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Misionólogos
de América Latina Reflexiones Finales El
grupo de misionólogos y teólogos reunidos durante cinco
intensas jornadas de trabajo y oración fue poniendo sobre la
mesa una serie de temas de máximo interés en el plano
de las relaciones de la Iglesia con las culturas y en la relación
consigo misma en su condición de misionera. Constataciones Avances Crecimiento,
aunque vacilante aún, del espíritu misionero en el conjunto
de las Iglesias en América Latina, tanto en la misión
"ad intra", como "ad extra" y "ad gentes". b) Realización de seis comlas y otros muchos Congresos Misioneros Nacionales. c) Fortalecimiento de la reflexión misionológica e incremento de los expertos en esta dimensión de la teología eclesial y actividades conexas (asociaciones, simposios, talleres de capacitación y espiritualidad, etc.). d) El problema de la inculturación como encuentro de la Iglesia con el mundo ocupa una parte considerable de la reflexión teológica y pastoral y promueve profundización en la mirada a la historia y su complejidad con asistencia de distintas disciplinas instrumentales. e) Los esfuerzos de inserción de comunidades cristianas y de vida evangélica en las condiciones de vida de los pueblos indígenas y afroamericanos de sectores marginados de la sociedad de América Latina, especialmente en amplios sectores urbanos migrantes del campo. f) En la conducta eclesial crecen el espíritu de diálogo, centrado en el encuentro intercultural y religioso, un espíritu de comunión participante, una tendencia a la escucha humilde del otro y la vuelta a modelos centrados en el espíritu trinitario de Jesús de Nazareth y la ejemplaridad eclesial de María. g) Una cultura ecumíca se abre espacio en la Iglesia y se desarrollan teologías de lo local que valoran e interpretan con sensibilidad especial las particularidades frente a la globalización despersonalizante. En este sentido merecen mencionarse los avances de la teología india, que interpreta y valora desde la fe su genio milenario, la teología de género, la teología ambiental, etc. h) Aunque tímidamente, se abre camino un vigoroso movimiento hacia la participación del laicado, especialmente de la mujer, en la construcción de iglesias locales, único modo posible de que se den procesos reales de inculturación. Causa y consecuencia a la vez de este movimiento es la instauración del Instituto de Misionología de la Universidad Católica Boliviana en Cochabamba, la facultad de Misionología de la Universidad de Nuestra Señora de la Asunción de San Paulo y el Instituto de Misionología de la Universidad Intercontinental de México. Limitaciones Predomina aún en el horizonte eclesial de nuestras iglesias el clericalismo que bloquea la participación y la forja de comunidades auctóctonas con rostro y singularidad propia. Los modelos de Iglesia que configuran nuestra acción evangelizadora, dentro de su variedad y riqueza, están fuertemente orientados desde una perspectiva institucional, autoritaria y autorreferente. Son numerosos de Iglesia, circunscripciones eclesiásticas, institutos de vida consagrada que aún no asumen el envío como centro neurálgico de su razón de ser y de su carisma propio. Son muchos los seminarios, universidades y centros de formación e investigación teológica que carecen de docencia de una misionología profunda y eclesial. A pesar de los avances es muy poco lo logrado con relación a la valoración de la mujer, su rol en la vida del mundo, su participación, con frecuencia más real que reconocida, en el desarrollo de las comunidades cristianas. Incertidumbre, sospecha y falta de permeabilidad cuando se trata de la interacción con las ricas culturas indígenas, de los afroamericanos, de los asiáticos y otros grupos mígrantes que han ido llegando a los espacios de la geografía latinoamericana. Falta una conexión más íntima entre doctrina y vida, entre teología y espiritualidad, entre experiencia de Jesucristo y comunicación de nuestra fe.
Reflexiones "La Iglesia es Misión" (RMi), aunque ésta se realice de distintas maneras en conformidad con las características del espacio humano en que es llevada a cabo (actividad pastoral, misión "ad gentes" y nueva evangelización). A partir de esta convicción hemos intentado iluminar los siguientes temas que consideramos centrales y urgentes: La realidad de América Latina es pluriforme y diversa: pueblos, culturas, lenguas, ecosistemas, identidades, etc. configuran una riqueza multicolor como potencialidad cultural y religiosa en todas las dimensiones. La Iglesia históricamente no ha dialogado con estas diferencias, encerrada en una cultura racional y unilineal, no haciendo posible el desarrollo de iglesias con rostro latinoamericano, siendo más bien sus expresiones oficiales tanto en la teología como en la liturgia de carácter occidental y latino. La Iglesia es más católica en la medida que es fiel al Espíritu que trabaja en el alma de los pueblos y culturas. La diversidad en la unidad, la globalización y la fragmentación, lo uno y lo múltiple, es un signo de los tiempos. La Iglesia, tradicionalmente uniforme, opta por reconocer sus errores del pasado y humildemente quiere alimentar su discernimiento desde categorías abiertas, desde el misterio trinitario manifestado en la misión de Jesucristo, donde la eterna y dinámica unidad es la consecuencia de la inagotable diversidad. Amplios sectores preocupados por el futuro de la sociedad humana sueñan también con un modelo de desarrollo, donde se respete la diversidad, se consolide la participación, y se haga posible una sociedad que busca eficazmente la equidad y la justicia. En este sentido abogamos por un desarrollo de las iglesias desde sus raíces culturales, donde sea posible la participación laical y la expresión evangélica en los términos del propio genio cultural. La inculturación no puede ser por definición imposición, sino el resultado de un encuentro entre cosmovisiones y saberes, que debe tener como base: La
escucha amorosa al otro y lo que el Espíritu nos comunica a través
del otro. Los
pueblos indígenas y afroamericanos forman parte esencial de nuestro
proyecto misionero. Reconocemos que la presencia de la Iglesia en el
mundo pasa necesariamente por un proceso de permanente diálogo,
de escucha, de inculturación, y por la transmisión de
la experiencia viva de Jesús enviado del Padre. Pero quienes
estamos aquí reunidos, siguiendo la misión evangélica,
queremos construir iglesias con rostro indígena: por fidelidad
a la catolicidad de la Iglesia; Reconocemos que existe una tensión dialéctica entre historicidad y fidelidad, pero en Cristo encontramos la más cabal síntesis que supera cualquier inclinación de uno u otro lado. Abogamos por una misionología que parte del plan salvífico trinitario revelado en el envío de su Palabra en Cristo y por un estilo de misión que sea la expresión de la misericordia y de la compasión de Dios. La participación creciente de comunidades locales, subsidiarias, con participación y autonomía abiertas a la interrelación con otras, es el camino preferencial para la construcción y fortalecimiento de iglesias locales, que asuman integralmente al hombre en su espacio y respondan desde la fe a sus aspiraciones más profundas. III Rol de la Misionologia y los Misionologos El misionólogo/a, como persona de Iglesia, es servidor de la esperanza y reflexiona permanentemente sobre los retos de la fe en un mundo que cambia y se seculariza. Conecta más directamente con la Cristología, la Eclesiología y otras ciencias teológicas y profanas, e introduce en su reflexión una visión del Reino presente en la historia más allá de las fronteras de la Iglesia visible. Pone énfasis en el kerigma y en la primera evangelización. Contextualiza el pensamiento teológico a partir del impulso del Concilio a la iglesia local. Reflexiona permanentemente sobre la perspectiva teológica de otras religiones, dado que el ecumenismo y el diálogo interreligioso es un signo de nuestro tiempo. Reflexiona en las fronteras tanto de dentro como de fuera, desde la práctica de los misioneros y la devuelve en forma de pensamiento organizado, codificando en términos epistemológicos aquello que parte de la práctica pastoral concreta. Acompaña con sus reflexiones compartidas los procesos de inculturación en cada circunstancia. Es profeta que adelanta el camino en las iglesias locales, que desde la reflexión evangélica abre cauces innovadores, que en ocasiones transita por experiencias marteriales, que no se establece, que no es cómplice del status quo, que peregrina y se alberga en tiendas de campaña, que mantiene viva la preocupación por los otros. Profundiza corporativamente los grandes temas de la presencia de la Iglesia en el mundo a que pertenece. j) Orienta la reflexión y la docencia en centros pastorales, seminarios, diócesis, movimientos, comunidades de vida consagrada. Cochabamba (Bolivia) 26 de mayo del 2000
SIMPOSIO LATINOAMERICANO DE MISIONOLOGIA NOTA DE PRENSA COCHABAMBA, 26 DE MAYO DEL 2000. COMUNICADO FINAL DEL SIMPOSIO
Con la lectura de la "Declaración de Cochabamba, se ha clausurado a mediodía en el Seminario San Luis el Simposio Latinoamericano de Misionología, en el cual han participado unos treinta estudiosos de los grandes temas de la difusión de la fe cristiana, procedentes de diez países de América Latina, reunidos en Cochabamba del 22 al 26 de mayo, "con el propósito de hacer aportes doctrinales y experienciales sobre el sentido y las perspectivas de la misión de la Iglesia en el Continente". Durante la semana, Obispos, Sacerdotes, Religiosas y Laicos han debatido temas como: "modelos de la Iglesia en la historia de la Misión" y sus implicaciones en la actividad evangelizadora; los desafíos de la inculturación, sincretismo y salvación", y los "retos y prioridades para la misión en América Latina en el siglo XXI", ponencias que estuvieron a cargo del Obispo colombiano Luis Augusto Castro, P. Luis Jolicoeur, director del ISET de Cochabamba, y el P. Romeo Ballán, misionero comboniano en el Perú, respectivamente. "Los fenómenos de la reducción del número de católicos - afirma la declaración final - los procesos de secularización, las profundas transformaciones tecnológicas con sus consecuencias culturales, unidos a una angustiosa necesidad de lo sagrado, exigen de los dirigentes y líderes eclesiales una formación de fe más sólida, una arraigada espiritualidad misionera y una configuración ética definida de la práctica cristiana". De cara al siglo XXI que "despunta cargado de transformaciones, novedades y tensiones, conquistas y desafíos los participantes en el Simposio manifiestan sus preocupaciones mirando las cada vez más graves condiciones de injusticia, de exclusión y las agresiones a la dignidad humana, sobre todo de indios, afros, mujeres y niños?, y afirman "que el Evangelio es un camino seguro que contribuye a la dignificación de hombres y mujeres, y a la superación de tales desigualdades". No podemos - declaran los misioneros - ponemos de espaldas a cuestiones tan lacerantes corno la tragedia del narcotráfico que afecta a grandes grupos de campesinos de nuestros países, deteriorando su identidad y trastocando los valores de su tradición al amparo de grandes intereses económicos; el comercio escandaloso de armamento; la prostitución de menores; la esclavitud y la acumulación de dinero en manos de pocos, que constituyen una amenaza de muerte para la humanidad. Tampoco hemos olvidado que el desarrollo humano sostenible y el respeto a la naturaleza creada son necesarios para la supervivencia de numerosos pueblos y culturas". En el acto oficial de clausura del Simposio, realizado a las 7:00 de la noche en el Aula Magna de la UCB, con la participación del Arzobispo de Cochabamba, Mons. Tito Solari, el Señor Nuncio Apostólico en Bolivia, las autoridades académicas y otras personalidades, se han proclamado las "reflexiones finales" del Simposio, que han de orientar el trabajo misionero en el Continente y en el mundo entero. En particular, el grupo de estudiosos ponen énfasis en que la tarea prioritaria es el anuncio de Jesucristo a los dos tercios de la humanidad, es decir, cuatro mil millones de hombres y mujeres que en el mundo aún no conocen al Salvador y Redentor de todos los pueblos de la tierra. Entre las decisiones operativas del Simposio destacan la creación de la "Asociación Latinoamericana de Misionología, abierta a especialistas católicos y cristianos de otras denominaciones; así mismo el apoyo eficaz para que se otorguen mayores responsabilidades y servicios a los laicos, especialmente a las mujeres, "pues estamos convencidos - concluye la declaración - de su responsabilidad y derecho en la acción evangelizadora de la Iglesia en la aurora del Tercer Milenio".
SIMPOSIO LATINOAMERICANO DE MISIONOLOGIA: Declaración de Cochabamba
Bajo la mirada del Cristo de la Concordia de Cochabamba (Bolivia), un grupo de misionólogos y misionólogas de diez países de América Latina y un centenar de agentes de pastoral, entre los días 22 y 26 de mayo del año jubilar 2000, nos hemos reunido con el propósito de hacer aportes doctrinales y experienciales sobre el sentido y las perspectivas de la misión de la Iglesia en el Continente. A lo largo de intensas jornadas de trabajo y oración hemos reflexionado sobre el progreso de nuestra especialización académica, nos hemos esforzado en pensar una misionología al servicio de la evangelización desde las Iglesias locales, en un diálogo fecundo entre teólogos, agentes pastorales y público creyente. Al concluir, volvemos nuestra mirada al Dios de la Vida, que nos ha llamado a la esperanza en medio de la Creación que gime con dolores de parto en busca de la plenitud de Cristo. En nuestras celebraciones litúrgicas y momentos de oración le hemos rendido el tributo de nuestra reconocida gratitud, porque nos ha confirmado en la fe, animado en la esperanza e incentivado en la caridad. Hemos puesto la mirada en la Iglesia que, a lo largo y ancho del mundo y de la historia, se ha mostrado con múltiples rostros hasta los últimos confines de la tierra. Hemos sentido la riqueza que significan para ella las expresiones concretas de cada comunidad, de cada pueblo. Nos ha preocupado su futuro ante el evidente fortalecimiento de movimientos que, dentro de ella, y con una espiritualidad y metodología singulares, atentan contra la esencia del ministerio y el desarrollo de las iglesias locales. Los fenómenos de la reducción del número de católicos, los procesos de secularización, las profundas transformaciones tecnológicas con sus consecuencias culturales, unidos a una angustiosa necesidad de lo sagrado, exigen de los dirigentes y líderes eclesiales una formación de fe más sólida, una arraigada espiritualidad misionera y una configuración ética definida de la práctica cristiana. Analizamos los procesos de inculturación de ayer y hoy, sus presupuestos, exigencias y desarrollo, tanto en la confrontación del Evangelio con las culturas, como en las relaciones interculturales de las distintas iglesias. En este sentido señalamos tres aspectos fundamentales: a) Los procesos de inculturación son múltiples, irreductibles y complementarios; b) El Espíritu de Dios es quien conduce la historia de los hombres hacia la plenitud en su peregrinar por el mundo; c) La búsqueda paciente de la unidad en la diversidad y el respeto a la pluralidad de los procesos en la caridad, porque en ella nos reconocemos y nos aceptamos en lo más hondo de nuestra condición humana. El siglo XXI despunta cargado de transformaciones, novedades y tensiones, conquistas y desafíos, y, ante el, asombro de lo que nos ha de deparar, nos hemos propuesto algunos temas de reflexión primordial: a) El ardor misionero que ha de impregnar con urgencia nuestras Iglesias y comunidades; b) La formación en todos los niveles y la capacitación en las disciplinas misionológicas, c) El fortalecimiento de pequeñas comunidades eclesiales como medio privilegiado para el desarrollo de la conciencia misionera y de la responsabilidad evangelizadora. Las relaciones primarias y la cercanía entre las personas son un imperativo de la misión en un mundo virtualizado y fragmentado; d) Mirando las cada vez más graves condiciones de injusticia, de exclusión y las agresiones a la dignidad humana, sobre todo de indios, afros, mujeres y niños, comprendemos que el Evangelio es un camino seguro que contribuye a la dignificación de hombres y mujeres, y a la superación de tales desigualdades. No podemos ponemos de espaldas a cuestiones tan lacerantes como la tragedia del narcotráfico que afecta a grandes grupos de campesinos de nuestros países, deteriorando su identidad y trastocando los valores de su tradición al amparo de grandes intereses económicos; el comercio escandaloso de armarnento; la prostitución de menores; la esclavitud y la acumulación de dinero en manos de pocos, que constituyen una amenaza de muerte para la humanidad. Tampoco hemos olvidado que el desarrollo humano sostenible y el respeto a la naturaleza creada son necesarios para la supervivencia de numerosos pueblos y culturas. Afirmamos asímismo que la Misión de la Iglesia se arraiga en una visión trinitaria y cristológica que se encuentra de modo visible en la historia reciente de nuestro Continente, como estructura fundacional, cultural, religiosa y social. En gratitud al Dios de la vida, que se nos ha revelado en Cristo Jesús, para fortalecer nuestra fe en El e infundir nuevos bríos a las comunidades cristianas, reconocemos la prioridad de la misión "ad gentes" como tarea y servicio a los pueblos que no conocen al Salvador. Por ello nos proponemos animar a las iglesias locales para que - asuman con valentía el compromiso misionero dentro y más allá de nuestras fronteras. Por
fin, expresamos algunas decisiones y deseos, consecuencia de estas reflexiones: Bajo la protección de María Madre de la Iglesia, presente en múltiples advocaciones creadas por el pueblo creyente en América Latina, y expresión profunda de la diversidad cultural, afirmamos nuestra esperanza en Dios y en el mundo que El ha creado, en la Iglesia, y en el pueblo creyente del que somos servidores. Cochabamba 26 de Mayo del 2000.
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