Diego Irarrazaval
¡Nadie Ve el Reino, si no Nace de Nuevo!
Misión inculturada e inter-religiosa de pueblos pobres y de otros/as en América Latina.

(Fuente: MISSIOLOGIA, Brazil)


Nuestra comunidad eclesial hoy puede asumir la interpelación de Jesús a Nicodemo: ¡renacer!, a fin de entrar al Reino, y ser conducida por el Espíritu. Es un reto magnífico. Después de 500 años de cristianización anclada en el poder, nos cabe continuar refundando la misión desde el pueblo pobre y desde otros/otras personas. Así respondemos a exigencias del amoroso y transformador Reinado de Dios; así acogemos suaves brizas y recios huracanes del Espíritu, que estremece a los pueblos latinoamericanos. Nicodemo fue desconcertado por Jesús; también hoy nos desestabiliza las iniciativas misioneras suscitadas por su Espíritu.

1. Testimonio

Aquí estamos reunidos personas con varias trayectorias misioneras. Por mi parte, siento gratitud hacia núcleos urbano-marginales en Chile que me enseñaron la opción misionera del pobre y del laicado; gratitud hacia comunidades indígenas y mestizas en el Perú que me comparten otras visiones de Dios y su salvación; gratitud hacia la mujer y su perspectiva de género que impulsa la misión de caracter relacional; y hacia personas jovenes -distantes de lo eclesial- que me conmueven con sus interrogantes sobre el sentido de la fe. No exagero al dar testimonio que estas dinámicas a muchos nos animan a reconstruír la misionología.

También nos hacen vislumbrar procesos de mutación:

- de una misión desde los pudientes/ilustrados, se dan pasos hacia una misión a cargo de los pobres/sabios,

- en contraste con la evangelización clerical, se reafirma la creatividad laical,

- desde la misión benefactora del indígena, mestizo, afro-americano, se pasa a una misión hecha por pueblos indo-afro-latinoamericanos, con sus iglesias inculturadas,

- impugnando la estructura e imaginario patriarcal, mujeres y hombres hacen una misión con reciprocidad entre diferentes,

- de mundos religiosos a cargo de la gente adulta, el paso hacia el protagonismo de las juventudes (que son mayorías en nuestras sociedades, y tienen sus propias energías misioneras),

- de la ceguera hacia retos que plantean multitudes urbanas, hacia la planificación pastoral que privilegia lo urbano,

- el paso del cristianismo acongojado y feo, hacia un cristianismo festivo, que redescubre a Dios-alegría,

- desde una teología mono-cromática hacia la teología misionera multicolor, que discierne las religiones indo-afro-latinoamericanas como vías hacia la salvación en Cristo, ya que, a fin de cuentas, el Misterio es una belleza multicolor.

Quiero además anotar signos de los tiempos que más me preocupan:

l. Lo cotidiano es alterado por, e interactúa con, factores mundiales; esta "glocalización" tiene aspectos emocionales, económicos, políticos, simbólicos; subrayaré la idolatría contemporanea, y la nueva crisis iconoclasta; la globalización y sus factores simbólicos enmarcan la acción misionera y el factor religioso hoy. Uno palpa un cambio de época.

2. En nuestro continente el mayor logro misionero corresponde a movimientos pentecostales y carismáticos; éstos pueden ser apreciados en términos teológicos y espirituales; en vez de lamentar el auge de las mal llamadas sectas, es posible ver retos y modos de colaboración. Esto me parece ineludible.

3. Por otro lado, surgen voces a favor del respeto entre religiones; opino que hay que ir más alla del mero coexistir pluralista; la espiritualidad y la teología se ahondan con el contacto entre diferentes; diversos tipos de creyentes y de no-creyentes tenemos la responsabilidad común por la casa grande, por la Tierra, que no debe seguir siendo herida y expoliada.

4. Muchas personas impugnan el eclesiocentrismo, imperante en gran parte de la pastoral, ya sea la conservadora o la renovada; lo impugnan porque no concuerda con el Reino y el Espíritu, presentes en cada iglesia particular y en toda la creación. Al respecto, veo que no se avanza con simples críticas intraeclesiales; urge retrabajar la eclesiología.

5. Otra importantísima señal de nuestro tiempo es que a la irrupción del pobre se le van sumando las propuestas de la inculturación y de la perspectiva de género. Esto me entusiasma.

2. Nuestro renacer

Hay tantas maneras de entender (¡y de maltratar!) la misión. Se trata, en un sentido general, de toda la acción de la Iglesia; uno de sus muchos rasgos es el establecimiento de la iglesia en zonas donde ella esta ausente o esta dando sus primeros pasos. A continuación voy a hablar de la renovada y polidimensional misión en América Latina, llevada a cabo sin discriminaciones por el pueblo de Dios, por sus comunidades y ministerios eclesiales; su corazón es ser sacramento universal de salvación, y su meta es celebrar la fe en Cristo. Dicha misión no es monopolizable por los eclesiásticos, ni se reduce a quienes difunden el Mensaje a lugares o grupos excepcionales (el lenguaje común nos desorienta al concentrar en pocas personas el rol misionero).

Pongo acento en los desafíos que encaramos al renacer, al reconstruír la misión.

A) La Misión como liberación inculturada. Nuestros pueblos estan empobrecidos, pero tienen identidades y proyectos históricos; son llamados y responden al Dios salvador; y esto ocurre de modos inculturados. La opción por la vida del pobre conlleva optar por vetas liberadoras presentes en sus culturas, y, a la vez, confrontar el politeísmo generado por la sociedad glocalizada.

B) El encuentro cotidiano entre personas que son diferentes en lo religioso y espiritual. Al interior mismo de la persona latinoamericana, hay dialogo entre religiones, dado el sincretismo y otros procesos simbólicos. No sólo es un encuentro inter-religioso; se trata de colaboración entre espiritualidades, a favor de la vida en nuestra Tierra. En la medida que ocurre todo esto, la misión se va renovando radicalmente; en vez de ir a convertir paganos, o de ir a purificar la religiosidad popular, vamos a descubrir juntos las presencias concretas del Misterio, y en este proceso las iglesias cristianas damos un claro testimonio de Cristo Salvador.

Otros asuntos -que no trato en este breve ensayo- también merecen nuestra atención; anoto sólo dos: la comunicación predominante hoy a través de imagenes y festejos -y no de conceptos occidentales- nos hace reconstruír la pedagogía de la fe misionera; y, el hecho que miembros activos en la iglesia católica constituyen una porción minoritaria de la población en América Latina; esto conlleva reimaginar nuestro rol en la misión y conjugarlo con otras iniciativas.

Los desafíos ya anotados (A y B) implican zanjar con la cristianización colonizadora; con la vieja y aún vigente agresión europea y criolla, y también con muchas campañas de cristianización de hoy -incentivadas desde el Norte, y con hábiles colaboradores locales- que desconocen la multiforme presencia de Dios en nuestros pueblos. Esta dolorosa problemática colonialista merece ser desenmascarada. También cabe zanjar con estrategias de caracter mono-cultural-religioso; lamentablemente el Evangelio es atado a un modo de expresión que excluye a otros/otras que serían creyentes "incompletos", sincréticos, o indiferentes. En términos positivos digo que la misión ocurre adentro de cada universo simbólico y entre culturas (es misión "in-inter-culturada") y de cada modalidad espiritual y entre religiones (es misión "in-inter-religionada").

3. Mision de Dios.

Nuestro punto de partida ha sido el paradigmático dialogo entre Jesús y Nicodemo. Alli resaltan las temáticas del Reino y del Espíritu; a mi parecer estos son los principales dinamismos misionológicos. Vamos a sopesar la misión que Dios hace hoy, en términos de "basileia", el reinado del Dios amoroso y liberador, y de "pneuma", el espíritu de Dios que hace renacer y transforma, soplando donde quiere. (Con una chispa de humor, Jesús pregunta a Nicodemo ¿eres maestro y no sabes?; me parece que hoy, a quienes somos evangelizadores se nos pregunta: ¿reconoces el Reino y el Espíritu en el acontecer latinoamericano?).

Aunque es obvio, vale una vez más anotar que la fuente de la misión es Dios. La Missio Dei. Ella es realizada fenomenológicamente por personas concretas en contextos precisos, pero a fin de cuentas proviene del Misterio Trinitario. Las llamadas relaciones intradivinas o procesiones intratrinitarias, conllevan misiones históricas del Hijo y del Espíritu. Entonces, es Dios quien originaria y permanentemente ejerce la misión.

Por consiguiente, toda la labor misionera nuestra, en cuanto Iglesia, tiene que corresponder a dicha acción de Dios. Es una inmensa y bella responsabilidad. Nos cabe en el hoy latinoamericano -como en cada momento y lugar del mundo- ser sacramento universal de salvación (ver LG 48, GS 43, AG 7 y 2l). Además, nos cabe, a quienes somos católicos, asumir las pautas misionológicas dadas por Juan Pablo II en Redemptoris Missio (l990), con sus tres bases teológicas: Jesucristo único Salvador (4-ll), el Reino de Dios (l2-20), el Espíritu Santo, protagonista de la misión (2l-30). Voy a subrayar estas dos últimas bases; desde éstas -Reino, Espíritu- uno puede retomar la acción salvífica de Cristo, sin caer en la exclusión del otro/la otra, ni en posturas proselitistas.

3.1. BASILEIA-PRAXIS

Jesús no sólo habló del Reinado de Dios; lo hizo presente en su persona y su misión. Sobresalen su preferencia por el pobre, acciones sanadoras, expulsión de espíritus malos, compartir la mesa con gente pecadora, mostrar que Dios es liberador. Esto caracteriza la misión de Jesucristo y de su Iglesia a traves de los siglos. El término "basileia" significa acción/reinado de Dios (y no un espacio-reino). Podemos pues describir la misión como una "basileia-praxis".

Hoy en América Latina, en términos de inculturación y de labor inter-religiosa ¿qué implica la basileia-praxis? Opino que ésta se verifica en las vetas liberadoras que tiene cada pueblo/cultura de nuestro continente. Allí hay dinamismos del Reino. Con respecto a lo inter-religioso, el banquete del Reino es para gente de "oriente y occidente" y para "toda la creación" (Mt 8:ll, Mc l6:l5; ver Lc 4:25-27). Por eso cada vez que personas de distintas religiones son solidarias, construyen, disfrutan vida, se hace presente -a los ojos de la fe cristiana- el Reino. Constatamos que la mística del Reino ha entrado en nuestros corazones, en nuevas comunidades de fe en el seno del pueblo, en la teologia de liberación; y confiamos que dicha mística también fortalecerá la perspectiva inter-religiosa. Son manifestaciones de la opción por la vida del pobre. En conclusión: la basileia-praxis implica una misión inculturada e inter-religiosa, desde la evangélica opción por el pobre.

3.2. PNEUMA-PRAXIS

El Espíritu de Pentecostés sobrecogió a judio-cristianos (Hechos 2:l-4, 4:31) y a gentiles-cristianos (Hechos l0:44-48, ll:15, l5:8-9); todos oían en sus lenguas -puede decirse: sus culturas y religiones- las maravillas de Dios (cf Hechos 2:ll). Cuando uno anda por este continente, uno palpa muchas maneras de vivir con Dios; en diversos universos culturales y religiosos se siente la presencia maravillosa de Dios, y los sorprendentes vientos del Espíritu.

En terminos universales, como acota Juan Pablo II, la "actividad del Espíritu...afecta a la historia, a los pueblos, a las culturas y a las religiones" (RM 28). ¡Si esto es tomado en serio...realmente se refunda la misión! En síntesis: pneuma-praxis implica una misión al interior de culturas y religiones de nuestros pueblos latinoamericanos; por consiguiente, no las agredimos desde una "superioridad cristiana", sino que colaboramos con otros/otras donde se manifiesta el Espíritu. El principio de la acción misionera es el Espíritu de Cristo; es quien fundamenta la inculturación y la colaboración inter-religiosa. Puede también decirse que la dinámica salvífica de Cristo implica una "misión pneumática" (y así evitar mal-entendidos en torno a un tipo de cristo-centrismo que niega el valor de otras religiones).

Pues bien, la perspectiva de Basileia y Pneuma nos permite una mejor comprensión de Cristo como único Salvador. No se trata que otros/otras sean subordinadas a nuestros intereses y principios cristianos; ya que no es "el cristianismo" quien salva, sino más bien Cristo con su sacramentalidad universal. Nos damos cuenta que cada comunidad, con sus trayectorias socio-culturales y religiosas, puede participar en la Pascua del Señor; "el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien al misterio pascual" (GS 22). Insisto que esto no se traduce en una misión de nueva cristiandad (ésta, al ser mono-cultural y mono-religiosa, no dialoga con otros/otras). Por el contrario, quienes creemos en Cristo como único Salvador, realizamos la misión en una fecunda colaboración con pueblos pobres de nuestro continente que tienen caminos personales/ sociales/culturales/religiosos/espirituales que les conducen a Dios.

4. Distintas actitudes

Los sectores cristianos tenemos un cierto lenguaje común, pero las prácticas misioneras son muy distintas. Pueden ser tipificadas de la manera siguiente.

l. La misión con rasgos de cruzada, hacia la muchedumbre católica con "poca práctica", "poca formación", "sincretismos", a fin de incorporarlas en estructuras y mentalidades eclesiales; y, también unas cruzadas hacia sectores donde hay mayor presencia de pentecostales y de nuevos movimientos religiosos, a fin de que puedan salvarse en la fe verdadera. Al tratarse de cruzadas, se descalifica la cultura/religión popular y no hay colaboración entre iglesias (esto lo hacen grupos conservadores, y también gente católica con ropaje renovador, como es el caso de "Evangelización 2000" y de tanto programa parroquial que intenta "salvar" al pueblo). Otras modalidades son: cruzadas evangelísticas para la "conversión a Cristo", agencias cristianas de sanación espiritual, el polifacético proselitismo por parte de iglesias pentecostales y de diversos movimientos espirituales-sociales. Cada una de estas instancias presupone que la población latinoamericana es poco o nada cristiana (y hasta está en manos del demonio). Recalco que la "misión" como cruzada fanática se da en muchas modalidades, y no sólo en las (mal)llamadas sectas.

2. La misión proveniente de dinamismos pentecostales; se trata de la comunidad creyente y de ayuda mutua, atenta a la Palabra que orienta la existencia cotidiana, con sanación concreta, y que entusiasma a otras personas para transformar sus vidas y su medio ambiente. Todo esto tiene puntos en común pero es distinto al esquema religioso dualista, ahistórico, autoritario (en algunas denominaciones pentecostales, y en parte de la renovación carismática católica). Me parece muy valioso lo primero; y discrepo con la distorsión de la fe y la manipulación sobre personas que aparece en dichos movimientos.

3. Otro tipo de actitud misionera: la difusión del "cada uno con la religión a su manera". Es decir, la privatización del cristianismo, la indiferencia ante retos históricos, la selección ecléctica de bienes religiosos, y un estilo de pluralismo en que cualquier cosa tiene valor si es significativa para el individuo creyente. De hecho aquí no hay un proyecto misionero según el Evangelio, aunque se utilizan lenguajes y rituales cristianos.

4. La misión llevada a cabo por el pueblo de Dios, por vías informales y formales: atención al necesitado; convivencia creyente en la familia y el vecindario; espontaneo testimonio de la bendición de Dios; tanta manera de enseñar y de celebrar la fe; participación en organizaciones del bien común; lucha ante discriminaciones de raza, de sexo, de edad; establecimiento de comunidades cristianas; y tanto más. Aunque a veces no tiene el rótulo de "acción misionera de la iglesia", lo es de modos implícitos y explícitos. En dichas realidades uno puede reconocer prácticas de basileia y del pneuma.

En éste cuarto y en el segundo tipo de actitud hay mayores signos de la acción misionera que Dios y su Iglesia regalan a la humanidad. También cabe confrontar formas incorrectas, como son la postura de cruzada, y el "cada uno a su manera". A ellas se les ofrece la corrección fraterna y una oferta de discernimiento cristiano; es una confrontación saludable, que suscita humildad en todos los interlocutores. A fin de cuentas, en cada postura y en el conjunto de programas misioneros- somos medidos/as por la vara del Evangelio. Nadie puede posesionarse de la verdad. Al revisar esas distintas actitudes, una vez más uno ve la necesidad de auto-criticar y reformar la misión de la iglesia.

5. Cuestiones de fondo

Veamos ahora cuestiones estratégicas, de mediano y largo plazo. Las formulo así: apartarnos y no reproducir el esquema de la misión hecha desde los poderes, y, enfrentar la grave crisis iconoclasta de hoy. En estas líneas de acción se verifican aspectos de nuestra fidelidad a la Basileia y al Pneuma.

5.l. DE ESTAR ATADO A PODERES, A LA RELACION LIBERADORA

En primer lugar: la ruptura con repecto a poderes malignos que nos amarran. Se trata de un proceso de ruptura; no ocurre de un día para otro, ni es tarea de cierta vanguardia segregada de la población creyente y misionera. El proceso fue iniciado por el acontecimiento de Medellín; hoy se desarrolla en una labor de hormigas; y apostamos a que continuará mañana por rutas impredescibles. Avanza a pesar de factores que lo traban. Las personas católicas vamos rompiendo ataduras a muchos poderes: intereses económicos y políticos que han condicionado la misión; factores patriarcales que han postergado a la mujer y han dado al varón el rol autoritario; el racismo -en la misión- por lo cual pueblos indígenas, afro-americanos, y mestizos han sido reducidos a "objetos" de evangelización; los poderes que inducen a la juventud a sólo asimilar y no a reconstruír la tradición cristiana; el hegemónico racionalismo occidental, incapacitado para un dialogo intercultural; en fin, una religión con emblemas sacrificiales, que respaldan la dominación ejercida sobre pueblos víctimas.

A la vez, vamos redescubriendo el poder liberador al interior de muchas relaciones. Me refiero a la misión desde y hacia las comunidades de fe, los pequeños pasos y proyectos de humanización en lo económico, lo político, lo cultural, que forman parte del proceso evangelizador; reciprocidad entre mujeres y varones, entre adultos y jovenes, entre personas de diversas razas y trayectorias culturales, superando así la red de discriminaciones; el cultivo de relaciones de auténtico amor; y, lo que es fundamental, redescubrimos rostros del Dios vivo y liberador, tantas veces desfigurado y reducido a ídolos humanos. En fin, se trata de relaciones donde se disfruta la libertad.

5.2. DEL IDOLO QUE MATA, AL SIMBOLO DE VIDA

Una segunda gran responsabilidad encara la modernidad globalizada, con sus absolutos. La modernidad avanza pisoteando a la multitud; es un poder que aplasta las formas de fe y vida de la gente común, que niega sus relaciones sagradas, concretizadas en símbolos religiosos. Esta violencia de hoy constituye un tipo de campaña iconoclasta.

Tenemos, por una parte, algunos poderes sacralizados, y, por otra parte, densos símbolos de esperanza. Entre ellos hay una pugna. Por un lado tenemos: pudientes y sectores del pueblo que promueven la destrucción del derecho de los marginados a ser felices; el sometimiento a un mercado fascinante y totalitario; y, los ídolos de la libertad egoísta y del materialismo, es decir, ídolos que matan el cuerpo y el alma de la multitud. Se imparten engañosas pautas para ser felices; por ejemplo las leyes y principios difundidos masivamente por D. Chopra y por M.A. Cornejo. Aquí no hay cabida para las culturas y espiritualidades concretas de nuestros pueblos. Pero los-otros/las-otras reivindican sus valores solidarios y posibilidades de vida; existen frágiles pero tercas esperanzas, enraizadas en el Dios de la vida, en los íconos de la fe popular. Entonces, unos poderes -que tienen rasgos iconoclastas- se dedican a destruír el ser humano y espiritual de la polifacética gente común, que atesora sus íconos. Se trata de una dura confrontación política/simbólica.

Al respecto vale recordar la crisis política/simbólica del siglo octavo, en el mundo mediterraneo. En Bizancio, los poderes imperiales (Leo, Constantino V) prohibieron con violencia la veneración de imagenes; y lograron el apoyo de unos eclesiásticos. Por su parte, la población ortodoxa defendía sus íconos. A ella se suman muchas fuerzas: santos como Juan Damasceno proclaman la encarnación del Hijo de Dios y sus implicancias en la sensibilidad de la fe; la vida monacal; mártires de la fe; mujeres (emperatrices Irene y Teodosia); el Papa Gregorio III; el Concilio General en Nicea (año 787). Hubo estas voces alternativas, ante aquellos factores totalitarios.

Volvamos a nuestro escenario latinoamericano. Constatamos elementos idolátricos en la ambigua globalización; ellos implacablemente agreden modos de vida de nuestros pueblos. Existen versiones criollas del racionalismo, que cosifica y niega al otro/otra como sujetos; existe mucha intolerancia hacia la espiritualidad, sabiduría, creatividad festiva, de los otros/las otras. Además tenemos formas cristianas fundamentalistas (pentecostales, católicas, y demás) que levantan sus hachas contra los supuestos ídolos presentes en la fe de la población católica. Puede decirse, por lo tanto, que nos envuelve un tipo de conflicto iconoclasta. Ante ello, la buena estrategia misionera es tomar partido, como siempre, por la vida de la polifacética gente común, y por sus íconos que representan sus esperanzas de vida. (No es pues un mero debate sobre el culto a imágenes). La práctica misionera puede articularse a los dinamismos de fe inculturada e inter-religiosa, que estan presentes en los íconos de los pueblos indo-afro-latinoamericanos.

En conclusión, en nuestro continente el estado de la cuestión es si hoy la misión responde a exigencias de la Basileia y del Pneuma de Dios. La respuesta positiva conlleva un sano proceso de ruptura con respecto a ciertos poderes idolátricos; también conlleva encarar la crisis política/simbólica (crisis iconoclasta) tomando partido por los símbolos con los cuales el pueblo marginado acoge Vida.

6. Protagonistas y prioridades

En el hoy y mañana de nuestro continente multifacético ¿cuáles son los sujetos y las prioridades misionológicas, portadoras de Vida? Me impresionan las campañas publicitarias, y los armamentos con refinada tecnología (como la usada en Irak y en los Balcanes); ambas definen sus "objetivos", a los que llegan con exactitud mortífera. En el terreno de la evangelización, no puede haber objetivos a conquistar, ni personas "objetos de misión". Sí existen comunidades de fe que suscitan y acogen la misión. Hoy, gracias a las identidades y teologías indo-afro-latinoamericanas, a la perspectiva de género, y al creciente liderazgo juvenil, la misión tiene nuevos sujetos y prioridades.

Uno de tantos aspectos positivos de la globalización es el mayor e intenso contacto entre pueblos/culturas. La mayor parte de las personas y comunidades creyentes tienen rasgos mestizos y sincréticos. Ellas son y serán protagonistas de formas cristianas con calidad inter-cultural e inter-religiosa; su comunicación y celebración de la Buena Nueva Pascual es más universal, no se limita a una etnia ni a una religiosidad unilateral. Esto conlleva la generación de teologías mestizas, significativas para la humanidad urbano-moderna; este es el principal nuevo sujeto y destinatario de la misión. Aquí me parece que vale privilegiar las juventudes urbanas, sectores afro-americanos e indígenas presentes en las ciudades, y la misión hecha por mujeres y varones con perspectiva de género.

En los años 80 y 90 se estan afianzando modos de ser cristiano como indígenas y como afro-americanos, con sus eclesialidades y sus teologías. La Conferencia Episcopal de Santo Domingo (ns. 243-25l, 299) opta por estos sujetos; sin embargo, continúa la actitud de dirigir la misión hacia ellos. Tanto al interior de comunidades originarias como de poblaciones afro-americanas existen instancias cristianas y dinámicas misioneras, para sí mismas y para otras realidades. También existen teologias indias y teologías afro-americanas, que formulan la misión con sus propias categorías, símbolos, métodos concretos. Insisto, son protagonistas de la misión, y no objetos de benevolencia.

En el transcurso de 500 años de evangelización, a pesar del androcentrismo, la mujer ha ejercido mucha iniciativa informal y semi-clandestina; esto lo constatamos en la solidaridad cotidiana, en devociones católicas populares, en el terreiro, en mundos indígenas, en barrios de la ciudad, en comunidades de base. En términos de cantidad y de calidad, la mujer laica ha sido y es quien despliega más fuerza y universalidad misionera. A esto hoy se va sumando un liderazgo y participación mas formal, y también la perspectiva de género; así se conjugan los contenidos de fe con la lucha contra las discriminaciones; también redescubrimos la Presencia Divina en lo cotidiano, la corporalidad, el cosmos, y releemos la biblia y la tradición cristiana con nuevos ojos. En el porvenir latinoamericano, la mujer puede ser la que más hondamente vaya replanteando la misión.

Estos y los demás nuevos impulsos misioneros ¿cómo los denominamos? ¿Son el otro/la otra? Esta denominación es desde fuera de la gente marginada; vale decir, es a partir del universo dominante, que las juventudes, lo indígena, lo afro-americano, lo mestizo y lo urbano-marginal, la mujer, son considerados/as "otro/otra". Es pues un término que refleja subordinación. Sin embargo, es válido hablar de otros/otras en el sentido de reconocer y valorar diferencias, y proyectos alternativos. Desde su otreidad son fuentes de esperanza.

También podemos cuestionar el lenguaje sobre el pobre. La humanidad pobre tiene sus maneras positivas de auto-definirse, además de reclamar su empobrecimiento. En cuanto a la misión, ¿es benevolente hacia el pobre? O, más bien, ¿es la población pobre la portadora de una misión universal? Un gran misionólogo, el Obispo Roger Aubry, postula el "compromiso misionero de pobre a pobre". Puede añadirse que el cristianismo de los pobres no suele excluír a otros, diferentes a ellos; tiene apertura a otras espiritualidades. En la Iglesia, la capacidad misionera del pobre es más universal. En vez de sujeto pobre, puede hablarse de pueblo-misionero de Dios (conformado principalmente por el laicado pobre).

Termino con los desafíos mayores (anotados en la sección 2), que son también nuestras prioridades.

A) Misión como liberación inculturada. Desde los años 60, en América Latina y en otras partes del mundo, nos estamos reencontrando con Dios que salva preferencialmente al pobre. Gracias a las ricas identidades en nuestro continente -con pluriformes vivencias del cristianismo-, e incentivados por iglesias y teologías de Asia y Africa que nos han abierto estos horizontes, comenzamos a transitar por la inculturación.

Aquí no valen caricaturas ni simplismos. No se trata de añadir lo cultural a lo político; ni la inculturación se refiere a una "estructura cultural"; ni la liberación se reduce a la macro-política. Como ha dicho Paulo Suess, "la liberación inculturada se entiende no sólo como una evangelización alternativa frente al colonialismo, al fundamentalismo o a la adaptación folklórica; se entiende sobretodo como un núcleo incipiente de una amplia política alternativa frente al destructivo y excluyente proyecto neo-liberal". No vale pues poner la "novedosa" inculturación como contrapuesta a la "añeja" perspectiva de liberación; ésta es nuestra matriz.

A la vez, somos auto-críticos y vemos que nos cuesta dialogar con otros/otras (que cuestionan la mono-cultura occidental y su penetración en la iglesia); nos es difícil (a gente profesional en la iglesia) reconocer otros modos de ser cristiano y otras religiones; particularmente nos interpelan los protagonismos y espiritualidades de gente urbana-mestiza y sincrética, de la juventud y de la mujer, de afro-americanos y de indígenas. Estos otros/otras tienen que continuar reorientando la misión cristiana

B) La misión anuncia y celebra a Jesucristo pobre, crucificado y resucitado, salvador de la humanidad. Este sentido de misión es indesligable del encuentro entre iglesias, religiones y espiritualidades, al ser todas/os coresponsables por la maltratada Tierra, y al ser todas/os creyentes en el Misterio. En el dialogo inter-religioso y macroecuménico, representantes de las iglesias interactúan con los cristianismos y sincretismos del pueblo (y sus vetas teológicas), y con otras religiones presentes en el continente. Bien sabemos que las religiones son sistemas de símbolos y poderes; entonces, en sí mismas no salvan, y son ambivalentes. En la medida que constituyen mediaciones de lo sagrado (según los códigos propios de cada religión), y que la comunidad cristiana reconoce allí mediaciones del encuentro con Dios, esas religiones son cristianamente valoradas como vías de salvación.

También ellas son calificadas como otros/otras (con respecto a miembros de iglesias cristianas), en el sentido de tener identidades diferentes y de contribuír a la búsqueda de alternativas. Sobresale la otreidad religiosa en los sectores urbano-marginales, en juventudes, en las vivencias y sabidurías de la mujer. También la misión es llevada a cabo por diversas personas/comunidades indo-afro-latinoamericanos, que estan generando sus teologías; en ellas vale explicitar lo misionológico. También con su perspectiva de género, la mujer -en la iglesia y la teología- replantea toda la misión; ésta se desenvuelve como relacionalidad que libera. Esta serie de prioridades exige un fortalecimiento de la incipiente teologia de las religiones.

Si estas son nuestras prioridades, en la eclesiología misionera los sujetos son los pueblos pobres, con sus diferentes identidades y proyectos humanos. Se deja atrás, definitivamente, una teología para élites misioneras, y, se supera la reflexión obsesionada por la expansión de la Iglesia y por salvar almas y convertir no-cristianos. En cuanto a contenidos, la Missio Dei es llevada a cabo por la Iglesia al servicio de la salvación universal; no se trata pues ni de un eclesio-centrismo ni del cristo-centrismo; más bien, Dios Trino es fuente de la misión eclesial a favor de la salvación de la humanidad y la integridad de la creación.

Concluyo. Vamos a ingresar al año 2000 y a un nuevo milenio. Como Nicodemo podemos renacer, al Reino, gracias al Espíritu. Hoy y mañana la misión cristiana renacerá profundamente. Estoy convencido que esto ocurre cuando la misión no es funcional a sectores pudientes y sus idolatrías modernas, sino cuando pueblos pobres y sus comunidades eclesiales avanzan con el Espíritu y nos dedicamos día a día al Reino de Dios. Esto implica en América Latina continuar optando por la liberación inculturada, y también comenzar a caminar con otros/otras que tienen sus religiones y espiritualidades.

(Fuente: MISSIOLOGIA, Brazil - http://www.cidadanet.org.br/missiologia/abertura.htm)