ANÁLISIS
SINCRÓNICO
La
antecrisis:
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Filipinas,
con sus 7,000 islas, forma parte del gran archipiélago del Sudeste
Asiático, integrado por diversos países que difieren en historia
y cultura. El Islam se expandió en aquella región, y en el siglo
XIV, con motivo de un gran incendio en la vecina Malasia, llegó
a Filipinas una fuerte migración musulmana, que se estableció
sobre todo en Mindanao, al sur del país. Ni siquiera con la
conquista y la evangelización españolas, en el siglo XV, lograron
integrar este grupo étnico. En el siglo XVII, los españoles
intensificaron la construcción de navíos para frenar las incursiones
holandesas, obligando a los nativos a mayores trabajos. Esto
provocó levantamientos de los moros del sur, que han continuado
desde entonces hasta nuestros días, y que ya antes habían secuestrado
o asesinado a varios sacerdotes.
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Además
de dichos conflictos con la población musulmana establecida, los filipinos
tuvieron que resistir a las frecuentes incursiones de piratas moros,
para lo cual construyeron el Fuerte del Pilar.
Mindanao
es, pues, la frontera de la cristiandad filipina con el Moro. Allí se
ubicó la mayor parte de la migración islámica, calculada en unos cinco
millones, entre los 74 que forman la población total del país. Cristianos
y musulmanes, más o menos mitad y mitad, constituyen en el Sur un área
bien definida étnica, cultural y religiosamente. A esto se añade también
una diferenciación socioeconómica: la política del gobierno descuidó
el Sur, y los servicios educativos y sanitarios aquí son notoriamente
menores, lo que se traduce en mayor pobreza.
Toda
esta compleja situación se tradujo en un movimiento islámico que en
su facción moderada pugna por cierta forma de autonomía regional, y
que en su facción separatista, la creación de un estado confesional
y autoritario independiente en las provincias que en un tiempo fueron
del dominio de sultanatos musulmanes. Como respuesta a la política represiva
del Gral. Marcos, se gestó una rebelión independentista. En 1976, debido
a las presiones de Libia y la Organización de Conferencias Islámicas
(OIC), el gobierno filipino y el frente Moro de Liberación Nacional
(MNLF) se sentaron a dialogar en Trípoli. Ambas partes concordaron en
que en Mindanao existían todas las condiciones para formar una entidad
autónoma. Sin embargo, no hubo acuerdo sobre las modalidades concretas,
y después de seis meses se desató de nuevo la guerra. Después de veinte
años, el 2 de septiembre de 1996, bajo la presidencia de Fidel Ramos,
se firmó el Acuerdo de Paz, el cual constituye un paso significativo
en el largo proceso. En dicho acuerdo se preveía una fase de transición
y un plebiscito antes de que el Congreso ratificase los términos definitivos,
y para vigilar el proceso y proveer programas de desarrollo regional
se creó el SPCPD (Southern Philippines Council for Peace and Development).
La
pre-crisis:
En
principio, el grupo rebelde más radical -Frente Moro Islámico de Liberación
(MILF)- tampoco se negaba a negociar; pero se mostraba cauteloso del
Acuerdo de Paz de 1996. Su principal objeción fue que el gobierno tuvo
como único interlocutor al MNLF, que si bien era la facción con posiciones
más cercanas tanto al mismo gobierno como a la OIC, militarmente era
la más débil. En cambio, no se atendieron los planteamientos de los
otros grupos rebeldes, ni tampoco a la sociedad civil, particularmente
grupos influyentes de Mindanao.
Recientemente
sus críticas se intensifican: el Acuerdo de Paz no funcionó como debiera.
Los fondos prometidos en el Acuerdo no llegaban, sobre todo debido a
la corrupción administrativa; no se cumplieron algunas las promesas
que entonces se hicieron; en los programas oficiales de desarrollo no
se contemplaron las necesidades de algunos sectores marginales, como
los 20,000 pescadores musulmanes; no quedaba claro la clase de desarrollo
que se prometía, ni el tipo de participación en dichos procesos. También
se oponen al referéndum acordado, pues desde 1960 fueron llegando al
sur muchos emigrados cristianos del norte, por lo que ya la población
actual es ya menos homogénea que la de entonces. Estas presiones, rubricadas
con acciones terroristas frecuentes, aconsejaban una revisión del Acuerdo
de Paz. El presidente fijó el mes de mayo para las nuevas pláticas;
pero amenazando que de no firmarse un nuevo acuerdo a fines de junio,
se daría la intervención militar.
La
crisis:
Inicio.-
El 20 de marzo, el grupo rebelde Abu Sayyaf entró en la escuela
Claret de Tumahubong y en otras tres escuelas de Basilan, secuestrando
unos 50 rehenes -estudiantes, maestros y maestras-, entre los cuales
estaba el P. Rhoel Gallardo CMF, párroco y encargado de la escuela.
Cuatro días más tarde, en represalia, otro grupo armado tomó por la
fuerza a 10 familiares de Khaddafy Janjalan, líder del grupo de secuestradores,
para presionar la libertad de los rehenes. Los rebeldes liberaron
a 18 niños musulmanes y pidieron alimento y medicinas para los rehenes.
El
negociador.- Los secuestradores insistieron en tener como
mediador a un representante del Vaticano y al actor Robin Padilla,
convertido al Islam mientras estaba en la cárcel. El gobierno no quería
aceptar este negociador y nombró otro que poco después renunció. Entonces
se nombra a Nur Misuari, antiguo lider separatista que había firmado
el Acuerdo de Paz del 96 y que ahora es gobernador de una región autónoma
musulmana de Mindanao. Sin embargo, no fue bien aceptado por los rebeldes,
que lo consideran como traidor. Se le critica como alguien que busca
la paz, más mediante la vida académica que por el manejo de la crisis,
y que ni siquiera fue capaz de verificar a tiempo y con exactitud
las demandas de los secuestradores. El 10 de abril dieron un ultimátum
de 72 horas para que fuese Padilla a la isla o que comenzarían a cortar
cabezas. El gobierno acepta que vaya el actor; pero sigue reconociendo
a Misauri como el negociador oficial. Integra también un Comité
para la Crisis, del que el obispo de la región Mons. Rómulo de
la Cruz formaría parte. El 15 de mayo, ante los pocos resultados,
Estrada nombró a Robert Aventajado como nuevo negociador.
Las
condiciones.- El 12 de abril llegó, por fin, el equipo negociador
-integrado por el popular actor Robin Padilla, el P. Néstor Banga
cmf, designado por la Iglesia, personalidades gubernamentales, un
grupo de ulamas (líderes religiosos musulmanes), así como unos 20
periodistas. El 15 de abril los rebeldes dieron a conocieron sus exigencias
:
1.
La liberación de tres terroristas internacionales: Ranzi Yousef,
el responsable del ataque al Word Trade Center de Nueva York; Abu
Haider, uno de los maestros de Janjalani que esta ahora en una carcel
de California; y el egipcio Abdurahman Omar, que está en una cárcel
de Nueva York.
2.
La liberación dos miembros de Abu Sayyaf detenidosen Filipinas:
Hadjirul Ampul, que hizo explotar una bomba en el cuartel de la
policía de Basilan; y Ustadz Patta, encarcelado en Zambonga por
estar implicado en varios casos de secuestro.
Parar
la expansión del cristianismo, «que no se pongan mas cruces» en
ningún lugar de Basilan, Sulu y Tawi-Tawi.
No
permitir a ningún pesquero extranjero faenar en Basilan, Sulo
y Tawi-Tawi.
5.
Una orden presidencial mandando al departamento de educación «pasar
una ley que permita a todos los estudiantes musulmanes practicar
sus derechos y obligaciones religiosas en las instituciones educativas».
La
reacción.- Algunas demandas, tales como la prohibición de
los barcos pesqueros, en referencia a los japoneses que realizan pesca
ilegal con medios que ponen en peligro la ecología marítima, o la
disposición de permitir en las escuelas que los niños musulmanes practicasen
sus derechos y deberes religiosos, que entraría dentro de la libertad
de culto, parecen razonables. Otras, en cambio, estaban fuera de la
realidad: la liberación de los terroristas que se encuentran en cárceles
extranjeras, ni siquiera estaba al alcance del gobierno; tampoco parecía
aconsejable negociar con terroristas la excarcelación de los reos
locales, y ni siquiera pagar algún rescate o ceder a ciertas exigencias,
pues con ello se fomentarían nuevos secuestros en el futuro. Por otra
parte, la comunidad internacional, más preocupada por los turistas
europeos secuestrados, estaba presionando por medidas más eficaces.
Los voceros militares reaccionaron de inmediato. El secretario de
defensa Orlando Mercado declaró: "Si cedemos en esta clase
de exigencias, estaríamos apoyando el terrorismo", y por
fin, el 21 de abril, el obispo Rómulo de la Cruz a nombre del Comité
para la Crisis, explicó que no veían razón para seguir negociando
cuando los rebeldes presentaban cada día nuevas exigencias, amenazando
la vida de los rehenes. "No podíamos tan sólo esperar a ver
qué pasaba, teníamos que hacer algo, actuar".
Nueva
complicación.- El 24 de abril, otro grupo de extremistas filipinos,
conectados con el Abu Sayyaf, tomaron como rehenes a 22 personas,
incluidos varios extranjeros, en un centro turístico de Sipadan, en
Malasia y los trasladaron a la Isla de Jolo.
El
nudo axial:
Fue
así cómo se echó a andar el operativo militar con 2000 soldados. El
presidente Estrada opinaba "Yo creo que en poco tiempo resolveremos
esta crisis". El ejército sitió el cuartel general en la isla,
por tierra, mar y aire. Entre tanto, el ejército atacaba el campamento
con bombardeos cada 30 minutos, procurando decían- "no tirar
a la casa donde estaban los rehenes". Tomaron 15 bunkers en una
operación en la que murieron unas 35 personas, entre las cuales, 11
soldados. Pero los rebeldes huyeron con los prisioneros por uno de los
túneles que allí existían, construidos por los japoneses durante la
guerra.
Al
mismo tiempo, otro destacamento militar tomó el campamento de la Isla
Jolo; pero también allí los rebeldes huyeron por la selva, en cinco
grupos, de noche y bajo la lluvia, llevándose consigo a los rehenes
europeos. El 3 de mayo salieron a escena los del MILF, atacando un aeropuerto
y la base militar de Cotabao, y capturando otros 100 rehenes de un autobús
de pasajeros, a los que liberaron pocas horas después. Ese mismo día,
persiguiendo a los terroristas por las cañadas de Basilan, el ejército
rescató a 15 de los 25 rehenes que aún estaban retenidos (6 de ellos
heridos); pero al mismo tiempo hallaron 4 cadáveres, entre los cuales,
el del P. Rhoel. Entre tanto en Jolo los rebeldes pusieron una
emboscada al ejército, dando muerte a 30 soldados.
Solución:
Hasta
ahora no se ha resuelto. Si prepondera la solución militar, la confrontación
puede prolongarse dado el conocimiento que los guerrilleros tienen de
la jungla. Una victoria se daría muy probablemente con un baño de sangre
que exacerbaría más los ánimos y predispondría a la población musulmana
en favor de estos grupos: Hay militares que reclaman la represalia vindicativa,
los guerrilleros parecen dispuestos a morir y si entonces sería probable
que matasen a los rehenes. Sería preferible una salida negociada; pero
es aquí surgen los problemas: por un lado, presentan demandas desorbitadas
(la independencia regional; dos millones de dólares por un sólo rehén
alemán); por otro, hay varios líderes rebeldes, lo que hace que las
demandas se vayan cambiando. Por eso, el gobierno pide que se pongan
por escrito y con las firmas de los cinco líderes principales.
ANALISIS
DIACRÓNICO
Además
del análisis sincrónico que hemos venido haciendo, se puede practicar
un corte en el algún momento del proceso, de preferencia en el "nudo
axial", para hacer una radiografía, distinguiendo distintos
elementos que intervienen.
Los
actores:
A)
El nacionalismo islámico:
La
mayoría de la población musulmana es gente muy pobre, y como la mayoría
de los filipinos, pacífica y tolerante. Han sabido integrar a su religión
algunos elementos de los nativos. Habían ya aprendido a convivir con
los cristianos en el mismo territorio, de modo que podrían quedar satisfechos
con cierta forma de autonomía política que les permitiese mayor participación
y garantía para los programas de desarrollo encaminados a satisfacer
las necesidades básicas de la población. Pero mezclados entre ellos
se encuentran grupos nacionalistas más o menos extremistas. Éstos no
son homogéneos y aunque mantienen nexos entre sí, se hallan divididos
en las siguientes facciones:
El Frente Moro de Liberación Nacional (MNLF).- Éste es el
sector más moderado. Nació en los años setentas, cuando el presidente
Marcos declaró la ley marcial. En 1987 aceptó un acuerdo con el gobierno
para obtener el estatuto de autonomía de la región musulmana de Mindanao,
y en 1996 firmó un Acuerdo de Paz. Desde entonces se constituyó como
grupo político y lucha por consolidar dicha autonomía por la vía de
la negociación.
El
Frente Islámico Moro de Liberación (MILF).- Es un grupo más
radical y cuenta con unos 3,000 combatientes. Se formó en 1977 cuando
Hashim Salamat se escindió del MNLF, apoyado por los de Maguindanao.
Este movimiento no se conforma con la autonomía ofrecida y lucha por
un Estado Islámico Independiente. Reivindican el Corán como modo de
vida y un autogobierno confesional proprio. Su táctica de lucha no
es ajena a prácticas terroristas.
El
Grupo Abu Sayyaf.- Es un grupo pequeño e inconsistente (unos
200 miembros) que ha reclutado a jóvenes de apenas 18 años. Se dice
separado del MNLF en 1991, bajo el liderazgo de Abdurajik Abubukar
Janjalani (muerto por la policía en 1998); pero pueden presuponerse
vínculos con aquellos. Hay quien afirma que inicialmente fueron apoyados
por algunos militares para infiltrar la guerrilla, pero que luego
se salieron de su control. Algunos de sus miembros estudiaron en el
Medio Oriente y combatieron en Afganistán, por lo que conservan nexos
con grupos árabes, de los que probablemente reciben ayuda, entre los
cuales no se descarta el famoso terrorista saudí Osama Bin Laden.
Es el grupo más extremista, cuyas prácticas son el terrorismo, el
secuestro y la extorsión; algunos son drogados y dispuestos hasta
el suicidio.
Otros
grupos rebeldes de poca monta son el Islamic Command Council,
y algunos de ideología comunista, como el ala izquierda del New Peoples
Army o el Revolutionary Peoples Army, etc.
Delincuentes
y piratas.- Aprovechando este ambiente han aparecido (especialmente
por los estrechos que separan Filipinas de Malasia) grupos de bandidos,
secuestradores, contrabandistas de armas o traficantes de droga. Algunos
de estos grupos tienen una careta política y a lo más, comparten con
la guerrilla parte del botín.
B)
El gobierno:
El ejército: Los analistas observan que en sus inicios, el
gobierno del presidente José Estrada osciló entre la solución negociada
o la militar, imponiéndose la línea dura. El ejército ha aumentado su
poder. Los altos mandos del ejército se benefician con la guerra (promociones,
mayor salario, etc.); aunque los soldados de base, en cambio, corren
mayores peligros. Muchos de los reclutados son también musulmanes a
quienes les duele disparar contra los suyos y que incurren en ciertos
solapamientos. Hay algunos mandos militares que tienen nexos con guerrilleros
o delincuentes para medrar personalmente, por lo que filtran informaciones
y solapan el tráfico de armas y de droga.
Los paramilitares.- Recientemente se han formado algunos
grupos de ideología de Derecha, con posibles vínculos con el extranjero.
Pueden recurrir a un discurso religioso para alentar sentimientos de
temor hacia los Moros y justificar la solución militar. Fue uno de estos
grupos el que secuestró a los familiares de Kadaffi Janjalán. Es posible
que hayan sido apoyados por algunos militares y que posteriormente se
hayan salido de control.
Los poderes locales.- algunos de éstos no resultan capaces
para el proceso de paz, por ineptitud o corrupción.
Actores externos: Japón ofrece colaborar en el combate de
los piratas, especialmente en el estrecho con Malasia; pero se desconfía
por los apoyos que puedan dar a sus barcos pesqueros. Algunos países
árabes, como Libia, presionaron en 1976 para la firma de los Acuerdos
de Paz; pero en favor de los musulmanes. No se descarta tal como
se conjetura más abajo- la presencia norteamericana.
C)
La Sociedad Civil:
Aparte
de los grupos extremistas y del gobierno, debe tenerse en cuenta a la
sociedad civil de Mindanao. Existe gran número de organizaciones, más
de cristianos que de musulmanes. Constituyen un terreno complicado de
redes, coaliciones y alianzas políticas, con lealtades e intereses enfrentados.
La mayor parte están polarizadas en dos direcciones, según se aproximen
a los rebeldes o al gobierno (Fig. 1).
Figure
1
|
'Subversive'
|
| NGOs
Networks Service providers |
Peoples
Organisations / Coalitions Networks |
Campaign
Groups / Coalitions |
Ideological
forces |
Community
Organising
Research Advocacy
Social Development
Co-operatives
Cultural Groups |
eg
Womens organisations
Trade Unions
Peasants Associations
Urban and Rural Community Organisations |
Sectoral
and issue-based campaigns
eg foreign debt |
Political
parties including armed political movements |
|
'Legitimate'
|
| Church
/ Ummah |
Media |
Academe |
Business |
Inter-faith
Dialogue Groups
Roman Catholic
Protestant
UMMAH Groups |
Print
- Mindanao bureaus of national dailie
Local weeklies/dailies
Broadcast
- Local TV radio relay stations
Broadcast networks |
Institute
of Higher Learning
Denominational State Universities / Colleges
Non-Denominational Private Universities / Colleges |
Local
Chambers of Commerce
Banks
Multinational / foreign
Civic Clubs |
Las iglesias.- Juegan un papel importante en el proceso,
destacando la acción decidida y acertada del obispo Mons. Rómulo de
la Cruz. Ya durante la guerra de los 70s, algunas universidades
católicas (Notre Dame University y las Hermanas de Maryknoll) habían
establecido programas de extensión (v.gr., sanitaria), como respuesta
a las necesidades de la población afectada. Lamentablemente, dado que
el conflicto tiene una expresión religiosa, su acción mediadora resulta
neutralizada.
Las
Estrategias:
Los
rebeldes:
La base social.- Como todo grupo guerrillero, necesitan de
su base social, constituida por la población musulmana de la región.
De alguna manera deben defender sus demandas populares si quieren recabar
apoyo. Algunos líderes son bien intencionados y luchan por mayor justicia
(v.gr., al pedir escuelas para los niños se evita que éstos sean reclutados
por los milicianos).
Los rebeldes del Abu Sayyef.- Siendo un grupo pequeño, no
es posible que hayan realizado esta acción sin que por lo menos haya
habido información del MILF. Al menos lograron empujarlos, con lo cual
la guerra se prolongó. Es probable que esta operación haya tenido como
finalidad impedir unas pláticas de paz llevadas a cabo en condiciones
inaceptables. Dan impresión de inexperiencia. El secuestro de niños
fue mal visto por los mismos musulmanes, con lo que quedaron bastante
aislados. Tal vez para librarlos esperen una salida decorosa que les
permita salvar su orgullo.
El fundamentalismo islámico.- La guerra es ante todo de índole
socio política; pero los grupos extremistas quieren darle una cobertura
religiosa para ganarse a la población. Encuentran apoyos entre fundamentalistas
islámicos para un Estado confesional.
El
gobierno:
El
presidente José Estrada había sido elegido presidente con gran número
de votantes, gracias a su discurso populista. Sin embargo, su popularidad
se estaba viniendo a pique. Sabe que un manejo satisfactorio de la crisis
volvería a elevarla. Habría calculado que una intervención militar exitosa
y rápida, que rescatara con vida a los rehenes, contaría con el respaldo
de un 90% de la población y agradaría al extranjero. Además, concordaría
con la imagen cinematográfica de su tiempo de actor: un héroe de acción
violenta, en operaciones en las que no había prisioneros, sino muertos.
Por
supuesto quedaba ese otro 10% que representaba al sector más consciente
y crítico y que aumentaría en caso de fracasar. El sector más flexible
se dejó también oír: Todavía cuando el ejército tenía rodeado el campamento
rebelde, el negociador Nur Misurari pidió que se alejara un tanto, pues
"no se puede dialogar delante de los fusiles"
pero Mercado se rehusó, diciendo que si los soldados regresaran, los
rebeldes tomarían el control. Los combates duraron más de lo previsto,
y los resultados no han sido satisfactorios. Por lo pronto han costado
ya la muerte de unas 50 personas. El Abu Sayyaf, aún siendo un grupo
pequeño, tiene buen armamento; mientras que el ejército filipino está
mal armado y menos motivado. Esto explica la duración del conflicto
y la dificultad de resolverlo sólo por vía armada.
El
fuerte y el débil:
Para
un proceso de paz en la justicia conviene analizar el conflicto desde
contextos cada vez más amplios, para descubrir qué sujeto sea el más
débil:
A
primera vista los prepotentes son los del Abu Sayyaf y los débiles,
los rehenes -¿quién es más débil, sino esos pobres niños inocentes,
que de sobrevivir quedarán traumatizados de por vida? ¿Esos maestros
y maestras que no tienen más culpa que educar a la niñez? ¿Ese buen
misionero, párroco y educador en un medio tan difícil?
En
otro nivel, los secuestradores, aún valiéndose de medios cobardes
del todo reprobables, dicen defender mala y abusivamente- a
la población musulmana del Sur de Filipinas. Esta población, como
queda dicho, ha sido marginada de la acción gubernamental. Sus reivindicaciones
parecen legítimas y políticamente resultan los débiles.
Mirado
con mayor amplitud, Filipinas, con todo y su ejército mal armado,
representa una minoría cultural en el Sureste Asiático. Los rebeldes
parecen estar vinculados con el terrorista de Saudi Osama Bin Laden
y apoyados por el expansionismo islámico del Medio Oriente, sus petrodólares
y su petróleo mismo (del que depende Filipinas), aparecen de nuevo
como los más fuertes. Un Estado islámico independiente sería totalitario
y trataría de implantar la "limpieza étnica". Entonces los
cristianos de Mindanao, totalmente desprotegidos, serían los más débiles.
Contemplado
desde el panorama mundial, esta confrontación tiene importancia estratégica
en el juego de las potencias. Sobreponiendo el mapa de los conflictos
recientes con el Islam y el mapa de localización de los pozos petroleros
y los oleoductos, se percibe una extraña coincidencia, que une en
la misma red a Kosovo, Serbia, Irán, Irak, Afganistán, Pakistán y
se extiende hasta Chechenia; pero que no descarta las reservas petroleras
de Timor Este e Indonesia. Se dice que hay yacimientos petrolíferos
en el mar cercano a Mindanao. No es coincidencia que también en Nigeria,
los recientes conflictos entre musulmanes y cristianos se hayan dado
cerca de una zona de reserva de petróleo. Puede plantearse la hipótesis
de que el fundamentalismo religioso islámico sea una estrategia de
resistencia cultural que refuerza la defensa política y económica
(¿o apropiación?) de las reservas petroleras. Si esto fuese así, la
religión mahometana estaría siendo utilizada para fortalecer la soberanía
territorial e impedir que sean las potencias occidentales las que
dicten las políticas petroleras a seguir.
Samuel
Huntington en su reciente libro "Guerra de Civilizaciones"
profetiza que las guerras de este siglo serán guerras de religiones,
motivadas por razones etnoculturales. Como ideólogo neoliberal, con
su tesis, ampliamente difundida, intenta esconder los verdaderos intereses
de estos conflictos, que si en la superficie aparecen supuestamente
como religiosos; en el fondo subyace una tenebrosa causalidad económica:
el petróleo, cuyas reservas se agotan ante el consumo irresponsable
occidental. Los "moros" serían lo que los antiguos "comunistas"
en esta nueva "guerra fría": antagonistas magnificados para
pretexto de intereses inconfesables. Es significativo que los norteamericanos,
pese a protestas de la población, hayan construido en Mindanao un
gran aeropuerto. Incluso -yendo más allá-, se podría sospechar que
fuesen las mismas potencias euro-norteamericanas quienes desde la
oscuridad e indirectamente, estuviesen alentando a los fundamentalistas
para seguir vendiendo armamento y para tener un pretexto para posteriores
intervenciones militares. Un ejemplo lo tenemos en el embargo que
Occidente realiza contra Iraq desde 1991, incluso de alimento y que
está teniendo efectos devastadores sobre la población, especialmente
infantil, siendo que las razones militares únicamente justificarían
el embargo de armamento.
DIAGRAMA
DEL CONFLICTO


El
proceso de paz:
La
vía armada.- Una guerra que lleva más de 30 años no puede sofocarse
rápidamente con una operación militar.
A la Paz, por la Justicia.- La mejor salida sería la de la
Paz, que sólo se logrará juntamente con la Justicia. Se precisaría de
un nuevo Acuerdo para cierta forma de autonomía, con representación
de todos los grupos sociales, así como de programas de desarrollo social
en la región con buenas garantías de cumplimiento. Si la población musulmana
es bien atendida, no se inclinará a estos grupos armados, que más bien
les causan molestias, con lo que aquellos quedarían aislados. Las organizaciones
civiles laicas pueden jugar un papel importante.
Entre
las instituciones partidarias del proceso de paz, sobresale un foro
de obispos y ulamas creado en 1996 (BUF), presidido por el obispo de
Davao, Mons. Capall y por Mahid Mutilan, presidente de la Liga de Ulamas
de Filipinas. Están convencidos de que más que de una guerra religiosa,
se trataría de un conflicto entre el Ejército filipino y el MILF. Denuncian
que hay 60,000 desplazados por este conflicto y piden asistencia para
ellos. Distinguen el conflicto de Basilan (cuyas tácticas han sido condenadas
por los ulamas) del de Mindanao, especialmente en Lanao, reconocen al
MILF y juzgan que expresa las aspiraciones de la comunidad musulmana.
Piensan que la paz sólo podrá venir gracias a decididas inversiones
en desarrollo regional y a una auténtica participación en la gestión
de sus propios asuntos económicos y políticos.
Diálogo
de religiones:
"No
habrá paz en el mundo mientras no haya paz entre las religiones",
dice Hans Küng. Los enfrentamientos entre religiones no se dirimen con
argumentos teológicos, sino con la fuerza de las armas; pero en un conflicto
sociopolítico con cobertura religiosa, el diálogo de religiones puede
desactivarlo. La tolerancia pluralista es fruto de la modernidad. En
ella, la religión es considerada como asunto de la vida privada de cada
cual, por lo que se propugna el derecho que todo individuo tiene a profesar
la fe en conciencia que le parezca mejor. Este estatuto que los tiempos
modernos ofrecen a las religiones contrasta con la situación que anteriormente
prevalecía. En las sociedades premodernas, la religión representaba
el sistema cultural comúnmente compartido por todos los habitantes de
un mismo territorio: "Cujus regio, ejus religio". Toda
expansión política hacia otro ámbito cultural implicaba por tanto una
guerra de religiones. Así se vivió aquel largo período de guerras con
importantes momentos de convivencia- entre la Cristiandad europea y
el Islam, las dos unidades político-religiosas más poderosas que disputaban
la hegemonía mundial. La misma Cristiandad que en Lepanto defendía a
Europa, incursionaba en los territorios musulmanes durante las Cruzadas.
Es
paradójico aunque explicable- que fuese justamente en la era de
la globalización -la unidad en grandes bloques geográficos- cuando por
todas partes afloraron los nacionalismos étnicos localistas: si la trasnacionalización
del capital pone en predicamento las "patrias" los
Estados-nación son de relativamente tardíos-, son en cambio las "matrias"
-la voz de la sangre, la fuerza del clan- las que ahora resurgen. Todo
nacionalismo étnico tiende a la "limpieza étnica" del territorio,
y para ello, enfatiza la lengua y la religión (el catolicismo del ERI
irlandés o de los cristianos del Líbano pueden ser ejemplo). Aparte
de lo que diga Huntington, es claro que no cesará la tensión entre las
etnias en guerra mientras las respectivas religiones no dialoguen.
Es
importante notar que los bloqueos mentales no vienen tan sólo de la
parte musulmana, pues existen también integrismos cristianos, e incluso
es posible que los misioneros europeos conserven en la inconsciencia
de su memoria colectiva una visceral antipatía hacia los "Moros".
Esto no es ninguna injuria: es inevitable que todos tengamos nuestros
prejuicios; pero conviene advertirlo y estar alertas para no dejarnos
llevar por ellos. Enzo Pace, docente de Sociología de las Religiones
en Padua, observa la existencia de estos prejuicios en los europeos,
que suelen identificar automáticamente al Islam con el fundamentalismo,
sin tomar en cuenta al musulmán laico o místico. Este prejuicio se recrudece
ahora, cuando dos tercios de los emigrados a Europa son musulmanes los
"clandestinos"- a los cuales muchos no los ven como aquellos
pobres infelices que tuvieron que romper con la familia y abandonar
su tierra para poder sobrevivir, ni reconocen que Europa los necesita
como mano de obra de baja calidad, sino que son vistos como amenaza
que pone en peligro nuestros valores tradicionales.
"Por
la señal de la Santa Cruz":
El
3 de mayo, día en que tradicionalmente se conmemoraba La Santa Cruz,
fue hallado el cuerpo martirizado de nuestro hermano, e P. Rhoel Gallardo.
La cruz en la que murió Jesús era un instrumento de tortura romano reservado
a los reos políticos. Después significó la entrega amorosa y redentora;
la «kénosis» o abajamiento de Cristo, «quien siendo de condición
divina
se humilló hasta la muerte
en una cruz» (Fil. 2,
6-11). Desde que una legión romana de soldados creyentes decidió ponerla
como emblema en su casco, la cruz pasó a ser símbolo de la fe cristiana,
pronta al martirio. Acontece con todos los símbolos que cuando se debilita
la relación del significante con su significado original adquiere otras
connotaciones secundarias. La cruz pudo así convertirse en un amuleto
con el que Dios nos «libra de nuestros enemigos» -aquellas cruces
mesoamericanas a la entrada de las cuevas, para contener bajo tierra
a las poderosas deidades ancestrales derrotadas, o con las que los campesinos
eslavos se defendían de los vampiros-, y se ponía en lugares elevados
connotando protección. La protección contra los espíritus malignos se
desplazó contra los enemigos políticos. Durante los siglos XIII a XVI,
cuando se enfrentaban dos sistemas político-religiosos, la Cruz fue
el emblema de la «Cristiandad», contra la Media Luna del Islam. Las
cruces servían entonces para delimitar los territorios arrebatados o
conquistados. Fue con esta misma actitud que Hernán Cortés implantó
una gran cruz sobre el templo de Tenochtitlán al momento de su conquista.
Entre
las demandas con que el grupo extremista Abu Sayyef condicionaba la
liberación de los rehenes, se pedía que no se pusiesen más cruces públicas
en la región. Desde el fundamentalismo islámico esta petición denotaba
un territorio confesional homogéneo. Por eso Biazon, ex-general de los
Marines del ejército filipino y presidente del Comité del Senado para
la Defensa y Seguridad Nacional, dijo que eso de quitar las cruces de
las provincias del sur «no debería ni siquiera ser discutido».
Cualquier
religión tiene derecho a señalar con su símbolo sus respectivos lugares
de culto, y en tiempos en que la relación entre cristianos y mahometanos
era de convivencia más o menos pacífica no hubo dificultad para que
la Cruz presidiera el paisaje geográfico. Pero en situaciones de tensión
étnico-religiosa se requiere mayor cuidado en poner nuestros símbolos
en lugares públicos. La evangelización misionera ya no se apoya más
en el poder político, sino en el no-poder humilde y vulnerable
del testimonio. La Iglesia de Filipinas que en otro tiempo implantara
la Cruz, se ofrece ahora ella misma en cruz martirial por la paz.
Roma,
17 de Mayo del 2000