Enrique Marriquín, cmf
Como acabar con un movimiento


Con motivo de la Cumbre del G8 en Génova, los promotores de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de unas 75 Congregaciones religiosas y otras organizaciones misioneras (SEDOS y AEFJN), junto con un Comité de aquella ciudad, organizamos una presencia intensa de oración y ayuno durante 33 horas continuas en el Santuario de San Antonio de Bocadasse, de la Orden de Hermanos Menores Franciscanos en aquella ciudad. Con varios meses de anticipación se había difundido un manifiesto, y centenares de cartas de religiosas y religiosos de todo el mundo fueron enviados a los Jefes de Estado del G8. Del 19 al 22 de julio, un grupo de 30 religiosas y religiosos nos hicimos presentes para sumarnos a numerosas personas del lugar. Pretendíamos con nuestro ayuno y vigilia una crítica a nuestro estilo de vida (qué comemos, qué compramos, qué tiramos); un gesto solidario con quienes sufren hambre crónica, falta de salud y de escolaridad, y una denuncia profética a la injusticia estructural. Aunque no formábamos parte del "Genoa Social Forum" (GSF) — la principal coalición de Organizaciones No Gubernamentales y movimientos de la sociedad civil — estuvimos en medio de ellos, ofreciendo un espacio de silencio y plegaria, que fuese expresión profunda de los ideales comunes y fuente de energía espiritual en favor de las mejores causas allí presentes. Es desde este "Kayrós" que escribo, relatando to que vivimos, vimos y oímos,

Ciudad humillada

Blindada, ocupada, vacía, abandonada, saqueada, destruida... Esta fue la Génova que encontramos. Para que ocho personas se pudiesen reunir tuvo que convertirse media ciudad en un bunker impenetrable, defendido hasta el extremo. La próxima vez que los poderosos se reúnan para decidir la suerte de todo el mundo — con la sola autorización de su propia fuerza —, lo tendrán que hacer sobre una elevada montaña en medio del desierto ¿podría expresarse mejor su aislamiento? Las medidas de seguridad parecían dictadas por la paranoia (miedo excesivo), no tanto respecto a un puñado de violentos, que en principio, debieron ser fáciles de controlar, sino a la toma de conciencia mundial que está exigiendo el fin de un mundo organizado en favor de los privilegios de unos cuantos. Todo estaba planeado al detalle para ellos. No se pensó en proteger el resto de la ciudad, y menos se pensó en brindar los servicios mínimos a los 200,000 visitantes que se preveía habrían de llegar. Una ciudad fantasmal. Fuera de los manifestantes, no había nadie en las calles. Los 250,000 genoveses que pudieron, la abandonaron y los que quedaron, pertrechados detrás de sus ventanas cerradas, permanecían en el sobresalto, escuchando día y noche sirenas o helicópteros y viendo por TV cómo la violencia más irracional destruía su ciudad. Todos los comercios estaban cerrados, algunos protegidos con tablas. No se vendía nada, ni siquiera el periódico; no se encontraba nada para comer, no habíá autobuses; la estación del tren permaneció cerrada... El destrozo de algunas tomas de agua alivió algo la suerte de millares de jóvenes y apenas el sábado se instalaron algunos servicios higiénicos químicos más.

El verdadero "Pueblo de Seattle"

"Movimiento antiglobalización", era cómo se (des)calificaba a sí mismo. Pero la globalización es un fenómeno cultural producto de la tecnología actual y el desarrollo de las comunicaciones. Nuestra oposición no se dirige al proceso en sí mismo, como tal irreversible y que permite, por primera vez en la historia, conocer las posibilidades y los límites reales de nuestro planeta en su conjunto. Nos oponemos a una globalización pensada en función de la ganancia de unos cuantos —- se privatizan las ganancias y se socializari los riesgos — con la exclusión de mayorías crecientes. Lo que pretendemos es que este proceso de globalización se someta a control racional.

Una Cumbre de los 8 Grandes, en sí misma, no vale gran cosa (podrían comunicarse de otras formas). Pero dado que un evento tal convoca a la prensa internacional, se convierte en el centro de atención mundial, apropiado para que afloren a la luz pública las causas particulares — generalmente invisibles a ignoradas — de todos los rincones de la Tierra. Es por ello que a partir de la Campaña Jubileo 2000 por la Cancelación de la Deuda, militantes de más de 1000 organizaciones y movimientos de las causas más nobles y diversas se han estado articulando y dándose cita en cualquier encuentro de las instituciones financieras mundiales. Es el otro encuentro, el de los pequeños: las "redes Lilliput". En Génova se dieron cita movimientos feministas, pacifistas, ecologistas, animalistas, indigenistas. Los que iban contra el boicot a Iraq, los kurdos, los griegos, los guatemaltecos... tambores de Ghana y quenas peruanas unían demandas con los Sin Tierra de Brasil o los campesinos de Sengal. Las madres de la Plaza de Mayo (hoy ya ancianas) desfilaban junto a inválidos en sillas de ruedas y grupos de adolescentes; organizaciones políticas y militantes en favor de la cancelación de la deuda para los países pobres ... todos unidos en un sólo grito de protesta y ponerse de acuerdo para un mismo programa de acción… Es la Globalización de la Solidaridad. Ya actualmente no puede afirmarse que el Neoliberalismo sea el "pensamiento único", ni "el mejor de los mundos posibles". Ya hay alternativas realistas y concretas que demuestran que "es posible otro mundo", a partir de los últimos y excluidos.

Del 16 al 21 de julio, el "GSF" organizó en Génova más de 40 eventos de vital importancia, entre los cuales destacan mesas temáticos ("Lucha contra la pobreza y desigualdad", "Este mundo no está en venta", "La Globalización del Trabajo", "Paz", "La Deuda ecológica y social del Norte", "Derechos humanos y civiles", "Globalización y Género", etc., etc.). En ellos participaron connotadas personalidàdes (algunos nobel), intelectuales y exponentes cualificados. Además de ellos, protagonistas que no pueden dejar de ser tomados en cuenta fueron los jóvenes. Parece ser que la "Generación X", definida hasta ahora como descomprometida e incierta, está tomando el relevo de los ideales. Génova significó lo que el movimiento estudiantil para el ' 68: Nuevas formas de lucha, nuevo imaginario colectivo, nueva sensibilidad. Es la juventud intercultural globalizada, sensible a lo ecológico y lo femenino, creativa, solidaria y generosa, como son los jóvenes de todas las generaciones. Génova representaba un lugar privilegiado para conocerlos, comprenderlos y dialogar con ellos... pero los media, en lugar de enviar a su personal más cualificado en la comprensión de los fenómenos sociales, envió a sus reporteros de "nota roja" ("crónaca").

 La mediatización de los media

Cualquiera que tenga las nociones más elementales de periodismo sabe que el segmento de realidad que suelen presentar los mass-media es el conflicto o el espectáculo; que deben complacer a la vez al Gobierno, al Capital y al mercado clientelar. En Génova su cinismo fue excesivo. La información se centró casi exclusiva y reiterativamente en la violencia. La cumbre del G8 apenas mereció atención. El encuentro de intelectuales donde afloraron los principales problemas del mundo, resultó invisible. Los 200,000 manifestantes pacíficos apenas merecieron alguna fotografía, y por supuesto, nuestro centro de irradiación espiritual simplemente no existió. La foto de un terrorista enmascarado dio la vuelta al mundo. Resultaba un héroe en su barrio; mientras que los miles de jóvenes que trabajan intensamente día con día por la Justicia y la Paz, no aparecieron. Mensaje subliminar: se necesita ejercer violencia si se quiere recabar atención. Mensaje evangélico: el mal hace mucho ruido, pero es estéril; el bien es callado, pero da fruto.

Criminalización de la protesta

La estrategia periodística parecía obedecer a algo más que al mercantilismo. Parecía una consignia desacreditar un movimiento que cobraba fuerza día con día. La declaración de Berlusconi explicando la requisa policiaca del sábado por la noche en la sede del "GSF" fue explícita: identificar a todos los manifestantes con los violentos. Ahora los 8 Grandes resultan ser las víctimas que deben ser defendidos de huestes antiglobalizantes vandálicas, que no se sabe qué buscan. Evidentemente que en Génova había que frenar la violencia. Pero en primer término, aquella violencia institucional que condena a 800 millones al hambre, la enfermedad y la ignorancia; la que mata cada año a 14 millones de niños; la que vende armas para quedarse con los diamantes y el petróleo africanos. Esta violencia resultaba ahora encubierta. También estaba aquella otra violencia espontanea de las víctimas: la de tantas revueltas inútiles y desesperadas a lo largo de todo el Sur. Es la violencia defensiva, no justificable; pero sí explicable. Además está la violencia represiva, a cargo de los agentes del orden, actuando para defender el statu quo muchas veces injusto. Ante todo esto, el movimiento pacifista de no-violencia activo es conciente de que una verdadera paz sólo se sostiene con la Justicia y decide luchar con las armas de las ideas y la formación de las conciencias para crear un poder alternativo que elimine las causas más profundas de toda agresión.

La Bestia Negra

Hubo en Génova otro tipo de violencia aparentemente sin finalidad. Los servicios de inteligencia, con meses de anticipación, sabían de la presencia del Black Bloc, un grupo sedicente anárquico; pero que demostró tener una organización paramilitar perfectamente disciplinada. Tienen incluso su página en Internet y se pasan informaciones de cómo llegar y pasar desapercibidos. No hacía falta traer armas (comprometedoras), pues éstas les serían dadas en Génova (personalmente pude ver cómo bajaban de un camión centenares de "pancartas" que camuflaban garrotes). Desde el viernes fue claramente detectado un grupo de no más de 200 personas. Muy disciplinados, se filtraron entre los manifestantes pacíficos, para provocar a la policía. Golpeaban y se retiraban, sembrando el caos y la destrucción. Pronto, su objetivo no se dirigió más hacia la Zona Roja, prácticamente inexpugnable, sino a destruir la ciudad, enfrentarse a la policía y de paso, golpear a algunos dirigentes del GSF. Con tácticas perfectamente pensadas, lograron atraerse a otros manifestantes: jóvenes ingenuos que creían pasar a la historia como destructores del Capitalismo, vándalos y algunos de los "duros" del GSF. En total se calculan unos 2,000, es decir, sólo el 1% de los 200,000 manifestantes. Viendo a quién beneficiaba y a quién perjudicaba más su acción, era claro que los derrotados fuimos los del movimiento pacifista. Gracias a ellos, los del G8 para sus reuniones posteriores pudieron deshacerse del molesto "Pueblo de Seattle".

Cuando la brújula se pierde

Estaba en la memoria colectiva que en Seattle los manifestantes habían logrado suspender el "Milenium Round" en parte gracias a cierta violencia sorpresiva y simbólica (pintar de negro los logos de McDonald o romper aparadores de los grandes Bancos). Para los encuentros posteriores de los Grandes las fuerzas del orden habían ya aprendido y tomaban excesivas medidas de seguridad. Por eso, un sector de manifestantes ponían todo su empeño en el derecho a manifestar, que si bien debe ser reconocido, puede regularse por exigencias racionales del bien público. En Génova, este derecho se impuso sobre los derechos sociales de los pobres (derecho a comer, a cuidar la salud, a la educación, al trabajo, a la migración, etc.), y se fue olvidando la cuestión de la Deuda. Se trataba ahora de confrontación con las fuerzas del orden, y las medidas mismas de seguridad de la "Zona Roja" se volvía un desaflo para jóvenes rebeldes ("¡A que no sois capaces de entrar! "). Más de mil organizaciones que constituyeron el GSF habían firmado un pacto de trabajo previo en el que se comprometían, entre otras cosas, a no emplear la violencia (el Black Bloc, por supuesto, no fue incluido); pero para no incurrir en maniqueísmos ingenuos (un grupo de "malos" contra multitudes de pacifistas angelicales) hay que reconocer que entre los firmantes había divergencias en cómo entender la No-Violencia. Para los Monos Blancos ("tute bianche"), entrar en la Zona Amarilla se convirtió en una meta (no nos referimors a la extensa Zona Roja, fortaleza vedada, sino a otra zona más de protección, lo cual era ya paranoia). Se habían entrenado a "usar el proprio cuerpo como escudo". No llevarían armas; pero presionarían con fuerza para entrar, utilizando la táctica que ellos llamaban "desobediencia civil". No parece que aquí tuviera aplicación la táctica empleada por Luther King cuando los negros desobedecieron aquella prohibición claramente discriminatoria de entrar en cierta zona de una ciudad, reservada a los blancos. Ahora el pacifismo se deformaba peligrosamente. Los hechos demostrarán que la no-violencia es una táctica eficaz tan sólo cuando se aplica con todas sus consecuencias, incluyendo la no-violencia verbal. Las incitaciones a base de insultos, la provocación a la represión policiaca o las pequeñas destrucciones calentaron los ánimos y dieron entrada al Black Bloc.

Crónica de una destrucción anunciada

Desde un mes antes, la prensa insistía — incluso demasiado — en que se desataría la violencia. Este temor fue lo que justificó las medidas de bloqueo (mucho más rigurosas a las del anterior encuentro del G8, en Okinawa). Se conocía perfectamente esta organización criminal. Los servicios secretos europeos — de Estados modernos, bien comunicados entre sí — debieron tener fichas individuales de muchos de ellos, pues habían ya ocasionado destrozos en los últimos encuentros de Quebec y Gottenburg. Sin embargo, no se les detuvo. Tampoco se les detuvo en Génova después de sus primeras intervenciones. La policía mostró su torpeza: 20,000 efectivos bien armados no fueron capaces de frenar a 2,000 manifestantes. Por supuesto la culpa mayor no recae sobre los agentes. En el lamentable homicidio de un joven genovés de 23 años, pudimos ver el acorralamiento de un vehículo policiaco. Quien disparó fue un muchacho de 20 años, proveniente de Sicilia, quien ni siquiera conocía Génova, que realizaba su primer trabajo y que se defendió como pudo. El testimonios de otro agente joven dice que no tenían siquiera planes precisos. Parecía que los agentes, nerviosos, fueron abandonados a su suerte. A veces se concentraban donde no había tanto riesgo y en cambio estaban ausentes donde los vándalos hacían de las suyas. En varias ocasiones, la policía reprimió con violencia excesiva contra manifestantes pacíficos. Escuchamos directamente el testimonio de algunos manifestantes conocidos y amigos, como aquellas muchachas de Comercio Solidario y de Redes de Lilliput, quienes llegaron excitadas a la iglesia narrando cómo fueron infiltrados por el Black Bloc que provocó a los policías. Los pacíficos se sentaron en el suelo con las manos en alto; pero los agentes arremetieron contra ellos y dejaron pasar a los Negros. Aparte de estos datos que denotaban incapacidad, hubo también actitudes más sospechosas aún. El párroco P. Vitaliano Della Sala, junto con otro Hermano, presenció cómo bajaban de un camión de policía unos encapuchados. Se publicaron fotografías de otros encapuchados saliendo de un cuartel de policía y varios testigos hablaron de cómo se comunicaban policías y activistas. Vittorio Agnoletto, portavoz del GSF, explicó la requisa policiaca del sábado en las oficinas operativas, en las que supuestamente se encontraron armas y donde resultaron múltiples heridos: se les habían concedido dos escuelas. Una de ellas, debido a la pertinaz lluvia del jueves, se convirtió en refugio y se perdió el control. Fue en esta donde encontraron armas; pero la requisa se realizó también en la otra, donde el GSF tenía su centro operativo. La policía aprovechó para llevarse disco duro de la computadora, videos, documentación y fotografías con que pensaban probar anomalías. Es algo que por su gravedad merece ser investigado.

El parto de los montes

Algunos se autocalificaban "Contra el G8". En realidad nosotros no estábamos contra ellos y reconocemos su derecho a reunirse, pues son gobernantes legítimos de sendos países. Más aún, a ellos dirigimos nuestras cartas para tratar de influir en acuerdos realistas más generosos. A lo que nos oponemos es a su política económica injusta. Logramos que se abordasen prioritariamente los problemas del Tercer Mundo, y que se modificase al menos el discurso. Ahora ya no se habla con tanta euforia de la política neoliberal, y ya no se cree más que las desigualdades se resolverán automáticamente produciendo riqúeza. Se precisan decisiones apropiadas que implican sacrificio de ganancias posibles pero poco éticas. Los resultados de la Cumbre fueron al fin desilusionantes, y más bien parece en retroceso respecto a Okinawa. Casi no se modificaron los acuerdos respecto de la deuda y no se tocó el Protocolo de Kyoto. Lo que se acordó dar a Africa como ayuda para la salud fue muy escaso. Lo que toca dar a Italia como fondo de ayuda para la salud en Africa (unos 400 millardos de liras) es sólo un poco más de lo gastado en la Cumbre (300 millardos más otros 40 millardos destinados para gastos de reparación de daños). Rugieron los montes... y parieron un ratón.

¿Dónde estabas, Señor, en ese infierno?

Un grupo orante en medio de aquel mare magnum significaba la presencia de lo divino, que en todas las culturas representa los valores más elevados; lo absoluto ante el cual todo se toma relativo; la visión de la totalidad. Sabemos el apremio de los poderosos en poner a Dios de su pane, para justificar un statu quo que los beneficia. Son ellos quienes representan el orden, la seguridad de lo establecido y por tanto, la armonía que surge contra el caos. Nuestra campaña se apoyaba en el Papa Juan Pablo II, quien en numerosas ocasiones se ha opuesto al neoliberalismo, denunciando la injusticia que comporta respecto a la suerte de las mayorías empobrecidos. En el bunker de los poderosos — al menos cuando tratan de reforzar los privilegios a costa de las exclusiones — no hay espacio para Dios, sino sólo para los ídolos. Apenas tímidamente los intereses de los pobres se hicieron presentes en la Cumbre. Respecto al protocolo de Kyoto, programa mínimo para salvar al planeta, el presidente Bush se quedó prácticamente solo. No extraña entonces su prisa por viajar a Roma, no para encontrarse con Berlusconi o con Ciampi (que pudo hacerlo tranquilamente en Génova), sino para fotografiarse con el Papa. Dios había quedado afuera. Se encontraba, por supuesto, en el Santuario de San Antonio Bocadasse, junto al mar, en el espacio mismo de los manifestantes, reconocido por centenas de millares como un refugio de apoyo y recordatorio de que lo que se estaba jugando tenía dimensiones apocalípticas. Pero Dios no se encerraba exclusivamente en el templo. Dios también se encontraba en la mayoría de los manifestantes, cuyo grito amplificaba el de aquellos que no tienen voz. Era por eso que se había planeado que Bocadasse fuese también una comunidad en procesión, marchando junto a quienes se manifestasen por la cancelación de la deuda. Cuando tuvimos las primeras noticias de lo que estaba sucediendo fuera alguien propuso si no fuese mejor suspender nuestro evento en vistas a la falta de seguridad. Todos concordamos en que entonces era más apremiante que nunca continuar nuestra oración. Posteriormente supimos que el Cardenal Tettamanzi fue también de la misma opinión. Sin embargo, decidimos suspender nuestra marcha, viendo que se olvidaba la causa de la Deuda y que se arriesgaba el testimonio de Paz que pretendimos dar.

Bocadasse: corazón de un mundo sin corazón

Treinta y tres horas continuas de vigilia y de ayuno no fueron algo excepcional. Otro tanto hizo la mayoría de los manifestantes, privados de alimento en la ciudad vacía y durmiendo en la calle, acaso bajo la lluvia. El hambre se aguantaba, el sueño no tanto. Nos sostenía la necesidad de estar en vigilia, atentos al Señor de la Historia que pasaba por ahí hablándonos por los acontecimientos. Al inicio, nos convocaron el caracol de Oceanía, los tambores africanos y los monjes budistas coreanos, y el Cristo campesino de Latinoamérica presidía el altar. Se sucedieron, una tras otra, diversas tradiciones espirituales: meditación budista, oración del Islam, espiritualidad del Bahai, oraciones a cargo de la Comunidad de San Egidio, de la Comunidad de Taizé, de la Comunidad Juan XXIII, del Movimiento de El Arca, de la familia franciscana, de los anglicanos de Christian Aid, de nosotros como promotores de Justicia, Paz a Integridad de la Creación, de la Comunidad Evangélica, de la Tradición de John Main... las formas más diversas de orar sostenían el espíritu en alto en oración intensa, fuerte, creativa, imaginativa. Los franciscanos entregaron su parroquia total y generosamente. Grupos de voluntarios limpiaban los servicios sanitarios, se tumaban para los Primeros Auxilios, ofrecían agua, incluso a algunos "negros" que pasaron sedientos y respetuosamente. Fuimos, en fin, luz, corazón, fuente de vida y energía para el Pueblo golpeado de Seattle.

¿Sólo ocho?

Los extremistas hablaban de "La Banda de los Ocho Asesinos ". Pero el G8 representa en realidad ocho sociedades. Más aún, a otros países europeos más, vinculados a ellos en unidad de intereses. Es la quinta parte de la humanidad, aquella que concentra el 85% de la riqueza mundial. Por tanto, si se pretende que todo el mundo viva en mayor equidad, se requerirá modificar el nivel de consumo de toda la población. ¿aceptarán aquellos manifestantes tan fanatizados, privarse de su consumo de alcohol, droga, cigarros o cosméticos? Hoy más que nunca ha quedado en claro la necesidad de un nuevo estilo de vida compartido por vastos sectores de la población. Una vida menos consumista, más tolerante, pacifista y más integrada a la naturaleza. Constatamos con dolor cómo apenas unos 200 agresores (el 0,01 % de los manifestantes) consiguieron estropearlo todo y acaparar toda la atención mediática. Sin embargo, reiteramos nuestra fe en que el amor solidario es a la postre una fuerza inspiradora más eficaz que el odio y el mal. Tal vez se haya perdido una batalla; pero no la guerra final contra la injusticia y la violencia. Nos mantenemos firmes en la esperanza de la posibilidad de otro tipo más justo de mundo (no la justicia en el otro mundo) y reiteramos nuestra fe en la plegaria y el ayuno (mirando a través de los acontecimientos), como nuestra fuerza inspiradora.

 

Ref.: Text from the Author.