P. Gregorio Iriarte, OMI
La Deuda Externa y el Jubileo 2000
(28 January 2000)


Sacerdote y Lic. en Filosofía, director nacional del Instituto de Teología a Distancia, docente de la Universidad Católica Boliviana, Cochabamba.

Dicen nuestros Obispos en sus Orientaciones Pastorales, con motivo del advenimiento del Tercer Milenio:

"Es el Jubileo un tiempo de gracia... de solidaridad, de restituir lo robado a los pobres... de verdadero esfuerzo para abolir la deuda externa que mantiene en la pobreza y en la postergación indefinida a nuestro país y a todos los pueblos del Tercer Mundo".

La reflexión teológica, sobre todo en América Latina, trata de analizar el modelo económico vigente, bajo sus nuevas características de complejidad, de globalidad y de falta total de equidad. Uno de los aspectos más cuestionado y criticado es el de la deuda externa, ya que es juzgada, en su mayor parte, como económicamente irracional e impagable, socialmente intolerable y éticamente injusta e ilegítima.

1. La deuda externa interpela a la ética

Se dice y se repite que la deuda externa es impagable e incobrable, limitando sus dimensiones y su impacto en el área de lo económico-financiero. Pero el cuestionamiento más radical, más profundo y más humano no está en si "se puede o no se puede" pagar, sino en si "se debe o no se debe" pagar.

La mayor urgencia está en determinar, desde una perspectiva jurídica y ética, qué montos de ese endeudamiento son legítimos y cuáles son francamente ilegítimos y, por lo tanto, carentes de obligación moral de honrarlos. Y es que la deuda externa es, ante todo y sobre todo, un problema ético, un problema moral, o más exactamente, un problema inmoral.

Las leyes que regulan la actividad económico-financiero tienen su propias racionalidad científica y, en este sentido, gozan de plena autonomía, así como las demás ciencias humanas. También la ética goza de autonomía dentro de su área específica. Sin embargo, la limitación de estos campos no es excluyente. Todas las ciencias y disciplinas están llamadas a complementarse y a integrarse dentro de la totalidad de lo humano. Todas son convocadas y ordenadas para servir al hombre y a la humanidad en general.

Pero nuestro mundo parece vivir actualmente en una especie de "esquizofrenia social". La economía quiere ser no sólo autónoma, sino totalmente independiente de toda norma ética. Esto tiene consecuencias terriblemente graves, sobre todo para el mundo de los pobres, ya sea como personas o como pueblos y naciones. El área de lo económico financiero se ha ido encerrando en los estrechos límites de un economicismo de tipo materialista y egocentrista, dominado exclusivamente por prácticas financieras y comerciales.

Pero la actividad económica no se puede, ni se debe agotar en la praxis científico-técnica que la sustenta. Lo humano desborda esos límites estrechos que el mundo de las finanzas le quiere imponer. Todas las ciencias deben estar abiertas hacia la totalidad de los fenómenos y esta perspectiva les garantiza su propia autonomía y les impide cerrarse, en forma deshumanizadora, sobre sí mismas.

La actividad económico-financiera debe desarrollarse dentro de los ideales y del gran horizonte de la ética. No debe existir una praxis financiera ajena a los profundos valores humanos y extra-económicos. La ciencia económica se mueve dentro del orden de los "medios", mientras la ética tiene por objetivo el proponer y discernir sobre los "fines". La persona humana es el ser en el que se conjugan, de una manera armónica, los "medios" y los "fines".

Las injusticias en el campo de la economía y, de un modo especial, en el problema del endeudamiento externo, son demasiado patentes para poderlas ignorar. El clamor que surge desde los marginados pide, en el fondo, que la instancias éticas lleguen hasta el frío y deshumanizado mundo de las finanzas. (Moral de Actitudes Vol. III. M. Vidal. PS. Madrid, pag. 282).

Frente a un problema como el de la deuda externa, tan grave desde el punto de vista económico, político y social, es de absoluta necesidad proyectar sobre él una reflexión y una iluminación ética.

2. Radiografía de la deuda

La deuda externa del Tercer Mundo, en su conjunto, ha sobrepasado ya los dos billones de dólares (2.000.000.000.000).

La deuda externa de América Latina y el Caribe, que en 1990 era de 443.000 millones de dólares, a fines de 1998 había llegado a 680.000 millones y para principios del año 2.000 alcanzará los 706.000 millones de dólares. El servicio de la deuda (pago de amortizaciones e intereses) compromete el 30% del valor total de las exportaciones de la región.

Sólo por el pago del servicio de la deuda, América Latina pagó, entre 1982 y 1996, la cantidad de 739.000 millones de dólares, es decir una cifra superior a la deuda total, actualmente acumulada.

Hagamos un cálculo elemental pero, a su vez, desconcertante: En el año 1990, América Latina debía, en números redondos, 440.000 millones de dólares. En la actualidad debe 680.000 millones y, sin embargo, ha pagado por el servicio de su deuda una cantidad mayor a su deuda actual. Y es que la deuda tiene, en sí misma, un automatismo interno pernicioso. Crece en forma autónoma y constante, desde su propia realidad injusta y usurera.

La deuda externa amenaza a nuestros países con los círculos de una espiral fatídica: para pagar la deuda hace falta dinero y para obtener ese dinero hay que seguir endeudándose !!!!!

Esto nos trae a la memoria aquella anécdota del campesino arrendero que, por más que él y su familia trabajaban para el patrón, siempre vivían endeudados y, estando gravemente enfermo, pidió que se pusiera, sobre su tumba, la siguiente inscripción: "Sudó trabajando, vivió pagando y murió debiendo" !!!!!

Parecería ser la historia de América Latina.

Los últimos datos sobre la deuda externa de Bolivia nos señalan que nuestro país debe en la actualidad 4.230 millones de dólares.

Para darnos una idea de la gravitación negativa de esa deuda sobre nuestra economía, debemos tener presente que en 1997 Bolivia tuvo que pagar, por concepto de amortizaciones, 164,4 millones de dólares y por concepto de intereses, 153 millones de dólares. Quiere decir que el servicio de la deuda significó para Bolivia, en 1997, una erogación de 382,6 millones de dólares.

DEUDA EXTERNA BOLIVIANA A DICIEMBRE DE 1997

(en millones de dólares)    

Acreedor Desembolsado Amortización intereses Saldo
Multilateral 356,2 153,9 105,5 2.766,7
Bilateral 23,4 8,4 47,7 1.438,5
Privada 3,0 6,1 0,7 27,9
Total 382,6 168,4 153,9 4.223,1

                    Fuente: BCB (Banco Central de Bolivia)

3. Causas estructurales de la deuda

Las causas más profundas de este crecimiento acelerado de la deuda las podemos reducir a cinco:

 

1. La oferta indiscriminada de préstamos, por parte de los bancos transnacionales, que disponían de gran liquidez a causa de la acumulación de petrodólares y porque EE.UU. inundó con sus dólares todo el mundo para subvencionar su déficit.

2. El continuo deterioro de los términos de intercambio comercial internacional que obligó a los países exportadores de materias primas a solicitar préstamos para pagar sus importaciones.

3. El aumento de la tasa de interés (intereses fluctuantes), siempre por encima de las tasas del mercado financiero internacional.

4. Las políticas proteccionistas de los países industrializados, que han mantenido cerradas sus fronteras a productos más baratos de los países del Tercer Mundo.

5. La fuga de capitales, préstamos ficticios, gastos de comisiones, maniobras financieras irregulares, manejadas entre los prestamistas y ciertos gobiernos, empresas o individuos de los países endeudados.

4. Las políticas de ajuste estructural

Cuando la magnitud de la deuda y el retraso del pago de su servicio puso de manifiesto la imposibilidad de pagarla en las condiciones impuestas, el FMI propuso, como solución, las denominadas "políticas de ajuste estructural".

Estas políticas económicas son la condición que se impone a los países deudores que necesitan imperativamente renegociar su deuda y seguir teniendo acceso a los mercados financieros internacionales.

El Banco Mundial coordina con el FMI para facilitar créditos solamente a los Gobiernos que adopten los programas de "ajuste".

Todos conocemos los efectos de las medidas fondomonetaristas: alta tasa de desempleo, cierre de gran número de empresas, brecha creciente de la población socialmente marginada, y una rápida acentuación de las desigualdades sociales.

El decenio del "ajuste" fue el "decenio perdido" para A.L.: Entre 1980 y 1990 se pagaron 380.000 millones por concepto de intereses, y otros tantos por concepto de amortizaciones. El PIB de la región cayó en un 10% y la deuda siguió creciendo vertiginosamente. Durante ese decenio el número de pobres aumentó de 136 millones en 1980, a 266 millones en 1992, o sea del 41% al 62% de la población.

Según el Informe del Banco Mundial (1997), uno de cada 3 latinoamericanos es pobre, y un total de 86 millones de personas (es decir, el 18% de la población) sufre extrema pobreza. En términos económicos eso quiere decir que tienen que arreglárselas para sobrevivir con menos de un dólar por día.

Si las cosas siguen como en estos últimos años, el número de pobres crecerá, en nuestra región, al ritmo de un millón de nuevos pobres por año. Se calcula que cada minuto que pasa hay dos pobres más en América Latina.

Aunque varios de nuestros países comenzaron una lenta recuperación económica estos últimos años, en el momento actual todavía hay, en América Latina, 18 países cuyos ingresos son inferiores a los de hace 15 años.

La crisis que afecta a América Latina y el aumento progresivo de la pobreza, tienen una relación directa con el endeudamiento externo.

Frente a este descomunal y desconcertante problema de la deuda es evidente que son muchos los culpables entre acreedores y también entre los deudores.

Con realismo y mordaz ironía, el gran economista norteamericana, John Kenneth Galbrait, hace este comentario al respecto:

 

"El endeudamiento externo es un verdadero festival de la insensatez: banqueros insensatos que hicieron préstamos insensatos a Gobiernos que se endeudaban insensatamente; todo ello para llevar a cabo el mayor proceso de transferencia de ingresos de la historia, desde los países pobres hacia los países ricos" (DECEP. La deuda externa brasilera, Policopiados p. 8)

5. La deuda externa: ¿quién debe a quién...?

La deuda externa viene a ser como una sangría institucionalizada y sus efectos repercuten, en forma implacable, sobre la calidad de vida de los sectores más pobres de la población.

No es el Gobierno quien paga la deuda, como ingenuamente muchos creen. Es el pueblo quien, a través de la "deuda social", en forma gravosa, inhumana y creciente, va pagando, sistemáticamente, los servicios de una deuda que no contrajo ni lo benefició en lo más mínimo.

En efecto, el pago de las obligaciones de la deuda externa se lo hace, normalmente, reduciendo los gastos sociales, (educación, salud, infraestructura caminera, servicios de agua potable, electricidad, etc.). En la medida en que los sectores populares reciben menos servicios en el área social, son ellos los verdaderos y únicos contribuyentes al pago de la deuda.

Uno de los cuestionamientos éticos más graves que surge en el problema de la deuda externa es el de la inmoralidad de exigir su pago a quienes no tuvieron parte alguna en su contratación y en nada se beneficiaron con esos créditos. Es evidente que esto está en abierta contradicción con los más elementales principios de la moral cristiana y de normas jurídicas.

La deuda externa del Tercer Mundo tiene su causa principal en unos mecanismos financieros y comerciales internacionales injustos. Es evidente que hubo una gran irresponsabilidad, tanto de parte de los deudores, como de los acreedores en el origen de la crisis de la deuda, pero la raíz del problema es mucho más compleja y profunda.

¿Por qué será que todos los países del Tercer Mundo, todos ellos productores y exportadores, básicamente, de materias primas, se ven constreñidos a recurrir a un endeudamiento externo, oneroso y desproporcionado?

La primera y la más gravitante causal para recurrir al endeudamiento externo es que la materia prima, principal componente de las exportaciones de los países pobres endeudados, cada vez vale menos con relación a los productos elaborados que deber adquirir de los países industrializados. Este comercio internacional, injusto y desigual, genera un deterioro continuo en los términos de intercambio comercial y es la razón fundamental para que se dé una transferencia neta de capitales desde el Tercer Mundo hacia los países industrializados.

Los precios de los productos de exportación de América Latina, que no eran petróleo, bajaron de precio en un 30%. Esto quiere decir que, para pagar la deuda, hay que producir y exportar un 30% más de materia prima. Lo de producir un 30% más es sumamente difícil, pero no imposible, pero lo de vender un 30% más en el mercado internacional, es francamente imposible.

A este drenaje continuo y perverso de divisas se junta otro factor no menos grave. Desde finales de 1970 a 1982, los tipos de interés casi se doblan, pasando de 11,50% a un 20%. Como los créditos habían sido contraídos en dólares y sobre tipos de interés internacional, los países endeudados tienen que pagar mucho más por el servicio de la deuda.

Por otro lado, el precio del dólar se ha ido sobrevalorando, sobre todo con relación a las monedas de los países más débiles. En conclusión: hay que aportar mayor cantidad de dinero nacional para comprar dólares cada vez más caros ya que la deuda no se puede pagar con divisas nacionales, sino con dólares norteamericanos.

Esto quiere decir que nuestros países han pagado hasta tres y cuatro veces más de lo que hubieran tenido que pagar si no hubiesen cambiado tan drásticamente los condicionamientos internacionales.

Pero resulta que estos cambios substanciales en las condiciones han favorecido enormemente a los acreedores. Es más, ellos han sido propiciados por los mismos quienes exigen ahora el pago puntual de la deuda.

Los bancos acreedores nunca han aceptado que los países endeudados presenten sus problemas de pago de la deuda en bloque. Exigieron y exigen que cada país lo haga por separado, "uno por uno".

Como para la gran mayoría de los países endeudados ha sido siempre muy difícil, por no decir imposible, pagar los servicios de la deuda, fueron contrayendo nuevos préstamos para cumplir con ellos esas obligaciones. Esto desemboca en una de las más graves y desconcertantes anomalías: América Latina se convierte en exportadora neta de capitales. Los países pobres comienzan a subvencionar a los países más ricos del mundo. Desde 1982 hasta 1990 salieron de América Latina 216.000 millones de dólares, casi el doble a lo recibido en ese lapso de tiempo. En resumen: se debe más, se paga más y se recibe menos.

6. La condonación de la deuda: Avances y cuestionamientos

El día 22, del pasado mes de septiembre, el FMI ratificó la condonación de un monto significativo de la deuda externa de Bolivia. Alcanza a algo más de 448 millones de dólares lo que significa un 13% de los 4.234 millones de dólares que debe nuestro país. Esta condonación está dentro de la llamada "iniciativa HIPC" (Sigla en inglés del programa "Alivio de la deuda externa pública multilateral para los países más pobres altamente endeudados"). Junto con Bolivia, el único país latinoamericano, se contempla también el alivio de la deuda de 5 países africanos.

El beneficio que reporta para el país el no pago de los intereses y amortizaciones de ese monto debe destinarse a favorecer a los sectores más pobres.

Alguien podría expresar optimismo, y hasta agradecimiento, por ese gesto generoso de los poderosos Organismos Internacionales de Desarrollo, (FMI, BM, BID, CAF), sin embargo, como vamos a ver a continuación, los compromisos que ha cumplido Bolivia desde 1985, y las exigencias que se le imponen para los próximos 3 años, son muy duros.

Creo, personalmente, que lo más esperanzador dentro de ésta nueva actitud de esos Bancos, es que ello implica una tácita aceptación, de parte del sistema financiero internacional, de su corresponsabilidad en el origen y la agudización de la crisis de la deuda.

Exigencias de parte de los Organismos Internacionales de Desarrollo

Bolivia ha firmado con el FMI un nuevo "Ajuste Estructural Ampliado y Reforzado". Las condiciones de este "ajuste" son muchas y nada fáciles, por cierto, de cumplir.

Una de esas condiciones es que nuestro Gobierno no podrá, en los próximos años, recurrir a los Bancos comerciales para conseguir nuevos préstamos, sino, únicamente, tendrá acceso a los créditos "concesionales", es decir, a los que otorgan los Bancos de Desarrollo.

El déficit fiscal para este año no debe ser superior al 4,1% y está especificado que tendrá que bajar hasta un 2% en el año 2001.

Las reservas internacionales tendrán que ser superiores al valor de seis meses de nuestras exportaciones.

Es exigencia del FMI el que se privaticen el resto de las empresas de YPFB, así como Vinto, Huanuni, Colquiri y Cofadena.

El PIB debe crecer este año a más de 4% y la inflación no debe superar el 6,5%.

En qué se tienen que invertir esos fondos.

El Gobierno de Bolivia va a disponer de unos 70 millones de dólares, cada año, en 5 años consecutivos. En realidad, no va a recibir directamente ese dinero, sino que lo dispone en vez de pagar a los Organismos Internacionales de Desarrollo.

Los servicios de esa deuda multilateral no pagada deben favorecer, directa y totalmente, a los sectores más pobres. ¿Cómo se deberá hacer eso para no caer de nuevo en proselitismos políticos, en nepotismos, o en actitudes asistencialistas y de privilegios...?

Uno de los parámetros más importantes va a ser el control para la disminución de la mortalidad materna, a través del apoyo al Seguro Materno-Infantil. Otro va a ser la información detallada y el análisis de los niños/as que terminan el sexto grado: aumento proporcionado en el número de egresados, junto con el componente de género y la relación entre los alumnos del área urbana y el área rural.

El porcentaje del PIB en educación primaria y secundaria, que en el año 1997 fue un 3,3%, debe incrementarse a un 3,5% en el 1998, y a un 3,9% hasta el 2000.

En el Seguro Materno-Infantil, de un 45% de atención para enfermedades y alumbramientos, se debe pasar a un 63% en 1999, y a un 69% en el año 2000.

Los beneficiarios del área rural en los servicios de agua potable y sanidad, deben llegar y mantenerse en 132.000. Este proyecto debe ser implementado por el FIS.

Las inversiones en mantenimiento de carreteras y caminos, cuyo presupuesto fue, en el año 1997, de 32 millones de dólares, en el año 1999 deben llegar a los 48 millones y a 55 millones en el año 2000.

7. La deuda externa y el jubileo 2000

La legislación mosaica del Antiguo Testamento sobre el Año Sabático y el Jubileo tienen una relación muy directa con el problema del endeudamiento externo.

El "Año Sabático", o el "Año del Jubileo", se anunciaban tocando una especie de cuerno llamado en hebreo "Jobel". Nuestras palabras "júbilo", "jubileo", "jubilación", provienen de ese vocablo hebreo, y nos sugieren la alegría que inundaba al pueblo de Dios cuando llegaba el "Año Sabático".

Nos vamos acercando al año 2000, "Año Jubilar" que nos abrirá las puertas de un nuevo siglo y un nuevo milenio.

La legislación mosaica referente al Año Sabático exigía que cada siete años había que dar un año de descanso y de respiro, tanto a la tierra cultivada, como a los peones que la trabajaban. (Ex. 23, 10-11)

En el Código Deuteronómico se completó esta ley con la obligación de eliminar todas las deudas contraídas durante los seis años anteriores al "Año Sabático", llamado también por eso "Año de Gracia o del Perdón". (Lv. 25, 8-18)

El "Año Sabático" se impuso para restaurar, cada cierto tiempo, el orden económico-social querido por Dios. Una organización social:

- sin acumulación de tierras en pocas manos (Lv. 25,23-31),

- sin siervos y sin amos (Lv. 25, 24-55),

- sin deudas con los demás (Dt. 15, 1-3),

- sin que a nadie le falte lo que a otros les sobra (Dt.15, 7-9).

A la vuelta del destierro de Babilonia se hizo una codificación definitiva en el libro Levítico y, para que fuera menos difícil la Ley del "Año de Gracia", se amplió de 7 años a ciclos de 50 años (Lv. 25, 8-18). A partir de entonces el "Año Jubilar" se celebró cada 50 años.

El Jubileo buscaba implantar la equidad y mejorar las condiciones económicas de los que habían caído en extrema pobreza, como ser los campesinos sin tierras, las viudas, los peones, los esclavos, los deudores morosos, etc.

El Dios de Israel no tolera la explotación ni la dependencia total del deudor con respecto al acreedor. Dios quiere que su pueblo viva en plena libertad. La deuda se opone a la libertad, máxime si el deudor es todo un pueblo. La anulación de las deudas aparece en la Biblia como un imperativo de justicia para impedir el excesivo enriquecimiento de unos a costa del empobrecimiento de otros.

Según la Ley de Moisés, los préstamos que se hicieran entre los israelitas no debían pagar intereses (Ex. 22, 24).

El año Sabático o Jubilar significa para nosotros un hermoso ideal de justicia y solidaridad, más allá de los aspectos formales y jurídicos de su organización concreta.

Estamos invitados al encuentro con Dios en el interior de la historia. La solidaridad, como urgencia histórica, es signo de los tiempos. Dios quiere que asumamos la causa de los pobres en este problema que afecta a tantos millones de personas.

En la actualidad, la experiencia de vivir en un mundo cada vez más interdependiente y globalizado, no sólo nos ayuda a desenmascarar y percibir más claramente las injusticias y desigualdades, sino que también supone y exige una intensificación en la solidaridad humana. Esa solidaridad se está haciendo más urgente que nunca, y se constituye en un signo de la presencia de Dios en este momento histórico de egoísmos colectivizados.

La persona solidaria encuentra su autorrealización en la apertura hacia los demás. En la medida en que crece su solidaridad, decrece su egoísmo. En la solidaridad desarrolla su ideal de ser imagen de Dios.

La Iglesia asumió la tradición del "Año de Gracia" o "Jubileo", pero en transcurso de los años fue perdiendo su sentido económico y humano. Las "deudas a perdonarse" pasaron a ser las deudas del alma, los pecados personales de cada uno. La fe fue perdiendo relación con actitudes concretas de justicia y de solidaridad.

En el año 2.000 se abrirá la "Puerta Santa" de Roma. Miles, tal vez millones de cristianos, acudirán para ganar el "Jubileo" y el perdón de sus deudas espirituales. El Papa nos invita a que este Jubileo tenga también, como en el pueblo de Israel, una dimensión económica, de tal modo que la condonación de la deuda o, al menos, un alivio significativo de ella, se haga realidad como expresión de un sentimiento generalizado de justicia y de solidaridad.

Dios no quiere que "la deuda externa" sea una "deuda eterna".

8. Síntesis de los principales objetivos propuestos por la iglesia

 

* Que la condonación de la deuda beneficie directamente al sector social de cada país, privilegiando a los más pobres, ya que el servicio de la deuda se ha pagado disminuyendo los presupuestos de este sector.

* Crear vínculos y mecanismos de control para que los fondos que se liberan con la condonación de la deuda se inviertan en desarrollo humano.

* El modelo de las relaciones financieras y comerciales internacionales se debe reformular y cambiar, si no se quiere que otra vez se genere una deuda externa cada vez mayor.

* La insoportable carga de la deuda externa que pesa sobre los países del Tercer Mundo no sólo es responsabilidad de los gobiernos de esos países, sino también de los acreedores. Se debe aceptar esta corresponsabilidad, tanto en el origen de la deuda, como en sus condicionamientos onerosos e injustos, así como en el destino corrupto e ineficiente que se ha dado a la mayor parte de esa fabulosa cantidad de dinero.

Se deben establecer tribunales internacionales neutrales de arbitraje, ante los cuales los países afectados puedan exponer su situación económica real, así como los problemas sociales que deben enfrentar a raíz del pago del servicio de la deuda.

Bolivia, YACHAY, Año 16, Nr 29