| Michaël
Amaladoss
¿Están en crisis los Institutos misioneros? Creo que sí. Hay muchas razones para ello. En el período post-colonial, los misioneros ya no son tan bien recibidos como antes en muchos países asiáticos. En la situación eclesial después del Concilio Vaticano II, las Iglesias locales reafirman, aunque sea de forma muy débil, su responsabilidad por la misión en su área. Las metas y los métodos de la misión han pasado por cambios radicales. Las vocaciones de los institutos misioneros en los países cristianos del primer mundo han descendido rápidamente. La ideología para la misión extranjera ha cambiado de la misión ad gentes a la misión ad extra y a la misión internacional. En lo que se refiere al personal, las Iglesias del tercer mundo parecen ser la fuente en la actualidad. Pero en lo que se refiere a los recursos financieros, las Iglesias del primer mundo siguen siendo dominantes. ¿Cómo enfrentan los institutos misioneros esta situación? ¿Qué aprendizajes se pueden sacar de estas experiencias actuales? Tipos de Institutos Cualquiera que sea la actual teología de la misión, está claro que cuando hablamos de los Institutos misioneros, estamos hablando de institutos cuyo objetivo ha sido y es la misión ad gentes. Hay dos tipos de estos Institutos misioneros. Existen algunos Institutos con un enfoque amplio. La misión es solo un elemento de sus apostolados multifacéticos. Un ejemplo podría ser la Compañía de Jesús. Ella está dispuesta a comprometerse con cualquier tipo de trabajo en cualquier parte del mundo. Pero siempre ha habido algunos jesuitas – comenzando con San Francisco Javier – que han sido misioneros en el sentido tradicional. Todas las provincias han enviado algunos de sus miembros hacia los países "de misión". El segundo tipo de Institutos tiene la misión como su único objetivo. Ellos juntan y forman misioneros para enviarlos. La experiencia de estos dos tipos de Institutos no es la misma. Entre los Institutos misioneros, algunos son internacionales. Ellos sacan sus miembros de diferentes países. Los Misioneros del Verbo Divino serían un ejemplo. Otros son – o por lo menos eran – limitados a un país particular en cuanto a su membresía. Esta es todavía la política de los Misioneros de Maryknoll. Una nueva teología de la misión Existe una nueva teología de la misión que presenta a la misión como un triple diálogo de la Buena Nueva con los pobres, con las culturas y con las religiones. Se sigue invitando a la gente a cambiar en su corazón. Pero la conversión al Cristianismo no es el único – ni siquiera el principal – enfoque de la misión, aunque no se la excluye. Muchos Institutos misioneros han tenido dificultades en adaptarse a esta situación. Esto es particularmente así para el segundo tipo de Institutos misioneros. Entonces intentan adaptarse en sus metas de diferentes maneras. Gentes es gente en otros países. Por lo tanto, la misión ad gentes se hace misión ad extra. Puede haber un montón de gente no creyente en casa. Pero ellos tienen que salir de sus propios países para poder sentirse misioneros. Como la conversión al Cristianismo se mantiene como su enfoque principal, buscan áreas donde este movimiento de la gente sigue siendo una posibilidad todavía. Esta es una razón por su creciente interés en África, a diferencia de Asia. Es más difícil entrar en Asia y es más difícil todavía convertir a asiáticos. Inclusive dentro de Asia, se concentran en las áreas de pueblos tribales donde la gente todavía se convierte al Cristianismo. No se preocupan de las dinámicas sociológicas y culturales que obran en estas conversiones. El número parece ser más importante para estos Institutos. Ellos desarrollan una teoría sobre los grupos que responden positivamente que son vistos como un signo especial del Espíritu. Uno se pregunta a veces, si hay propiamente un discernimiento en este campo. Las conversiones sociológicas y hasta políticas pueden tener su lugar en la historia. Dios manifiesta de hecho la Divinidad de diferentes maneras bajo varias circunstancias. Pero un celo mal ubicado puede dejarnos ciegos para los movimientos reales en la historia. Un Congreso Internacional de Misión en Manila en 1979 afirmó muy claramente que cada Iglesia local es responsable por la misión en su propio territorio y corresponsable por la misión universal. Dado el hecho que la Iglesia es presente en todas partes de una manera u otra, la Iglesia local debe tomar la responsabilidad por su misión. Esto significa que los Institutos misioneros están invitados a colaborar con la Iglesia local donde quiera que ellos estén. Uno diría inclusive que ellos no deberían trabajar en un territorio sin haber sido invitados de alguna manera por la Iglesia local. Los Institutos misioneros no están acostumbrados a jugar este papel subordinado. Pero inclusive donde una Iglesia local está funcionando, los Institutos misioneros pueden estar tentados a dominarla, especialmente si tienen todavía el poder financiero. Problemas de personal El problema del personal se puede resolver de diferentes maneras. En Institutos misioneros internacionales, la reducción de vocaciones de un país se puede compensar por las vocaciones de otro país. Puede haber problemas sobre cómo esto se maneja. Volveré sobre este tema más abajo. Los Institutos misioneros que originalmente estaban ubicados en un país (por ejemplo, en Irlanda) o en una región (por ejemplo Europa) ahora buscan miembros en otros países en Asia, África o América Latina. Algunos de estos Institutos pueden mantener su enfoque original. Por ejemplo, hay una serie de Institutos misioneros que limitan su trabajo a África. No hay problema con esto si se presta atención a temas interculturales. La Iglesia y los Institutos misioneros no son como corporaciones multinacionales que trascienden fronteras nacionales y culturales en su búsqueda por mercados y ganancias. Estas corporaciones pueden reubicar sus industrias hacia donde se encuentra mano de obra barata. Los Institutos misioneros no pueden seguir tales orientaciones. Ellos tienen que mostrar más sensibilidad de cara a las dimensiones culturales de la misión. La misión y las culturas Los misioneros que van a un pueblo particular para proclamar el Evangelio, intentan aculturarse a la cultura de la gente del lugar. La gente que responde a la Buena Nueva, lo hace a través del medio de su propia cultura. De esta manera, ella "incultura" el Evangelio en su cultura. La cultura local tiene por esta razón un papel principal en el proceso de evangelización. Aunque los misioneros intentan aculturarse y traducir el Evangelio a la expresión cultural local, esto y la respuesta de la gente al Evangelio son procesos interculturales. El Evangelio no viene en una forma abstracta y pura, sino que ya es inculturado muchas veces en las diferentes culturas a través de las cuales ha pasado la tradición: Judía, griega, latina y las otras culturas a las cuales los misioneros pertenecen. De esta manera, el encuentro del Evangelio con la cultura se hace también un encuentro intercultural. Aun cuando los misioneros pretendan que existe una cultura católica romana universal con sus raíces greco-latinas, en la práctica, inclusive, esta es mediada por la cultura de los países de donde los misioneros provienen. Esta cultura se trasmite en las actitudes de los misioneros, su manera de vivir, los santos y las devociones populares que ellos promocionan, etc. Estos encuentros pueden ser mutuamente desafiantes y enriquecedores, bajo la condición que la gente sea capaz de pasar por estos encuentros sin perder sus propias raíces en sus propias culturas. En la perspectiva de la catolicidad de la Iglesia, los propios misioneros pueden ser vistos como mediadores entre dos culturas: entre la una de la que provienen y la otra en la que trabajan. Cada cultura saca a relucir y destaca varias dimensiones del Evangelio y es esta la razón por la cual un encuentro de culturas puede ser enriquecedor tanto en lo cultural como en lo evangelizador. ¿Hasta qué punto los Institutos misioneros están conscientes de este proceso complejo y responden a él? Hay varias situaciones posibles. Veamos algunas de ellas. Diferentes escenarios Misioneros de una cultura particular – digamos, franceses – llegan a un país en África. Aunque idealmente y en lo abstracto, la gente local tiene que encontrarse solo con el Evangelio, ella también interactúa con la cultura de los misioneros. Aunque en este momento la real inculturación se hace muy difícil por la insistencia de la autoridad central en la Iglesia en la normatividad de la mediación cultural judío-greco-romana, la gente en realidad logra inculturar la fe a su propia manera en la religiosidad popular. Pero ellos también están influenciados por la cultura de los misioneros. En un segundo escenario, las vocaciones francesas disminuyen y el Instituto misionero, en virtud de su internacionalidad, trae misioneros de muchos otros países. Ellos ven esto como la misión internacional. El pueblo local puede aprender a ajustarse a las diferentes culturas de los misioneros que entran en relación con él. La tensión se va a dar en la comunidad de los misioneros. Al margen del Evangelio que tiene una relevancia universal, ellos pueden reclamar una cierta universalidad a la cultura judío-greco-romana y a la "cultura" del Instituto. Estos reclamos de universalidad son obviamente falsos. Culturas universales simplemente no existen. Aceptamos que el Evangelio se expresó primero en las culturas judías, griegas y romanas y siempre tenemos que volver a estas primeras expresiones para descubrir el Evangelio, pero el Evangelio mismo tiene que ser liberado de estas culturas a través de la interpretación y tiene que ser re-culturado en la cultura local. La cultura judío-greco-romana no tiene valor normativo. Los Institutos internacionales no deben y no pueden reclamar tener una cultura universal o internacional propia. Ellos se presentarían inculturados de diferentes maneras en las diferentes culturas del mundo. Si no hay una internacionalidad en esto, entonces se dará una dominación del grupo cultural mayoritario en el Instituto. Esta mayoría se puede dar en términos de una cultura o región particular. En nuestro ejemplo, los misioneros franceses han estado presentes durante muchos años, y los otros que vienen de otros países, tendrían que adaptarse a esta cultura. Los franceses podrían pretender ser más o mejor desarrollados. A veces, el apoyo financiero que mantiene a la comunidad, puede decidir qué cultura se supone como la dominante o la "universal". Un tercer escenario se presenta cuando un Instituto misionero europeo recluta vocaciones en Asia y las envía a África. A veces, estas personas también pueden ser formadas en Europa. Inclusive se puede proyectar la ilusión que al formarlas en Roma, se les aporta una cultura "universal". Estas personas son gente sin raíces. No están enraizadas ni en su propia cultura, ni tampoco en ninguna cultura europea. No tienen nada que comunicar que culturalmente valga la pena. Es gente a-cultural. Pretenden dar testimonio de un Evangelio supuestamente "universal", libre de todas las culturas. En la práctica serán mediadores de segunda clase de la cultura de su Instituto. Una visión global El multiculturalismo es un problema. Un pluralismo de culturas es bienvenido. Una variedad de culturas puede ser enriquecedor. El problema está en que en la mayoría de las situaciones las culturas no se encuentran en términos de igualdad. Una cultura siempre tiende a dominar sobre las otras. Las razones pueden ser culturales, financieras o políticas. El encuentro intercultural en el proceso del Evangelio y cultura ya es un problema difícil. Esto no hay que complicarlo por un grupo de misioneros que es multicultural. Idealmente, la cultura alrededor de la cual ellos deberían reunirse, es la cultura local en la cual están trabajando. Pero este, muchas veces, no es el caso. O la cultura local se trata con cierto desprecio por gente que proviene de una cultura supuestamente más desarrollada, o la cultura local está bien desarrollada y no se deja fácilmente adoptar por uno. En esta situación, un grupo multicultural de misioneros tiende a gravitar alrededor de un grupo dominante. Muchas veces, el grupo dominante toma su postura como normal y espera que otros se adapten. Culturas con una tradición colonial o con recursos materiales o con medios dominantes, muchas veces tienen esta tendencia de dominación. Esta complicación se evitaría si los misioneros en un cierto lugar provinieran todos de una cultura particular. Un montón de tensión se evitaría de esta forma. No creo que se necesite comunidades multiculturales de misioneros para caracterizar la misión como internacional. Esto puede ser bueno para el momento que todas las culturas se consideran como iguales. Pero mientras este no sea el caso, habrá tensiones que serán peores cuando no se reconocen como culturales, sino ligeramente se atribuyen a actitudes y disposiciones personales. A veces, a nombre de misión internacional, gente de países pobres de África y Asia es "importada" a Europa. Algunos de ellos parecen servir como mano de obra barata en algunos países. En otros, se les pone en una situación cultural difícil. Raras veces se les respeta por su cultura e identidad. Ellos terminan haciendo los ministerios institucionales o cuidando a los migrantes. No tienen la oportunidad de hacer un ministerio pastoral verdadero, dadas las condiciones culturales. Los misioneros europeos en la India, por ejemplo, pudieron trabajar con intérpretes y catequistas locales y celebrar la liturgia en Latín, y por lo demás, podían defenderse con algunas pocas frases en el idioma local. Los misioneros asiáticos en Europa realmente no pueden sobrevivir en estas condiciones. No están listos realmente para un diálogo intercultural verdadero. Tampoco se sienten bienvenidos verdaderamente. Fácilmente se sienten frustrados, entonces. Una visión desde la India En años recientes, tanto Institutos misioneros internacionales y locales han venido a la India para buscar vocaciones misioneras. Algunos hacen su formación en la India y son enviados a otros países. Otros pasan su formación en Europa y son enviados a otros países del tercer mundo. Algunos hacen su formación, por lo menos en parte, en los países en los que van a trabajar como misioneros. Es un desarrollo deseable que la gente de la India salga para la misión. En lo ideal, ellos deberían ser testigos del Evangelio como ha sido inculturado en la India. De esta manera, ellos serán capaces de compartir no solo el Evangelio, sino también las riquezas que su cultura ha descubierto y desarrollado en él. No me gustaría que ellos fueran personas que no tienen raíces o en su país o en Europa, y que reclamen una internacionalidad y universalidad falsa. Aun cuando los misioneros hacen su formación en la India, el sostén financiero muchas veces viene de Europa o Norteamérica. Lamentablemente, quienes controlan los fondos también controlan la orientación. Esto lleva a una dependencia no sana de modelos europeos de misión. Los misioneros no representan entonces a la Iglesia de la India en la misión. Son más bien como empleados pagados en una compañía multinacional. La India envía misioneros; pero no vemos que un sentido por la misión se extienda en la mayoría de las comunidades cristianas de la India. Los cristianos de la India no hacen sacrificios para apoyar a sus hijos e hijas en la misión. No hay una conciencia amplia de la misión como una dimensión de su vida eclesial. El espíritu misionero toca solo a quienes van a la misión y no a otros. Cuando los miembros de congregaciones religiosas locales van a la misión, parecen salir más en el sentido de una obediencia que con un celo misionero. La Iglesia de la India no se está haciendo con una mentalidad misionera. Los misioneros de la India no son sostenidos por la comunidad cristiana de la India. Creo que el ideal es la fundación de Institutos misioneros de la India. Los misioneros de la India pueden descubrir nuevas maneras de realizar la misión que surjan de la teología y espiritualidad de la India y de la práctica pastoral de la India. Una Iglesia pobre que da testimonio de su pobreza, sin intentar imitar sus predecesores coloniales y sin acceso fácil a sus fondos, puede tener una forma diferente de impacto en la perspectiva misionera. Los Institutos misioneros de Europa podrían aceptar agradecidos el hecho de que ellos estén muriendo y permitir que Institutos misioneros nuevos estén naciendo en otras partes y dejarlos crecer y desarrollarse de manera independiente. Algún compartir de la experiencia ciertamente será bienvenido. Pero su libertad tiene que respetarse. Conclusión Todo Instituto misionero reclama tener un carisma especial. Aun cuando aceptamos este reclamo, podemos considerar que cualquier carisma no necesariamente tiene que ser universal y eterno. Se debería reflexionar más sobre las condiciones culturales, políticas y financieras de la misión. La identidad e individualidad de las Iglesias locales en los países que recientemente emergen como enviadores de misioneros, se tienen que respetar y reconocer. Hay que ayudar a estas nuevas Iglesias a que tomen más conciencia que su ser en misión surge de su propia situación teológica, espiritual y cultural. Los Institutos misioneros más antiguos pueden acompañar o facilitar este desarrollo sin dominación o sin imponerse a sí mismos. La Iglesia es misionera por naturaleza. Cualquier Iglesia local tiene que ser misionera. Tiene que crear sus propios Institutos misioneros.
Ref.: Spiritus (edición hispanoamericana), Año 43/2, n. 167, Junio de 2002, pp. 21-28. Michaël Amaladoss, SJ, Vidyajyoti 23, Rag Niwas Marg 110054 Delhi – India. Traducción: Jorge Restrepo.
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