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Londi Boka Di Mpasi Nacido en 1929 en la República Democratica del Congo, el P. Londi Boka di Mpasi es jesuita, doctor en teología, autor-compositor de los himnos nacionales ("la Congoleña" 1960 y "la Zaireña" 1971), fundador y director de la revista Téléma de 1975 a 1998, profesor en Lumen Vitae, en Hekima College (Nairobi), en la Gregoriana y en Regina Mundi, experto del Sínodo afficano. Ha escrito muchas obras entre las cuales Teoogia africana, inculturación de la teologla (INADES, Abidjan, 2000). En este artlculo hace una distinción entre "tribalidad" y "tribalismo"; trazando así las vías pare un "vivir juntos" plural. AI decir de numerosos observadores, escribe un estudiante japonés en teología, el tribalismo sería uno de los generadores de los mayores flujos humanos en África. Disfrazado bajo otras palabras, hasta sería una fuente de confusión en los espíritus y las violencias sociales de algunos países de la Europe cristiana". Dentro de este contexto, ¿no se cuestiona la misión evangelizadora de la Iglesia? En efecto, se la dedara como "Madre y educadora"; "experta en humanidad"... ¿Qué se puede pensar? Francamente, ¿se puede hablar así en el marco de cierta África, cristiana ella misma? Formulada en estos términos, la pregunta efectivamente interpela a toda Iglesia particular en sus responsabilidades pastorales. Toda tentative de respuesta debería tomar en cuenta lo que las Iglesias realizan concretamente frente a lo que se vive en las sociedades, especialmente en situación de çrisis. Sin perder de vista la perspectiva pastoral, nuestra reflexión intentará extraer clara y sucintamente algunos matices socioculturales africanos subyacentes a lo que en África se designa particularmente bajo el término "tribalismo". Lejos de nosotros está la pretensión de realizar un estudio estrictamente antropológico; lejos también está la ambición de hacer un tratado exhaustivo. Se trata solamente de abrir algunas pistas para reflexiones posteriores. Un a priori negativo sobre la realidad ¡El tribalismo tiende a convertirse en una palabra fantasma! Un bolso grande de ignorancias e ideas preconcebidas que, a menudo, transmite malentendidos fastidiosos, muy poco controlados. Su misma terminación en "ismo" es objeto de precaución, destaca un aspecto restringido muy preciso: el lado negativo y nefasto de la tribu o etnia, ocultando lo que esta tiene de bueno, bello y vílido en sí; termina por ocultar los aspectos positivos y constructivos de la tribalidad que, al mismo tiempo, ¡se halla diabolizada! Teniendo en cuenta esto, ¿no se corre ef riesgo de arrojar al pobre bebé junto con el agua del baño? ¿Qué constatamos en el use masivo y casi corrosivo que hace cierta prensa sensacionalista? Coleccionan antivalores que se cargan de tribalismo, luego se los despliega con estruendo en pleno día, mientras se extiende una sombra opaca sobre los valores que la tribu tiene y cultiva normalmente. Estos valores positivos, por consiguiente, son poco conocidos, o casi mal conocidos. De hecho, entre los africanos instruidos, por ejemplo, ¿cuántos de ellos han tenido la oportunidad de reflexionar sobre la realidad de la tribu, sobre su tejido y sus mecanismos, antes de descubrir los efectos negativos, globalmente Ilamados tribalismo? Hechos negativos, coyunturales, a veces explosivos y condenables, ¿no son tomados "casi a la ligera", pescados como quiera con el objetivo inconfesable de arrojar el descrédito y hasta el odio sobre los componentes orgánicos de la tribu misma? Ahora bien, vistas las situaciones trágicas de aquí y de allá, engendradas por la ignorancia del verdadero aporte vital de la tribu, nos parece meritorio que el conocimiento exacto de esta, en su estructura, su funcionamiento y sus relaciones, sea considerado como el primer remedio contra las patologías tribalistas. En la presente reflexión también quisiéramos aclarar tres puntos: luego de haber esbozado en qué consiste la tribu, su organización, su principio de coherencia y su eficacia, caracterizaremos el tribalismo como un conjunto antitético de productos, en realidad, viciosos, resultado de la tints corrida humans, particularmente del desequilibrio pol(tico, económico y social. Dentro de este desequilibrio se inscriben los prejuicios de un sistema educativo defectuoso o de un ambiente religioso desfalleciente... Finalmente presentaré una interrogante sobre la responsabilidad de las Iglesias en su misión evangelizadora en las culturas de contexto tribal. 1. La tribu y sus posturas Una precisión terminológica En un primer momento, se impone la precisión concerniente a los vocablos etnia y tribu. Tribu y etnia son dos términos casi equivalentes en el lenguaje corriente; a decir verdad, según los diccionarios enciclopédicos, particularmente el Larousse, solo difieren por un matiz: la tribu pone el acento sobre una cierta comunidad de origen biológico, histórico o mítico; la etnia, en cambio, insiste sobre la herencia cultural común, particularmente el lenguaje, el arte, las prácticas socio religiosas, etc., incluso un patrimonio global de experiencias, transmitidas de generación en generación, sobretodo oralmente, por las instituciones educativas. Si la palabra tribalismo es — se puede decir — un neologismo moderno, el término tribu remonta a las lejanas edades de la organización embrionaria de los pueblos y sociedades alrededor de la cuenca del Mediterráneo y sus alrededores, como los Hebreos, griegos y romanos! Mientras que para los hebreos, la tribu era un criterio de repartición del pueblo entero en doce unidades descendientes de doce hijos de Jacob-Israel, para los griegos y romanos, se Ilamaba "tribu" a la unidad de base político-administrativa de los ciudadanos, tanto en la ciudad como en el campo, tales como Atenas o Roma (de donde se derivan los términos tribu, tribuna, tribunal, tributo, tributario). Los etnógrafos y etnólogos han adoptado y vulgarizado el vocablo "tribu" para designar un grupo humano, relativamente homogéneo, identificable por su lengua, sus usos y costumbres, sus tradiciones culturales, su arte, sus ritos y símbolos religiosos. Evolución del concepto En un artículo titulado Sobre el buen uso de la etnicidad (1), C. Coquery-Vidrovitch traza brevemente la historia de la palabra etnia y su coincidencia con el término tribu. Merece ser citado un párrafo de su reflexión: En primer lugar, ¿Conocemos la historia del término "etnia"? Este apareció en 1787. Durante dos siglos las variaciones de sentido pasarán de un extremo al otro, bien laudatorios, bien peyorativos. Hasta la mitad del siglo XIX, el sentido era tan preciso que incluso fue olvidado, aquel de "pagano" (diccionario Littré). Las "etnias" eran los pueblos no cristianos: tanto como decir, en la época, los salvajes (la única "civilización" entonces digna de este nombre era la civilización judeo-cristiana). En los años 1880, junto a la aparición del imperialismo colonial, la palabra fue recuperada por la etnografía (la profesión de etnólogo aparece en 1870). El concepto de "etnia" fue popularizado entonces por los científicos alemanes, a partir de etnikum; se abandona el campo estrictamente religioso para designar a los "no-civilizados"; pero, a través de las tesis pseudo científicas de moda en esa época, una evidente confusión se instala entre el sentido rational, lingüístico y psicosocial. En la época colonial, una doble corriente consolida estas perspectivas: de una parte, la etnograffa colonial estuvo demasiado contenta en fijar estas realidades cambiantes al interior de territorios eatables, apropiados para facilitar censos levantados para el pago de impuestos y redutamiento de trabajadores: las "etnias" se convirtieron en "tribus", lo que permitía evacuar doblemente la idea de "nación"; dominio reservado al Estado occidental. Por otra parte, el rechazo al modelo blanco incitó a los africanos a entrar en este juego: la opresión favorecía la búsqueda desesperada de un re-enraizamiento identitario; el sentimiento étnico se convirtió en una reivindicación de su diferencia: se volvió a hacer rígido, incluso se reivindicó como autónomo y antiguo. Las tribus y tos estados modernos Sea que habiten un territorio común o que estén dispersos en muchas regiones, los miembros de una tribu mantienen la conciencia, clara o vaga, de descender de un ancestro único, poco importa que este sea mítico o histórico. En África, particularmente luego de que la Conferencia de Berlín, donde los poderes coloniales fijaron las fronteras de los territorios según sus intereses, pero, sin contar con las poblaciones (tribus), muchas de ellas se encuentran ahora, quieran o no quieran, entre dos Estados, otras, divididas en tres países o más. Por lo demás, hasta estos últimos decenios, poco se escuchó hablar de tribus o etnias. Lo que había eran naciones, estados, países. A la tribu se le reservó un matiz peyorativo como sociedad primitiva, atrasada, condenada a desaparecer. Se imaginó demasiado rápido que las etnias o tribus se diluirían en los irresistibles estados post-coloniales, que los uniformarían según los códigos de las instituciones nacionales. Casi tabúes en ciertos medios, y artificialmente marginalizadas, las estructuras tribales se refugiaron en una suerte de clandestinidad donde, como un volcán dormido más que apagado, se despertaron repentinamente gracias a situaciones de injusticia intolerables. Helas aquí determinadas, peleadas por una parte, con los poderes nacionales corruptos, que institucionalizan las injusticias y por otra, con las etnias que se vuelven cómplices del pésimo orden establecido. En estas condiciones, manipuladores autóctonos internos o pescadores de aguas turbias, así como tejedores de hilos extranjeros maniobran fácil e impunemente. Las armas y las finanzas Iloverán de todas partes para guerras, guerrillas, rebeliones y violencias insidiosamente atribuidas al tribalismo, ¡ tanto que este se ha convertido en el chivo expiatorio! Ahora bien, armas y guerras, regalos envenenados de amigos extranjeros, están ahí para servir cínicamente a un objetivo: el pillaje de las materias preciosas (sobre todo estratégicas); el resto es, a menudo, una impostura, incluso una hipocresía a través de la cual las tribus son manipuladas. La existencia de la tribu en peligro
Entre tanto, a pesar del peso de la ignorancia y de la inconsciencia de las masas, una cohesión tribal lúcida ha crecido. Gracias a una solidaridad omnipresente y eficiente, la tribu cumple el papel de fundamento para la conservación de la vida; y es también el último recurso para la supervivencia y la aflrmación de sí misma: unas veces cura las heridas abiertas por las emerges decepciones al ver que las promesas de las independencias nacionales son confiscadas por habitantes de algunas etnias de regiones privilegiadas; otras veces, se debate contra el aparato de leyes injustas y sobretodo contra la repartición desigual sea de las riquezas nacionales, sea de las cuotas regionales por el acceso a los ministerios públicos, empleos, escuelas, cuidados de la salud, salarios, becas, etc. En todo caso, con el riesgo de parecer poner mala cara al advenimiento de la dimensión national u obstaculizar el avance de este hacia un Estado democritico de derecho, multipartidista, la comunidad tribal se defiende, con los medios que están a su alcance, contra los atolladeros del patrimonio común que beneficia a un puñado de dirigentes, enriquecidos por un montón de bienes mal adquiridos. Rechazados y prácticamente traicionados por una prensa local y extranjera pagada por las multinacionales (se piensa), la endeble realidad positiva de la tribu es acosada por todos lados por manipuladores y aprovechadores sin escrúpulos. Ella grita ¡socorro! Si las Iglesias no responden al llamado del más débil, ¿a qué otra institución suficientemente confiable la pobre africanidad traditional, representada por las estructuras tribales y oculta tras la palabra traidora de "tribalismo", godría confiar su angustia y sus protestas? Ahora bien, la africanidad profunda, bien comprendida, es una suerte de reserva de humanidad por su espíritu de compasión y de solidaridad efectiva, que la acerca a la enseñanza evangélica en Lc 10,29-37. 2. La estructura y funcionamiento de la tribu La dinámica vital de la tribu Como grupo humano definido, la tribu, cualquiera sea su extensión, se enraíza en la familia, eje de transmisión no solo de la vida sino también de los valores tradicionales y — ¿por qué no'? — de algunos antivalores. La razón de ser obvia de su tipo de organización es garantizar la vida y la supervivencia de sus miembros, de manera que cada uno sea un tesoro que cuente para todos. AI ser cada uno solidario con los otros; resulta que todos son responsables de cada uno. "En África, decía un eslogan en los años 60, ¡nadie muere de hambre o todos mueren de hambre!".… En la base del seno de las familias, y en la cumbre del seno de la tribu, la sabia vital se llama en lo cotidiano, reparto y solidaridad. Una especie de promesa de derecho a compartir pare la supervivencia se justificará mejor mientras haya una solidaridad real, en un esfuerzo de trabajo productivo. Gracias a los lazos de una solidaridad activa y creativa, la tribu, más allá de la sangre y de la región, es esencialmente un espacio de pertenencia comprometida. Es un cuerpo vivo, incluso un espacio del deber "ser con" que tiende a modelar "seres comunitarios" antes que individualistas. El dicho "cada uno para sí y Dios para todos", no refleja la postura del orden tribal. Como la solidaridad, la comunidad es una exigencia vital, constitutiva de la tribu. Aislarse es debilitarse y morir. Sin duda, mediante la ayuda mutua, la unión hace la fuerza: "vae soli"; ¡mala suerte para quien está solo! Es verdad que bajo la mirada de la economía moderna, regida por una competitividad inexorable, el cúmulo del tener en detrimento del ser parece imperativo. En este caso, la solidaridad africana aparece como un espantapájaros. Ahora bien, evocar la comunidad del reparto, ¿no es sugerir un componente esencial, específico, de la misión evangelizadora de las Iglesias cristianas (Hch 4,32-35)? Por ello, desde hace algunos decenios, la pastoral promovida por la nueva evangelización o la misión, aunque aún titubeante en algunos sitios, las llama "pequeñas comunidades eclesiales vivas", porque — entre otras características — los miembros se comprometen a producir juntos para vivir compartiendo. Animados por una caridad responsable, promueven la preocupación del bienestar del otro, a ejemplo de Cristo que "por nosotros y por nuestra salvación" y no por él mismo y sus pérfidos intereses "se hace hombré". Una realidad compleja, la tribu evoca la lengua de Esopo Este estado de espíritu vuelve a cada miembro y a todos juntos sensibles a una cause común, responsables y solidarios unos con otros. Desde entonces, frente a una amenaza contra la vida y la supervivencia del cuerpo, todos en un sobresalto de legítima defensa, vibran en común y forman un bloque. Como una sola alma, casi a ciegas — por refiejo y sobresalto gregario unánime — se pasa a la acción o a la reacción en un sentido determinado. Bajo este propósito la comunidad familiar, tribal, eclesial, o national, puede ser una dinamita lista pare explotar en beneficio de quien sepa manipularla condiciònándola pare instrumentalizarla según sus fines. AI ser un cuerpo vivo por su coherencia interna y viable por su propia eficacidad, la tribu es a la vez una fuerza debido a su cohesión, marcada por una activa solidaridad, pero también debilidad y vulnerabilidad, en todo sentido, por su disponibilidad a la manipulación. Nos recuerda, en este sentido, la lengua de Esopo. Corre también el riesgo de volver desconocidos, paradójicamente, algunos de sus ideales sagrados, tales como la acogida y el compartir la paz, la concordia y la reconciliación, la justicia y el respeto de la vida de cada persona. De la tribalidad al tribalismo No se puede dejar de señalar, al paso, un fenómeno de discriminación curiosa. El lenguaje de la prensa, tanto local como extranjera, parece tener dos pesos y dos medidas. Muestra un apasionamiento por los valores de su memoria colectiva cuando los Vascos de España reivindican, en todos los tonos y por todos los medios, un referéndum de autodeterminación; de igual manera, cuando los Bretones de Francia piden, a favor de su Bretaña, un estatuto de autogestión para la supervivencia de su identidad céltica. Cuando los flamencos de Bélgica, los escoceses del Reino Unido o los de Quebec en Canadá reclaman cierta autonomía, susceptible de ir hasta la independencia, la prensa lo ve como un derecho a la diferencia, una legítima defensa de las minorías o de las particularidades culturales regionales, y se los presenta decididamente como tales. En cambio, cuando una etnia africana se indigna o se rebela contra alguna forma de opresión y de injusticia, practicada por un régimen títere, cuando denuncia a otras tribus traidoras, compradas por la corrupción, la prensa exclama: "¡Abajo el tribalismo!" Se requiere puntualizar para distinguir bien la tribalidad del tribalismo y sacar en claro lo que caracteriza al uno y al otro. En efecto, la tribalidad es una cosa, el tribalismo es otra. Con la pertenencia a un grupo étnico por lazos de proximidad, parentesco real o supuesto, la tribalidad confirma su legitimidad por el respeto a las tradiciones culturales propias; justifica su autenticidad esencialmente por la fidelidad practicada de una eficaz solidaridad. El tribalismo, entendido en sentido peyorativo, es un conjunto de efectos perversos, debidos a la manipulación exterior y a la ceguera interior: uno debe ser desenmascarado a tiempo, el otro curado por un sistema de educación apropiado. Aun cuando cualquier comparación tambalea, no se puede impedir el comparar la tribalidad con la luz: la tribalidad es para el tribalismo lo que la luz es para la sombra. Así como la sombra señala la luz, así el tribalismo representa el revés tenebroso de una tribalidad brillante; la una no debería ser ni confundida con la otra ni reducida a la otra. Como todo compromiso masivo, la ceguera colectiva de un grupo proviene a menudo del hecho de que quienes manejan los hilos, sobre todo extranjeros, explotan las energías disponibles, ahí donde aprieta el zapato. Entonces, el "tendón de Aquiles" es tanto un sentimiento (ambición, celos, rivalidad, honor herido, miedo visceral al otro, odio y venganza), como un prejuicio, una sospecha justificada o no, y sobretodo una ideología, a menudo falaz y tóxica, que acaricia el deseo de hegemonía. Frente a cualquier desgracia que se sufra, bastaría designar al otro (grupo o individuo) como la causa, incluso como el chivo expiatorio, e inmediatamente se pone en marcha un tren de represalias y venganzas. Una triple fragilidad dificulta la tribalidad Además, una triple fragilidad expone a la comunidad tribal a la explotación especialmente del exterior. La primera es el hecho de que las etnias son numerosas y diversas. Esto provee a los explotadores emboscados la oportunidad de oponerlos unos contra otros, aplicando los dos principios queridos de los manipuladores: "dividir para dominar" y "el infierno es el otro". Frente a esta fragilidad, la progresión del Estado de derecho hacia una democracia sana y la emergencia de las comunidades eclesiales vivas, englobando las etnias, ¿no prometen aportar con cierto remedio? Pero, para ello, hay que garantizar, por supuesto, de una parte, la igualdad de derechos para todo el mundo en todos los dominios y por otro lado, el derecho a la legítima diferencia, que implica el respeto a las minorías. Con esta condición podrá alejarse el riesgo de una uniformización pobre que caricaturizaría la bella diversidad, que armoniza las diferencias. La segunda es la inconsciencia, favorecida particularmente por la propia ignorancia de los valores permanentes de la tribu, a saber, aquellos a los cuales la tribu debe su sorprendente eflciencia para asegurar la autodefensa de la vida y garantizar la supervivencia de sus miembros. En fin, las families, las escuelas, las comunidades eclesiales en gestación, son tres lugares privilegiados para la educación de toda persona en una sociedad moderna, igualitaria y justa. Pero, hay que confesarlo, la africanidad profunda — aquella que precisamente se llama tradicional — es admitida muy lentamente, en pleno derecho, en el sistema de educación escolar y religioso moderno. Es principalmente aquí, que la responsabilidad de las Iglesias está fuertemente comprometida, pues las Iglesias están llamadas a ser "expertas en humanidad" y por este mismo hecho, educadoras de las conciencias para la verdad, la justicia, la paz, la probidad, y la reconciliación. 3. La responsabilidad de las Iglesias Examinemos ahora de manera precise la responsabilidad de las Iglesias, Ilamadas a evangelizar las células étnicas, "no superficialmente, como barnizando, sino en profundidad" (Evangelii Nuntiandi, 20). Nuestra reflexión es prospectiva: absteniéndose deliberadamente de la crítica retrospective, se inscribe, por el mismo hecho, en el impulso de la evangelización a la manera de Jesucristo, buen pastor, frente a las tradiciones socioculturales de Israel. Ahora bien, el buen pastor "conoce a sus ovejas" (Jn 10,14). Para ello, antes de su ministerio público, Cristo consagró treinta años a la escucha generosa de su pueblo. Hizo suya la cultura de Israel, comprendidos sus valores religiosos, salvo el pecado (Heb 4,15; 1 Pe 2,22). Así pudo, con conocimiento de causa, impregnar la sabia evangélica en las mentalidades y estructuras socioculturales globules, para obtener, desde el interior, una transformación radical durable. El Vaticano II quiso sacar a la luz este proceso pastoral de Cristo. El Sínodo mundial sobre la evangelización del mundo contemporáneo (en 1974) lo profundizó y concretizó bajo la orden de Juan Pablo II: "Nueva Evangelización", con un fuerte acento sobre la enseñanza social de la Iglesia y sobre las cultures locales. El Sínodo africano sintetizó este espíritu en la expresión: "La Iglesia, familia de Dios". A través de la pastoral de las pequeñas comunidades cristianas vivas — entre otras initiatives — las Iglesias de África quieren promover, para Ilegar a la persona real, donde vive y actúa con sus costumbres ancestrales. Se trata, entonces, de abrir al Espíritu de Cristo el conjunto del cuerpo social para hacer reinar el espíritu de justicia, de igualdad, de responsabilidad, de reconciliación, de amor fraterno sin fronteras y sin discriminaciones. 4. Algunas ilustraciones Algunos ejemplos podrían aclarar mejor la complejidad del problema y harán aparecer la necesidad de conocer la tribu en su estructura y su funcionamiento. Esto permitirá emitir un juicio válido, autorizado, sobre ciertos acontecimientos recientes, a los que estamos tentados de atribuir injustamente como causa, la tribalidad misma, en su realidad positive. La etnia como coartada Un estudiante africano acaba de presenter cuatro exámenes. No pasó tres, frente a los examinadores que no son de su etnia. El cuarto examinador, frente a quien aprobó, es de su tribu. El estudiante se va gritando a los cuatro vientos que ha fracasado por el tribalismo.… Ahora bien, la verdad que sus propios vecinos de dormitorio conocen bien, es que en lugar de estudiar, pasó su tiempo haciendo otra cosa. Más aun, consultó a los videntes y echadores de buenaventura. El cuarto profesor, es verdad, le otorgó la aprobación no por pura solidaridad étnica sino porque lo merecía. No obstante, no hace falta decir que el profesor estaba, al mismo tiempo, aliviado, pues en caso de que el estudiante fracase — ¿quién sabe? — tal vez la familia del profesor, en el pueblo, podría sufrir alguna desgracia por represalias. En resumen, contrariamente de lo "que se dicé" muy hábilmente orquestado, el fracaso académico no fue debido a la pertenencia tribal del estudiante, sino a su pereza inconfesable. No obstante, nada excluye que en tal o cual caso, un estudiante sea inhibido por un prejuicio étnico, o psicológicamente estimulado por una afinidad tribal (en especial lingüísticamente) o, además, por una amistad particular. El precio de una crasa ignorancia He aquí una pareja unida y muy feliz. El marido es miembro de una etnia regida por el sistema patrilineal (en el cual los parientes, la autoridad y la fìerencia se cuentan por el lado paterno); la etnia de la mujer practica el sistema matrilineal (en el cual los parientes, la autoridad y la herencia son del lado materno). Convencidos por el cura acerca de que el amor resuelve todos los problemas, los dos cónyuges no quisieron complicarse respecto a lo que habían vivido sus parientes. Su primera hija, a la edad de casarse, encuentra un novio. En el momento de entregar la dote, sombras espesas se acumularon sobre la pareja y su ambiente. ¿A quién dar la dote? Normalmente, al tío paterno (el hermano del papa), en el régimen patrilineal; al tío materno (el hermano de la mamá) en el régimen matrilineal. Ninguno de los tíos concernidos quiso privarse de su derecho, la situación fue bloqueada tanto de un lado como del otro. Por añadidura, las autoridades administrativas (civiles y eclesiásticas) ignoraban las estructuras tradicionales, a pesar de que estas son aún dueñas subterráneas del sistema global politico, económico, familiar y tribal. Los responsables de la Iglesia y los funcionarios del Estado no tenían más que confesarse impotentes para proponer un compromiso de aceptable sabiduría. La pareja, sacudida violentamente, fue irremediablemente conducida al divorcio. Muy a la ligera, la triste salida de la pareja fue imputada al tribalismo por el entorno. Sin embargo, lo que se habría debido cuestionar es la ignorancia de las tradiciones locales. Las mutaciones profundas de las concepciones tribales ¿podrían obtenerse alguna vez sin el conocimiento exacto de sus pormenores? Una maniobra de diversión En 1994, una prestigiosa empresa sin fines lucrativos, confió su dirección a un joven universitario recién salido de sus estudios. Un sujeto brillante, de palabra chispeante, tuvo un inicio fulminante, debido a que portaba un saber libresco impresionante, hecho de clichés a ideas recibidas pero, en cuanto a la experiencia y al "saber hater las cosas", era casi nulo. Como se sabe, "un tonel vacío hace mucho ruido". AI final de un semestre apenas, la susodicha empress estaba alicaída. La clientela comenzó a hacerse preguntas. En efecto, como un señor feudal, el joven patrón se permitió estar a menudo impunemente lejos de donde debería estar: ¡en su oficina! Sin molestia alguna se ocupaba de todo, menos del trabajo que él debía hacer. En consecuencia: un enorme correo de negocios quedaba sin respuesta. Más de un cliente, cansado de esperar, dejó la empresa que de mes en mes, se puso a tambalear. Hábil y sutilmente el patrón se apresuró de acusar a todo el mundo de "tribalismo". ¡Los tribalistas, trompeteaba, a quien quería escucharlo, están celosos de mi ascenso rápido a la cumbre! ¡Me impiden el éxito porque soy originario de tal región y tal etnia!". Luego de una investigación algunos periodistas descubrieron que mentía, su incompetencia era patente. De suma urgencia fue convocada una asamblea para examinar la situación. Con astucia los simpatizantes del patrbn designaron una mayoría de miembros extraños a su etnia. Como algunos esperaban su destitución por voto, se esperaba justificar así el rumor de tribalismo que circulaba. Pero los delegados percibieron Ia trampa. Votaron masivamente por su permanencia. Condenado por el mismo hecho, a concluir su fracaso, tuvo que asumirlo sin falsas salidas. Los miembros de la Asamblea parecían ilustrar Is sabiduría popular que dice: "el camarón se pudre por la cabeza" o bien: "mientras más sube un mono, mejor se ve su cola"; o sun "experiencia crea ciencia". En el mismo sentido, con ciertos matices, los chinos dicen: "La rana en su charca se imagina que está en el océano". Tomar en cuenta tal patrimonio de sabiduría acumulada y experimentada por una larga experiencia ahorraría muchos desengaños a la gestión en no pocos asuntos donde el error es, de manera caprichosa, atribuido a un "tribalismo" sufredolor. Una vez más, parece que cierto recurso táctico a un "tribalismo", cargado de todos los males de la sociedad, es a menudo una fábula para distraer gl público. El remedio a tal desviación está en el conocimiento exacto, objetivo; de la realidad auténtica de la "tribalidad". Asi se podrán aclarar y prevenir los malentendidos. A menudo estos se deben no a la "tribalidad" misma sino a diversos factores intrusos y parásitos. Frente a un interés vital mayor, la etnia misma puede desmembrarse Este ejemplo juega un papel de contraprueba.… Hace menos de 10 años, los autóctonos de una región de la República Democrática del Congo decidieron devolver a sus casas a los ciudadanos — congoleños también — venidos de la región vecina. El veredicto fue irrevocable. En ciertos lugares la partida no fue bien recibida. Tal vez de buena fe, la prensa national a internacional acusó escandalosamente de un tribalismo xenofóbico y retrógrado. Francamente la causa real del incidence no era la pertenencia tribal, pura y simple (por la única razón de que los antagonistas eran estrictamente de la misma etnia), sino por el desequilibrio social y fiscal manejado, particularmente, por una práctica descarada y chocante. Esta consistió en repartir desigualmente los recursos nacionales y las cuotas regionales para empleos, escuelas, atención de salud, etc. Los ciudadanos traídos de otras regiones por las autoridades coloniales eran una rama de la misma etnia que aquella de la región de acogida. Auxiliares dóciles, interesados a interesantes a los ojos de los colonizadores, tuvieron ventajas que bajo todos los aspectos, hacían de ellos unos privilegiados, en perjuicio de los autóctonos. Estos últimos terminaron por ver en ellos unos aprovechadores intrusos, manipuladores, luego traidores a la causa vital común de los autóctonos. Ellos obstaculizaban el desarrollo de la región. En resumen, el rechazo a los "desplazados" no tenía mucho que ver con el tribalismo al cual cierta prensa sensacionalista lo había asimilado de manera tendenciosa. Conclusión Nuestro ensayo es una autocrítica orientada a mostrar que la tribalidad, como sana pertenencia a un grupo humano determinado, no es, en sí misma, la causa del tribalismo. Este, en nuestra óptica, es considerado como un conjunto de fenómenos aberrantes cuyos factores son, en parte, internos y en mayor parte externos. La tribu auténtica es un espacio vital, una estructura dinámica neutra, maleable y manipulable que cristaliza las crisis socioeconómicas, políticas, educativas y religiosas modernas. También los juicios apresurados la convierten fácilmente en un chivo expiatorio o en una coartada cómoda. Si la tribalidad fuera la causa inmediata de las aberraciones tribalistas, sería una fatalidad y por el mismo hecho, inaccesible a una transformación para mejorar. Sería inepta para una conversión y por consiguiente, toda tentativa de evangelización sería vana. Ahora bien, en su núcleo vital, la tribu tiene valores positivos que gracias a la sabia evangélica son permeables a un desarrollo, hasta heroico, de la justicia, de la generosidad, y de la reconciliación fraterna. En adelante, frente a tal responsabilidad las Iglesias no tienen que esquivar su ministerio, sin importer sus errores en el pasado. Estos errores, en su mayoría, se debieron a métodos inapropiados, tributarios de vicisitudes históricas. La perfección no es de este mundo, pero el ser humano está Ilamado a hacerse perfecto, reconociendo sus intentos fallidos para corregirlos. "Equivocarse es humano, decían los sabios de la Grecia antigua, péro es estúpido obstinarse en el error ". Notas 1. Le Monde diplomatique, Julio 1994, 4 Ref.: Spiritus (Edición hispanoamericana), año 42/3, n. 164, septiembre de 2001.
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