María Pilar Aquino*
Hacia una cultura de reconciliacion: Justicia, derechos democracia
- Reflexiones finales -


 

Como si fuera un presagio inevitable, cuando L.C. Susin y yo preparábamos este volumen, parece que ya veíamos venir el torrente de eventos desastrosos que hacían ìmposìble suprimir el grìto por una nueva cultura de reconciliación, en condiciones de justicía y de respeto a la dignidad y derechos de las personas. En menos de dos años, los traumas de los pueblos hen sido incrementados y profundizados por las guerras y conflictos sociales, que sólo están dejando desolación por todas partes del planeta. Es cierto que estos eventos tienen raíces antiguas y profundas, pero su explosíón a comienzos del siglo XXI, en una sincronicidad aterradora, interrumpió la idea de que podemos seguir viviendo como si nada estuviera pasando. Como menciona L.C. Susin en la introducción a este volumen, las expectativas optimistas que mucha gente compartió sobre la inauguración en el nuevo milenio de una nueva era de armonía mundial, han sido aplastadas por las naciones y elites poderosas que obstinadamente hacen de la justicia un camino evasivo e intransitable.

La paradoja mayor que la humanidad ha confrontado en la era contemporánea es que la agudización de los conflictos sociales viene dada en nombre del interés por salvar la civilización. Pero los resultados de ese interés muestran a todas luces su fracaso. Por un lado, las grandes mayorías de la humanidad vienen cargando el peso de condiciones sociales que cultivan la violencia y mantienen abiertas las heridas del pasado. N. Mandela habla del legado del siglo XX, "fruto de las nuevas tecnologías al servicio de ideologías de odio", como un legado de sufrimiento difundido mundialmente: "El siglo XX se recordará como un siglo marcado por la violencia. Nos lastra con su legado de destrucción masiva, de violencia infligida a una escala nunca vista y nunca antes posible en la historia de la Humanidad”.1  Por otra parte, el presidente estadounidense George W. Bush ha invertido radicalmente la lógica para eliminar los conflictos porque, desoyendo la opinión mundial, implementa la empresa de la guerra para salvar la civilización, y llama a todas las naciones a participar en ella. Según él, "ninguna nación libre puede ser neutral en la batalla entre la civilización y el caos".2  En su batalla contra to que percibe ser el caos, propone la guerra como instrumento para defender la civilización, y así hace del caos inherente a la guerra un instrumento de salvación. Con esto, las guerras no resuelven ni ponen tin a los conflictos mundiales, sólo los exacerban y prolongan, hasty terminar engendrando una civilización del caos en nombre de la propia civilización. Desde su sabiduría indígena, E. López Hernández dice que "el caos no puede ser el punto de Ilegada de nuestro caminar humano”.3

Junto alas calamidades de las guerras todavía en desarrollo, nues­tro trabajo de edición de este volumen ocurrió en un ambiente atrave­sado por dinámicas de conflicto que vinieron a confirmar la pertinen­cia del tema propuesto. Menciono enseguida sólo algunas de estas dinámicas que han dejado a su paso relaciones rotas, resentimientos, inseguridades, mayor amargura, y una exigencia radical de cambio, de restitución, y de restablecimiento. Primero, el Pueblo de Dios ha pasado por una crisis todavía no resuelta, debido al hecho del repeti­tivo abuso sexual perpetrado por sacerdotes y obispos contra niños, niñas y mujeres. Muchas son las víctimas y sobrevivientes de los clé­rigos abusadores, quienes durante muchos años fueron protegidos por la propia jerarquía eclesiástica mediante el encubrimiento, el engaño, la mentira y el abuso de su poder sobre la gente. Segundo, el Pueblo de Dios igualmente enfrenta obstáculos mayores cuando se organiza para luchar por la dignidad y derechos de las mujeres.

Desde mi punto de vista, el caso más paradigmático en desarrollo es la actuación de los obispos católicos nicaragüenses, quienes, debido a su ignorancia y su abuso de poder, pública y militantemente obsta­culizan las iniciativas de los movimientos feministas y de mujeres por Iograr el reconocimiento constitucional de los derechos fundamenta­les de las mujeres. En la opinión errada y malamente informada de los obispos, estas iniciativas ‑ y otras que apoyan procesos educativos en salud reproductiva y sexual ‑ son perjudiciales porque vienen a “promove” el aborto, la homosexualidad y la agenda de "esas femi­nistas radicales de género".4

Desde todo punto de vista, este volumen de Concillum sobre recon­ciliación en un mundo de conflictos nació, se desarrolló y culmina en un clima de conflictos no resueltos. Todos estos eventos tienen en común dinámicas de conflicto y, como menciono abajo, también tie­nen causas comunes. Igualmente, todas estas situaciones exponen que está inmune de convertirse en perpetrador y/o cómplice de injus­ticias. Así como no podemos reclamar que estos eventos no sucedie­ron, no podemos seguir caminando en la vida sin implementar medidas para evitar que estos eventos sean repetidos de nuevo, y no podemos aspirar a ninguna reconciliación sin reconocer los males causados y hacer algo para cambiarlos. La reparacìón de los daños, la restauración de relaciones rotas, la finalización de las divisiones, y la eliminación de los males son los objetivos centrales de la reconciliación. Por eso es que el camino hacia la reconciliación conlleva cambios de conducta personal, social y estructura¡ para que esos conflictos generadores de violencia y sufrimiento no vuelvan a repetirse nunca mas.

En el diseño de este volumen, teníamos en mente una intención sencilia pero importante. En consonancia con los procesos de reconciliación que han implementado numerosas naciones con el apoyo de sus respectivas comisiones de la verdad y reconciliación, teníamos en mente contribuir a la difusión de estos procesos. En mi caso, desde hace años he tenido la impresión de que, tanto las iglesias comp los programas de estudios religiosos y teológicos superiores, han ignorado esos procesos, y como resultado, muy poco hemos contribuido en la búsqueda de soluciones a los recurrentes conflictos sociales y eclesiales. El objetivo de incrementar nuestro conocimiento sobre esos procesos y sobre el trabajo de esas comisiones es el de cultivar en nuestras comunidades el deseo de asumir una activa participación en la transformación cualitativa de las circunstancias que engendran violencia y conflicto. Como ha sido ampliamente documentado, es cierto que las religiones han silo fuentes instigadoras de atrocidades contra la humanidad, pero también es cierto que las religiones contienen una riqueza enorme de recursos y dinámicas liberadoras que pueden y deben funcionar para la prevención y resolución de conflictos. T. Kanninen argumenta convincentemente que, hasta hace poco, las convicciones religiosas han sido descuidadas en el cameo de la resolución de conflictos debido a que han sido consideradas como propias del cameo personal y espiritual, pero esta presuposición ha impedido una compresión más crítica de las causas multidimensionales de los conflictos; por tanto, “se debe dar mayor prominencia a la religión”.5 En este contexto, el discurso sobre "reconciliación" finalmente ha abandonado la sacristía para llegar a ser hoy en día una cuestión de políticas públicas que envuelven a la comunidad internacional, a gobiernos, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, universidades a iglesias, y a toda persona interesada en una nueva cultura basada en la justicia social, los derechos humanos y la democracia participativa. Con esto, en mis reflexiones finales quiero subrayar  algunas lecciones que considero centrales para los tines que este volu­men propuso. Ciertamente, cada uno de los artículos contiene mayor complejidad y sabiduría, por eso dejo este terra abierto para reflexio­nes posteríores que puedan tener efectos creativos en nuestros com­promìsos pastorales, académicos y de activismo social.

 

1. El conflicto de fe injusticia sistémica

Todos los artículos de este volumen hablan de "confiicto". La afir­mación recurrente en ellos es que fos conflictos sociales tienen causas multidimensionales y raíces profundas que es necesario nombrar, con­frontar y transformar. ¿Pero de qué conflicto se trata? En sus comenta­

rios, Su Santidad el Dalai Lama dice que "los conflictos humanos no vienen de la nada. Se producen como resultado de causas y circuns­tancias, muchas de las cuales están bajo el control de los/as protagonistas sin duda, la violencia genera más violencia".6  T. Kanninen señala que las causas de los conflictos no pueden ser reducidas a un "determinismo materialista" que las explica solamente en base a las leyes del sistema económico generador de pobreza.7  Más bien, esas causas deben ser buscadas en el conjunto complejo de condiciones que operan en la sociedad de forma multidimensional, interestructu­rada, multiplicativa, repetìtiva y sistémica. La mayoría de los artículos en este volumen son coherentes en señalar que el funcionamiento de este conjunto complejo ha creado un patrón8 de resultados que inva­riablemente expone diversas formas de explotación, desigualdades sociales, empobrecimlento masivo, discriminación, marginación de las mayorías humanas y corrupcìón a impunìdad de quìenes se benefi­cian de este complejo social. Ésta es la situación que causa sufri­miento a la gente y la que da lugar a fa irrupción de conflictos sociales cuando fa gente lucha por cambiar las cosas y Ios grupos privilegiados imponen la represión violenta a estas luchas. Los artículos en este volumen permiten decir que el conflicto central es el de la injusticia sistémica que está extendida por todo el planeta. Esta injusticia está engranada en las condiciones globales que sistémicamente dañan las relaciones entre las naciones y las personas, produce violencia en la vida de las gentes, viola los derechos fundamentales de las personas y empuja a naciones enteras a situaciones de conflicto.

                                               

2. La honestidad histórica con la verdad de la realidad        

El establecimiento de la justicia es la condición primera para la reconciliación. Todos los procesos y comisiones de reconciliación emprendidos alrededor del mundo declaran que la base fundamental para la reconciliación social es la justicia, y ésta ha de estar apoyada en la verdad. De hecho, ninguna justicia es posible sin la verdad. Para enfrentar la verdad, J. Sobrino afirma que "la fe cristiana comienza con la honradez con lo real, desenmascarando el mysterium iniquita­tis".9 Igualmente, T. Gonnella Frichner subraya en su artículo que la “honestidad histórica”10 es un paso importante en el nombrar la verdad y reconocer lo que ha pasado. Pero, de nuevo, podríamos preguntar ode qué verdad se trata? La respuesta a esta pregunta la encontramos de forma sumaria en varias Comisiones de la Verdad y Reconciliación. Por ejemplo, la Comisión de Sudáfrica señala que buscó la verdad "de lo que pasó bajo el apartheid" que resultó en violencia y abusos contra los derechos humanos.11 La Comisión de El Salvador buscó la verdad sobre "los actos de violencia" cometidos durante la guerra.12  El más reciente informe de la Comisión de Perú indica que "la verdad que aquí se ha querido esclarecer es aquella que concierne a los hechos de la violencia".13 La importancia de nombrar y hacer pública la verdad, en palabras de la Comisión de Guatemala, radica en que "hacer frente a la verdad es camino indispensable" para la reconciliación, ya que "la verdad beneficia a todos, víctimas y victimarios. Las víctimas, cuyo pasado ha sido denigrado y manipulado, se verán dignificadas; los victimarios, por otro lado, podrán recuperar la dignidad de la cual ellos mismos se privaron, por el reconocimiento de sus actos inmorales y criminales".14 El reconoci­miento público y honesto de que la integridad y los derechos de mujeres y hombres han sido violados tiene como fin el no olvidar que esto sucedió, para extraer lecciones de rehabilitación a implementar acciones para que nadie vuelva a repetir estos hechos en el presente ni en el futuro.

 

3. La exigencia de reparar los derechos humanos violados

En los procesos de reconciliación se entiende que el respeto a los derechos y dignidad de la gente es constitutivo del establecimiento de la justicia, y que la justícia apoyada en la verdad es constitutiva de la reconciliación. S. Budhathoki señala que el reconocimiento de los derechos humanos y la justicia son indispensables para resolver conflictos y lograr una paz duradera.15 Pero la violación de los derechos humanos está condenada a ser repetida una y otra vez sin no hay transformaciones radicales para erradicar la injusticia sìstérnica. Una breve mirada a los procesos excluyentes que caracterizan a la globali­zación neoliberal contemporánea muestra que su curso presente no ofrece viabilidad para restaurar ni respetar los derechos fundamenta­les de toda la gente. Con razón, F. Houtart reconoce simple y cruda­ mente que "el sistema actual se caracteriza por su ineficacia"16 porque no proporciona la bases culturales y materiales para que toda la gente pueda vivir una vida digna. Con esto, el trabajo por la reconciliación también incluye luchar por cambiar las raíces causales de la violación de los derechos humanos que causan tanto sufrimiento en la gente.

 

4. El cuerpo de las mujeres como campo de batalla  

La brutalidad de los conflictos sociales, las perversidades de la violencia, la saña de la guerra y la malicia de quienes abusan de su poder para perpetrar humillaciones contra la persona humana quedan crudamente al descubierto en la violencia contra las mujeres y la violación de los derechos de las mujeres. La experiencia de muchas víctimas y sobrevivientes es resumida en la dramática frase: "nos hicieron más que a los animales".17 A pesar de que los patrones de violencia contra las mujeres son los más extendidos alrededor del mundo, estas acciones son las más silenciadas, encubiertas y hasta justificadas como naturales. En su contribución, V. Vargas expone     cómo la violación es usada "como arma de guerra y de conquista desde el cuerpo de la mujer", y cómo el cuerpo de la mujer es usado "como el campo de batalla de una guerra no reconocida, naturalizada, inexistente".18 Este aserto es confirmado por P.B. Hayner, quien, en su magnífico estudio sobre las comisiones de la verdad, documenta que "tal vez los abusos más comúnmente infrarreporta­dos son los sufridos por las mujeres, especialmente el abuso sexual y la violación".19 De hecho, el silenciamiento de esta realidad es tan cierto que para este volumen sólo V. Vargas to expone como preocupación central, y termina su artículo diciendo que "ojalá que en otros espacios como éstos no sea una mujer la que levante estos temas".20

           

5. Nombrar a los perpetradores: perdón y restitución

En la realidad presente, ningún conflicto social tiene posibilidades de resolución sin confrontar el problema central de la injusticia sistémica. A su vez, la erradicación de la injusticia sistémica puede ser posibilitada mejor mediante un trabajo previo de "análisis crítico sistémico de la dominación"21 que abra en la humanidad el entendi­miento y nombramiento de los sistemas interestructurados, multipli­cativos y repetitivos de dominación y violencia con el fin de transfor­marlos. Desde los marcos del análisis crítico‑feminista, la injusticia sistémica causante de los conflictos sociales está asentada en el con­junto complejo de la dominación kyriarcal. En este sentido, el trabajo por una cultura de reconciliación global exige la lucha por la demo­cracia radical poniendo fin a las relaciones kyriarcales de poder.

Igualmente, este trabajo exige identificar y nombrar a quienes han perpetrado atrocidades contra los pueblos y contra las mujeres. El sis­tema de dominación kyriarcal aparece como el actor central que ins­tiga patrones de conflicto en las sociedades, culturas y religiones del mundo. Pero este sistema opera con actores sociales concretos, quie­nes con su poder y control dominan al mundo. Entre estos actores están las naciones y las elites poderosas, las grandes corporaciones financieras y comerciales, y los grupos de poder que controlan el todo  social.

Tradicionalmente, el sistema de dominación kyriarcal ha sido man­tenido por elites de hombres poderosos que imponen sus intereses a expensas de los derechos y la dignidad de los pueblos subalternos y de las mujeres bajo su dominio. Más particularmente, en el contexto de los procesos contemporáneos de reconciliación, P. B. Hayner documenta que Estados Unidos encabeza la lista de países que no sólo han actuado en complicidad con los regímenes que han come­tido las peores violaciones de derechos humanos y crímenes contra la humanidad, sino que además los Estados Unidos les han proporcio­nado activamente recursos militares, financieros, logísticos y manua­            les de entrenamiento para la represión y la tortura.22 Pero este hecho es conocido por (casi) todo el mundo, aunque algunos sectores de la población común estadounidense pretenden no saberlo. Por eso encuentro sumamente clave la recomendación que hace Su Santidad el Dalai Lama: "Los Estados Unidos deben examinar los factores que generan y dan origen al terrorismo".23 El objeto de nombrar a los per­petradores dominantes de violencia y conflicto es el de afirmar que el restablecimiento social implica incorporar o restituir la justicia, los derechos y la dignidad humana en el todo social. Y también supone que los perpetradores reconozcan públicamente las atrocidades que han hecho, que confiesen sus culpas, y que actúen consecuente­mente con acciones y comportamientos conducentes a la rehabilitación y reparación de to que han demolido. Sólo en este contexto podemos comenzar a hablar del perdón. Como bien señala R. Reynolds, "el fundamento para ofrecer y aceptar perdón es el reconocimiento del mal hecho el perdón permite que la justicia suceda de modo creíble y sostemble".24 Igualmente supone un compromiso por implementar mecanismos sistémicos que, como presenta I. W. Zartman, hagan viable una "finalización del conflicto más profunda y permanente".25 Tales mecanismos han de incluir estrategias que exijan la rendición de cuentas, que mantengan viva la memoria de las luchas de la gente por la justicia y los derechos, y que prevengan oportunamente el resurgimiento de los conflictos.

 

6. La función de las religiones: reconciliación con dignidad y derechos

Las tradiciones religiosas tienen una función central tanto en los procesos de conflicto, como en los procesos de reconciliación. Pero esta función, como indican varios artículos en este volumen, ha sido protundamente contradictoria y ambivalente. No obstante, un factor que se ha mantenido como constante ético‑religiosa en la historia de estas tradiciones es la visión de armonía, prosperidad y bienestar universal, que ha sido expresada de formas diversas de acuerdo a los puntos referenciales propios de cada tradición. Sin duda, esta visión ha sostenido convicciones, lenguajes y prácticas cuyo objetivo histórico ha sido la preservación de la paz, o en los términos de este volumen, el cultivo de una cultura de reconciliación. La expresión pública y social de esta vision, paradójicamente, no está referida automáticamente alas elites que gobiernan las instituciones religiosas existentes, sino a la "agencia latitudinal" del pueblo pobre y creyente que interpreta sus tradiciones religiosas en términos de emancipación. V. Narayanan expone cómo el extraordinario "sentido de latitud"26 que ha desarrollado el pueblo hindú en la interpretación de su tradición religiosa permite identificar la contribución del hinduismo a la construcción de la reconciliación y la paz. En mi opinion, esta habilidad interpretativa está activa también en las otras tradiciones religiosas del mundo, y a menudo sobrevive en contra de las interpre­taciones oficiales dominantes de las instituciones religiosas existen­tes. Esas tradiciones religiosas emancipadoras, que mantienen viva la visión de un mundo reconciliado, son las que mejor proporcionan recursos para energizar las luchas por la justicia, por los derechos humanos y por la democracia emancipadora con vistas a una cultura de genuina reconciliación. Finalmente, es muy posible que el mayor desafío que las tradiciones religiosas existentes deben confrontar para hacer posible la reconciliación es el levantado por Ins movimientos y las teologías feministas que simplemente luchan por el respeto a la dignidad Y el entero reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres. Este es un conflicto todavía no resuelto.

           

Notas

* María Pilar Aquino es Profesora Asociada de Teología y Estudios Religiosos y Directora Asociada del Centro pare el Estudio del Catoiicismo Latíno en la Universidad de San Diego. Pertenece al grupo fundador de la Academia de Teólogos y Teólogas Latìno/as de los Estados Unidos, de la cual ella fue su primer Presidente mujer. María Pilar pertenece a la Mesa Directive de la Sociedad Teológica Católica de Améríca, y de varies revistas teológicas profesionales a nivel national a international. Pertenece al )urado que otorga el Premio en Teologías y Filosofías Contextuales del Instituto Missio en Aachen, Alemanía, y participa activamente en varies asociaciones teológicas. También, ella es la autora, edìtora, y co‑edìtora de ocho lìbros y numerosos artículos sobre la experiencia y el pensamiento feminista en las sociedades, cultures, religiones, y en las iglesias desde el contexto de las Américas. Sus más recíentes publicaciones incluye el libro, co‑editado con Daisy Machado y Jeanette Rodríguez, A Reader in Latina Feminist Theology. Religion and Justice (University of Texas Press, 2002).

Dirección: Department of Theology and Religious Studies, University of San Diego, 5898 Alcalá Park, San Diego, CA 921 10 (Estados Unìdos).

1. Nelson Mandela, "Prólogo," en Organización Mundial de la Salud, Informe mundial sobre la violencia y la salud: Resumen, Organización Panamericana de la Salud para la Organización Mundial de la Salud, Washington, D.C., 2002, sitio en la red electrónica: http://www.who.int/

2. Ver CNN, "Bush praises 3rd Infantry Division: 'It's time for others to join us in Irak"', CNN.com Inside Politics, Friday, 12 September 2003, sitio en la red electrónica: http://www.cnn.com. Ver también las declaraciones de G.W. Bush en, "We wage a war to save civilization itself", CNN.com/U.S., 9 November 2001, sitio en la red electrónica: http://www.cnn.com

3. Eleazar López Hernández, "Reconciliación y perdón en el mundo indígena", en este volumen.

4. La documentación sobre este debate es extensa y generalmente es distri­buida mediante totocopias. Para una aproximación minima a este debate, ver Oliver Gómez, "Obispos atacan propuesta feminista", El Nuevo Diario, Jue­ves 24 de julio de 2003; Sofía Montenegro, "Obispos legisladores: la perver­sión del Estado", El Nuevo Diario, Lunes 1 de septiembre de 2003; Edwin Sánchez, "El fondo es un problema de poder. Entrevista a Michele Najlis", El Nuevo Diario, Jueves 4 de septiembre de 2003; Valeria Imhof, "Feministas ripostan a obispo", El Nuevo Diario, Martes 9 de Sepiembre de 2003; Guada­lupe Salinas Valle, "Que cese la injerencia religiosa", Viernes 12 de septiem­bre de 2003. Para acceder a estas noticias, ver el sitio en la red electrónica: http://www.el nuevodiario.com.ni

5. Tapio Kanninen, "Prevención y reconciliación en un mundo de conflictos: la perspectiva de las Naciones Unidas", en este volumen.

6. Su Santìdad el Dalai Lama, "La no violencia como respuesta adecuada y eficaz ante los conflictos. Comentarios de Su Santidad el Dalai Lama a propósito del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 contra los Estados Unidos", en este volumen.

7. T. Kanninen, ibid., en este volumen.

8. Para el use del término "patrón" en las comisìones de la verdad y reconci­liación, ver: Informe Provecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica, Guatemala Nunca Más, vol, lV Víctimas del Conflicto, Oficina de Derechos Humanos del Arzobìspado de Guatemala, Guatemala 1998, 490.

9. jon Sobrino, "El cristianismo y la reconciliación: Camino a una utopía". En este volumen.

10. Tonya Gonnella Frichner, "Reconciliación", en este volumen.

11. Ver la página principal de esta comisión en, The Official Website of the Truth and Reconciliation Commission, Truth The Road to Reconciliation, sitio en la red electrónica: http://www.doj.gov.za/trc/index.html

12. Naciones Unidas Comisión de la Verdad para El Salvador, From Madness to Hope. The 12‑year war in EI Salvador, United Nations Security Council, 1 April 1993, sitio en la red electrónica: http://www.derechos.org/nizkor/ salvador/informes/truth.html/

13. Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú, "Fundamentos de la Reconciliación", en informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliacíón, Comisión de la Verdad y Reconciliación, Lima, 28 de agosto de 2003, sitio en la red electrónica: http://www.cverdad.org.pe/

14. Christian Tomuschat, Otilia Lux de Cotí y Alfredo Balsells Tojo, "Pró­logo", en Informe de la Comisión para el Esclarecìmiento Histórico, Guate­mala Memoria del Silencio, Tomo V Conclusiones y Recomendaciones, Ofi­cina de Servicios para Proyectos de las Naciones únìdas, Guatemala 1999, p. 13.

15. Shobhakar Budhathoki, "Causas del conflicto nepalí: entrada en el proceso de paz", en este volumen.

16. François Houtart, "El amor de los enemigos y las luchas sociales", en este volumen.

17. Informe Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica, Guatemala Nunca Más. Vol. I Impactos de la Violencia, Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, Guatemala 1998, p. 205.              

18. Virginia Vargas, "Del silencio a la palabra. Seminario 'De la negación al reconocimiento' de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú", en este volumen.

19. Priscilla B. Hayner, Unspeakable Truths. Confronting State Terror and Atrocity, Routledge, Nueva York y Londres 2001, p. 77.

20. V. Vargas, ibid., en este volumen.

21. Elisabeth Schüssler Fiorenza, Jesus Miriam's Child, Sophia's Prophet. Cri­tical Issues in Ferninist Christology, Continuum, Nueva York 1994.

22. P.B. Hayner, op. cit., 75‑77, 204.

23. Su Santidad el Dalai Lama, art. cit., en este volumen.

24. Robyn Reynolds, "Perdón y Justicia: Posibilidades y Pedagogía de Reconciliación", en este volumen.

25. I. William Zartman, "El Proceso de Reconciliación Social", en este volumen.

26. Vasudha Narayanan, "La no violencia es la virtud/deber más grande: Ahimsa Paramo Dharmah (Mahabharata)", en este volumen.

 

Réf.: Concilium, n. 303, Novembre 2003, pp. 149-159