Leonel Narváez Gómez, IMC
Elementos básicos de la teoría del Perdón y la Reconciliación

Reflexión preparada para la instalación de la FUNDACION PARA LA RECONCILIACIÓN Bogotá,

Club deBanqueros, Marzo 14 de 2003


Introducción

En 1945, cuando apenas terminaba la II Guerra Mundial, Albert Einstein afirmaba desde New York : “hemos ganado la guerra pero no la paz”. Desafortunadamente,  hubo necesidad de los crueles acontecimientos del 11 de Septiembre, para acordarnos otra vez de aquella expresión famosa del expresidente Clinton: ”no podemos seguir ignorando los odios acumulados (ancient hatreds)”. Con el orgulloso despliegue político-diplomático y la aterradora acción militar de los Estados Unidos para atacar a Irak, vamos muy posiblemente a ganar la guerra pero  a perder la oportunidad histórica de ganar la paz. La rabia, los odios y los deseos de venganza se incrementarán y por lo mismo se escalará la guerra y la violencia de todo tipo.

En este momento histórico que vive Colombia,  cuando el Gobierno del Presidente Uribe ha decidido potenciar la solución armada,  estamos avocados a escoger entre una opción política que favorezca más guerra u otras alternativas que favorezcan la paz. Pero los conflictos  y la violencia no se resuelven solamente con acciones militares o policiales. Ellas pueden ser utiles pero no pueden ser las únicas. Cuesta aceptarlo, pero la solución está en el corazón de las personas y de los pueblos que es donde se originan las motivaciones más profundas para optar bien sea por la violencia o por la paz.

En el siglo que acaba de terminar, más de 200 millones de personas, la gran mayoría de ellos, ciudadanos indefensos, fueron masacrados en guerras, revoluciones y conflictos políticos, religiosos y étnicos, sin mencionar las víctimas de la delincuencia común que ronda por todas partes [i] . La violencia se ha vuelto un hecho común no solamente en los campos de guerra sino también en las calles de la ciudad y en los hogares de nuestras más avanzadas sociedades. No obstante los más impresionantes logros de la ciencia, de la tecnología y de los avances policivos y militares, no se ha podido encontrar aún, un remedio efectivo contra la violencia, el odio y la venganza que rondan en nuestras ciudades . Cuál es la causa-raíz de tal tragedia? Porqué la violencia parece aumentar en cantidad y en intensidad? 

 

No hay futuro sin perdón y sin reconciliación. Esta frase de Desmond Tutu bien resume el mensaje de esta reflexión que nos ocupa hoy. No basta con resolver militarmente o negociadamente los conflictos. Incluso con las más efectivas acciones policiales o con los mejores acuerdos oficiales, la paz de nuestras ciudades y de nuestros pueblos es todavía frágil y quebradiza. La paz es mucho más que el silencio de los fusiles. La paz es sanar el corazón! Paz es lograr la reconciliación de las víctimas y de los victimarios de tal modo que ambos vuelvan a la vida normal que tanto desean, recobren significado de vida, seguridad y capacidad de re-socialización.

 

Desafortunadamente, por siglos, el perdón y la reconciliación (P/R) [ii] han sido  temas relegados al mero espacio de la religión, de la teología y de la ética personal y así la humanidad por siglos, se ha privado de una poderosa herramienta psicoterapéutica, social y espiritual para lograr paz estable y sostenible.  En los últimos años, por fortuna, el P/R gradualmente ha ido ganando espacio en la política, la diplomacia, y en fin, en el esfuerzo de construir democracia, seguridad y convivencia.

 

Es importante advertir que también si se habla aquí de Perdón y Reconciliación [iii] como medios efectivos para la sanación de los odios y deseos de venganza, no se quiere de ningun modo olvidar que la cultura de la  paz y la prevención de la violencia exigen otro ingrediente esencial: la justicia social. Aunque hablaré de la justicia restauradora para los victimarios quiero afirmar desde ahora que esta justicia se refiere también a la urgencia que hay de encontrar oportunidades de progreso para los pobres y los desposeidos de nuestras ciudades y paises. La seguridad, la convivencia y la paz  no serán posible sin el progreso de los más pobres. 

 

Hace algunos meses, la revista The Economist traía en la portada el siguiente título: ‘Does Inequality matter?’ La destrucción de las Torres Gemelas y el trágico evento en el Club del Nogal en Bogotá, dan la poco deseada respuesta: la elíte política del mundo deberá responder seriamente al problema de la pobreza sistémica de muchos pueblos, si quiere resolver el problema de la globalizción de la violencia y del terrorismo  en el mundo.

 

Esta reflexión le apunta  por lo mismo, a dar algunos argumentos para validar y recuperar la práctica del perdón y la reconciliación como elementos indispensables en la construcción de una cultura de paz. Inicialmente me referiré a  algunos elementos teóricos del perdón y reconciliación y luego, presentaré brevemente algunos principios prácticos de una experiencia que se adelanta con éxito en Colombia y Brasil: las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE). 

 

Este trabajo de perdón y reconciliación da prioridad a las víctimas sobre los victimarios. La razón es sencilla. Las estadísticas muestran que buena parte de los victimarios fueron antes víctimas que no lograron elaborar sus rabias y odios.  Además, hay una tendencia a  gastar enormes sumas de dinero para eliminar violentamente a los victimarios desconociendo las necesidades y urgencias de las víctimas.

1. Conceptos básicos de violencia y paz

Muchos autores a lo largo de los siglos han escrito acerca de la guerra, acerca de la sicología de la agresión, de la violencia y de sus consecuencias psicológicas y sociales. Un buen numero de autores se ha concentrado en el trauma producido por la violencia. Muy pocos sin embargo, se ha preocupado por el tema del P&R como alternativa eficaz para lograr una paz duradera. [iv] .  Una mirada rápida a algunos pensadores nos puede ayudar a tener unos conceptos mínimos al respecto.

 “Arma virumque cano” (Le canto a las armas y a los varones…) son las primeras palabras  con las que hace algunos siglos, Virgilio comenzó su famosa obra, La Eneida. Esa cultura de guerra, fortalecida por paradigmas de la cultura patriarcal ha prevalecido a lo largo de los siglos. Esta mentalidad violenta es hoy expresada subrepticiamente en los roles de la masculinidad que la sociedad actual ha creado: ejecutivos de negocios, ejecutivos políticos, y jefes militares.

Freud en su famosa obra Mas allá del principio del placer (1920) y Konrad Lorenz en Acerca de la agresión  (1961) [v] , afirman que la violencia es innata a todos nosotros. Lorenz sostuvo que la violencia es causada por esos “ instintos innatos programados” que Freud los resumió en Eros y Tanathos como las principales fuerzas psicodinámicas siempre en lucha por el control del ego. Como medio para controla la violencia, Lorenz propone el conocimiento de la evolución, la creación de amistades genuinas, el control del crecimiento de la población y la práctica de ejercicios atléticos. Freud, en cambio, subrayó la importancia del crecimiento individual y de la reflexión.

Darwin por otra parte, habló de la violencia como resultado de la lucha de las especies y Marx más bien, en su filosofía dialéctica predicó que la violencia era el resultado de la lucha de clases. Para Darwin era necesario un ajuste genético en las especies y para Marx, la mejor solución era el gobierno del pueblo.

Otros, como Dollar y Skinner [vi] , sostuvieron que la violencia se aprende en la sociedad y por lo mismo sugirieron soluciones como el control de la violencia en TV, aislamiento de las personas violentas y premiación social de los héroes no violentos.

En dirección diferente se van Wrangham y Peterson [vii] , los cuales aprovechando de su vasta experiencia con primates en África, concluyeron que la mentalidad violenta de los machos ha prevalecido sobre la ternura y el cuidado de las hembras simplemente porque a través de la selección sexual, los primates han desarrollado una insaciable búsqueda de poder, lograda solo a través de la agresión. Extrañamente, algunos chimpancés hembras (entre ellos los Bonobos del Congo) lograron, según estos autores, sobreponerse al instinto del poder y desarrollaron un estilo de vida mucho más cooperativo y pacífico. Se tendería a concluir entonces, que potenciando los valores femeninos sería suficiente para frenar la violencia y la agresión. Por culpa de estos machos diabólicos, la humanidad está condenada a vivir en medio del conflicto y el sufrimiento.

En tiempos más recientes, algunos biólogos han reclamado de nuevo el determinismo genético, insistiendo  que el cerebro humano (a través del sistema límbico) viene ya programado para la agresión violenta que se explota según los niveles de testosterona [viii] .

Estas teorías deterministas tienen opositores fuertes. En 1986, 20 científicos de avanzada produjeron el bien conocido documento de Sevilla sobre la violencia, en el aseguran que no existen instintos agresivos o instintos de violencia [ix] . La agresión se aprende [x] a través del sistema de premio-castigo que aplica el medio social actual.

Una de las teorías más aceptadas [xi] parece ser la teoría que combina constitución con construcción. Rousseau por ejemplo, pensó que su pacífico noble salvaje se volvió salvaje en contacto con la civilización. Para Young, May y otros, la violencia es a la vez parte de la condición humana pero también es creada y controlada por la cultura. La violencia ocurre cuando la gente está apabullada por sentimientos de impotencia ya que sus necesidades básicas de autoestima, identidad, reconocimiento, le han sido negadas. La violencia y la agresión normalmente se expresan a través de reacciones físicas cuando la expresión de otras formas de poder interno han sido negadas (el poder ser, el poder de autoafirmación) [xii] .

Estas ideas habían sido ya desarrolladas tiempo atrás por John Burton primero y luego por Herbert Kelman, quienes son hoy en día autores del método de las necesidades humanas como método para resolver los conflictos étnicos [xiii] .

Si el corazón de la ética y de la política es la reconstrucción de la dignidad humana y de sus relaciones, entonces P&R son un medio efectivo hacia tal fin. Un ser social es un ser que perdona, insistía Thomas Moore [xiv] . “Raramente se escucha que un pensador político importante considere el perdón como un siervo esencial de la justicia o como un elemento indispensable en la formación inicial de asociaciones políticas ” [xv] .

Con frecuencia se olvida que la paz es algo que se aprende, que exige ejercicio, disciplina y esfuerzo.  No es algo que se impone con la fuerza militar o policiva. Galtung desarrolló el esquema de los tres principales conceptos de paz: peacekeeping, peace-making and peace-building [xvi] . Peacekeeping y peace making son estrategias a corto plazo que casi siempre implican intervención armada,  mientras que peace building es una estrategia de largo plazo en la que Galtung enfatiza el valor del P&R como importantes métodos para resolver la violencia. Desafortunadamente en casi todos los procesos de paz, poco se le tiene en cuenta y no es para nada una prioridad [xvii] .

2. Relevancia del Perdon & la Reconciliacion

Una ilustración significativa de los extremos a los que puede llegar la violencia humana es la antigua trilogía dramática La Oresteia de Esquilo [xviii] , donde los dioses y los ciudadanos se reúnen para decidir si hay otro modo de responderle al crimen que no sea con otro crimen. Ellos acuerdan que la venganza aunque debe estar sujeta a la ley  también debe tener en cuenta la humanidad de los victimarios. De hecho, Furies, los defensores de la ley y del orden, irónicamente se convierten en Euminides, es decir en simpatizantes de la bondad. Para Esquilo, el perdón puede ir combinado con retribución siempre y cuando esta no se convierta en el ejercicio de una justicia abstracta sino que sea un medio para reintegrar al victimario a la comunidad. Desde hace muchos siglos se predica que la justicia punitiva debe ir acompañada de justicia restaurativa.

Algo similar ocurre en la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucidides. El trata de demostrar la irracionalidad de la venganza pues la violencia se alimenta de la venganza y la venganza se alimenta de la violencia. Por eso, aconsejan que es necesario detener la venganza a tiempo subyugando la memoria de las ofensas pasadas a la esperanza de las bendiciones futuras. [xix]  Recuperar esta sabiduría se hace indispensable para una nueva cultura de paz y para la prevención de la violencia. [xx]

En la tradición cristiana primitiva, P&R tenían un papel central. Sin embargo, con la institucionalización de la Iglesia, el P&R quedaron relegados a una práctica vertical con Dios solamente, perdiéndose así toda la dimensión horizontal del pecado. Nos enseñaron entonces a reconciliarnos con Dios pero nos olvidamos de cómo reconciliarnos con los hermanos.

Como subraya Kagan “el concepto de perdón necesita escaparse de la cautividad religiosa y entrar en la fila de las virtudes políticas...y del crecimiento humano normal” [xxi] . Perdón y reconciliación son hoy en día temas de frontera de la ética y de la política.  En las relaciones sociales nada hay más natural que la venganza pero al mismo tiempo nada menos social y políticamente inadecuado. Se hace necesario, comenzando por las realidades de nuestras ciudades, recuperar este capital social y político de la sociedad. [xxii]

3. El no-perdón

El psicólogo clínico Worthington hace un análisis interesante de todo las emociones que se relacionan con lo que él llama “no perdonar”: rabia, miedo, odio, enojo,  venganza. “No perdonar” es una emoción compleja que empieza con  un miedo condicionante y sigue con la manipulación cognoscitiva del continuo pensar sobre el evento original que reproduce el miedo.  El recuerdo continuo (el replay cognoscitivo) tiene respuestas inmediatas en los músculos faciales, músculos del esqueleto, vísceras, hormonas, neuroquímicoss, y en fin, el flujo de sentimientos [xxiii] .

El no-perdonar, según la psicoanalista Anna Freud, consiste en un mecanismo de defensa que hace que la víctima busque control “asumiendo la conducta violenta o amenazante del agresor y transformándose  a sí mismo de amenazado a amenazante”. Es una forma de ganar autodominio y dignidad.

Sun Tzu en su libro clásico “El arte de guerra”  sostiene que  el enojo nunca es un consejero bueno: “un gobierno no debe movilizar un ejército motivado por el enojo y  los líderes militares no deben provocar la guerra movidos por la ira” [xxiv] . Sun Tzu, como  experto de guerra, era muy consciente de los efectos negativos de la rabia y el  odio.

Según el psiquiatra Fitzgibbons [xxv] el enojo va asociado con un alto grado de tristeza porque expresa el fracaso de los otros a satisfacer las necesidades básicas de amor, el aprecio y la justicia. Hay tres mecanismos básicos con las  que las personas reaccionan a la rabia: la negación consciente o inconsciente, la manifestación agresiva, y el perdón. En la niñez temprana nosotros nos acostumbramos a negar el enojo y por consiguiente todos nosotros nos quedamos con un equipaje de enojo inconsciente desde pequeños.  El resultado natural de enojo es el deseo de venganza. Este deseo de vengarse no disminuye hasta que esos sentimientos se aceptan y  se sueltan. Sin una decisión consciente de reconocimiento y abandono, el enojo permanece y se acumula para hacer erupción en el futuro.

La psiquiatra Aaron Beck [xxvi] sostiene que los pensamientos son responsables de los sentimientos. Cuando las personas cultivan pensamientos de rabia y odio, entonces igual serán sus sentimientos y por lo mismo sus acciones. Esta acumulación de pensamientos normalmente sigue ciertos modelos: homogeneización del otro (todos ellos son malos), deshumanización (esas no  son personas sino simplemente objetos), y demonización (esos enemigos son la encarnación del eje del Mal).

4.  El proceso de perdón y reconciliación

Normalmente las víctimas de violencia han sido victimarios alguna vez en su vida y viceversa. Para ambos casos, el proceso de P&R  funciona en modo muy similar. En esta propuesta se asume que las víctimas de violencia de algún modo quedan con traumas o heridas que es necesario sanar para que no sangren e infecten. Para poder realizar esta sanación, se proponen los elementos operativos mínimos de la psiquiatra Judith Herman [xxvii] :  crear ambiente seguro, contar la historia, hacer duelo y reconectarse.

La gran mayoría de los expertos insisten en la complejidad del ejercicio del P&R precisamente porque debiera incluir elementos cognitivos, emocionales, conductuales y espirituales.

La definición de P&R que adoptemos condiciona el proceso. Aquí se adopta la definición de perdón propuesta por Enright, Freedman and Rique [xxviii] : “es la voluntad para dejar de lado el derecho al resentimiento, al juicio negativo y a la conducta indiferente hacia uno mismo o hacia otro que nos ha injustamente ofendido, y más bien alimentar sentimientos de compasión y generosidad hacia uno mismo o hacia el ofensor”.

Como anota North [xxix] “lo que se anula con el perdón no es el crimen sino el efecto distorsionador de la relación con la víctima, de tal modo que ello no le siga perjudicando su autoestima”

Básicamente los expertos coinciden en algunas etapas mínimas necesarias para llegar al perdón. North, Enright y su Grupo de Estudio del Desarrollo Humano proponen 4 fases subdivididas en 20 pasos. Esas fases son: catarsis, decisión, acción y resultados [xxx] .

En la fase preparatoria se busca crear primeramente un ambiente de seguridad  o de simpatía pues las víctimas de violencias normalmente se sienten prisioneras del miedo. La música, los ejercicios de relajación, la danza, yoga y todo lo que ayuda a controlar la fisioneurosis, son ayudas importantes.

En la fase de catarsis se trata de ayudarle a las victimas a recobrar el autocontrol, el respeto de si mismo, y el sentido de autodominio. Es importante aquí hacer consciente a las víctimas del problema del replay cognitivo que constantemente recuerda la ofensa y recicla el veneno causado por ella. Es significativo poderle dar un nombre a la ofensa pues ello ayuda a recuperar el dominio sobre las cosas. Igualmente es importante que la persona pueda darle sentido a su sufrimiento recobrando así estructura moral y por lo mismo dándose un renovado sentido de dirección en la vida. Un paso fundamental es el de hacer memoria  y contar la historia. Es un momento privilegiado de catarsis. No sin razón la cultura judeo-cristiana es la cultura  de la memoria [xxxi] . Expertos como el psicoterapista Ruth Bersin aconsejan que este ejercicio de hacer memoria se haga tan al vivo como posible pues le ayuda a la víctima a recobrar el control sobre su propia vida [xxxii] . La técnica de la inundación y el método del testimonio pueden ser particularmente útiles. Los ejercicios de la sicología experimental  son también una ayuda importante [xxxiii] .

La fase de decisión  implica introducir el concepto de justicia restaurativa hacia el ofensor. Se motiva entonces a practicar el difícil ejercicio de la compasión.

En la fase de la acción se le ayuda a la víctima a romper cadenas y soltar la barca de la vida para navegar con libertad y alegría. En esta etapa juega especial importancia la reconexión intencional con la comunidad y con el grupo. Es como el compromiso de renovación y vida nueva. La proyección al futuro triunfa sobre la esclavitud del pasado [xxxiv] .  Los ejercicios de proyección de vida pueden ser ejercicios muy útiles, según el ambiente cultural de las personas. El mismo uso de mantras (por ejemplo: “sé que tengo dominio sobre mi mismo” ) puede también tener su efecto positivo. La secuencia y el tiempo de estas fases depende de cada grupo. La constante observación, la evaluación, la sabiduría y el sentido común son los mejores consejeros.

5. La verdad y la justicia

No hay verdadero P&R sin su dos elementos constitutivos: justicia y verdad. La experiencia de Sud Africa nos ha enseñado importantes lecciones acerca del P&R. Primero que todo, el conocimiento de la verdad es fundamental para que las víctimas se puedan abrir a la reconciliación. Segundo, las víctimas exigen que se haga justicia y que se les contribuya material o simbólicamente como reparación por el mal causado. P&R no quiere decir impunidad. Al contrario, la verdad y la justicia son componente estructurales del P&R. Por eso que los actos simbólicos de reparación sirven para hacer duelo-luto y para ritualizar un cierre simbólico. A trravés de la reparación simbólica víctimas reconstruyen su identidad y su sentido de vida normal, otra vez [xxxv] .

La reparación es un medio formidable para perpetuar la memoria de la ofensa y para ganar control sobre ella. Más que el valor de la reparación lo que en últimas cuenta es también el rito con el que se hace. Con razón el rito de reparación de la Eucaristía en la Iglesia Católica sigue teniendo importancia singular.

Sin embargo, la justicia implica también el concepto de solidaridad y de compasión. De hecho, para Douglas Stern compasión es la expresión más directa de la sabiduría [xxxvi] .  Con buenas razones el símbolo de la cruz es el centro de la fe cristiana. La cruz es la sabiduría de la compasión. Estos elementos un poco irracionales en el proceso del P&R se convierten en elementos importantes pues la racionalidad solamente no es suficiente para explicar procesos tan complejos. Es lo que Pruitt y Rubin llaman la escogencia estratégica [xxxvii] .

Tanto en la Escritura Hebrea como Cristiana, Dios es un Dios de compasión...lento a la cólera y rico en misericordia. La historia de Caín es un maravilloso ejemplo de todo ello. Igual con la historia de José que es vendido por sus hermanos. José logra vencer el rencor del pasado y le da a su hijo el nombre de Manases  o sea hecho para olvidar [xxxviii] .  En el evangelio de Lucas (7,36) encontramos el mismo mensaje: “sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”.

El Premio Nobel de Paz, Elie Wiesel sugiere que la compasión tiene que convertirse en un elemento importante de la sociedad actual. Sin compasión no hay  verdad y por lo mismo no hay paz [xxxix] .

Borris y Diehl han hecho un significativo resumen de lo que ha querido ser esta reflexión: “si las personas y las organizaciones no pasan a través de un cambio psicológico para aprender a perdonar, entonces el resentimiento y la amenaza de guerra continuarán” [xl] . Como bien lo subrayó ya Hannah Arndt, el perdón es liberarse de la irreversibilidad del pasado. Se hacen acuerdos entonces para cancelar la impredictibilidad del futuro. Así estos dos impostores de la humanidad quedan vencidos y se abre el camino a un cambio radical de la cultura y de la sociedad [xli]

Justicia por lo mismo, no se refiere solamente a la justicia retributiva sino también a la justicia restaurativa. Es recuperar la dignidad de la otra persona [xlii] o como lo define Dickey, es restaurar la totalidad de la sociedad [xliii] . El acento no es la el mismo crimen sino el efecto relacional distorsionador que conlleva. Dickey insiste (y esto sucedió antes de que USA reaccionará violentamente contra Afganistán o Irak) que la sociedad actual está caracterizada más por la emoción que por la reflexión y la compasión. Busca entonces  aquellas emociones fuertes que le da la criminalización y el desahogo de los instintos de venganza y castigo. En cambio, el nuevo paradigma de la justicia restaurativa le apunta no al castigo sino a la restauración de las victimas.

La sabiduría antigua de los Salmos, específicamente en el salmo 85, resume maravillosamente esta teoría: “la verdad y la misericordia se encuentran, la justicia y la paz se abrazan” .

6.  La propuesta: Escuelas de Perdón y Reconciliación

El aprendizaje del P&R es un ejercicio difícil. Podríamos estar tentados a creer que para ello necesitaríamos de psicólogos o especialistas muy expertos, cuyo costo se vuelve prohibitivo para muchos. Personas de un mismo grupo humano reunidas y entrenadas para tal fin, pueden convertirse en válidas ayudas para lograr implementarlo. En las ciudades latinoamericanas, donde con frecuencia son tan cortos los presupuestos, esta podría ser una propuesta mucho mas asequible. Es la experiencia que actualmente se lleva a cabo en la ciudad de Bogota con las Escuelas de Perdón y Reconciliación, ESPERE. Se trata de pequeños grupos de personas que bajo la dirección de animadores específicamente entrenados para tal fin, le ayudan a las personas a resolver sus rabias y odios y abrirse así al P&R.

Normalmente, una de las primeras necesidades de las víctimas de violencia para resolver su rabia es que exista un grupo humano que sepa de su dolor y de la injusticia que se  les infligió [xliv] .  Los grupos ofrecen los elementos indispensables básicos para facilitar el proceso de sanación través del P&R: la seguridad, un ambiente de pertenencia, un público que reconoce la injusticia y el dolor de las personas, relaciones de poder alternativas, un nuevo sentido de ley y orden, y el liderazgo de los animadores locales. Además, en los grupos, los problemas son colocados e interpretados en su debido contexto [xlv] .

El psicólogo clínico Worthington sostiene que “el tratamiento basado en la empatía puede producir más perdón que no el tratamiento de perdón a nivel racional.  Igualmente el tratamiento a nivel grupal tiene mucho más efecto que el perdón tratado a nivel individual [xlvi] .  También Perkins afirma que “la educación para paz se hace el mejor por los métodos participativos” [xlvii] . Y Herman insiste que  la solidaridad de un grupo provee no solo la protección más fuerte que se puede imaginar contra el terror y la desesperación sino también el antídoto contra las experiencias traumática [xlviii] . Los Grupos le ayudan a los individuos a proyectarse a ideales más altos y no quedarse en sus problemas. Estos mismos grupos le ayudan a las víctimas a recuperar su confianza  en Dios, en las instituciones y en las personas [xlix] .

7. Fortalezas y debilidades

El Perdón y la Reconciliación es todavía una teoría y una práctica  en su infancia, aunque ya reconocida por un creciente número de investigadores, expertos espirituales y religiosos, clínicos y activistas políticos. Los estudios de violencia, de resolución de conflictos, de mediación, han crecido mucho más comparativamente, aunque tampoco ellos logran satisfacer plenamente todavía pues no logran tocar la raíz verdadera de los problemas. Por lo mismo, esta reflexión puede sufrir de vacíos metodológicos, analíticos y conceptúales típicos de una teoría que apenas se va desarrollando pero contiene una genética de valores impensados.

En el jergo popular son consideradas actividades ingenuas. Para muchos, actividades imposibles. Unos aceptarían el perdón colectivo (como en el caso de Sudáfrica) pero no perdón individual. Otros creen que se trata solamente de un proceso artificial muy frágil  que no hace más que reflejar los deseos de los terapistas y de una tradición cristiana. [l]  Allí, el Perdón y la Reconciliación son vistos como justicia barata y espiritualidad idealista.

Sin embargo, un numero creciente de autores creen que el Perdón y la Reconciliación es un poderoso instrumento social para disminuir el sufrimiento emocional, mental y físico de las victimas. Psiquiatras, psicólogos  y trabajadores sociales comienzan a estar cada vez más entusiastas acerca de los buenos resultados que produce el  ejercicio del Perdón y la Reconciliación. Fitzgibbons subraya que el descubrimiento del poder sanador del P&R  se puede muy bien comparar con el descubrimiento de las Sulfas, de la penicilina, del Prozac y del Ritalin. [li]

Conclusión

El Perdón y la Reconciliación son herramientas poderosas para la construcción de la democracia, de la convivencia y de la paz. La realidad de la violencia pasada y presente  en el mundo justifica plenamente el cultivo de este nuevo paradigma de la política actual. No basta tener capital físico y capital económico en el país. Nunca como ahora hay necesidad de adquirir este nuevo tipo de capital social. Las personas y las comunidades que practican el Perdón y la Reconciliación tienen comparativamente niveles de progreso y desarrollo mucho más elevados.

En las palabras de Desmond Tutu: “El perdón es una absoluta necesidad para la continuación de la existencia humana. Sin perdón y sin reconciliación  no tiene  futuro la humanidad. En los próximos años, cuando posiblemente se firmen acuerdos de paz con los grupos alzados en armas, Colombia podrá ofrecerle al país la riqueza de una  practica acumulada de manejo del  Perdón y la Reconciliación. Sin Perdón y Reconciliación no hay paz!!! El Perdón y la Reconciliación son además un humilde reconocimiento de la limitación humana y por lo mismo de la necesidad que tenemos unos de otros. Es gracias al perdón que entendemos la poderosa fuerza del amor.

El sueño de Isaías algún día se hará realidad: “serán vecinos el lobo y el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, el león comerá pasto con los bueyes y los bebés jugarán con las serpientes” (Isaías 11,7).  Esa es talvez la imagen más completa de lo que significa el perdón y la reconciliación!

 

 



 

EndNotes

[i] Datos impresionantes se ofrecen en Bracken Patrick and Celia Petty, Rethinking the trauma of war, London, Free Association Books, 2001, pp. 3, 9-20.

[ii] En adelante, usaré la abreviación P&R en lugar de perdón y reconciliación.

[iii] La teoría y la práctica del Perdón y la reconciliación, en buena parte fue el resultado de 15 meses de conversatorios semanales con un grupo multidisciplinario de profesionales (Psicólogos, psiquiatras, sociólogos, politólogos, economistas entre otros) de la Universidad de Harvard, durante el período Octubre/99 a Febrero 2001.

[iv] Ver Enright Robert and North Joanna, Exploring forgiveness, Madison, University of Wisconsin Press, 1998, pp. 3-4. Varios autores subrayan que de la época de San Agustin hasta la década de 1980 habían solamente 170 titulos en ingles sobre el tema del perdón interpersonal.

[v] Ver Mc Fadden, Thomas, Liberation, revolution and freedom, theological perspectives, Seabury Press, 1975, pp. 87-109.

[vi] Sobre este tema ver John Dollard’s, Frustration and aggression, (1939) and B.F Skinner’s, Beyond freedom and dignity (1971).  

[vii] Wranghan, Richard and Peterson, Dale, Demonic males. Apes in the origins  of human violence, New York: Mariner Books, 1996. Ver especialmente las páginas 231-251. Otros autores importantes son Frans de Waal con su libro Peacemaking among primates (1989), y Brian Ferguson quien coeditó con Neil Whitehead el libro War in the tribal zone: expanding states and indigenous warfare (1992).

[viii] Ver Greider, p. 25.

[ix] Ver Greider Kathleen, Reckoning with aggression, theology, violence and vitality, Louisville, Kentucky, Westminster Press, 1997, p. 22  y la nota 34.

[x] Ver Berkowitz Leonard, Aggression: a social psychological analysis, New York, McGraw-Hill, 1962 citado por Greider p. 124.

[xi] Ver Thomas Mc Fadden. Liberation, revolution and freedom, theological perspectives, New York, The Seabury Press, 1975 p.28.

[xii] Ibidem, pp. 30-31, 44 and 182.

[xiii] Hicks Donna, Intractability, Conferencia en PICAR Seminar, ent Wheatherhead Center for international politics, Harvard, Octobre 23, 2001.

[xiv] Moore Thomas, Care of the soul. A guide for cultivating depth and sacredness in every day life. New York: Harper Perennial, 1992, pp. 155-175.

[xv] En Shriver Donald W, An ethic for enemies, forgiveness in politics, Oxford, Oxford University Press, 1995, p.ix.

[xvi] Galtung, J, Three realistic approaches to peace: peacekeeping, peacemaking and peace building.  In Langoholtz, op.cit, p. 10.

[xvii] Kimmel P. R. Cultural and ethic issues, in Schriver, op. cit., p. 62. Se refiere al aso al caso de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas donde el encuentra un buen numero de limitaciones.

[xviii] La trilogía dramática la conforman Eumenides, las Céforas y  Oresteia. Dos hermanos, Thyestes y Atreus se hacen enemigos. Thyestes viola la mujer de  Atreus, quien se venga matando los dos hijos de Thyestesy sirviéndo su carne en un banquete en honor a su padre.

[xix] En Shriver, p/19. 22.

[xx] Connell R.W. Arms and the man, using the new research on masculinity to understand violence and promote peace in the contemporary world, paper for UNESCO meeting, Oslo, September 1997.

[xxi] Ibidem, p. 7.

[xxii] Perkins Edward J. The psychology of diplomacy, conflict resolution in a time of minimal or unusual small scale conflicts, in Langoholtz Harvey Ed. Psychology of peace keeping, Westport, Praeger, 1998, p. 46.

[xxiii] Worthington L. Everett, Ed. Dimensions of forgiveness. Psychological research and theological perspectives, Philadelphia, Templeton Foundation Press, 1998, pp. 119-123.

[xxiv] Sum Tzu, The art of war, London, Oxford University Press, 1963, p. 166.

[xxv] Fitzgibbon Richard, Anger and the healing power of forgiveness, in Enright, op. cit., 63-64.

[xxvi] En Aaron T. Beck, Prisoners of hate. The cognitive basis of anger, hostility and violence, New York, Harper Collins, 1999, pp. x-xv and 17-18.

[xxvii] Judith Herman, Trauma and recovery: the aftermath of violence from domestic abuse to political terror, New York, Basic Books, 1999.

[xxviii] Enright Robert,  Freedman Suzanne, Rique Julio, Interpersonal forgiveness  in Enright R and North J. Exploring forgiveness, Madison, University of Wisconsin Press, 1998, op.cit, pp. 46-47.

[xxix] North Joanna, The ideal of forgiveness: a philosopher’s exploration, in Enright and North, op.cit. pp. 17-18.

[xxx] Ibidem, p. 21.

 

[xxxii] Ruth Bersin es una psicoterapista que trabaja en Boston. Referirse a: International Conference on Reconciliation, pp. 25-28 October, 2000 at Andover Newton Theological School.

[xxxiii] Algunos ejercicios muy sencillos  pueden ser: la silla vacía, el talego de boxeo,el sicodrama, el dialogo de escritura con las manos, pintar. Estas actividades son desarroladas por la psicoterapista Amanda Curtin, en conferencia en PICAR (Harvard University),  12 March, 2001.

[xxxiv] Bersin Ruth, at International Conference on Reconciliation, 25-28 October, 2000 at Andover Newton Theological School.

52