Jésus E. Osorno*
Las CEBs y su dimensión misionera


 

1. Introducción

Hablar hoy de las CEBs (comunidades eclesiales de base), o pequeñas comunidades cristianas, bautizadas también con otros nombres que apoyaron y/o derivaron en la Ramada "Iglesia popular", es muy complejo, por no decir, difícil. Pero la dificultad se ahonda cuando queremos hablar de estas comunidades y su dimensión misionera.

El contexto desde el cual y en el cual ubico este trabajo es, necesariamente, América Latina. Este es un sub-continente plural en todos sus aspectos: diversidad étnica, realidades contextuadas profundamente diferentes en to político, en to social, en to cultural y aún en to religioso. Tal vez, hay un denominador común: pueblo pobre y creyente.

Las CEBS reciben carta de ciudadanía en la Iglesia en el documento de Medellín, segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Pero podemos hablar en términos generales, que su caminada ha sido siempre un vía crucis con algunos momentos resurreccionales bien definidos. Quizds sea el documento de Puebla el que mayor apoyo les brinda.

Brasil ha sido sin duda, el país en donde se ha llevado un seguimiento más serio al proceso y desarrollo de las CEBs, sobre todo, con los llamados "Encuentros Inter-eclesiales de las CEBs" que celebran periódicamente desde hace ya casi treinta años. En Centro América, las CEBs estàn marcadas por la sangre: han sido semillero de màrtires. En los demás países del área, en cada uno las CEBs tienen su propia historia, mejor, su identidad propia.

Podemos decir que cada CEB es distinta a las demàs. Se trata de "una experiencia cristiana comunitaria plural, compleja, relativamente heterogénea. La variedad de estas comunidades estriba sobre todo, en su proyecto eclesial y en su forma de entender y vivir la relación con la sociedad".

La novedad de las CEBs se centra en su vivencia comunitaria, en la impórtancia que se le da al aspecto relacional y a la superación del divorcio entre fe y vida. La persona, cada persona es aceptada, valorada, potenciada integralmente. El compromiso cristiano tiene que ver con la transformación del medio en donde se vive.

Pero estas CEBs no pueden convertirse en islas, pequeños grupos aislados, satisfechos de sus propios logros. Su experiencia se enriquece a partir de la apertura, diálogo y solidaridad con otras pequeñas comunidades en procesos similares o en situaciones más críticas. Es significativo a este respecto, la red de comunidades, los distintos encuentros inter-eclesiales, los cursos de formación y, muy en particular, la proyección misionera con sus altibajos en esta caminada.

Precisamente sobre esto queremos conversar un poco. ¿Cuàl ha sido la dimensión misionera de las CEBs? ¿Cuál es su potencial evangelizador, cuál es su aporte concreto en el campo de la misión y cuáles los desafíos que se les presenta en estos primeros albores del nuevo siglo?

 

2. "La cosa comenzó en Galilea..."

Cuando hablamos de las CEBs no nos estamos refiriendo a una forma nueva de espiritualidad o a un novedoso método en el seguimiento de Jesús. No. Simplemente estamos retomando el Evangelio desde sus raíces, desde su experiencia fundacional: la vivencia comunitaria. El discipulado cristiano es asunto de comunidad. Jesús llama a algunos cuantos que aceptan seguirle, conforma con ellos un pequeño grupo, los forma y los envía. Cfr. Jn 1:35-39; Mc 3:13-14.

La comunidad que se había congregado alrededor de los Apóstoles, después de Pentecostés, crece, se multiplica. Lucas, en el libro de los Hechos, nos describe estas primeras comunidades. Son comunidades misioneras. Escuchan la Palabra; viven la solidaridad; su amor es pràctico, testimónial; y, algo novedoso, aumenta el número de los seguidores de Jesús.

Es el vecindario el núcleo, la célula de esta primera experiencia, la fracción del Pan se realiza en las casas. Así las casas se convierten en templos, lugar de reuniones, de convivencia, escuelas del discipulado, centros de animación, de predicación. Pero al multiplicarse los discípulos, afloran los problemas. Cómo atender a los pobres, cómo superar las diferencias étnicas entre judíos y helenistas, cómo defender a las viudas, cómo darse tiempo para la oración. Y San Pablo más tarde denunciará las desigualdades ya escandalosas en las Asambleas eucarísticas. A todo esto la comunidad va dando respuestas con la creación de nuevos ministerios y atendiendo a los carismas como doves del Señor.

Una de las primeras comunidades pioneras en la organización, ambiente familiar y comunitario, compromiso evangélico y proyección misionera fue sin duda, la de Antioquía. Es bien sabido que allí, los seguidores de Jesús, comienzan a llamarse cristianos (Hch 11:26). Pero, aún más importante que esto, es el hecho de que Antioquía se constituyó en el punto de partida de la Evangelización de los "paganos". Primer centro evangelizador con apertura ad gentes. De ahí parten Pablo y Bernabé a sus viajes apostólicos (Hch 13:2-3).

Otro dato relevante en estas primeras comunidades es la del protagonismo laical. Laicas, laicos y con énfasis en las mujeres, consagran su trabajo, sus vidas a la causa del Evangelio. Matrimonias que acogen, que atienden a los pobres, que hacen de sus casas centros evangelizadores que anuncian a Jesús. Es hermoso ver cómo habla Pablo, con nombres propios y virtudes bien destacadas, de su variada gama de colaboradores en el campo de la evangelización.

Las persecuciones ayudaron a la causa de la evangelización al tener que dispersarse los discípulos por todas las regiones del imperio. Fue una llamada del Señor a salir, a ir más allá. Los que salían llevaban el mismo espíritu de comunión, de solidaridad y el fuego del anuncio de la Palabra. A su paso iban formando comunidades. Cuando Pablo y Pedro llegan a Roma encuentran pequeños núcleos cristianos alrededor de los discípulos que habían emigrado en la diáspora.

Al hacer este recuento, podemos senalar algunas características de estas primeras comunidades a quienes debemos la primera evangelización. Evidenciamos su carácter comunitario, su espiritualidad, su testimonio, su amor al pobre, la multiplicidad de los carismas, la apertura a los llamados "paganos" y el celo apostólico. De base hay un rompimiento con la tradición judía. Pero esto acredita la identidad del Evangelio que practicaban y predicaban.

Es importante subrayar la dimensión misionera de estas comunidades. La Iglesia que pace de ahí nunca se preguntó si era o no misionera. Es Iglesia, luego es misión. Esa es su identidad. No hay que estarse preguntando sobre la propia identidad. Basta ser y obrar en consecuencia. Más tarde cuando se pierde esta identidad, la Iglesia tendrá que cuestionarse si es misionera y qué es la misión. Llegando incluso, a establecer un paralelismo entre la Iglesia como tal y la Iglesia misionera. Paralelismo que subsiste todavía en muchas de nuestras Iglesias particulares, presbiterios, seminarios y fieles.

El anuncio del Evangelio es inherente a la fe cristiana, no es algo facultativo, más aún, nos define como seguidores de Jesucristo. Así lo entendieron las primeras comunidades cristianas. Pablo cuando escribe a los cristianos de Tesalónica les dice: "su fe es conocida en todo el mundo" (1 Tes. 1:7-8). Son estas comunidades el sujeto primario de la evangelización del mundo. Al menos, del mundo conocido en ese momento.

 

3. Del Vaticano II a nuestros días

El Vaticano II es sin duda, el acontecimiento más importante, de la Iglesia en el siglo veinte. De ahí se genera un proceso de renovación que ojalà resultara irreversible, en todas las instancias eclesiales. Desde nuestra perspectiva, dos son los ejes fundamentales de esta renovación: 1. La Iglesia comunión. 2. La naturaleza misionera de la Iglesia.

En la Iglesia comunión se aglutinan todas aquellas intuiciones y proposiciones que rescatan y potencian los documentos del Vaticano II: La Iglesia Pueblo de Dios, la Iglesia comunidad, la Colegialidad, la presencia de la Iglesia en el mundo, el protagonismo de la Iglesia particular, las pequenas comunidades.

Del segundo elemento se concluye la centralidad de la Misión en la vida de la Iglesia. La Iglesia es Misión. Su vida, su teología, su pastoral, su espiritualidad, su aporte a la humanidad es Misión. Pero esto tiene una consecuencia más grave: la centralidad de la Iglesia particular como sujeto activo, responsable de la Misión.

La Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín asume la doctrina del Vaticano II desde nuestra propia identidad cultural, social, política y religiosa. Y los dos ejes transversales de la renovación de la Iglesia asumidos en el aula conciliar, Medellín los sintetiza en una sola realidad: las comunidades eclesiales de Base. Son ellas la síntesis de la comunión eclesial del Pueblo de Dios que peregrina en nuestra América Latina para la misión.

El documento de Medellín dice a este respecto: "la vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano, en su "comunidad de base ... por consiguiente, el esfuerzo pastoral de la Iglesia debe estar orientado a la transformación de esas comunidades en "familia de Dios"... comunidad de fe, de esperanza y de caridad" (Cf. LG, n. 8). Y continúa el documento: "La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe ... responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe ... ella es foco de la evangelización" (DM, nn. 15,10).

Para Puebla, estas comunidades que en el año 68 eran apenas algo incipiente, para su época "han madurado y se han multiplicado, sobre todo en algunos países, de modo que ahora constituyen motivo de alegría y de esperanza para la Iglesia". Destaca así mismo el documento que "son focos de evangelización", tal como ya lo había afirmado Medellín (cfr. P 96).

Santo Domingo nos dirá: "La vivencia de la fe se realiza en comunidad. Por eso los discípulos regresan a Jerusalén a encontrarse con sus hermanos y comunicarles el encuentro con el Senor. A partir de la fe, vivida en comunidad, ellos se convierten en pregoneros de una realidad totalmente nueva: "El Señor ha resucitado y està de nuevo entre nosotros". La fe en Jesús lleva consigo la misión" (SD, n. 26).

¿Cómo ha sido esta caminada hasta nuestros días? Es decir, ¿han sido las CEBs, centro de comunión y se han proyectado misioneramente? La estructura interna de estas comunidades responde a exigencias sentidas de respeto a cada persona, de valoración de todos y cada uno de sus miembros, de respuesta a las necesidades sentidas en cada realidad a iluminación de la problemàtica detectada con la Palabra de Dios, al crecimiento y maduración en la fe y a una apertura solidaria a las otras comunidades y realidades.

Pero ¿esto implica necesariamente una apertura a la misión? Si leemos la Redemptoris Missio y los más recientes documentos de la Iglesia a la luz del Vaticano II, con las CEBs hemos respondido a dos problemas en el quehacer de nuestra Iglesia. En primer lugar, la praxis pastoral de nuestras comunidades de base fortalece el proyecto de la Nueva Evangelización. Muchos que, de alguna manera, habían perdido su fervor, su aprecio, su relación con la Iglesia y se habían olvidado de sus compromisos cristianos, han encontrado en estas comunidades un espacio nuevo, acogedor que les ha permitido renovarse en su fe.

De otra parte, la pastoral tradicional o "pastoral de conservación" o de "acompanamiento a los fieles cristianos", recibe una inyección de vitalidad, aún más, de renovación en la novedad de las comunidades de base. La parroquia no es ya meramente un ente administrativo, piramidal, masivo, frío, avejentado, sino la gran comunidad de comunidades en donde se da la comunión y la participación de todos sus integrantes y el pleno ejercicio de los ministerios y carismas del Pueblo de Dios.

¿Y en dónde queda la misión ad gentes de las CEBs? ¿Habrà, por decirlo con término muy cercano a nuestro lenguaje, un "misionómetro" (perdón por esta palabra) que nos diga la intensidad, el fuego, la vivencia, el compromiso, el celo de nuestras CEBs hacia la misión ad gentes? Lo hay. El Papa en la Redemptoris Missio nos dice que la Nueva Evangelización y la pastoral ordinaria de la Iglesia son válidas si están orientadas a la misión ad gentes (cfr. RM, nn. 33 y 34). La misión estricta de la Iglesia es la misión ad gentes. "Es su tarea primordial" (RM, n. 34). Las demás están supeditadas, orientadas a esta misión.

Como es fácil concluir, ésta es una tarea pendiente todavía en nuestras Iglesias particulares y por ende, de nuestras CEBs. Los obispos brasilenos en su carta a las comunidades eclesiales de base, en el décimo "intereclesial" (Ilhéus 11 al 15 de Julio del 2000), dicen: "exhortamos a las CEBs a que perseveren en su vivencia comunitaria, en la lectura orante y popular de la Biblia, en el amor a la Eucaristía y en el compromiso social y politico". No se dice nada del compromiso misionero. Más adelante lo plantearán como un desafío.

Es el Espíritu Santo quien dinamiza a su Iglesia y la impulsa a la misión ad gentes, a la Nueva Evangelización y a la pastoral. Estas tres notas características del ser y que hacer de la Iglesia deben estar íntimamente unidas, como si fueran una sola realidad. Separarlas sería destruir la esencia misma de la Iglesia.

 

4. Eclesiologia de las comunidades eclesiales de base

Los obispos brasilenos en su mensaje al décimo intereclesial dicen: "En las CEBs reencontramos los rasgos y la eclesiología de las primeras comunidades descritas en los Hechos de los Apóstoles que perseveraban en la oración, en la escucha de la Palabra, en la fracción del pan y en el compartir fraterno de los bienes (Cfr. Hch 2:42-45). En ellas también encontramos una respuesta a las orientaciones del Concilio Vaticano II".

Sencillamente las CEBs, en su momento, aparecieron como uno de los frutos sazonados y a su vez, màs esperanzadores de la renovación posconciliar. Teólogos y pastoralistas encontraron en ellas el "hecho mayor" de la renovación eclesial. Para Juan Pablo II en su carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, la renovación de la Iglesia está en tomar en serio el Vaticano II que llevaría a la Iglesia "a asumir con nuevo ímpetu su misión evangelizadora" (NMI, n. 2).

Dentro de este contexto evangelizador nacen las CEBs. En una Iglesia de cristiandad, de corte tradicionalista en donde quedan pocos espacios de libertad, de participación, de solidaridad, de reivindicación de los derechos más elementales, las CEBs nacen como una alternativa eclesial. Su paradigma son las primeras comunidades descritas por los Hechos de los Apóstoles. Su hábitat es la comunidad propuesta por el Vaticano II, comunidad evangelizadora y servidora del mundo.

Esta eclesiología renovada del Vaticano II es la que permite que broten estas comunidades como una experiencia propia, novedosa en nuestra América Latina. Ya to había dicho el Concilio: "La Iglesia avanza con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo y su razón de ser es actuar como fermento y alma de la sociedad" (GS, n. 40). Pero a la inversa, estas CEBs actúan como fermento, alma y corazón no sólo dentro de la sociedad, sino también dentro de la misma Iglesia.

Las comunidades de base "surgen y se desarrollan en el interior de la Iglesia, permaneciendo solidarias con su villa, alimentadas con sus ensenanzas, unidas a sus pastores. Nacen de la necesidad de vivir todavía con más intensidad la villa de la Iglesia o del deseo de una dimensión más humana que difícilmente pueden ofrecer las comunidades eclesiales más grandes, sobre todo en las grandes ciudades contemporáneas que favorecen el anonimato y la masificación.… Se quieren reunir para escuchar la Palabra de Dios, para los sacramentos, el ágape fraterno de las personas que la villa misma encuentra ya unidas en la lucha por la justicia, la ayuda fraterna a los pobres, la promoción humana..." (Pablo VI, EN, n. 58).

La doctrina de Puebla sobre las CEBs la encontramos resumida así:

• Las CEBs son "puntos de partida en la construcción de una nueva sociedad".

• "Focos de evangelización y motor de liberación y desarrollo".

• Las CEBs "explicitan la vocación de comunión con Dios y con sus hermanos".

• "Expresión de amor preferencial de la Iglesia por el pueblo sencillo".

• "Ofrecen posibilidad concreta de participación en la tarea eclesial y en el compromiso transformador del mundo".

• En las CEBs "se expresa, valora y purifica la religiosidad popular".

• "Esas pequenas comunidades son esperanza de la Iglesia" y "ambiente propicio para el surgimiento de nuevos servicios laicales".

• "Ellas promueven un compromiso mayor con la justicia en la realidad social de sus ambientes".

• "Las CEBs son comunidad de fe, esperanza y caridad, celebra la Palabra de Dios en la villa, a través de la solidaridad y el compromiso con el mandamiento del Señor y hace presente y actuante la misión de la Iglesia" (P, 641, 643, 629).

Además el documento de Puebla coloca las CEBs en la misma unidad de estudio con la Diócesis y la Parroquia, formando un todo compacto, cuya realidad analiza, dandole una iluminación teológica común y expresando las consecuencias pastorales conjuntas, para que esos tres niveles eclesiales: CEB, Parroquia, Diócesis se vean como una unidad vital (P, 617 - 657).

Las CEBs son una respuesta al clamor generalizado en nuestra América de todos sus pobres. Ellas canalizan, asumen y potencian la "irrupción del pobre" en el proceso histórico latinoamericano y en la vida de la comunidad cristiana que surge constantemente desde él. Es el pobre no individuo sino el pobre colectivo, el pobre "con su pobreza a cuestas" como solía decir el Padre Bartolomé de las Casas, es decir, que el pobre irrumpe con todo su sufrimiento, su cultura, su raza, su lengua, con la explotación que experimenta a diario.

Gustavo Gutiérrez habla de los pobres como "los ausentes" que ahora son "invitados" a participar de la gran mesa de la comunión eclesial. La Iglesia ha hecho una "opción preferencial" por ellos. Esto no es ninguna novedad. Jesús se define a favor de los pobres, enfermos, samaritanos, prostitutas, pecadores, los excluidos por todos los legalistas y gente de bien. Es la praxis fundamental de Jesús. Las CEBs sintonizan plenamente con esta actitud evangélica. Allí el pobre està en su casa, su hábitat.

Las CEBs no sólo responden a la necesidad de que los pobres sean atendidos por la Iglesia, sino de que ellos sean asumidos como la expresión más auténtica de la Iglesia misma: "con" los pobres y no simplemente "para" los pobres. Allí se viven más los valores de la fraternidad, del servicio, de la solidaridad, del respeto a la persona, de la fe profunda en la vida, valores que son determinantes en una nueva manera de ser Iglesia.

De seguro que ha habido algunos problemas, situaciones difíciles y aún ciertas desviaciones en las CEBs. Puebla denuncia algunas: manipulación política (P, 98); anarquía organizativa y elitisrno cerrado o sectario (P, 261); algunas pierden su sentido eclesial (P, 630); algunas degeneran en la llamada "Iglesia popular". En el encuentro intereclesial de Ilhéus, Pedro Ribeiro, en una encuesta comparativa de los encuentros anteriores, encuentra que "la lucha por la renovación de la Iglesia ha disminuido" en los últimos tiempos. Este dato parece sintomático. Puede estamos hablando de un período de crisis, o mejor de transición en las comunidades de base. Nos urge hacer seguimiento a este proceso.

 

5. Comunidades eclesiales de base y misión

La teología del Vaticano II tiene el gran acierto de "rescatar" a la Iglesia Local. Es su gran descubrimiento. Es verdad que la Iglesia está toda ella presente en la Iglesia particular. Esta última realiza plenamente a la Iglesia, puesto que en ella están presentes Cristo y su Espíritu. También reside en ella el mandato universal de la Misión: "vayan y anuncien a todos los pueblos".

La comunidad de base participa de esta vocación a la misión de la Iglesia particular. La misionariedad es uno de los propios de estas comunidades. Así como la Iglesia está para evangelizar, lo mismo podemos afirmar de las pequenas comunidades. Puebla habla del "potential evangelizador de los pobres" (P., 1147) y así mismo podemos hablar del potential evangelizador de las comunidades de base.

Las CEBs son un nivel eclesial fundamental donde los bautizados viven su fe de modo comunitario, profético y misionero. Es la fe el motor, el aglutinante que convoca, congrega a la pequeña comunidad. El referente primero será el Evangelio y con esta Palabra y la luz que allí resplandece, se ilumina la realidad que padece la comunidad.

Puebla asegura que la comunidad de base "hate presente y actuante la misión eclesial" (P, 641). Esto compromete la específica responsabilidad de las CEBs en el campo de la evangelización, más aún, como sujetos de la evangelización, "cuadros evangelizadores". Su campo de acción es amplio. Por su práctica ellas van más allá de sus propias fronteras. Su estilo de villa nos habla de una manera nueva del discipulado de Jesús.

Podríamos hablar de algunas características o de algunos de los cameos más apropiados en el trabajo misionero de las CEBs:

1. Inserción. Es un punto a favor de las CEBs. Ellas por naturaleza están insertas, viven su hàbitat, su realidad, su contexto. Podrían así mismo, realizar procesos de inserción en otros contextos o realidades similares.

2. Inculturación. Por naturaleza, las CEBs son "iglesia celular", pequeñas comunidades y de base, es decir, gente que tiene una lengua, una cultura, unos ritos, que se conocen, que identifican claramente su problemática y que, desde su contexto, pueden expresar la Palabra, hacerla carne desde su identidad, vivencia en su culto, testimonio en su trabajo, transformación y renovación de sus estructuras y modelos culturales.

3. Proceso de educación en la fe y conversión. Las CEBs no nacen por generación espontànea. Son como un pequeño organismo que va realizando su ciclo procesualmente. Y en esta caminada se va dando a la par, el crecimiento en concienciación y la madurez de la fe. Esto exige un trabajo lento, pormenorizado de educación, de formación, de práctica que asegurará la cosecha de frutos maduros en el buen ejemplo, en la llamada a la conversión, en la villa de familia, en la cohesión a integración comunitaria, en la praxis sacramental, en la articulación de la solidaridad.

4. Catecumenado. Las CEBs favorecen el ejercicio, desarrollo y realización del Catecumenado. Son la escuela propicia para su mejor logro. Aunque no se excluye el bautismo de los ninos, si se da la oportunidad para que los jóvenes y personas mayores puedan profundizar de una manera responsable y conscientemente en sus compromisos emanados de su respuesta a la Fe. Podría darse un Catecumenado no sólo para quienes todavía no son miembros de la Iglesia, sino también una formación especial para quienes se iniciaron desde pequenos con la práctica sacramental.

5. Ministerios. La Iglesia primitiva era ministerial. Toda ministerial. Basta leer los Hechos o las camas de Pablo, por ejemplo, Corintios. Los ministerios obedecían a carismas específicos, servicios dentro de la comunidad. Un resabio un tanto clerical fue aboliendo esta pràctica originaria de la Iglesia. Puebla retoma esta praxis y ve en las Comunidades Eclesiales de Base "la fuente de los ministerios confiados a los laicos" (P., 97). Y señala entre estos ministerios a los "misioneros", (P, 97 y 629).

6. El anuncio de la Palabra. El Concilio le devolvió a la Iglesia, sobre todo a los fieles, la Palabra. Las pequeñas comunidades retoman esta fuente de vida en su caminada. Toda reunión se hace alrededor de la Palabra: con Ella se ilumina el acontecimiento, la realidad, el proceso de la comunidad. Con Ella se celebra la villa. Y con Ella la pequeña comunidad logra evidenciar su vocación misionera. Así nos lo recuerda Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: "escuchando el Evangelio que les es anunciado y siendo destinatarias privilegiadas de la Evangelización, ellas mismas se convierten rápidamente en anunciadoras del Evangelio" (EN, n. 58).

7. La transformación de la sociedad. Es Pablo VI quien establece la relación entre evangelización y liberación (Cfr. EN, n. 31). La villa cristiana no puede ser alienante ni podemos permitir ser alienados en nombre de nuestra fe. Es premonitorio que las CEBs hayan nacido en ambientes pobres: zonas rurales ylo áreas marginadas de las ciudades. Se da al interior de estas comunidades un proceso de concientización que, en determinados momentos y de acuerdo a las circunstancias, genera procesos educativos, sociales, politicos que apoyan el cambio y favorecen la construcción de una nueva sociedad.

 

6. Desafíos actuales a las CEBs en su opción misionera

En el despertar del nuevo siglo nos sobrecogen diagnósticos cargados de pesimismo, radiografías de realidades crueles, violentas. La pobreza raya en la miseria absoluta. Los mecanismos de despojo a que son sometidas las grandes mayorías, se insinúan cada vez más descarados y abusivos. La globalización más sentida hasta ahora es la de la pobreza. Los medios de comunicación en permanente evolución y sofisticación nos plantean escenários nuevos para la convivencia y el desarrollo de nuestros pueblos.

Estamos entonces, ante desafíos inéditos que pueden desconcertamos a primera vista. Se habla de un nuevo orden mundial. ¿En qué sentido será esto? En todos. Indudablemente. ¿Y qué pueden hacer nuestras pequenas comunidades? Una larga caminada comienza siempre con un primer paso. Y la reconstrucción de una humanidad tan resquebrajada, tan deteriorada en sus mismos fundamentos, puede comenzar desde la pequenez de nuestras comunidades como un suplemento nuevo de conciencia, de alma, de corazón, de sentido para nuestro mundo, aún para nuestra Iglesia.

Nuestras pequeñas comunidades son en primer lugar un espacio de humanidad. Antes que cristianos hoy tenemos que rescatar nuestra identidad de seres humanos. Y hoy se ha perdido el norte de esta humanidad. Pablo VI nos dijo en la clausura del Concilio que la "Iglesia es experta en humanidad". Una hermosa sentencia que se queda en pura teoría. Nuestras comunidades estàn matriculadas en la escuela de humanidad.

Pienso que la Iglesia està abocada a grandes desafíos. El desafío de su propia identidad como Iglesia de Jesucristo. El desafío de la Evangelización HOY. Y subrayo HOY, porque me temo que queremos evangelizar con métodos trasnochados dando respuestas a preguntas inexistentes y dejando en suspenso, sin responder, sin atender los graves interrogantes de la humanidad HOY. También las CEBs son Iglesia.

El primer desafío para nuestras pequenas comunidades se plantea al interior de ellas mismas. Los Obispos católicos del Brasil en su comunicado al Décimo Intereclesial realizado en Ilhéus (11 al 15 de Julio del 2000), dicen: "Somos conscientes de los cambios y desafíos que exigen transformaciones en las expresiones concretas de las CEBs". Hablan de "transformaciones" exigidas por los cambios de la sociedad.

Los desafíos van por el orden de: asumir su propia identidad, ubicarse en el contexto histórico, responder a los retos de deshumanización, de globalización de la pobreza, del acoso de los medios de comunicación, de las tentaciones de la sociedad de consumo y del facilismo tentador de riquezas ràpidas.

Describo cinco desafíos que, desde la misión, se le pueden plantear a las CEBs.

1. Comunidades misioneras

Es indudable que la misión renueva la Iglesia. Las grandes crisis en la historia de la Iglesia acusan una pérdida de la misionariedad. Cuando nos entretenemos en nuestros propios asuntos, reivindicando títulos y poder, dejando de lado la identidad misma de la Iglesia que es la evangelización, la misión, se multiplican los museos, las vitrinas del pasado y quedamos paralizados, estáticos. La misión es vitalidad, fuego, contagio, desafío, apertura. Así comenzó la Iglesia. Cada comunidad vivía a plenitud su identidad: la misión. Cada comunidad enviaba misioneros, misioneras.

La dimensión misionera en las pequenas comunidades no es un apéndice, o una tares supletoria, o una pastoral más entre las muchas que podrían realizarse. i No!. La misión es el centro de la vida, del qué hacer, de la vivencia espiritual y del compromise histórico que afrontan las CEBs dentro de la Iglesia y dentro de la sociedad.

Esto desafía la vida de las pequenas comunidades: nuevos espacios de evangelización, formación y envío de misioneros, úna práctica sacramental renovada desde la misión, animación en las familias, pequeñas experiencias con jóvenes y matrimonios en otras comunidades, promoción de vocaciones misioneras ad vitan, red de pequenas comunidades que fortalezcan este proyecto. Así la comunión es misión.

2. Espiritualidad misionera

La vida de la pequena comunidad florece, da frutos de acuerdo a su espiritualidad. La espiritualidad de las CEBs se centra en la Palabra de Dios, en el amor al prójimo, en la comunión y participación, en la práctica sacramental, en la contemplación, respeto y cultivo de la Madre Tierra.

La Palabra de Dios es la fuente primera de la actividad misionera. Una espiritualidad sólida, madura se centra en la misión. La vivencia de la Palabra lleva a la misión. Hace testigos y testigos martiriales: Cuando hablamos de martires en América Latina nos referimos a miríadas y miríadas de gentes que desde las pequenas comunidades han dado testimonio con su propia sangre de la vitalidad de su fe y del compromise con su pueblo.

"El cristiano del siglo veintiuno será un místico o no será nada", decía Karl Rahner. Las comunidades de base tienen que ser escuelas de oración que potencies la contemplación y den motivos de esperanza a nuestra gente. Esto no disculpa a nadie de una opción politica y de un compromise social a favor de los màs pobres y de la construcción de una nueva sociedad. Màs bien, es razón y motivo de conversión a la causa del pobre.

3. Diálogo y anuncio

Hoy hablamos de un mundo plural. Aceptamos la diversidad. Hay experiencias muy bueñas en este campo. Diferentes religiones, diferentes etnias, diferentes lenguas. Hay el "Otro" diferente: el excluido; el residuo de humanidad que va dejando todo este sistema neo-liberal como rechazo de la globalización.

Nuestras pequenas comunidades hacen de puente en este encuentro diferenciado, diversificado. Ellas saben el lenguaje del dolor, de la cruz, de la exclusión. Ellas tienen el don de la acogida al hermano o hermana que toca a sus puertas. Ellas conjugan la solidaridad con su espiritualidad. Màs que preguntar por su fe, muestran sus obras.

Estas comunidades saben tender la mesa del diàlogo inter-religioso, ecuménico, intercultural. Hay unas metas más allá de todo proselitismo: la oración, la promoción de la mujer, los derechos humanos, la lucha por la vida, la defensa de la persona humana en búsqueda integral a sus necesidades más sentidas. "Estas necesidades no nos preguntan por confesiones de fe sino por soluciones desde la fe".

Pero este diálogo nos exige el anuncio. Son dos realidades que en nuestras convicciones deben ir juntas. No basta tender la mano, no basta sentarse a la misma mesa. Es necesario que nuestra palabra sea Palabra de Dios: obedezca sus órdenes, cumpla su mandato: "vayan y anuncien". "Nuestras manos tocaron al Verbo de la Vida" y los demás deben sentir este calor contagioso de nuestra experiencia de fe. Desde esta convicción tendemos puentes, hacemos alianzas, nos sentamos a la misma mesa y partimos el pan que abre los ojos a todos cuantos se suman a nuestra caminada o se hacen encontradizos en nuestro proceso. Este es un desafío bien concreto para nuestras comunidades eclesiales de base en todo el continente.

4. La misión de pobre a pobre

"Los pobres nos evangelizan" dicen los documentos de la Iglesia Latinoamericana. Es la reciprocidad de la misión. En el discipulado de Jesús cada día recibimos sorpresas que nos hacen ver o descubrir lo lejos que está todavía nuestra conversión. Cuando creemos que evangelizamos resultamos evangelizados. El único Evangelio de los pobres es el buen ejemplo, su testimonio, su aceptación y seguimiento de Jesús en radicalidad.

Las Bienaventuranzas son un programa de vida todavía pendiente para nuestra Iglesia universal. Tarea pendiente aún no iniciada en la mayoría de los casos. Los pobres de Latinoamérica se bautizan con las Bienaventuranzas. Son el hábitat de sus pequeñas comunidades. La pobreza, la justicia, la paz, la persecución, la tierra, la utopía de la esperanza, la solidaridad ,son los valores, las luchas, las situaciones extremas en que se debate nuestro pueblo y son el pan de cada día de nuestras pequefias comunidades.

"Si le preguntan a treinta ricos quién es el pobre jamás se pondrán de acuerdo. Si se le pregunta a muchos pobres quién es el rico, en un instante to identifican", nos dice G. Gutiérrez. Es la gran intuición del pobre. Nace de su identidad, de su capacidad de identificación entre ellos. Que no es derrotismo, ni alienación, sino su gran potencial. ¡ "Potencial evangelizador" ! .

Este es uno de los distintivos de la Misión en y desde América Latina: de pobre a pobre. Sin ninguna arrogancia de colonialismo, sin ningún poder económico que la sustente, sin ningún alarde de sabiduría fuera de la verdad que se nos confía. El tercer mundo, el mundo de los empobrecidos, de los excluidos es un campo propicio para la evangelización desde América Latina. Nuestras pequeñas comunidades tienen ahí la enorme posibilidad de dar lo que han recibido y "darlo desde nuestra pobreza". La gran riqueza de nuestra fe nos pide compartirla con todos los pobres de la tierra.

5. Iglesia autóctona

Las pequeñas comunidades son llamadas "iglesia doméstica". Esta es una de las características de las primeras comunidades que nos describen los Hechos de los Apóstoles. Nuestras comunidades manejan cierta organicidad que les permite su desarrollo, sus relaciones ad intra y ad extra, su función comunitaria, su propia coordinación. Cada una tiene su rostro propio y responde a necesidades bien definidas.

El Concilio Vaticano II ha reconocido en principio que las varias Iglesias particulares "quedando a salvo la unidad de la fe y la única constitución divina de la Iglesia universal, gozan de una disciplina propia, de un use litúrgico propio, de un patrimonio teológico y espiritual propio" (LG, n. 23). Hablar hoy de Iglesia autóctona es igual a decir Inculturación.

El sujeto primario de esta inculturación es la pequenísima comunidad que encarna el Evangelio en su propia cultura, to expresa desde su originalidad simbólica, narra su experiencia de Dios, se deja interpelar por la fuerza renovadora del encuentro con el Evangelio y asume su compromiso misionero en comunión con la Iglesia particular ad gentes.

Este es quizàs el desafío màs apremiante para las CEBs. ¿Cómo inculturar el Evangelio en su propia realidad, cómo darle rostro propio, autóctono a su Iglesia, cómo acrecentar el tesoro de la fe desde una teología en contexto y cómo celebrar esta experiencia con una liturgia totalmente inculturada? Esto plantea un nuevo desafío: la creatividad en el ejercicio ministerial y en esta diversidad y pluralidad debe constar, si se quiere ser fiel, el gran ministerio misionero. Ya Puebla to había indicado al considerar a las CEBs como fuente de nueIvos ministerios y entre éstos, los misioneros (Cfr. P., 97).

 

Conclusion

Juan Pablo II alcanza a avizorar la nueva época misionera de la Iglesia (Cfr. RM, n. 92). Pero esta novedad está supeditada a que la comunidad cristiana se haga misionera: "sólo haciéndose misionera la comunidad cristiana podrá superar las divisiones y tensiones internas y recobrar su unidad y su vigor de fe" (RM, n. 49). Sólo haciéndose misionera la CEB será el elemento renovador de nuestra Iglesia latinoamericana. Si no caerá en la misma rutina, mediocridad y pasividad en que se debaten muchas de nuestras comunidades cristianas.

Hay un cansancio contagioso en muchas de nuestras parroquias, un alto índice de centralismo que ha minado la creatividad, la participación y comunión y que amenaza la vida misma de la comunidad. Es necesario regresar a las fuentes: la Iglesia es misión. Cuando nuestras pequenas comunidades asuman esta identidad misionera, nuestra América Latina será de verdad el Continente de la esperanza. Seremos la gran fuerza misionera de toda la Iglesia.

Bogotá 14-02-02.

 

Notas

* Jesús E. Osomo, Misionero de Yarumal, es Secretario Ejecutivo del DEMIS (Departamento de Misiones del CELAM).

 

Ref.: Misiones extranjeras, n. 188, Marzo-Abril 2002, pp. 152-166.