuevo rostro y manifestación original.
4. La inculturación; camino y meta de la nueva evangelización La visibilización y conciencia, desde el campo antropológico, de un mundo pluricultural, y la comprensión de la misión evangelizadora de la Iglesia a partir del misterio de la Encarnación, han planteado, como su mayor desafio y tarea primordial, la inculturación del Evangelio. El anuncio del mensaje cristiano que en el pasado pudo darse vinculado con la dominación colonial y neocolonial, hoy quiere rescatar su talante profético frente a los poderes económicos y politicos avasalladores de las naciones, su carácter solidario con los esfuerzos y luchas de los pueblos y de los pobres para defender sus derechos y hacer respetar su dignidad y manifestar abiertamente su potencial liberador y propulsor de una plena autonomía y fuerza creadora de comunión y fraternidad. 4.1. Una evangelización inculturada La nueva relación que debe darse entre Evangelio y culturas en términos de encuentro, diálogo y enriquecimiento recíproco tiene cuatro manifestaciones y concreciones complementarias y mutuamente fecundas. Al proponerlas me inspiro particularmente en algunos planteamientos de Leonardo Boff en su obra "Nueva Evangelización perspectiva de los oprimidos".1 A. La Evangelización como reconocimiento de la presencia y acción de Dios en todas las culturas Comencemos por la realidad más englobante, la cultura, que constituye un dato primario. Todo lo que es humano es cultural, en cualquier nivel que tomemos el fenómeno humano. El ser humano vive en la cultura como en su casa, es su "segundo medio ambiente" colectivamente construido. En ella se estructuran y expresan las relaciones del ser humano con la naturaleza, con sus semejantes, consigo mismo, con Dios. Como tal, la cultura es un sistema que se construye en favor de la vida: busca con amor apasionado protegerla, defenderla, hacerla crecer, persiguiendo su realización plena. Paulo Süss ha afirmado: "La racionalidad cultural es una racionalidad "pro-biótica", una razón a favor de la vida".2 La fe cristiana nos lleva a reconocer en este dinamismo profundo de biogénesis, presente en todas las culturas, una revelación, una manifestación, un sacramento de Dios, misterio infinito de vida y de amor, y advertir su presencia y su acción en todas las manifestaciones de vida y de comunión. Toda la creación y, por ende, todas las culturas, vistas desde la fe, están grávidas de Cristo: "Todo ha sido creado por Él, en Él y para Él y todo tiene en Él su consistencia" (Col 14:16-17). San Juan tiene conciencia de que "el Verbo ilumina a cada persona que viene a este mundo" (Jn 1:4). La presencia del Espíritu Santo penetra todo con su fuerza creadora de amor y de justicia. El Espíritu siempre ha habitado el mundo humano y ha entusiasmado el corazón humano para generar acciones generadoras de vida. "La Santísima Trinidad, misterio de comunión de las tres divinas personas, siempre se ha autoentregado a la creación y a la vida de cada persona y se ha revelado a las comunidades humanas bajo la forma de sociabilidad, apertura de unos a otros, de amor y entrega y también como denuncia y protesta contra la ausencia de estos valores. Toda la humanidad es templo de la Trinidad, sin distinción de tiempo, de espacio, ni religión. Todos son hijos e hijas en el Hijo, todos son movidos por el Espíritu, todos son atraídos hacia arriba por el Padre".3 La tradición cristiana de los primeros siglos, arraigada en la revelación bíblica, llegó a afirmar categóricamente esta presencia y revelación universal de Dios, comunidad de Amor. Tertuliano percibía el "testimonio del alma, por naturaleza cristiana" (Apologético). Justino, imbuido de esta conciencia, hablaba del "Logos spermatikós", del Logos, que es Cristo, diseminado por toda la creacíon. Junto a la positividad de afirmación de la vida, encontramos también en todas las culturas la negatividad de fuerzas contrapuestas negadoras de la vida. Históricamente la semilla del bien se encuentra amenazada y a veces sofocada por la cizaña del mal sembrada en el mundo; todo lo que engendra violencia, desamor y muerte. Es el claroscuro del mundo y de las culturas. Pero, como siempre, el resplandor de la vida, se hace más fulgurante en medio de la oscuridad. Una Evangelización inculturada es, entonces, en primer lugar, un acto de reconocimiento y de humildad y de admiración para detectar la presencia y acción vivificante de Dios en las culturas, en todos los dinamismos y signos de comunión y de vida presentes en ellas. El Evangelizador debe ser consciente de que Dios, Comunidad Trinitaria, llegó primero que el y que, por lo mismo, su primera actitud es la de acercarse con los ojos bien abiertos, los oídos atentos, el corazón sensible y los pies descalzos. Evangelizar es primeramente descubrir los signos de la revelación universal de Dios-Amor y fuente de vida en cada una de las culturas con que el evangelizador entra en contacto y colaborar con el fortalecimiento de su identidad, creyendo en su futuro como pueblo y como cultura. Sólo los grupos humanos con una identidad bien definida podrán ser interlocutores válidos de un dialogo evangelizador. Por lo mismo, una de las primeras tareas del evangelizador es hacer un inventario histórico cultural del grupo con el cual trabaja. La memoria histórica de cada pueblo, de sus luchas, victorias y fracasos y esperanzas y de su acervo cultural son la materia prima para una evangelización inculturada dentro de relaciones simétricas de diálogo y mutuo enriquecimiento. B. Evangelizar significa acoger teológicamente la religión presente en cada cultura con la que entra en relación El conocimiento profundo de las culturas, a través de sus múltiples aproximaciones, ha puesto en evidencia que la religión no es uno entre sus muchos componentes, sino el alma de cada una de ellas. Si no se hace una aproximación a la religión de un pueblo y no se dialoga con ella, no se entenderá jamás su cultura en profundidad y a partir de su interioridad pues es allí donde se condensa y se manifiesta, se codifica y revela, en los ritos, en la doctrina, en los símbolos, en los códigos éticos, la hondura de sentido que posee y su cosmovisión. Las religiones todas son respuestas a la multiforme y universal revelación de Dios, en el sacramento de la naturaleza, en la voz de la conciencia de cada persona, en la aproximación para comprender el misterio de la vida y de ser humano, respuestas a la búsqueda de sentido y al anhelo de infinito presente en el corazón de toda persona. Las religiones son el punto de encuentro de los caminos de la divinidad hacia las culturas y de las culturas hacia la divinidad. Con todo, hay que tener una clara conciencia de que la plenitud del misterio de Dios no consigue expresarse en ninguna de las manifestaciones religiosas de las culturas. Cada una de ellas tiene un "valor aproximativo", nunca exhaustivo, al misterio de Dios. Frente a él, las palabras humanas son sólo balbuceos incipientes. La misma historia de Israel, el anuncio de Jesús y la inculturación del cristianismo primitivo representan un intento, aunque extraordinario y único, de aproximación al misterio y de su expresión en los diferentes lenguajes de los pueblos. Las religiones, como alma de las culturas, son como espejos que reflejan cada uno a su manera los deslumbrantes y diferentes rayos del sol infinito que es Dios. Esta nueva conciencia lleva a reconocer la riqueza y al mismo tiempo la parcialidad complementaria por la cual se rechaza la posibilidad de "absolutizar" la propia experiencia, actitud que está en la raíz de los fundamentalismos de todo tipo, también religiosos. A su vez, una lectura extrincisista de las culturas ha Ilevado a menospreciar y hasta negar y destruir la religión del otro, siguiendo un proceso de dominación cultural y de imposición de un cristianismo ya inculturado. Se renunció así a evangelizar a partir de las matrices culturales del otro, de aquello que tiene como más entrañable: su religión. La acción evangelizadora que acabamos de presentar, al mismo tiempo que es un antídoto contra los fundamentalismos, abre el camino para el diálogo ecuménico e intereligioso, como lo ha demostrado el reciente encuentro intereligioso tenido en la ciudad de Asis el 24 de enero de 2002, para invocar al único y verdadero Dios por la paz del mundo y comprometerse ante El a trabajar en la construcción de una humanidad justa y solidaria.
C. Evangelizar es testimoniar, compartir y encarnar la positividad del Cristianismo en cada cultura En tercer lugar la evangelización debe ser y producir, allí donde se encuentra con las cultural, lo que su nombre mismo anuncia: ser una Buena y esperanzadora Noticia. ¿Cuàl es esa Buena Nueva radical? ¿A quiénes va dirigida prioritariamente? ¿Qué papel cumple al encarnarse en las cultural? Partimos de la convicción de que la Buena Nueva de parte de Dios manifestada en y por Jesus de Nazaret, el Señor y el Cristo, es una propuesta, una invitación, una vocación. Por lo mismo está en juego la libertad de cada persona de acoger o no dicha propuesta. No puede ser objeto de ninguna violencia o coacción ni fisica ni psicológica. Vale la pena tener también presente que el anuncio del Evangelio se realiza ante todo por vía testimonial y sacramental, por contagio de esperanza y de amor. Se anuncia la Buena Noticia encarnándola en la propia vida, se proclama el Evangelio mediante signos históricos de liberación y de vida que lo hacen presente en la historia de un pueblo, de una comunidad. • La Buena Noticia es el misterio, el plan escondido desde siempre en el corazón de Dios y revelado plenamente en Cristo Jesus. En Jesús de Nazaret, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; en Él se nos revela quién es Dios para nostros y cual es la sublimidad de nuestra vocación en el plan de Dios; en Jesús, el Hijo de Dios se hizo lo que nosotros somos para que nosotros lleguemos a ser lo que El es. La humanización de Dios tiene como fin la divinización del ser humano, hacernos partícipes de la naturaleza divina que es el Amor mismo. Esta Buena Noticia es la razón del misterio de la Encarnación, (Cur Deus homo?) absolutamente inimaginable por el hombre a inalcanzable por si sólo; es la máxima expresión de la gratuidad amorosa de Dios. Era impensable para el ser humano, pero es la respuesta a la inagotable sed de infinito puesta por el Creador en el corazón humano como búsqueda de sentido absoluto. Ya lo expresaba San Agustín: "Nos hiciste para ti Señor a inquieto está nuestro corazón mientras no descanse en ti". A esta sed de Dios responde la Buena Nueva manifestada en Cristo, el Verbo encarnado. • La novedad radical del Evangelio es presentada por Jesús mismo cuando en la Sinagoga de Nazaret hizo la proclamación de su misíon. "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gloria del Senor". Y agregó: "Esta escritura que acabáis de oír se cumple hoy" (Lc 4:16-22). "A partir de ese momento Jesús comenzó a recorrer todas las aldeas de Galilea, anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo" (Mt 4:23; 9:35). Jesús mismo afirmó que "para eso había sido enviado: para evangelizar", (Lc 4:43), para proclamar y hacer presente la utopía de Dios, el Reino de Dios, ya y desde aquí en la historia de todos los pueblos, por medio de signos históricos de vida y de liberación, de misericordia y esperanza, de fraternidad y solidaridad, de gozo y de paz. La novedad radical que debe encarnarse en las culturas es el Evangelio de la liberación como eco y respuesta al clamor de los excluidos y los empobrecidos de la sociedad, para los cuales Dios se revela como amor compasivo y misericordioso y como fuerza de liberación. La liberación de toda forma de esclavitud está, pues, en el corazón del Evangelio y de la inculturización. Esta utopía de Dios, el Reino de Dios, se hizó historia en Jesús de Nazaret, el Cristo liberador. La inculturación es el instrumento y la mediación de una evangelización liberadora, integral y universal. Se da una íntima relación entre inculturación y liberación a tal punto que se puede afirmar que la meta de la inculturación es la liberación y el camino de la liberación es la inculturación.4 • Todas las culturas llevan dentro de sí una fuerza biogenética, que engendra la vida, la defiende y busca apasionadamente la plena realización de todas sus virtualidades. El ser humano quiere vivir, vivir dignamente, vivir en plenitud y lleva en su ser el anhelo de inmortalidad. La muerte, y peor aún la muerte violenta e injusta, es la experiencia humana más difícil de integrar, porque amenaza o niega el anhelo más profundo del ser humano de una vida plena y sin fin. ¿Cuàl es la Buena Nueva radical que el cristianismo proclama frente al limite y la amenaza de la muerte? La respuesta y promesa de Dios es el anuncio de que para cada uno y cada una de nosotros y para la creación entera existe una absoluta realización de la vida más allá de la muerte, como plenificación de todas sus potencialidades intrínsecas y cumplimiento a sus anhelos de comunión y plenitud. Eso es lo que el Cristianismo anuncia como Buena Noticia: la Resurrección. La positividad del Cristianismo está en anunciar esta utopía y que ella se hizo historia en Jesús de Nazaret, la resurrección y la vida. La inculturación del Evangelio es testimoniar la utopía de Dios, y mostrar que la resurrección es posible y lo posible ya sucedió en un miembro de nuestra familia humana. Es anunciar como promesa y esperanza que lo que es ya realización presente en Jesús, es promesa real para cada ser humano y la entera creación. El núcleo central de la Buena Nueva es la proclamación del triunfo de la vida sobre la muerte a partir del anuncio de la Resurrección de Cristo. Evangelizar, significa, atestiguar y proponer esta Buena Nueva e intentar, junto con los demás, producirla en situaciones y hechos concretos de vida como gérmenes y primicias de la resurrección definitiva. Como se ve, el Evangelio de la resurrección tiene que ver con el destino de toda la vida y con el sentido último de la historia. Ella no se opone a ninguna cultura, por el contrario, viene al encuentro de la fuerza más fundamental, generadora de toda cultura, que es el deseo y la búsqueda de la vida en lo económico, en lo político, en lo simbólico, en lo social y en lo religioso. La inculturación del Evangelio lleva a las matrices culturales de los pueblos, por via testimonial y sacramental, la Buena Nueva de la vocación divina del humano, la Buena Noticia de la liberación y la esperanzadora utopía de la resurrección. Esta inserción o encarnación del germen del Evangelio en las culturas de los pueblos puede causar un doble impacto; de continuidad y también de ruptura y de cambio, de afirmación y plenificación, o como fuerza crítica y transformadora. Reconocer, en actitud de encuentro y de diálogo, todos los gérmenes y manifestaciones de vida y liberación como la mayor fuerza vital de toda cultura, así como también cuestionar y ser dinamismo de cambio de todas las situaciones, hechos y fuerzas generadores de muerte y opresión, corresponde también a las mayores aspiraciones de los pobres de la tierra. En sintesis, en la inculturación del Evangelio se vive todo el misterio cristiano: el misterio de la Trinidad y el misterio de Cristo: su encarnación, su evangelización liberadora y purificación redentora, y la plenitud de la vida en su resurrección; se experimenta la acción del Espíritu Santo que renueva la paz de la tierra. D. Inculturar el Evangello es celebrar la novedad de vida nacida del encuentro Evangelizar inculturando la Buena Noticia es también celebrar. Pertenece a la naturaleza misma de toda religión y del cristianismo el celebrar la presencia y acción de Dios en las culturas y la Novedad de la irrupción del Reino y de la utopía de la resurrección en la vida y en la historia. En una Evangelización inculturada la celebración adquiere una triple expresión: - Es una e-vocación: el reconocimiento contemplativo de la múltiple manifestación y acción de Dios en tantos signos y sacramentos de vida, de comunión y de humanización presentes en las culturas. - Es una in-vocación: vivir intensamente la profunda experiencia de Dios sentida y expresada en cada una de las religiones. - Es una con-vocación y pro-vocación: es celebrar la novedad de vida que nace del encuentro y fecundación mutua entre el Evangelio y las culturas que la acogen, desde la responsabilidad histórica de encarnarlo y re-crearlo a partir de las propias matrices y raíces culturales. Es celebrar la vida nueva, el hombre nuevo y la mujer nueva, el pueblo nuevo y el mundo nuevo nacidos de la confluencia fecunda de la novedad radical del Evangelio con las culturas. Es celebrar en alegría y esperanza de que algo nuevo está naciendo, de que algo nuevo está creciendo.
Notas 1 Boff, L., Nueva Evangelización. Perspectiva de los oprimidos. Indo-America Press Service Editores; Santafé de Bogotá,1992, p. 30. 2 "Evangelização e inculturação. Conceitos, questionamentos, perspectivas", en: Inculturação: desafios de hoje, Vozes Petropolis,1994. 3 Boff, L., op.cit., p. 41. 4 Süss, P., "Inculturación", en Mysterium Liberationis, Tomo p. 416.
Ref.: OMNIS TERRA, n. 328, año XXXV, marzo 2003, pp. 104-117.
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