Documento final — VI Asamblea Plenaria de la Federación Bíblica Católica
La palabra de Dios: Bendición para todas las naciones
– La pastoral bíblica en un mundo plural –


 

I. El contexto de la VI Asamblea Plenaria

1. El caminar de la Federación Bíblica Católica en el nuevo milenio. Nosotros, 150 delegados de organizaciones miembros de la Federación Bíblica Católica (FEBIC), provenientes de 70 países diferentes, nos hemos reunido en Beirut, Líbano, del 3 al 12 de septiembre de 2002, para celebrar la VI Asamblea Plenaria. Nos hemos congregado convencidos de que la Palabra de Dios es una "bendición para todas las naciones" (Gn 22,18) y de que Dios mismo "nos muestra caminos de Vida" (Hch 2,28).

Llamados y enviados a proclamar la Palabra de Dios hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8), con toda libertad y sin obstáculos (cf. Hch 28,31), nos hemos reunido

- para compartir, al igual que Pablo y Bernabé cuando regresaban de sus viajes misioneros, lo que Dios está haciendo a través de nuestro ministerio (cf. Hch 14,27; 15,3),

- para reflexionar sobre los retos de la pastoral bíblica hoy (cf. Hch 15,7b-12),

- y comprometernos una vez más con nuestro ministerio, de manera valiente frente a estos nuevos retos (cf. Hch 15,22-41).

Lo que ha inspirado y conducido nuestro diálogo, nuestra reflexión y la renovación de nuestro compromiso, ha sido el encuentro diario con la Palabra en los Hechos de los Apóstoles, la relación de los unos con los otros, provenientes de los cuatro puntos cardinales, las celebraciones cotidianas de la eucaristía que marcaban nuestra unidad en la diversidad, y el contacto con las comunidades cristianas y el pueblo del Líbano.

De esta manera volvimos a sentirnos, una vez más, como seguidores y hermanos, caminando con la Palabra, en la FEBIC, y continuando la andadura marcada por los hitos de las Asambleas precedentes: Viena (1972), Malta (1978), Bangalore (1984), Bogotá (1990) y Hong Kong (1996). Reconocemos con gratitud los grandes impulsos que estas Asambleas han producido en la Federación y, a la vez, – quizás en un grado mayor – percibimos que de ahí brota un nuevo ánimo para afrontar juntos los nuevos retos que al ministerio de la Palabra y a la Federación le plantean los comienzos del nuevo milenio.

2. Nos reunimos en el Líbano, tierra de la Biblia, tierra santa que el mismo Jesús en compañía de sus discípulos visitó (Mt 15,21), lugar — entre Antioquía y Jerusalén — donde los primeros ministros de la Palabra predicaban, donde los seguidores de las tres religiones abrahámicas se sienten en casa; un país en el cruce de caminos, tanto de culturas como de religiones, que ha sufrido al ritmo de las rivalidades y las guerras, que experimenta un proceso de revitalización, y donde "el diálogo interreligioso se da en un encuentro sincero y respetuoso entre las partes, que permite que cada uno conozca al otro y aprenda de él" (Mensaje del Sínodo para Asia, 5); un país que es al mismo tiempo símbolo y mensaje. En el Líbano hemos recordado el Pentecostés del inicio del primer milenio y nos hemos inspirado en él.

3. Somos parte de la Iglesia peregrina. Reconocemos que la misión de la FEBIC, al comienzo del milenio, surge del nuevo Pentecostés que experimenta la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II. Nos inspiran las enseñanzas de la Iglesia que, a través de los documentos pos-conciliares y pos-sinodales, sobre todo la Novo Millennio Ineunte, nos recuerdan nuestra razón de ser y nuestro deber primordial: escuchar y proclamar la buena nueva de la salvación (DV, n. 1; NMI, nn. 39-40). Agradecemos a los obispos y a las autoridades eclesiales las pautas que nos han dado para la pastoral bíblica, entre las que destacamos los recientes documentos de la Pontificia Comisión Bíblica. Formamos parte de la comunidad de iglesias cristianas con las cuales valoramos las Sagradas Escrituras como Palabra de Dios.

4. Vivimos en un mundo pluralista

4.1. Nuestro peregrinar nos ha hecho progresivamente conscientes de la pluralidad que encierra el tejido de nuestra familia humana. Se trata de una pluralidad de visiones del mundo, de culturas, de religiones y de maneras de organizar la sociedad. Hoy son un fenómeno extendido la mayor proximidad y los contactos entre culturas, religiones y diversas formas de espiritualidad. La identidad intercultural e interreligiosa está convirtiéndose en el perfil de muchas naciones en el mundo y la pluralidad se está reconociendo como un aspecto constitutivo de la humanidad.

4.2. Nuestra experiencia de la pluralidad y de la diversidad nos hace dolorosa y progresivamente conscientes de su ambivalencia y su ambigüedad. Por una parte la diversidad enriquece, pero, por otra, puede ser percibida como un obstáculo que conduce a la intolerancia y a la supresión de las minorías y de los débiles. Entender las diferencias y vivir en la pluralidad es un reto cada vez mayor en muchas sociedades. Esto genera tensiones y divisiones en la sociedad civil, las iglesias y las religiones.

4.3. Estructuras de poder monolíticas, sobre todo a nivel económico y político, tienden a imponer modelos de convivencia mono-culturales con efectos devastadores para los pobres, que quedan excluidos de una manera sistemática de la participación en las decisiones y en el reparto de los bienes del mundo. Los modernos medios de comunicación conectan a las personas cada vez más, pero frecuentemente están en manos de fuerzas empeñadas en crear una cultura homogénea con el único propósito de la dominación y el beneficio económico.

4.4. La violencia y la destrucción ecológica es otra área donde la relación simbiótica natural con la creación se ha visto afectada severamente a causa de la codicia humana. La globalización del mercado es un fenómeno todavía más significativo de esta ambigüedad de nuestra sociedad. Mientras que en algunos lugares hay una mayor conciencia de la dignidad y de la igualdad de las personas, en otros aumenta la violencia, que afecta frecuentemente a los pobres y a los inocentes, en particular a las mujeres y a los niños; aún más, todavía las mujeres son frecuentemente excluidas de las decisiones socio-culturales y políticas sobre asuntos que les incumben directamente. Enfermedades como el IVH/SIDA acaban con familias y con un creciente número de pueblos, generando un sufrimiento silenciado y una gran angustia.

4.5. Tenemos declaraciones internacionales excelentes sobre los derechos humanos y muchas iniciativas para protegerlos, pero desafortunadamente estos mismos ideales se violan con prácticas opresivas y deshumanizantes en algunas partes del mundo. Del mismo modo, la negación de la libertad religiosa en algunos países es una ofensa flagrante a la dignidad humana.

4.6. Hay una mayor conciencia del valor de la tolerancia religiosa, pero las fuerzas fundamentalistas religiosas y étnicas se hacen más y más dominantes y violentas en muchas partes, reducen los espacios de grupos minoritarios, y a veces apabullan sus movimientos hasta el punto de aniquilarlos.

4.7. El pluralismo es una realidad cada día más presente en la Iglesia Católica, llamada desde sus comienzos a ser una en la diversidad. Pero la misma Iglesia lucha con dificultades debido a la mentalidad fundamentalista y exclusivista de algunos de sus miembros. En el contexto ecuménico, la lectura y la interpretación de la Biblia misma llega a ser un obstáculo en el camino hacia la unidad.

5. Dentro de este contexto, y de cara a sus retos, nos hemos encontrado para discernir juntos "caminos" para peregrinar con otros en nuestro ministerio de la Palabra, más concretamente, en la pastoral bíblica.

 

II. Interpretación de esta realidad a la luz de la Palabra de Dios

 

1. Jesús, nuestro Camino; los caminos de Jesús. Como cristianos, mientras discernimos los "caminos de vida" que queremos recorrer en este mundo pluralista, volvemos la mirada ante todo a Jesucristo, que es nuestro Camino. Jesús proclamó con palabras y hechos la paternidad universal de Dios. En consecuencia, su vida se caracterizó particularmente por la solidaridad con los marginados, los pecadores, los pobres, los samaritanos y los gentiles (cf. Mt 15,21-28; 25,31-46; Lc 4,18-21). El Reino de Dios que Él proclamó se opone a toda comprensión étnica o racial restringida acerca de la presencia salvífica de Dios y de su acción en el mundo (cf. Mt 3,9). Vislumbró no una religión ligada a un lugar específico sino un culto en espíritu y verdad (cf. Jn 4,23), como lo descubrimos nuevamente en la Asamblea Plenaria de Hong Kong. Los evangelios nos manifiestan que Jesús trascendió las barreras culturales y religiosas para llevar el plan de Dios a todos los pueblos (Mt 8,5-13; 12:15-21; Lc 10,25-37).

2. Los caminos de la Iglesia primitiva en los Hechos de los Apóstoles. Durante nuestra Asamblea hemos buscado la luz de la Palabra, especialmente en los Hechos de los Apóstoles, donde hemos leído que el Espíritu Santo constantemente hace que los discípulos traspasen las fronteras. La variedad de lenguas, culturas y nacionalidades que cubría la única Buena Nueva en el día de Pentecostés es una viva afirmación de la pluralidad como designio de Dios para la humanidad (cf. Hch 2,6.8.11). En la historia de la conversión de Cornelio hemos reconocido otra "conversión", la de Pedro, que se expresa con estas palabras: "Dios no hace acepción de personas....." (Hch 10,34). Pues descubre que el Espíritu Santo actúa en el "otro" así como en él mismo (cf. Hch 10,47; 11,17-18). Al hacerles cruzar estas fronteras de raza, cultura e idioma, el Espíritu los capacita para descubrir que todos "son hijos/hijas de Dios" y que "en Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17,28).

3. Yendo más allá. Tenemos que ir mas allá de la geografía, la nacionalidad y la etnicidad. No se puede absolutizar ninguna tierra, ningún grupo étnico, ninguna nacionalidad. Son impredecibles los caminos del Espíritu (cf. Jn 3,8). La Iglesia tiene que permanecer siempre atenta a la acción dinámica del Espíritu que une a los pueblos con nuevos lazos. Se trata de un permanente movimiento en el que peregrinamos juntos con aquellos que son distintos a nosotros. En este sentido, ser religiosos significa que debemos buscar caminos de acercamiento "inter-religioso" a favor de la vida y el servicio. Esto exige que tengamos disponibilidad para conocer, aprender del otro y escucharlo.

4. La figura de Abraham. Una relectura de las tradiciones de Abraham en el Primer Testamento corrobora esta perspectiva. Judíos, cristianos y musulmanes se remiten todos al patriarca Abraham. Considerar a un grupo como exclusivo heredero suyo es contrario al plan de Dios manifestado a través del mismo Abraham. A través de Abraham Dios destinó sus bendiciones a todos los pueblos (Gn 12,2-3). La historia da testimonio de que Abraham fue siempre, y sigue siendo, un motivo de disputa y división entre sus descendientes. En este momento de la historia es posible a todos los hijos de Abraham ir más allá de una comprensión exclusivista para descubrir en sus tradiciones la semilla de la universalidad del designio de Dios que abraza a todos los pueblos. Se necesita nuevo coraje para llevar a cabo esta relectura, la cual, si se busca con la debida seriedad, nos puede encaminar hacia la irrupción de algo diferente al inicio de este nuevo milenio.

Esto exige de todos apertura y compromiso para redescubrir en Abraham el puente entre quienes tienen la herencia común de su fe. Así podemos encontrar nuevas energías para derrumbar las barreras del miedo, la sospecha y la violencia que han caracterizado nuestras relaciones en el pasado. Con ellas podemos preparar el camino hacia un futuro nuevo, libre de la mutua desconfianza, a fin de que lleguemos a ser todos peregrinos, unidos por un lazo común: Abraham, el que obedeció a Dios. El cambio desde un particularismo excluyente a un universalismo más abierto puede empezar cuando descubramos la identidad más profunda de Abraham como alguien que creyó y confió en la Palabra de Dios. Esta visión va a abrir un horizonte, más allá de la descendencia biológica y geográfica, que permitirá descubrir la identidad fundamental en la fe y la obediencia de Abraham.

5. La Conciencia suscitada en la Iglesia. La conciencia suscitada en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II, se puede precisar con las palabras del Papa Juan Pablo II:

La presencia del Espíritu y su actividad llegan no solamente a las personas sino también a la sociedad, la historia, los pueblos y las religiones. Aún más, el Espíritu está en el origen de las ideas y las comprensiones que benefician a la humanidad y su peregrinar a través de la historia. (Redemptoris Missio, n. 28).

Reconocemos las religiones como los lugares de la presencia y la acción del Espíritu. Las religiones, en la medida en que respaldan y viven los valores humanos, son signos de la presencia del Espíritu en el mundo, y, por eso, son dones de Dios a la humanidad; todas se relacionan, en un nivel profundo, con el misterio de Cristo Salvador, que se anonadó a sí mismo para la restauración de la humanidad y de la creación entera (cf. Col 1,15-17). Ésta es la fuerza más importante y más dinámica en la búsqueda de caminos de comunión entre los hijos/as de Dios.

6. Una visión unificante. Al concluir esta Asamblea Plenaria, nos comprometemos a explorar una visión teológica y bíblica nueva, y unos acercamientos que produzcan la espiritualidad de comunión que debe caracterizar al nuevo milenio. En lugar de alejarnos los unos de los otros por causa de la violencia, por desconfianza, o por indiferencia, tenemos que empeñarnos en la tarea de construir el futuro de una familia humana más unida en sus diversidades, eliminando los errores del pasado que han generado daños y agresiones de unos contra otros, en el nombre de Dios o de los Libros Sagrados.

 

III. Poder de la Palabra de Dios para transformar el mundo y compromiso de la Federación Bíblica Católica

 

1. El Poder de la Palabra

1.1. Al diseñar nuestra respuesta a la realidad del mundo, como ministros y servidores de la Palabra, acudimos a la Palabra de Dios como la fuente, no sólo de nuestra visión, sino sobre todo, de poder divino (cf. Gn 1,3ss; Jn 1,3; Rm 1,16). El Espíritu y la Palabra nos pueden poseer, como en el caso de los Apóstoles, y dinamizarnos de tal modo que la Palabra defina nuestras vidas y la vida de la Iglesia. Se experimenta el poder dinamizador de la Palabra sólo en la entrega obediente, a modo de Abraham y de los Apóstoles, cuyo ministerio hemos contemplado al leer y orar con la Palabra en los Hechos de los Apóstoles.

1.2. La pregunta que nos planteó Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, "¿qué sucedió con la Palabra de Dios como poder para transformar la sociedad? (EN 4)", todavía nos desafía. La Palabra de Dios no sólo crea: ella tiene poder para renovar y transformar. Por eso, nuestra tarea es buscar caminos que hagan que la Palabra de Dios sea fuente de energía en el corazón de la Iglesia y del mundo. Lograr este cambio de conciencia, de comportamiento y de estructuras, forma parte de la misión de la Iglesia. Todas las actividades de la Iglesia son, de una manera u otra, ministerio de la Palabra. De ahí que la Iglesia deba tener la Palabra de Dios como el centro de su vida y misión. Sin ella, podemos impedir el flujo vital del poder y de la bendición de Dios.

1.3. Pero, ¿cómo puede la Palabra convertirse en fuente de vida? Sin la luz y la gracia del Espíritu, la Palabra será incapaz de generar la energía necesaria para transformar la vida y la sociedad. La oración, acompañada por la docilidad al Espíritu Santo, ha de ser la marca del ministerio de la Palabra (cf. Hch 13,2). En este momento de la historia debemos escuchar la invitación apremiante de la Palabra de Dios en orden a una mayor conversión de nuestra visión, nuestras actitudes y nuestro comportamiento hacia el "otro" – religiones, culturas y grupos étnicos, y, sobre todo, los pobres, las mujeres, los excluidos o discriminados en nuestras sociedades. Una relectura de la Palabra de Dios en esos contextos que amenazan la vida es un imperativo que no podemos dejar de asumir, pues ella llega a nosotros con su poder para impulsarnos a vivir en solidaridad. Sólo cuando se siente el poder irresistible del Espíritu nos convertimos en instrumentos eficaces de transformación.

1.4. Recalcamos nuestro compromiso de autocrítica en la manera como leemos las Escrituras en la Iglesia — a nivel personal y colectivo. ¿Permitimos que el poder de la Palabra impacte en los diversos contextos de la sociedad? ¿Habremos utilizado textos de las Escrituras para legitimar actitudes de superioridad, discriminación y violencia? Las interpretaciones fundamentalistas y espiritualistas de las Escrituras son un fenómeno creciente en casi todas las iglesias. En este campo, la pastoral bíblica tiene la tarea urgente de contrarrestar una lectura sectaria de la Palabra, que está edificando muros de separación y de discriminación. Por otra parte, necesitamos poner de relieve la pluralidad que caracteriza a la Biblia: de visiones del mundo, de interpretaciones de los Textos Sagrados, de teologías, de estructuras eclesiales.

1.5. Para llevar a cabo esto, la hermenéutica contextualizada se tiene que desarrollar en todos nuestros campos de acción. La formación bíblica del laicado y del clero tiene que producir ese impulso. A la luz de nuestras reflexiones en esta Asamblea Plenaria, vemos que es importante, donde sea posible, emprender una lectura dialogal de la Palabra de Dios, que permita los ecos y las resonancias de las diversas tradiciones, escriturísticas o no, y enriquezca nuestra experiencia de la Palabra, misteriosamente presente en el mundo. Esto ensanchará nuestra visión de Dios y promoverá un diálogo profundo entre las religiones. Por lo demás, tal lectura nos ayudará a ver el rostro multifacético de Dios, Padre/Madre de todos.

2. La Palabra de Dios determina nuestras opciones de lectura de la Biblia

La Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras despliega su poder cuando se lee de una manera apropiada. De hecho, la misma Biblia nos muestra las opciones de lectura correcta y vivencial de la Palabra. De esta manera somos fieles tanto al mensaje original como al pueblo al que le es proclamado como Buena Nueva (cf. EN 4).

2.1. Nos comprometemos con una lectura atenta y respetuosa de la Biblia. Por ser un libro de diferentes tiempos y culturas, pero a la vez, por ser un libro de la Iglesia, lo tenemos que respetar, ante todo, en su condición de "otro." Se tiene que leer en su contexto original, tanto histórico y cultural, como literario. "Nuestra lectura de la Palabra debe permitir al pueblo descubrir su verdadero contenido. Todos los intentos de interpretar la Biblia en orden a justificar posiciones políticas e ideológicas han de considerarse como una traición al mensaje." (Bogotá 7.3) Incluso personas no preparadas para manejar los métodos científicos y técnicos, pueden acercarse a una lectura de la Biblia que evite los errores de la lectura fundamentalista, la que rehúsa tomar en consideración el carácter histórico y pluralista de la Biblia (Pontificia Comisión Bíblica, La Interpretación de la Biblia en la Iglesia [IBI], I, F).

2.2. La Biblia, tanto en su totalidad como en libros individuales, es un fenómeno pluralista, un ejemplo sobresaliente de unidad en la diversidad, una sinfonía de múltiples voces. Convencidos de que "algunas de las diferentes maneras de leer la Palabra de Dios no son adecuadas" (Bogotá 7), pero también de que ningún método particular agota la riqueza del significado de las Escrituras, la Federación aboga por una pluralidad de métodos y acercamientos "capaces de contribuir eficazmente a poner de relieve todas las riquezas contenidas en los textos bíblicos" (IBI, Introducción).

2.3. La Palabra se ha de leer y de celebrar en comunidad. La Biblia es el libro de la comunidad, una expresión de la experiencia de su fe, destinada a edificarla. Tiene un lugar importante en la liturgia y en la catequesis. "Las Escrituras dadas a la Iglesia son el tesoro común de todos los creyentes... Todos los miembros de la Iglesia tienen un papel en la interpretación de las Escrituras"; incluso "aquellos que, en su desamparo y privación de recursos humanos, son llevados a poner su única esperanza en Dios y su justicia, tienen una capacidad de escuchar y de interpretar la Palabra de Dios, que debe ser tomada en cuenta por el conjunto de la Iglesia" (IBI, III, B, 3).

2.4. La Biblia se ha de leer en el contexto de la vida. La Biblia es libro de vida en cuanto trata de la vida en todas sus manifestaciones. Dios nos dio dos Libros Sagrados: el de la Creación y la Historia, y el de la Biblia. La Palabra de Dios contenida en este último, proyecta luz y ayuda a descifrar el significado del primero. En la Biblia "los textos más antiguos son releídos a la luz de circunstancias nuevas y aplicados a la situación presente del Pueblo de Dios" (IBI, IV, A). Así mismo, los exégetas realizan su tarea sólo cuando explican "el sentido del texto bíblico como Palabra de Dios" (IBI, III, C.1). Nos comprometemos con esta lectura de la Biblia en el contexto de la vida, como ha sido formulada en los Documentos Finales de otras Asambleas Plenarias de la Federación Bíblica Católica. "Deberíamos empezar por la realidad en la que nos encontramos hoy, y permitir que la Palabra de Dios ilumine esta realidad" (Bogotá 7.1).

2.5. Conscientes de los contextos y culturas en que vivimos, y después de reflexionar acerca de cómo la Palabra de Dios fue recibida en las diferentes culturas, estamos convencidos de que hemos de prestar atención no sólo a la Palabra en sí, sino también a los distintos campos sobre los que se sembró. La convicción de que la Palabra puede alcanzar a otras culturas, brota de la Biblia misma: en la bendición prometida a todos los pueblos por medio de Abraham y su descendencia (Gn 12,3; 18,18), extendiéndola a ‘todas las naciones’" (cf. IBI, IV, B). Una lectura "inculturada" presupone un encuentro respetuoso y profundo con el pueblo y su cultura, y comienza con la traducción de la Biblia al idioma del pueblo, seguida de una interpretación que conduzca a la formación de "una cultura local cristiana, llevada a todas las dimensiones de la existencia" (IBI, IV, B).

2.6. Los primeros destinatarios de la Buena Nueva son los pobres (Lc 4,18-19; Mt 5,3). Lo que Dios ha escondido a los sabios e importantes, lo ha revelado a los pequeños y los insignificantes (Mt 11,25). Esto exige de las comunidades cristianas leer la Biblia desde la perspectiva de los pobres. "Hay que alegrarse de ver que gente humilde y pobre tome la Biblia en sus manos y aporte a su interpretación y actualización una luz más penetrante, desde el punto de vista espiritual y existencial, que la que viene de una ciencia segura de sí misma" (IBI, IV, C, 3). La Biblia, leída de esta manera, nos conduce necesariamente a una opción por los pobres.

2.7. Sólo se puede acoger la Biblia como Palabra de Dios en palabras humanas, cuando nos acercamos a ella como el libro fundamental de oración de la Iglesia, y cuando cultivamos una lectura de la Escritura en oración (cf. Bogotá 7.2; Hong Kong 1.2). La lectio divina, tradicionalmente cultivada en los monasterios y en las comunidades religiosas, es apreciada cada día más entre los fieles cristianos (cf. DV 25). La Pontificia Comisión Bíblica ha dedicado toda una sección a la lectio divina. En muchas exhortaciones apostólicas y pos-sinodales, especialmente en Novo Millennio Ineunte (39) y en la Carta a la Iglesia en el Líbano (39), Juan Pablo II nos invita con insistencia a utilizar este antiguo y todavía válido método de lectura de la Palabra de Dios, que desafía, orienta y da forma a nuestra existencia.

 

3. Misión de la Federación Bíblica Católica

 

La misión de la Federación Bíblica es el apostolado bíblico, el ministerio de la Palabra, la "animación" bíblica de la pastoral, para alimentar y nutrir a la Iglesia con lo que es su alma. Su objetivo y misión es "hacer que la Palabra de Dios sea cada vez más el alimento espiritual del Pueblo de Dios, su fuente para una vida de fe, de esperanza y de amor, y, realmente, una luz para toda la humanidad" (IBI, Introducción B). Su meta es "hacer conocer la Biblia como Palabra de Dios y fuente de vida" (IBI, IV, C, 3).

La Federación Bíblica Católica es una organización de la Iglesia al servicio de las Iglesias locales (Obispos y Conferencias Episcopales), con el encargo oficial para impulsar las directrices del Concilio Vaticano II sobre la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. La Federación reafirmó esto de modo especial en la Asamblea Plenaria de Bogotá, con ocasión del 25° aniversario de la Constitución DEI VERBUM. En esta VI Asamblea Plenaria, los miembros de la FEBIC renovamos su compromiso en este mismo sentido.

 

4. Las prioridades para 2002-2008

 

4.1. Teniendo en cuenta los desafíos identificados en esta Asamblea y, al mismo tiempo, la vida concreta y las necesidades de sus miembros, la Asamblea Plenaria define las siguientes prioridades generales para los próximos seis años:

La promoción de una mayor conciencia de la importancia de la Biblia en la vida de la Iglesia, en general, y entre los Obispos y las instituciones eclesiales en particular.

El desarrollo de programas de formación bíblica en todos los niveles de la Iglesia y de la sociedad, pero en particular y urgentemente para los pobres y excluidos de nuestras sociedades.

El proporcionar traducciones pastorales y económicas de la Biblia, teniendo en cuenta la situación socio-económica de nuestros pueblos y la dimensión ecuménica e inter-religiosa de las comunidades cristianas.

La producción de material bíblico que tenga en cuenta las situaciones sociales y culturales de los diferentes grupos de la población mundial, para ayudarles a participar en la construcción de un mundo en el que la justicia, la paz y el respeto mutuo puedan contribuir de una forma duradera al desarrollo humano.

El refuerzo de una red de comunicaciones dentro de la FEBIC, en el ámbito regional, sub-regional, o zonal, de modo que atraviese a toda la Federación

La reflexión e investigación a propósito de los temas fundamentales de la pastoral bíblica, en un mundo caracterizado por el pluralismo cultural y religioso, por la globalización de las comunicaciones y de las economías, y por situaciones extremas de injusticia política y económica y de intolerancia religiosa.

4.2. La Asamblea Plenaria recomienda a sus miembros que colaboren con otras organizaciones eclesiales, organizaciones no-gubernamentales y otras instituciones, para el establecimiento de la justicia económica en el mundo y para la protección del medio ambiente. Esto conlleva necesariamente la denuncia profética de las injusticias económicas y sociales, de la violación de los derechos humanos y de la negación de la libertad religiosa.

4.3. La Asamblea Plenaria recomienda que sus miembros colaboren con la "Década para superar la violencia", del Consejo Mundial de las Iglesias, elaborando materiales de pastoral bíblica para grupos bíblicos, organizando actividades que ayuden a identificar los problemas reales que hay detrás de la violencia humana, y buscando soluciones duraderas que permitan a los hombres y mujeres de diferentes orígenes culturales y religiosos, vivir en unidad, en respecto mutuo, en justicia y en paz. Por eso se deben tomar todas las medidas necesarias para protestar contra la opresión y la persecución que los cristianos y otras minorías sufren en los países totalitarios.

4.4. Respondiendo a la petición proveniente de la Región "África y Madagascar", la Asamblea Plenaria recomienda que el apoyo a la pastoral bíblica en África sea una prioridad urgente de la FEBIC a lo largo de los próximos seis años. Más concretamente, la Asamblea Plenaria urge al Comité Ejecutivo a que, en estrecha colaboración con los Obispos de África, busque nuevas formas de apoyo a los esfuerzos africanos para impulsar las recomendaciones de Ecclesia in Africa (58):

en la formación bíblica del clero, religiosos/as y laicos/as ;

en la traducción, publicación y distribución, en colaboración con los editores católicos y las Sociedades Bíblicas Unidas, de Biblias a precios convenientes y adaptadas a las culturas africanas;

en un mayor desarrollo de centros de pastoral bíblica en África.

 

5. Para la realización de estas prioridades, la Asamblea Plenaria hace las siguientes recomendaciones:

 

5.1. Promover dentro de la Federación tanto la comunicación como las relaciones públicas a través de un progresivo uso de los medios electrónicos y otras vías de comunicación (la página Web, el Boletín Dei Verbum, etc.)

5.2. Definir en las diversas regiones y subregiones prioridades y objetivos concretos para los próximos seis años, teniendo en cuenta las decisiones de esta Asamblea Plenaria y buscando formas eficaces de permanente evaluación.

5.3. Crear una comisión permanente para "La Biblia en la Vida de la Iglesia" con miras a un compromiso más decidido de las instituciones eclesiales en torno a la inspiración bíblica de toda la vida de la Iglesia. Se deberá elaborar un plan concreto de acción a este propósito que tenga como meta la organización de un sínodo de Obispos y/o un documento oficial de la Iglesia sobre el papel de la Palabra de Dios en toda la vida de la Iglesia.

5.4. Asumir a todos los niveles de la FEBIC la responsabilidad financiera de la Federación y guiarla por el doble principio de la subsidiariedad y la solidaridad. Para asegurar los recursos financieros necesarios para la realización de los proyectos de la FEBIC en el futuro, el Consejo de Administración deberá intensificar sus esfuerzos por encontrar nuevos métodos de recaudación de fondos.

6. Respondiendo a la llamada de su nuevo presidente, la FEBIC reunida en Asamblea Plenaria ha decidido celebrar el 40° aniversario de la Constitución Conciliar sobre la Divina Revelación, Dei Verbum, para toda la Iglesia y con ella, organizando un encuentro internacional sobre "La Biblia en la Vida de la Iglesia", en Roma, en 2005.

 

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En nuestra búsqueda de una respuesta adecuada a la invitación de la Palabra de Dios, que hemos escuchado en el Líbano, volvemos la mirada a María, como la Madre del Verbo Encarnado. Ella no sólo creyó en la Palabra, sino que se entregó a Ella con todo su ser (cf. Lc 1,45). Como ella, nos sentimos impulsados a proclamar al Dios de la historia que "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes", que "a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide con las manos vacías" (1,52-53). A pesar de nuestros defectos y limitaciones, nos comprometemos a dejarnos impulsar por la Palabra, convencidos de que la Palabra de Dios, como la lluvia, no vuelve a Dios sin dar el fruto a que fue destinada (cf. Is 55,10-11). Hacemos nuestro el sueño de María por un mundo libre de discriminación y exclusión, un mundo en el que cada uno/a sea reconocido/a como hijo/a de Dios, de acuerdo con la promesa hecha a Abraham (cf. Lc 1,55; Hch 3,25).

 

Réf.: Octubre 2002.