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Ascheman, SVD Miles de convencidos cristianos venidos de todos los países de las Américas se dieron cita en el Congreso misionero celebrado en Paraná, Argentina, entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre recién pasado. Juntos tuvieron ocasión de reflexionar y cantar y danzar y rezar, reafirmando su compromiso de vida en la misión universal de la Iglesia. Una mirada retrospectiva sobre este nuevo COMLA, ahora CAM (Congreso Misionero Americano) nos ofrece la adecuada ocasión para ver cómo la Iglesia presenta su misión a nivel de pueblo cristiano. 1. Un movimiento de base La trayectoria de los Congresos Misioneros Latinoamericanos que comenzó en 1977 muestra el desarrollo de un movimiento popular, vigoroso y sostenido, de apoyo a la misión universal de la Iglesia. Desarrollo que es un hecho sin paralelos en el Catolicismo contemporáneo. En otras latitudes, un Congreso Misionero seguramente reuniría de preferencia a expertos y se desenvolvería en un clima de academia. En los COMLAs, en cambio, el tono lo dan las multitudes de jóvenes y los numerosos grupos de laicos. Si bien las charlas y los debates de grupo previstos son interesantes, la expresión más importante del Congreso estriba en el canto, la danza y la convivencia. Baste el siguiente detalle para medir el interés que el Congreso despertó en la diócesis de Paraná: más de 1.200 jóvenes se alistaron entre los "servidores" dipuestos a ofrecer su ayuda en la acogida de los huéspedes y en su traslado de un lugar a otro, a dar información y prestar los más variados servicios de organización. Sin duda, resulta de particular importancia evangelizadora que este movimiento popular misionero tome cuerpo en un sector de la Iglesia que hoy representa el 40% del Catolicismo mundial. Este sexto COMLA ofreció la primera oportunidad para que también los delegados de Estados Unidos y Canadá se sintieran parte del programa. A partir de esta celebración, el Congreso será designado con el nombre de CAM (Congreso Misionero Americano). Siendo que en su conjunto la Iglesia de las América representa el 65% de la población católica mundial, es de esperar que gracias a esta integración de Norteamérica el entusiasmo que ha caracterizado hasta ahora la celebración de los COMLAS siga profundizándose en el hemisferio sur y se extienda en el norte reforzando de esta manera en forma notable el interés por la misión de la Iglesia. 2. Dos diferentes modelos de misión La consigna del Congreso "¡América, con Cristo sal de tu tierra!" encontró eco en todos los tonos imaginables de sus cantos, oraciones y presentaciones. El doble sentido de la frase "sal de tu tierra" traduce en forma asaz significativa las dos modalidades diversas del pensamiento misionero. A continuación quisiera describir estos dos diversos modelos que se evidenciaron también a lo largo del Congreso y resaltar sus bondades y eventuales deficiencias. 2.1 Modelo geográfico identificado al crecimiento de la Iglesia El lema "sal de tu tierra" puede ser entendido como una invitación a dejar la patria, pasar a otro país y vivir en medio de otro pueblo, a fin de llamar a su gente al seguimiento de Jesús en la Iglesia. Cuando se piensa la misión en esta perspectiva, fácilmente se mide el éxito de la evangelización en números de convertidos. El mensaje de apertura entregado por el Cardenal Tomko subrayó fuertemente este modelo de misión. Pasando revista al panorama mundial de la evangelización, el Cardenal indicó minuciosamente en cada continente el porcentaje de católicos sintetizando el cuadro en los siguientes términos:
El discurso del Cardenal, muy bien recibido por los participantes, concluyó con el vibrante llamado: "América misionera, con Cristo, sal de tu tierra! ¡Alzate, camina y va siempre adelante!" Sin duda esta visión misionera tiene la ventaja de ser clara y desafiante. Trasmite la impresión que el objetivo fundamental de la misión consiste en bautizar a los no-cristianos. Para que esto sea posible es necesario que muchos misioneros abandonen su patria, vayan a otros países y continentes y desgasten tus energías en la tarea misionera entre no católicos. 2.2 Modelo de situaciones misioneras, testimonio del Reino de Dios El lema del Congreso "sal de tu tierra" puede leerse de otra manera. Sal es el elemento que da sabor y que transforma. Los cristianos están llamados a ser sal que transforma el mundo. El modelo de misión tomado desde este enfoque pone el acento en el efecto de la actividad de la Iglesia en el mundo. Si el primer modelo enfatiza el crecimiento numérico de los seguidores de Cristo en la Iglesia, este segundo modelo presupone que el crecimiento eclesial es sólo un objetivo intermedio. La finalidad última de la misión "ad gentes" es la transformación del mundo mediante el testimonio cristiano en favor de los valores del Reino. Muy en sintonía con este modo de concebir la misión estuvo el discurso del Cardenal Francis George. Su tema fue "Globalización: desafíos a la misión de la Iglesia". Terminando su presentación, el Cardenal retomó el impacto que el Vaticano II tuvo en la comprensión de la misión. Señaló:
Mientras el primer modelo pone el acento en la necesidad de cambiar de geografía para cumplir la misión "ad gentes", el segundo lo pone en la necesidad de actuar en situaciones particulares que bien pueden darse en cualquier parte del mundo. Y, de hecho, lo que se se hace en un rincón del mundo bien puede tener su efecto en otro rincón muy distante. Desde la perspectiva del segundo modelo, la Iglesia cumplirá su misión presentando el mensaje de Jesús, con respeto, en aquellas situaciones y encrucijadas en las que está por darse el proceso de transformación. Al señalar las dimensiones positivas y negativas del actual proceso de globalización, por ejemplo, el Cardenal George resaltó que la misión de la Iglesia consistía en proclamar la defensa de la persona humana y la construcción de una sociedad que respeta la vida de todo ser humano. Una misión, por consiguiente, no sólo en beneficio de los cristianos. En consecuencia, este modelo gira de continuo en torno a los retos de la evangelización de las culturas, la transformación liberadora de las estructuras sociales y el diálogo interreligioso. El manjar que necesita sabor, la carne que necesita "sal" es el contrastado mundo de las culturas, de las estructuras socio-económicas y de las diversas religiones. 3. Bondades y debilidades de los dos modelos Uno podría estar tentado de mirar ambos modelos como excluyentes. Entonces la pregunta sería cuál responde mejor a las necesidades de la misión "ad gentes" hoy, vale decir qué visión de la misión es la más adecuada para promover hoy a la Iglesia. Con todo, me parece más útil tomar de ambos modelos lo positivo que tienen y ajustar la praxis misionera sopesando las bondades y las debilidades de cada uno. 3.1 Compartir escuchando El primer modelo llama la atención sobre la necesidad de compartir la buena nueva con otros. El segundo nos recuerda que también hemos de saber escuchar. Hay que combinar ambas exigencias. En el encuentro con no-cristianos nuestro proceder puede llegar a ser tan agresivo que más bien parece un esfuerzo de proselitismo. Por otro lado, nuestro "escuchar" puede ser tan pasivo que damos la impresión de sentirnos apocados ante el Evangelio. En contacto con gente de otras culturas nuestro compartir puede ser tan insistente que ni siquiera notamos que la gente no nos entiende, o nuestra disposición de escucha tan condescendiente que descuidamos señalar lo que a ojos vista es unjusto. 3.2 "Ad extra" y "ad intra" El primer modelo proyecta nítidamente la dimensión "ad extra" que posee la misión de la Iglesia, esto es la necesidad de salir de lo propio, del propio país y continente para ir al encuentro del otro. El segundo modelo resalta que hoy las situaciones misioneras "ad gentes" se encuentran por doquier, incluso en lugares geográficos muy cercanos a nosotros. Ésta es la dimensión "ad intra" de la misión universal. Para ser misionero no es indispensable subir a un avión. Insistir demasiado en la necesidad de salir puede crear la idea de que la misión "ad gentes" es algo que se realiza a mucha distancia de lo propio. Se puede terminar en una especie de "turismo evangelizador" que envía personal al extranjero mientras no se atienden las necesidades misioneras inmediatas en torno. Por otra parte, una insistencia exagerada sobre las necesidades "ad gentes" de la propia Iglesia local podría provocar su replegamiento en sus propios problemas, privándola de la amplia y enriquecedora experiencia de la Iglesia universal. 3.3 Iglesia y mundo El primer modelo subraya el resultado eclesial de la actividad misionera. El segundo pone la atención en que la meta última de nuestra misión no es sencillamente el crecimiento de la Iglesia sino la transformación del mundo. Una acentuación unilateral de lo eclesial podría inducir a la falsa idea de que, mientras mayor sea el número de bautizados, el mundo se acercará más a la realización del Reino de Dios. Echando una mirada al panorama mundial vemos que más o menos el 90% de la población de las Américas está bautizada,... sin embargo, ¿quién podría afirmar que por eso las Américas están más cerca de la experiencia del Reino? Por otra parte, un énfasis demasiado excluyente en que la misión consiste en la transformación del mundo podría hacernos olvidar que el encargo de ser "luz del mundo" y "sal de la tierra" fue confiado en primer lugar a la Iglesia-comunidad y no a tanto a los misioneros individuales. Siendo miembros de esa Iglesia-comunidad nosotros participamos en esa misión de Cristo que transforma el mundo. 4. Conclusiones Bien puede ser que uno se sienta mejor interpretado por un modelo y no por el otro. En cuanto a mí, yo me identifico más con el segundo. Sin embargo, el primero posee elementos que me resultan irrenunciables y muy atractivos. Sin duda, la actividad misionera mundial es una realidad compleja que exige un esfuerzo de equilibrio. Mientras seguimos animando a las Iglesias locales de América a abrirse más y más a la dimensión mundial de la misión, es necesario presentarles la visión más completa posible de la misma. Sería erróneo ofrecerles un cuadro simplificado y unilateral. El modelo geográfico, centrado en el crecimiento de la Iglesia, contiene una visión convincente y clara, pero no es suficiente. El otro modelo, el que llamamos de situaciones misioneras, que apunta a la transformación del mundo es objetivo e inspirador, pero tampoco es suficiente. El COMLA 6 - o ahora, el CAM 1 - buscó, quizás inconscientemente, el equilibrio de ambos modos de ver la misión. Es de esperar que el próximo CAM, previsto para el año 2002 en Guatemala, encontrará nuevas pistas para asegurar este equilibrio. ¡Ojalá sea un Congreso en el que, por cierto, se escuche la voz de los obispos, pero en el que también se hagan sentir las voces de los laicos y, en especial, de las mujeres! Un Congreso que no sólo dé acogida a representantes de todos los países del continente americano, sino también celebre la participación festiva de otros continentes. Uno podría soñar con un Congreso al que fueran invitados representantes de otras Iglesias y de otras religiones a fin de que también ellos pudieran expresar sus sentimientos y convicciones. El "slogan" del Congreso que encontró expresión en su inolvidable himno abre un horizonte en el que puede darse un fructuoso equilibrio de los diversos elementos que entran hoy en la comprensión de la misión de la Iglesia:
sale para perderse y dar sabor a toda la vida. Y por eso cantamos de nuevo: América con Cristo, (eres) sal de tu tierra."
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