Enrique Marroquín, CMF
El Martirio de Basilan - Análisis de un Conflicto
(22 May 2000)


El análisis político de un conflicto puede enfocarse desde una perspectiva sincrónica, es decir, atendiendo las diversas fases de la parábola que recorre todo conflicto o desde una perspectiva diacrónica, atendiendo cómo están estructuradas las fuerzas de poder en juego.

 

ANÁLISIS SINCRÓNICO

La antecrisis:

Filipinas, con sus 7,000 islas, forma parte del gran archipiélago del Sudeste Asiático, integrado por diversos países que difieren en historia y cultura. El Islam se expandió en aquella región, y en el siglo XIV, con motivo de un gran incendio en la vecina Malasia, llegó a Filipinas una fuerte migración musulmana, que se estableció sobre todo en Mindanao, al sur del país. Ni siquiera con la conquista y la evangelización españolas, en el siglo XV, lograron integrar este grupo étnico. En el siglo XVII, los españoles intensificaron la construcción de navíos para frenar las incursiones holandesas, obligando a los nativos a mayores trabajos. Esto provocó levantamientos de los moros del sur, que han continuado desde entonces hasta nuestros días, y que ya antes habían secuestrado o asesinado a varios sacerdotes.

Además de dichos conflictos con la población musulmana establecida, los filipinos tuvieron que resistir a las frecuentes incursiones de piratas moros, para lo cual construyeron el Fuerte del Pilar.

Mindanao es, pues, la frontera de la cristiandad filipina con el Moro. Allí se ubicó la mayor parte de la migración islámica, calculada en unos cinco millones, entre los 74 que forman la población total del país. Cristianos y musulmanes, más o menos mitad y mitad, constituyen en el Sur un área bien definida étnica, cultural y religiosamente. A esto se añade también una diferenciación socioeconómica: la política del gobierno descuidó el Sur, y los servicios educativos y sanitarios aquí son notoriamente menores, lo que se traduce en mayor pobreza.

Toda esta compleja situación se tradujo en un movimiento islámico que en su facción moderada pugna por cierta forma de autonomía regional, y que en su facción separatista, la creación de un estado confesional y autoritario independiente en las provincias que en un tiempo fueron del dominio de sultanatos musulmanes. Como respuesta a la política represiva del Gral. Marcos, se gestó una rebelión independentista. En 1976, debido a las presiones de Libia y la Organización de Conferencias Islámicas (OIC), el gobierno filipino y el frente Moro de Liberación Nacional (MNLF) se sentaron a dialogar en Trípoli. Ambas partes concordaron en que en Mindanao existían todas las condiciones para formar una entidad autónoma. Sin embargo, no hubo acuerdo sobre las modalidades concretas, y después de seis meses se desató de nuevo la guerra. Después de veinte años, el 2 de septiembre de 1996, bajo la presidencia de Fidel Ramos, se firmó el Acuerdo de Paz, el cual constituye un paso significativo en el largo proceso. En dicho acuerdo se preveía una fase de transición y un plebiscito antes de que el Congreso ratificase los términos definitivos, y para vigilar el proceso y proveer programas de desarrollo regional se creó el SPCPD (Southern Philippines Council for Peace and Development).

La pre-crisis:

En principio, el grupo rebelde más radical -Frente Moro Islámico de Liberación (MILF)- tampoco se negaba a negociar; pero se mostraba cauteloso del Acuerdo de Paz de 1996. Su principal objeción fue que el gobierno tuvo como único interlocutor al MNLF, que si bien era la facción con posiciones más cercanas tanto al mismo gobierno como a la OIC, militarmente era la más débil. En cambio, no se atendieron los planteamientos de los otros grupos rebeldes, ni tampoco a la sociedad civil, particularmente grupos influyentes de Mindanao.

Recientemente sus críticas se intensifican: el Acuerdo de Paz no funcionó como debiera. Los fondos prometidos en el Acuerdo no llegaban, sobre todo debido a la corrupción administrativa; no se cumplieron algunas las promesas que entonces se hicieron; en los programas oficiales de desarrollo no se contemplaron las necesidades de algunos sectores marginales, como los 20,000 pescadores musulmanes; no quedaba claro la clase de desarrollo que se prometía, ni el tipo de participación en dichos procesos. También se oponen al referéndum acordado, pues desde 1960 fueron llegando al sur muchos emigrados cristianos del norte, por lo que ya la población actual es ya menos homogénea que la de entonces. Estas presiones, rubricadas con acciones terroristas frecuentes, aconsejaban una revisión del Acuerdo de Paz. El presidente fijó el mes de mayo para las nuevas pláticas; pero amenazando que de no firmarse un nuevo acuerdo a fines de junio, se daría la intervención militar.

La crisis:

 

Inicio.- El 20 de marzo, el grupo rebelde Abu Sayyaf entró en la escuela Claret de Tumahubong y en otras tres escuelas de Basilan, secuestrando unos 50 rehenes -estudiantes, maestros y maestras-, entre los cuales estaba el P. Rhoel Gallardo CMF, párroco y encargado de la escuela. Cuatro días más tarde, en represalia, otro grupo armado tomó por la fuerza a 10 familiares de Khaddafy Janjalan, líder del grupo de secuestradores, para presionar la libertad de los rehenes. Los rebeldes liberaron a 18 niños musulmanes y pidieron alimento y medicinas para los rehenes.

El negociador.- Los secuestradores insistieron en tener como mediador a un representante del Vaticano y al actor Robin Padilla, convertido al Islam mientras estaba en la cárcel. El gobierno no quería aceptar este negociador y nombró otro que poco después renunció. Entonces se nombra a Nur Misuari, antiguo lider separatista que había firmado el Acuerdo de Paz del 96 y que ahora es gobernador de una región autónoma musulmana de Mindanao. Sin embargo, no fue bien aceptado por los rebeldes, que lo consideran como traidor. Se le critica como alguien que busca la paz, más mediante la vida académica que por el manejo de la crisis, y que ni siquiera fue capaz de verificar a tiempo y con exactitud las demandas de los secuestradores. El 10 de abril dieron un ultimátum de 72 horas para que fuese Padilla a la isla o que comenzarían a cortar cabezas. El gobierno acepta que vaya el actor; pero sigue reconociendo a Misauri como el negociador oficial. Integra también un Comité para la Crisis, del que el obispo de la región Mons. Rómulo de la Cruz formaría parte. El 15 de mayo, ante los pocos resultados, Estrada nombró a Robert Aventajado como nuevo negociador.

Las condiciones.- El 12 de abril llegó, por fin, el equipo negociador -integrado por el popular actor Robin Padilla, el P. Néstor Banga cmf, designado por la Iglesia, personalidades gubernamentales, un grupo de ulamas (líderes religiosos musulmanes), así como unos 20 periodistas. El 15 de abril los rebeldes dieron a conocieron sus exigencias :

 

1. La liberación de tres terroristas internacionales: Ranzi Yousef, el responsable del ataque al Word Trade Center de Nueva York; Abu Haider, uno de los maestros de Janjalani que esta ahora en una carcel de California; y el egipcio Abdurahman Omar, que está en una cárcel de Nueva York.

2. La liberación dos miembros de Abu Sayyaf detenidosen Filipinas: Hadjirul Ampul, que hizo explotar una bomba en el cuartel de la policía de Basilan; y Ustadz Patta, encarcelado en Zambonga por estar implicado en varios casos de secuestro.

 

Parar la expansión del cristianismo, «que no se pongan mas cruces» en ningún lugar de Basilan, Sulu y Tawi-Tawi.

No permitir a ningún pesquero extranjero faenar en Basilan, Sulo y Tawi-Tawi.

5. Una orden presidencial mandando al departamento de educación «pasar una ley que permita a todos los estudiantes musulmanes practicar sus derechos y obligaciones religiosas en las instituciones educativas».

La reacción.- Algunas demandas, tales como la prohibición de los barcos pesqueros, en referencia a los japoneses que realizan pesca ilegal con medios que ponen en peligro la ecología marítima, o la disposición de permitir en las escuelas que los niños musulmanes practicasen sus derechos y deberes religiosos, que entraría dentro de la libertad de culto, parecen razonables. Otras, en cambio, estaban fuera de la realidad: la liberación de los terroristas que se encuentran en cárceles extranjeras, ni siquiera estaba al alcance del gobierno; tampoco parecía aconsejable negociar con terroristas la excarcelación de los reos locales, y ni siquiera pagar algún rescate o ceder a ciertas exigencias, pues con ello se fomentarían nuevos secuestros en el futuro. Por otra parte, la comunidad internacional, más preocupada por los turistas europeos secuestrados, estaba presionando por medidas más eficaces. Los voceros militares reaccionaron de inmediato. El secretario de defensa Orlando Mercado declaró: "Si cedemos en esta clase de exigencias, estaríamos apoyando el terrorismo", y por fin, el 21 de abril, el obispo Rómulo de la Cruz a nombre del Comité para la Crisis, explicó que no veían razón para seguir negociando cuando los rebeldes presentaban cada día nuevas exigencias, amenazando la vida de los rehenes. "No podíamos tan sólo esperar a ver qué pasaba, teníamos que hacer algo, actuar".

Nueva complicación.- El 24 de abril, otro grupo de extremistas filipinos, conectados con el Abu Sayyaf, tomaron como rehenes a 22 personas, incluidos varios extranjeros, en un centro turístico de Sipadan, en Malasia y los trasladaron a la Isla de Jolo.

El nudo axial:

Fue así cómo se echó a andar el operativo militar con 2000 soldados. El presidente Estrada opinaba "Yo creo que en poco tiempo resolveremos esta crisis". El ejército sitió el cuartel general en la isla, por tierra, mar y aire. Entre tanto, el ejército atacaba el campamento con bombardeos cada 30 minutos, procurando –decían- "no tirar a la casa donde estaban los rehenes". Tomaron 15 bunkers en una operación en la que murieron unas 35 personas, entre las cuales, 11 soldados. Pero los rebeldes huyeron con los prisioneros por uno de los túneles que allí existían, construidos por los japoneses durante la guerra.

Al mismo tiempo, otro destacamento militar tomó el campamento de la Isla Jolo; pero también allí los rebeldes huyeron por la selva, en cinco grupos, de noche y bajo la lluvia, llevándose consigo a los rehenes europeos. El 3 de mayo salieron a escena los del MILF, atacando un aeropuerto y la base militar de Cotabao, y capturando otros 100 rehenes de un autobús de pasajeros, a los que liberaron pocas horas después. Ese mismo día, persiguiendo a los terroristas por las cañadas de Basilan, el ejército rescató a 15 de los 25 rehenes que aún estaban retenidos (6 de ellos heridos); pero al mismo tiempo hallaron 4 cadáveres, entre los cuales, el del P. Rhoel. Entre tanto en Jolo los rebeldes pusieron una emboscada al ejército, dando muerte a 30 soldados.

Solución:

Hasta ahora no se ha resuelto. Si prepondera la solución militar, la confrontación puede prolongarse dado el conocimiento que los guerrilleros tienen de la jungla. Una victoria se daría muy probablemente con un baño de sangre que exacerbaría más los ánimos y predispondría a la población musulmana en favor de estos grupos: Hay militares que reclaman la represalia vindicativa, los guerrilleros parecen dispuestos a morir y si entonces sería probable que matasen a los rehenes. Sería preferible una salida negociada; pero es aquí surgen los problemas: por un lado, presentan demandas desorbitadas (la independencia regional; dos millones de dólares por un sólo rehén alemán); por otro, hay varios líderes rebeldes, lo que hace que las demandas se vayan cambiando. Por eso, el gobierno pide que se pongan por escrito y con las firmas de los cinco líderes principales.

 

ANALISIS DIACRÓNICO

Además del análisis sincrónico que hemos venido haciendo, se puede practicar un corte en el algún momento del proceso, de preferencia en el "nudo axial", para hacer una radiografía, distinguiendo distintos elementos que intervienen.

Los actores:

A) El nacionalismo islámico:

La mayoría de la población musulmana es gente muy pobre, y como la mayoría de los filipinos, pacífica y tolerante. Han sabido integrar a su religión algunos elementos de los nativos. Habían ya aprendido a convivir con los cristianos en el mismo territorio, de modo que podrían quedar satisfechos con cierta forma de autonomía política que les permitiese mayor participación y garantía para los programas de desarrollo encaminados a satisfacer las necesidades básicas de la población. Pero mezclados entre ellos se encuentran grupos nacionalistas más o menos extremistas. Éstos no son homogéneos y aunque mantienen nexos entre sí, se hallan divididos en las siguientes facciones:

El Frente Moro de Liberación Nacional (MNLF).- Éste es el sector más moderado. Nació en los años setentas, cuando el presidente Marcos declaró la ley marcial. En 1987 aceptó un acuerdo con el gobierno para obtener el estatuto de autonomía de la región musulmana de Mindanao, y en 1996 firmó un Acuerdo de Paz. Desde entonces se constituyó como grupo político y lucha por consolidar dicha autonomía por la vía de la negociación.

 

El Frente Islámico Moro de Liberación (MILF).- Es un grupo más radical y cuenta con unos 3,000 combatientes. Se formó en 1977 cuando Hashim Salamat se escindió del MNLF, apoyado por los de Maguindanao. Este movimiento no se conforma con la autonomía ofrecida y lucha por un Estado Islámico Independiente. Reivindican el Corán como modo de vida y un autogobierno confesional proprio. Su táctica de lucha no es ajena a prácticas terroristas.

El Grupo Abu Sayyaf.- Es un grupo pequeño e inconsistente (unos 200 miembros) que ha reclutado a jóvenes de apenas 18 años. Se dice separado del MNLF en 1991, bajo el liderazgo de Abdurajik Abubukar Janjalani (muerto por la policía en 1998); pero pueden presuponerse vínculos con aquellos. Hay quien afirma que inicialmente fueron apoyados por algunos militares para infiltrar la guerrilla, pero que luego se salieron de su control. Algunos de sus miembros estudiaron en el Medio Oriente y combatieron en Afganistán, por lo que conservan nexos con grupos árabes, de los que probablemente reciben ayuda, entre los cuales no se descarta el famoso terrorista saudí Osama Bin Laden. Es el grupo más extremista, cuyas prácticas son el terrorismo, el secuestro y la extorsión; algunos son drogados y dispuestos hasta el suicidio.

Otros grupos rebeldes de poca monta son el Islamic Command Council, y algunos de ideología comunista, como el ala izquierda del New People’s Army o el Revolutionary People’s Army, etc.

Delincuentes y piratas.- Aprovechando este ambiente han aparecido (especialmente por los estrechos que separan Filipinas de Malasia) grupos de bandidos, secuestradores, contrabandistas de armas o traficantes de droga. Algunos de estos grupos tienen una careta política y a lo más, comparten con la guerrilla parte del botín.

B) El gobierno:

El ejército: Los analistas observan que en sus inicios, el gobierno del presidente José Estrada osciló entre la solución negociada o la militar, imponiéndose la línea dura. El ejército ha aumentado su poder. Los altos mandos del ejército se benefician con la guerra (promociones, mayor salario, etc.); aunque los soldados de base, en cambio, corren mayores peligros. Muchos de los reclutados son también musulmanes a quienes les duele disparar contra los suyos y que incurren en ciertos solapamientos. Hay algunos mandos militares que tienen nexos con guerrilleros o delincuentes para medrar personalmente, por lo que filtran informaciones y solapan el tráfico de armas y de droga.

Los paramilitares.- Recientemente se han formado algunos grupos de ideología de Derecha, con posibles vínculos con el extranjero. Pueden recurrir a un discurso religioso para alentar sentimientos de temor hacia los Moros y justificar la solución militar. Fue uno de estos grupos el que secuestró a los familiares de Kadaffi Janjalán. Es posible que hayan sido apoyados por algunos militares y que posteriormente se hayan salido de control.

Los poderes locales.- algunos de éstos no resultan capaces para el proceso de paz, por ineptitud o corrupción.

Actores externos: Japón ofrece colaborar en el combate de los piratas, especialmente en el estrecho con Malasia; pero se desconfía por los apoyos que puedan dar a sus barcos pesqueros. Algunos países árabes, como Libia, presionaron en 1976 para la firma de los Acuerdos de Paz; pero en favor de los musulmanes. No se descarta –tal como se conjetura más abajo- la presencia norteamericana.

C) La Sociedad Civil:

Aparte de los grupos extremistas y del gobierno, debe tenerse en cuenta a la sociedad civil de Mindanao. Existe gran número de organizaciones, más de cristianos que de musulmanes. Constituyen un terreno complicado de redes, coaliciones y alianzas políticas, con lealtades e intereses enfrentados. La mayor parte están polarizadas en dos direcciones, según se aproximen a los rebeldes o al gobierno (Fig. 1).

Figure 1

'Subversive'

NGOs Networks Service providers People’s Organisations / Coalitions Networks Campaign Groups / Coalitions Ideological forces
Community Organising
Research Advocacy
Social Development
Co-operatives
Cultural Groups
eg Women’s organisations
Trade Unions
Peasant’s Associations
Urban and Rural Community Organisations
Sectoral and issue-based campaigns
eg foreign debt
Political parties including armed political movements

 

'Legitimate'

Church / Ummah Media Academe Business
Inter-faith Dialogue Groups
Roman Catholic
Protestant
UMMAH Groups
Print
- Mindanao bureaus of national dailie
– Local weeklies/dailies
Broadcast
- Local TV radio relay stations
– Broadcast networks
Institute of Higher Learning
Denominational State Universities / Colleges
Non-Denominational Private Universities / Colleges
Local Chambers of Commerce
Banks
Multinational / foreign
Civic Clubs

Las iglesias.- Juegan un papel importante en el proceso, destacando la acción decidida y acertada del obispo Mons. Rómulo de la Cruz. Ya durante la guerra de los 70’s, algunas universidades católicas (Notre Dame University y las Hermanas de Maryknoll) habían establecido programas de extensión (v.gr., sanitaria), como respuesta a las necesidades de la población afectada. Lamentablemente, dado que el conflicto tiene una expresión religiosa, su acción mediadora resulta neutralizada.

Las Estrategias:

 

Los rebeldes:

La base social.- Como todo grupo guerrillero, necesitan de su base social, constituida por la población musulmana de la región. De alguna manera deben defender sus demandas populares si quieren recabar apoyo. Algunos líderes son bien intencionados y luchan por mayor justicia (v.gr., al pedir escuelas para los niños se evita que éstos sean reclutados por los milicianos).

Los rebeldes del Abu Sayyef.- Siendo un grupo pequeño, no es posible que hayan realizado esta acción sin que por lo menos haya habido información del MILF. Al menos lograron empujarlos, con lo cual la guerra se prolongó. Es probable que esta operación haya tenido como finalidad impedir unas pláticas de paz llevadas a cabo en condiciones inaceptables. Dan impresión de inexperiencia. El secuestro de niños fue mal visto por los mismos musulmanes, con lo que quedaron bastante aislados. Tal vez para librarlos esperen una salida decorosa que les permita salvar su orgullo.

El fundamentalismo islámico.- La guerra es ante todo de índole socio política; pero los grupos extremistas quieren darle una cobertura religiosa para ganarse a la población. Encuentran apoyos entre fundamentalistas islámicos para un Estado confesional.

 

El gobierno:

El presidente José Estrada había sido elegido presidente con gran número de votantes, gracias a su discurso populista. Sin embargo, su popularidad se estaba viniendo a pique. Sabe que un manejo satisfactorio de la crisis volvería a elevarla. Habría calculado que una intervención militar exitosa y rápida, que rescatara con vida a los rehenes, contaría con el respaldo de un 90% de la población y agradaría al extranjero. Además, concordaría con la imagen cinematográfica de su tiempo de actor: un héroe de acción violenta, en operaciones en las que no había prisioneros, sino muertos.

Por supuesto quedaba ese otro 10% que representaba al sector más consciente y crítico y que aumentaría en caso de fracasar. El sector más flexible se dejó también oír: Todavía cuando el ejército tenía rodeado el campamento rebelde, el negociador Nur Misurari pidió que se alejara un tanto, pues "no se puede dialogar delante de los fusiles"… pero Mercado se rehusó, diciendo que si los soldados regresaran, los rebeldes tomarían el control. Los combates duraron más de lo previsto, y los resultados no han sido satisfactorios. Por lo pronto han costado ya la muerte de unas 50 personas. El Abu Sayyaf, aún siendo un grupo pequeño, tiene buen armamento; mientras que el ejército filipino está mal armado y menos motivado. Esto explica la duración del conflicto y la dificultad de resolverlo sólo por vía armada.

El fuerte y el débil:

Para un proceso de paz en la justicia conviene analizar el conflicto desde contextos cada vez más amplios, para descubrir qué sujeto sea el más débil:

 

A primera vista los prepotentes son los del Abu Sayyaf y los débiles, los rehenes -¿quién es más débil, sino esos pobres niños inocentes, que de sobrevivir quedarán traumatizados de por vida? ¿Esos maestros y maestras que no tienen más culpa que educar a la niñez? ¿Ese buen misionero, párroco y educador en un medio tan difícil?

En otro nivel, los secuestradores, aún valiéndose de medios cobardes del todo reprobables, dicen defender –mala y abusivamente- a la población musulmana del Sur de Filipinas. Esta población, como queda dicho, ha sido marginada de la acción gubernamental. Sus reivindicaciones parecen legítimas y políticamente resultan los débiles.

Mirado con mayor amplitud, Filipinas, con todo y su ejército mal armado, representa una minoría cultural en el Sureste Asiático. Los rebeldes parecen estar vinculados con el terrorista de Saudi Osama Bin Laden y apoyados por el expansionismo islámico del Medio Oriente, sus petrodólares y su petróleo mismo (del que depende Filipinas), aparecen de nuevo como los más fuertes. Un Estado islámico independiente sería totalitario y trataría de implantar la "limpieza étnica". Entonces los cristianos de Mindanao, totalmente desprotegidos, serían los más débiles.

Contemplado desde el panorama mundial, esta confrontación tiene importancia estratégica en el juego de las potencias. Sobreponiendo el mapa de los conflictos recientes con el Islam y el mapa de localización de los pozos petroleros y los oleoductos, se percibe una extraña coincidencia, que une en la misma red a Kosovo, Serbia, Irán, Irak, Afganistán, Pakistán y se extiende hasta Chechenia; pero que no descarta las reservas petroleras de Timor Este e Indonesia. Se dice que hay yacimientos petrolíferos en el mar cercano a Mindanao. No es coincidencia que también en Nigeria, los recientes conflictos entre musulmanes y cristianos se hayan dado cerca de una zona de reserva de petróleo. Puede plantearse la hipótesis de que el fundamentalismo religioso islámico sea una estrategia de resistencia cultural que refuerza la defensa política y económica (¿o apropiación?) de las reservas petroleras. Si esto fuese así, la religión mahometana estaría siendo utilizada para fortalecer la soberanía territorial e impedir que sean las potencias occidentales las que dicten las políticas petroleras a seguir.

Samuel Huntington en su reciente libro "Guerra de Civilizaciones" profetiza que las guerras de este siglo serán guerras de religiones, motivadas por razones etnoculturales. Como ideólogo neoliberal, con su tesis, ampliamente difundida, intenta esconder los verdaderos intereses de estos conflictos, que si en la superficie aparecen supuestamente como religiosos; en el fondo subyace una tenebrosa causalidad económica: el petróleo, cuyas reservas se agotan ante el consumo irresponsable occidental. Los "moros" serían lo que los antiguos "comunistas" en esta nueva "guerra fría": antagonistas magnificados para pretexto de intereses inconfesables. Es significativo que los norteamericanos, pese a protestas de la población, hayan construido en Mindanao un gran aeropuerto. Incluso -yendo más allá-, se podría sospechar que fuesen las mismas potencias euro-norteamericanas quienes desde la oscuridad e indirectamente, estuviesen alentando a los fundamentalistas para seguir vendiendo armamento y para tener un pretexto para posteriores intervenciones militares. Un ejemplo lo tenemos en el embargo que Occidente realiza contra Iraq desde 1991, incluso de alimento y que está teniendo efectos devastadores sobre la población, especialmente infantil, siendo que las razones militares únicamente justificarían el embargo de armamento.

DIAGRAMA DEL CONFLICTO

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El proceso de paz:

La vía armada.- Una guerra que lleva más de 30 años no puede sofocarse rápidamente con una operación militar.

A la Paz, por la Justicia.- La mejor salida sería la de la Paz, que sólo se logrará juntamente con la Justicia. Se precisaría de un nuevo Acuerdo para cierta forma de autonomía, con representación de todos los grupos sociales, así como de programas de desarrollo social en la región con buenas garantías de cumplimiento. Si la población musulmana es bien atendida, no se inclinará a estos grupos armados, que más bien les causan molestias, con lo que aquellos quedarían aislados. Las organizaciones civiles laicas pueden jugar un papel importante.

Entre las instituciones partidarias del proceso de paz, sobresale un foro de obispos y ulamas creado en 1996 (BUF), presidido por el obispo de Davao, Mons. Capall y por Mahid Mutilan, presidente de la Liga de Ulamas de Filipinas. Están convencidos de que más que de una guerra religiosa, se trataría de un conflicto entre el Ejército filipino y el MILF. Denuncian que hay 60,000 desplazados por este conflicto y piden asistencia para ellos. Distinguen el conflicto de Basilan (cuyas tácticas han sido condenadas por los ulamas) del de Mindanao, especialmente en Lanao, reconocen al MILF y juzgan que expresa las aspiraciones de la comunidad musulmana. Piensan que la paz sólo podrá venir gracias a decididas inversiones en desarrollo regional y a una auténtica participación en la gestión de sus propios asuntos económicos y políticos.

Diálogo de religiones:

"No habrá paz en el mundo mientras no haya paz entre las religiones", dice Hans Küng. Los enfrentamientos entre religiones no se dirimen con argumentos teológicos, sino con la fuerza de las armas; pero en un conflicto sociopolítico con cobertura religiosa, el diálogo de religiones puede desactivarlo. La tolerancia pluralista es fruto de la modernidad. En ella, la religión es considerada como asunto de la vida privada de cada cual, por lo que se propugna el derecho que todo individuo tiene a profesar la fe en conciencia que le parezca mejor. Este estatuto que los tiempos modernos ofrecen a las religiones contrasta con la situación que anteriormente prevalecía. En las sociedades premodernas, la religión representaba el sistema cultural comúnmente compartido por todos los habitantes de un mismo territorio: "Cujus regio, ejus religio". Toda expansión política hacia otro ámbito cultural implicaba por tanto una guerra de religiones. Así se vivió aquel largo período de guerras –con importantes momentos de convivencia- entre la Cristiandad europea y el Islam, las dos unidades político-religiosas más poderosas que disputaban la hegemonía mundial. La misma Cristiandad que en Lepanto defendía a Europa, incursionaba en los territorios musulmanes durante las Cruzadas.

Es paradójico –aunque explicable- que fuese justamente en la era de la globalización -la unidad en grandes bloques geográficos- cuando por todas partes afloraron los nacionalismos étnicos localistas: si la trasnacionalización del capital pone en predicamento las "patrias" –los Estados-nación son de relativamente tardíos-, son en cambio las "matrias" -la voz de la sangre, la fuerza del clan- las que ahora resurgen. Todo nacionalismo étnico tiende a la "limpieza étnica" del territorio, y para ello, enfatiza la lengua y la religión (el catolicismo del ERI irlandés o de los cristianos del Líbano pueden ser ejemplo). Aparte de lo que diga Huntington, es claro que no cesará la tensión entre las etnias en guerra mientras las respectivas religiones no dialoguen.

Es importante notar que los bloqueos mentales no vienen tan sólo de la parte musulmana, pues existen también integrismos cristianos, e incluso es posible que los misioneros europeos conserven en la inconsciencia de su memoria colectiva una visceral antipatía hacia los "Moros". Esto no es ninguna injuria: es inevitable que todos tengamos nuestros prejuicios; pero conviene advertirlo y estar alertas para no dejarnos llevar por ellos. Enzo Pace, docente de Sociología de las Religiones en Padua, observa la existencia de estos prejuicios en los europeos, que suelen identificar automáticamente al Islam con el fundamentalismo, sin tomar en cuenta al musulmán laico o místico. Este prejuicio se recrudece ahora, cuando dos tercios de los emigrados a Europa son musulmanes –los "clandestinos"- a los cuales muchos no los ven como aquellos pobres infelices que tuvieron que romper con la familia y abandonar su tierra para poder sobrevivir, ni reconocen que Europa los necesita como mano de obra de baja calidad, sino que son vistos como amenaza que pone en peligro nuestros valores tradicionales.

"Por la señal de la Santa Cruz":

El 3 de mayo, día en que tradicionalmente se conmemoraba La Santa Cruz, fue hallado el cuerpo martirizado de nuestro hermano, e P. Rhoel Gallardo. La cruz en la que murió Jesús era un instrumento de tortura romano reservado a los reos políticos. Después significó la entrega amorosa y redentora; la «kénosis» o abajamiento de Cristo, «quien siendo de condición divina… se humilló hasta la muerte… en una cruz» (Fil. 2, 6-11). Desde que una legión romana de soldados creyentes decidió ponerla como emblema en su casco, la cruz pasó a ser símbolo de la fe cristiana, pronta al martirio. Acontece con todos los símbolos que cuando se debilita la relación del significante con su significado original adquiere otras connotaciones secundarias. La cruz pudo así convertirse en un amuleto con el que Dios nos «libra de nuestros enemigos» -aquellas cruces mesoamericanas a la entrada de las cuevas, para contener bajo tierra a las poderosas deidades ancestrales derrotadas, o con las que los campesinos eslavos se defendían de los vampiros-, y se ponía en lugares elevados connotando protección. La protección contra los espíritus malignos se desplazó contra los enemigos políticos. Durante los siglos XIII a XVI, cuando se enfrentaban dos sistemas político-religiosos, la Cruz fue el emblema de la «Cristiandad», contra la Media Luna del Islam. Las cruces servían entonces para delimitar los territorios arrebatados o conquistados. Fue con esta misma actitud que Hernán Cortés implantó una gran cruz sobre el templo de Tenochtitlán al momento de su conquista.

Entre las demandas con que el grupo extremista Abu Sayyef condicionaba la liberación de los rehenes, se pedía que no se pusiesen más cruces públicas en la región. Desde el fundamentalismo islámico esta petición denotaba un territorio confesional homogéneo. Por eso Biazon, ex-general de los Marines del ejército filipino y presidente del Comité del Senado para la Defensa y Seguridad Nacional, dijo que eso de quitar las cruces de las provincias del sur «no debería ni siquiera ser discutido».

Cualquier religión tiene derecho a señalar con su símbolo sus respectivos lugares de culto, y en tiempos en que la relación entre cristianos y mahometanos era de convivencia más o menos pacífica no hubo dificultad para que la Cruz presidiera el paisaje geográfico. Pero en situaciones de tensión étnico-religiosa se requiere mayor cuidado en poner nuestros símbolos en lugares públicos. La evangelización misionera ya no se apoya más en el poder político, sino en el no-poder humilde y vulnerable del testimonio. La Iglesia de Filipinas que en otro tiempo implantara la Cruz, se ofrece ahora ella misma en cruz martirial por la paz.

Roma, 17 de Mayo del 2000