Como si fuera
un presagio inevitable, cuando L.C. Susin y yo preparábamos
este volumen, parece que ya veíamos venir el torrente de
eventos desastrosos que hacían ìmposìble suprimir
el grìto por una nueva cultura de reconciliación,
en condiciones de justicía y de respeto a la dignidad y
derechos de las personas. En menos de dos años, los traumas
de los pueblos hen sido incrementados y profundizados por las guerras
y conflictos sociales, que sólo están dejando desolación
por todas partes del planeta. Es cierto que estos eventos tienen
raíces antiguas y profundas, pero su explosíón
a comienzos del siglo XXI, en una sincronicidad aterradora, interrumpió la
idea de que podemos seguir viviendo como si nada estuviera pasando.
Como menciona L.C. Susin en la introducción a este volumen,
las expectativas optimistas que mucha gente compartió sobre
la inauguración en el nuevo milenio de una nueva era de
armonía mundial, han sido aplastadas por las naciones y
elites poderosas que obstinadamente hacen de la justicia un camino
evasivo e intransitable.
La paradoja
mayor que la humanidad ha confrontado en la era contemporánea
es que la agudización de los conflictos sociales viene dada
en nombre del interés por salvar la civilización.
Pero los resultados de ese interés muestran a todas luces
su fracaso. Por un lado, las grandes mayorías de la humanidad
vienen cargando el peso de condiciones sociales que cultivan la
violencia y mantienen abiertas las heridas del pasado. N. Mandela
habla del legado del siglo XX, "fruto de las nuevas tecnologías
al servicio de ideologías de odio", como un legado
de sufrimiento difundido mundialmente: "El siglo XX se recordará como
un siglo marcado por la violencia. Nos lastra con su legado de
destrucción masiva, de violencia infligida a una escala
nunca vista y nunca antes posible en la historia de la Humanidad”.1 Por otra parte, el presidente estadounidense
George W. Bush ha invertido radicalmente la lógica para
eliminar los conflictos porque, desoyendo la opinión mundial,
implementa la empresa de la guerra para salvar la civilización,
y llama a todas las naciones a participar en ella. Según él, "ninguna
nación libre puede ser neutral en la batalla entre la civilización
y el caos".2 En su batalla contra to que percibe ser
el caos, propone la guerra como instrumento para defender la civilización,
y así hace del caos inherente a la guerra un instrumento
de salvación. Con esto, las guerras no resuelven ni ponen
tin a los conflictos mundiales, sólo los exacerban y prolongan,
hasty terminar engendrando una civilización del caos en
nombre de la propia civilización. Desde su sabiduría
indígena, E. López Hernández dice que "el
caos no puede ser el punto de Ilegada de nuestro caminar humano”.3
Junto alas calamidades
de las guerras todavía en desarrollo, nuestro trabajo
de edición de este volumen ocurrió en un ambiente
atravesado por dinámicas de conflicto que vinieron
a confirmar la pertinencia del tema propuesto. Menciono enseguida
sólo algunas de estas dinámicas que han dejado a
su paso relaciones rotas, resentimientos, inseguridades, mayor
amargura, y una exigencia radical de cambio, de restitución,
y de restablecimiento. Primero, el Pueblo de Dios ha pasado por una crisis todavía
no resuelta, debido al hecho del repetitivo abuso sexual perpetrado
por sacerdotes y obispos contra niños, niñas y mujeres.
Muchas son las víctimas y sobrevivientes de los clérigos
abusadores, quienes durante muchos años fueron protegidos
por la propia jerarquía eclesiástica mediante el
encubrimiento, el engaño, la mentira y el abuso de su poder
sobre la gente. Segundo, el Pueblo de Dios igualmente enfrenta obstáculos
mayores cuando se organiza para luchar por la dignidad y derechos
de las mujeres.
Desde mi punto
de vista, el caso más paradigmático en desarrollo
es la actuación de los obispos católicos nicaragüenses,
quienes, debido a su ignorancia y su abuso de poder, pública
y militantemente obstaculizan las iniciativas de los movimientos
feministas y de mujeres por Iograr el reconocimiento constitucional
de los derechos fundamentales de las mujeres. En la opinión
errada y malamente informada de los obispos, estas iniciativas ‑ y
otras que apoyan procesos educativos en salud reproductiva y sexual ‑ son
perjudiciales porque vienen a “promove” el aborto,
la homosexualidad y la agenda de "esas feministas radicales
de género".4
Desde todo punto
de vista, este volumen de Concillum sobre
reconciliación en un mundo de conflictos nació,
se desarrolló y culmina en un clima de conflictos no resueltos.
Todos estos eventos tienen en común dinámicas de
conflicto y, como menciono abajo, también tienen causas
comunes. Igualmente, todas estas situaciones exponen que está inmune
de convertirse en perpetrador y/o cómplice de injusticias.
Así como no podemos reclamar que estos eventos no sucedieron,
no podemos seguir caminando en la vida sin implementar medidas
para evitar que estos eventos sean repetidos de nuevo, y no podemos
aspirar a ninguna reconciliación sin reconocer los males
causados y hacer algo para cambiarlos. La reparacìón
de los daños, la restauración de relaciones rotas,
la finalización de las divisiones, y la eliminación
de los males son los objetivos centrales de la reconciliación.
Por eso es que el camino hacia la reconciliación conlleva
cambios de conducta personal, social y estructura¡ para que
esos conflictos generadores de violencia y sufrimiento no vuelvan
a repetirse nunca mas.
En el diseño
de este volumen, teníamos en mente una intención
sencilia pero importante. En consonancia con los procesos de reconciliación
que han implementado numerosas naciones con el apoyo de sus respectivas
comisiones de la verdad y reconciliación, teníamos
en mente contribuir a la difusión de estos procesos. En
mi caso, desde hace años he tenido la impresión de
que, tanto las iglesias comp los programas de estudios religiosos
y teológicos superiores, han ignorado esos procesos, y como
resultado, muy poco hemos contribuido en la búsqueda de
soluciones a los recurrentes conflictos sociales y eclesiales.
El objetivo de incrementar nuestro conocimiento sobre esos procesos
y sobre el trabajo de esas comisiones es el de cultivar en nuestras
comunidades el deseo de asumir una activa participación
en la transformación cualitativa de las circunstancias que
engendran violencia y conflicto. Como ha sido ampliamente documentado,
es cierto que las religiones han silo fuentes instigadoras de atrocidades
contra la humanidad, pero también es cierto que las religiones
contienen una riqueza enorme de recursos y dinámicas liberadoras
que pueden y deben funcionar para la prevención y resolución
de conflictos. T. Kanninen argumenta convincentemente que, hasta
hace poco, las convicciones religiosas han sido descuidadas en
el cameo de la resolución de conflictos debido a que han
sido consideradas como propias del cameo personal y espiritual,
pero esta presuposición ha impedido una compresión
más crítica de las causas multidimensionales de los
conflictos; por tanto, “se debe dar mayor prominencia a la
religión”.5 En este contexto, el discurso
sobre "reconciliación" finalmente ha abandonado
la sacristía para llegar a ser hoy en día una cuestión
de políticas públicas que envuelven a la comunidad
internacional, a gobiernos, organizaciones no gubernamentales,
movimientos sociales, universidades a iglesias, y a toda persona
interesada en una nueva cultura basada en la justicia social, los
derechos humanos y la democracia participativa. Con esto, en mis
reflexiones finales quiero subrayar algunas
lecciones que considero centrales para los tines que este volumen
propuso. Ciertamente, cada uno de los artículos contiene
mayor complejidad y sabiduría, por eso dejo este terra abierto
para reflexiones posteríores que puedan tener efectos
creativos en nuestros compromìsos pastorales, académicos
y de activismo social.
1.
El conflicto de fe injusticia sistémica
Todos los artículos
de este volumen hablan de "confiicto". La afirmación
recurrente en ellos es que fos conflictos sociales tienen causas
multidimensionales y raíces profundas que es necesario nombrar,
confrontar y transformar. ¿Pero de qué conflicto
se trata? En sus comenta
rios, Su Santidad el Dalai
Lama dice que "los conflictos humanos no vienen de la nada.
Se producen como resultado de causas y circunstancias, muchas
de las cuales están bajo el control de los/as protagonistas
sin duda, la violencia genera más violencia".6 T.
Kanninen señala que las causas de los conflictos no pueden
ser reducidas a un "determinismo materialista" que las
explica solamente en base a las leyes del sistema económico
generador de pobreza.7 Más bien, esas causas deben ser
buscadas en el conjunto complejo de condiciones que operan en la
sociedad de forma multidimensional, interestructurada, multiplicativa,
repetìtiva y sistémica. La mayoría de los
artículos en este volumen son coherentes en señalar
que el funcionamiento de este conjunto complejo ha creado un patrón8 de
resultados que invariablemente expone diversas formas de explotación,
desigualdades sociales, empobrecimlento masivo, discriminación,
marginación de las mayorías humanas y corrupcìón
a impunìdad de quìenes se benefician de este
complejo social. Ésta es la situación que causa sufrimiento
a la gente y la que da lugar a fa irrupción de conflictos
sociales cuando fa gente lucha por cambiar las cosas y Ios grupos
privilegiados imponen la represión violenta a estas luchas.
Los artículos en este volumen permiten decir que el conflicto
central es el de la injusticia
sistémica que está extendida por todo el planeta.
Esta injusticia está engranada en las condiciones globales
que sistémicamente dañan las relaciones entre las
naciones y las personas, produce violencia en la vida de las gentes,
viola los derechos fundamentales de las personas y empuja a naciones
enteras a situaciones de conflicto.
2.
La honestidad histórica con la verdad de la realidad
El
establecimiento de la justicia es la condición primera para
la reconciliación. Todos los procesos y comisiones de reconciliación
emprendidos alrededor del mundo declaran que la base fundamental
para la reconciliación social es la justicia, y ésta
ha de estar apoyada en la verdad. De hecho, ninguna justicia es
posible sin la verdad. Para enfrentar la verdad, J. Sobrino afirma
que "la fe cristiana comienza con la honradez con lo real,
desenmascarando el mysterium iniquitatis".9 Igualmente,
T. Gonnella Frichner subraya en su artículo que la “honestidad
histórica”10 es un paso importante en el
nombrar la verdad y reconocer lo que ha pasado. Pero, de nuevo,
podríamos preguntar ode qué verdad se trata? La respuesta
a esta pregunta la encontramos de forma sumaria en varias Comisiones
de la Verdad y Reconciliación. Por ejemplo, la Comisión
de Sudáfrica señala que buscó la verdad "de
lo que pasó bajo el apartheid" que resultó en
violencia y abusos contra los derechos humanos.11 La
Comisión de El Salvador
buscó la verdad sobre "los actos de violencia" cometidos
durante la guerra.12 El más reciente informe de
la Comisión de Perú indica que "la verdad que
aquí se ha querido esclarecer es aquella que concierne a
los hechos de la violencia".13 La importancia de
nombrar y hacer pública la verdad, en palabras de la Comisión
de Guatemala, radica en que "hacer frente a la verdad es camino
indispensable" para la reconciliación, ya que "la
verdad beneficia a todos, víctimas y victimarios. Las víctimas,
cuyo pasado ha sido denigrado y manipulado, se verán dignificadas;
los victimarios, por otro lado, podrán
recuperar la dignidad de la cual ellos mismos se privaron, por
el reconocimiento de sus actos inmorales y criminales".14 El
reconocimiento público y honesto de que la integridad
y los derechos de mujeres y hombres han sido violados tiene como
fin el no olvidar que esto sucedió, para extraer lecciones
de rehabilitación a implementar acciones para que nadie
vuelva a repetir estos hechos en el presente ni en el futuro.
3.
La exigencia de reparar los derechos humanos violados
En los procesos
de reconciliación se entiende que el respeto a los derechos
y dignidad de la gente es constitutivo del establecimiento de la
justicia, y que la justícia apoyada en la verdad es constitutiva
de la reconciliación. S. Budhathoki señala que el
reconocimiento de los derechos humanos y la justicia son indispensables
para resolver conflictos y lograr una paz duradera.15 Pero
la violación de los derechos humanos está condenada
a ser repetida una y otra vez sin no hay transformaciones radicales
para erradicar la injusticia sìstérnica. Una breve
mirada a los procesos excluyentes que caracterizan a la globalización
neoliberal contemporánea muestra que su curso presente no
ofrece viabilidad para restaurar ni respetar los derechos fundamentales
de toda la gente. Con razón, F. Houtart reconoce simple
y cruda mente que "el sistema actual se caracteriza por
su ineficacia"16 porque no proporciona la bases
culturales y materiales para que toda la gente pueda vivir una
vida digna. Con esto, el trabajo por la reconciliación también
incluye luchar por cambiar las raíces causales de la violación
de los derechos humanos que causan tanto sufrimiento en la gente.
4. El cuerpo de las mujeres como campo de batalla
La brutalidad
de los conflictos sociales, las perversidades de la violencia,
la saña de la guerra y la malicia de quienes abusan de su
poder para perpetrar humillaciones contra la persona humana quedan
crudamente al descubierto en la violencia contra las mujeres y
la violación de los derechos de las mujeres. La experiencia
de muchas víctimas y sobrevivientes es resumida en la dramática
frase: "nos hicieron más que a los animales".17 A
pesar de que los patrones de violencia contra las mujeres son los
más extendidos alrededor del mundo, estas acciones son las
más silenciadas, encubiertas y hasta justificadas como naturales.
En su contribución, V. Vargas expone cómo la violación
es usada "como arma de guerra y de conquista desde el cuerpo
de la mujer", y cómo el cuerpo de la mujer es usado "como
el campo de batalla de una guerra no reconocida, naturalizada,
inexistente".18 Este aserto es confirmado por P.B.
Hayner, quien, en su magnífico estudio sobre las comisiones
de la verdad, documenta que "tal vez los abusos más
comúnmente infrarreportados son los sufridos por las
mujeres, especialmente el abuso sexual y la violación".19 De
hecho, el silenciamiento de esta realidad es tan cierto que para
este volumen sólo V. Vargas to expone como preocupación
central, y termina su artículo diciendo que "ojalá que
en otros espacios como éstos no sea una mujer la que levante
estos temas".20
5.
Nombrar a los perpetradores: perdón y restitución
En la realidad
presente, ningún conflicto social tiene posibilidades de
resolución sin confrontar el problema central de la injusticia
sistémica. A su vez, la erradicación de la injusticia
sistémica puede ser posibilitada mejor mediante un trabajo
previo de "análisis crítico sistémico
de la dominación"21 que abra en la humanidad
el entendimiento y nombramiento de los sistemas interestructurados,
multiplicativos y repetitivos de dominación y violencia
con el fin de transformarlos. Desde los marcos del análisis
crítico‑feminista, la injusticia sistémica
causante de los conflictos sociales está asentada en el
conjunto complejo de la dominación kyriarcal. En este
sentido, el trabajo por una cultura de reconciliación global
exige la lucha por la democracia radical poniendo fin a las
relaciones kyriarcales de poder.
Igualmente, este trabajo
exige identificar y nombrar a quienes han perpetrado atrocidades
contra los pueblos y contra las mujeres. El sistema de dominación
kyriarcal aparece como el actor central que instiga patrones
de conflicto en las sociedades, culturas y religiones del mundo.
Pero este sistema opera con actores sociales concretos, quienes
con su poder y control dominan al mundo. Entre estos actores están
las naciones y las elites poderosas, las grandes corporaciones
financieras y comerciales, y los grupos de poder que controlan
el todo social.
Tradicionalmente,
el sistema de dominación kyriarcal ha sido mantenido
por elites de hombres poderosos que imponen sus intereses a expensas
de los derechos y la dignidad de los pueblos subalternos y de las
mujeres bajo su dominio. Más particularmente, en el contexto
de los procesos contemporáneos de reconciliación,
P. B. Hayner documenta que Estados Unidos encabeza la lista de
países que no sólo han actuado en complicidad con
los regímenes que han cometido las peores violaciones
de derechos humanos y crímenes contra la humanidad, sino
que además los Estados Unidos les han proporcionado
activamente recursos militares, financieros, logísticos
y manua les
de entrenamiento para la represión y la tortura.22 Pero
este hecho es conocido por (casi) todo el mundo, aunque algunos
sectores de la población común estadounidense pretenden
no saberlo. Por eso encuentro sumamente clave la recomendación
que hace Su Santidad el Dalai Lama: "Los Estados Unidos deben
examinar los factores que generan y dan origen al terrorismo".23 El
objeto de nombrar a los perpetradores dominantes de violencia
y conflicto es el de afirmar que el restablecimiento social implica
incorporar o restituir la justicia, los derechos y la dignidad
humana en el todo social. Y también supone que los perpetradores
reconozcan públicamente las atrocidades que han hecho, que
confiesen sus culpas, y que actúen consecuentemente
con acciones y comportamientos conducentes a la rehabilitación
y reparación de to que han demolido. Sólo en este
contexto podemos comenzar a hablar del perdón. Como bien
señala R. Reynolds, "el fundamento para ofrecer y aceptar
perdón es el reconocimiento del mal hecho el perdón
permite que la justicia suceda de modo creíble y sostemble".24 Igualmente
supone un compromiso por implementar mecanismos sistémicos
que, como presenta I. W. Zartman, hagan viable una "finalización
del conflicto más profunda y permanente".25 Tales
mecanismos han de incluir estrategias que exijan la rendición
de cuentas, que mantengan viva la memoria de las luchas de la gente
por la justicia y los derechos, y que prevengan oportunamente el
resurgimiento de los conflictos.
6.
La función de las religiones: reconciliación con
dignidad y derechos
Las tradiciones
religiosas tienen una función central tanto en los procesos
de conflicto, como en los procesos de reconciliación. Pero
esta función, como indican varios artículos en este
volumen, ha sido protundamente contradictoria y ambivalente. No
obstante, un factor que se ha mantenido como constante ético‑religiosa
en la historia de estas tradiciones es la visión de armonía,
prosperidad y bienestar universal, que ha sido expresada de formas
diversas de acuerdo a los puntos referenciales propios de cada
tradición. Sin duda, esta visión ha sostenido convicciones,
lenguajes y prácticas cuyo objetivo histórico ha
sido la preservación de la paz, o en los términos
de este volumen, el cultivo de una cultura de reconciliación.
La expresión pública y social de esta vision, paradójicamente,
no está referida automáticamente alas elites que
gobiernan las instituciones religiosas existentes, sino a la "agencia
latitudinal" del pueblo pobre y creyente que interpreta sus
tradiciones religiosas en términos de emancipación.
V. Narayanan expone cómo el extraordinario "sentido
de latitud"26 que ha desarrollado el pueblo hindú en
la interpretación de su tradición religiosa permite
identificar la contribución del hinduismo a la construcción
de la reconciliación y la paz. En mi opinion, esta habilidad
interpretativa está activa también en las otras tradiciones
religiosas del mundo, y a menudo sobrevive en contra de las interpretaciones
oficiales dominantes de las instituciones religiosas existentes.
Esas tradiciones religiosas emancipadoras, que mantienen viva la
visión de un mundo reconciliado, son las que mejor proporcionan
recursos para energizar las luchas por la justicia, por los derechos
humanos y por la democracia emancipadora con vistas a una cultura
de genuina reconciliación. Finalmente, es muy posible que
el mayor desafío que las tradiciones religiosas existentes
deben confrontar para hacer posible la reconciliación es
el levantado por Ins movimientos y las teologías feministas
que simplemente luchan por el respeto a la dignidad Y el entero
reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres. Este es
un conflicto todavía no resuelto.
Notas
* María
Pilar Aquino es Profesora Asociada de Teología y Estudios
Religiosos y Directora Asociada del Centro pare el Estudio del
Catoiicismo Latíno en la Universidad de San Diego. Pertenece
al grupo fundador de la Academia de Teólogos y Teólogas
Latìno/as de los Estados Unidos, de la cual ella fue su
primer Presidente mujer. María Pilar pertenece a la Mesa
Directive de la Sociedad Teológica Católica de Améríca,
y de varies revistas teológicas profesionales a nivel national
a international. Pertenece al )urado que otorga el Premio en Teologías
y Filosofías Contextuales del Instituto Missio en Aachen,
Alemanía, y participa activamente en varies asociaciones
teológicas. También, ella es la autora, edìtora,
y co‑edìtora de ocho lìbros y numerosos artículos
sobre la experiencia y el pensamiento feminista en las sociedades,
cultures, religiones, y en las iglesias desde el contexto de las
Américas. Sus más recíentes publicaciones
incluye el libro, co‑editado con Daisy Machado y Jeanette
Rodríguez, A Reader
in Latina Feminist Theology. Religion and Justice (University of Texas Press,
2002).
Dirección: Department of Theology
and Religious Studies, University of San Diego, 5898 Alcalá Park,
San Diego, CA 921 10 (Estados Unìdos).
1. Nelson
Mandela, "Prólogo," en Organización Mundial
de la Salud, Informe mundial sobre la violencia y la salud:
Resumen, Organización Panamericana de la Salud para
la Organización Mundial de la Salud, Washington, D.C., 2002, sitio
en la red electrónica: http://www.who.int/
2. Ver CNN, "Bush
praises 3rd Infantry Division: 'It's time for others to join us
in Irak"', CNN.com Inside Politics, Friday, 12 September 2003, sitio en
la red electrónica: http://www.cnn.com. Ver también las declaraciones de
G.W. Bush en, "We wage a war to save civilization itself",
CNN.com/U.S., 9 November 2001, sitio en la red electrónica:
http://www.cnn.com
3. Eleazar
López Hernández, "Reconciliación y perdón
en el mundo indígena", en este volumen.
4. La documentación sobre este debate
es extensa y generalmente es distribuida mediante totocopias.
Para una aproximación minima a este debate, ver Oliver Gómez, "Obispos
atacan propuesta feminista", El
Nuevo Diario, Jueves 24 de julio de 2003; Sofía
Montenegro, "Obispos legisladores: la perversión
del Estado", El Nuevo Diario, Lunes 1 de septiembre
de 2003; Edwin Sánchez, "El
fondo es un problema de poder. Entrevista a Michele Najlis", El Nuevo Diario, Jueves 4 de septiembre
de 2003; Valeria Imhof, "Feministas
ripostan a obispo", El
Nuevo Diario, Martes 9 de Sepiembre de 2003; Guadalupe
Salinas Valle, "Que cese la injerencia religiosa", Viernes
12 de septiembre de 2003. Para acceder a estas noticias, ver
el sitio en la red electrónica: http://www.el nuevodiario.com.ni
5. Tapio
Kanninen, "Prevención y reconciliación en un
mundo de conflictos: la perspectiva de las Naciones Unidas",
en este volumen.
6. Su Santìdad
el Dalai Lama, "La no violencia como respuesta adecuada y
eficaz ante los conflictos. Comentarios de Su Santidad el Dalai
Lama a propósito del ataque terrorista del 11 de septiembre
de 2001 contra los Estados Unidos", en este volumen.
7. T. Kanninen, ibid.,
en este volumen.
8. Para el
use del término "patrón" en las comisìones
de la verdad y reconciliación, ver: Informe Provecto
Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica, Guatemala Nunca Más, vol, lV Víctimas del Conflicto,
Oficina de Derechos Humanos del Arzobìspado de Guatemala,
Guatemala 1998, 490.
9. jon Sobrino, "El
cristianismo y la reconciliación: Camino a una utopía".
En este volumen.
10. Tonya
Gonnella Frichner, "Reconciliación", en este volumen.
11. Ver la
página principal de esta comisión en, The
Official Website of the Truth and Reconciliation Commission, Truth
The Road to Reconciliation, sitio en la red electrónica:
http://www.doj.gov.za/trc/index.html
12. Naciones
Unidas Comisión de la Verdad para El Salvador, From Madness to Hope. The 12‑year war in EI Salvador, United
Nations Security Council, 1 April 1993, sitio en la red electrónica:
http://www.derechos.org/nizkor/ salvador/informes/truth.html/
13. Comisión
de la Verdad y Reconciliación de Perú, "Fundamentos
de la Reconciliación", en informe
Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliacíón, Comisión
de la Verdad y Reconciliación, Lima, 28 de
agosto de 2003, sitio en la red electrónica: http://www.cverdad.org.pe/
14. Christian
Tomuschat, Otilia Lux de Cotí y Alfredo Balsells Tojo, "Prólogo", en Informe
de la Comisión para el Esclarecìmiento Histórico, Guatemala
Memoria del Silencio, Tomo V Conclusiones y Recomendaciones, Oficina
de Servicios para Proyectos de las Naciones únìdas,
Guatemala 1999, p. 13.
15. Shobhakar
Budhathoki, "Causas del conflicto nepalí: entrada en
el proceso de paz", en este volumen.
16. François
Houtart, "El amor de los enemigos y las luchas sociales",
en este volumen.
17. Informe
Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica, Guatemala Nunca Más. Vol. I Impactos
de la Violencia, Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado
de Guatemala, Guatemala 1998, p. 205.
18. Virginia
Vargas, "Del silencio a la palabra. Seminario 'De la negación
al reconocimiento' de la Comisión de la Verdad y Reconciliación
de Perú", en este volumen.
19. Priscilla
B. Hayner, Unspeakable
Truths. Confronting State Terror
and Atrocity, Routledge, Nueva York
y Londres 2001, p. 77.
20. V. Vargas, ibid.,
en este volumen.
21. Elisabeth Schüssler Fiorenza, Jesus Miriam's Child, Sophia's Prophet. Critical Issues in Ferninist Christology, Continuum, Nueva York
1994.
22. P.B. Hayner, op. cit., 75‑77,
204.
23. Su Santidad
el Dalai Lama, art. cit.,
en este volumen.
24. Robyn
Reynolds, "Perdón y Justicia: Posibilidades y Pedagogía
de Reconciliación", en este volumen.
25. I. William
Zartman, "El Proceso de Reconciliación Social",
en este volumen.
26. Vasudha
Narayanan, "La no violencia es la virtud/deber más
grande: Ahimsa Paramo Dharmah (Mahabharata)", en
este volumen.
Réf.: Concilium, n. 303, Novembre 2003, pp. 149-159