* Carlos García Andrade
Globalización, ¿lugar para Dios?


En los últimos siglos diferentes realidades han sido vías privilegiadas para el encuentro con Dios: la contemplación del mundo, la conciencia humans... Hoy la situación sugiere un cambio de paradigms. La vivencia de la comunión se abre paso como lugar privilegiado de encuentro con Dios y como respuesta que integra la unidad y pluralidad entre los seres humanos.

 

El principal esafío del siglo XXI es que estamos galopando hacia la sociedad planetaria. Globalización, interculturalidad, 'aldea global', y otros 'palabros' semejantes que inindan desde hace algún tiempo los periodicos, los artículos, los ensayos y comentarios tratan de describir la pauta más significativa y relevante de la evolución social de los últimos 20 años. La que más rápidamente se está desarrollando y más está transformando el horizonte social de la vida humana.

Me refiero al crecimiento geométrico de ese proceso de interacciones, de concentración, de unificación, de complejización social en el que, casi sin darnos cuenta, nos estamos adentrando y que, progresivamente, abarca a todo el planeta. En él todo se vuelve más complicado, porque, al haberse multiplicado las conexiones y las ramificaciones entre los componentes del tejido social, cualquier decisión tiene consecuencias de largo alcance, ya no sirven las soluciones sencillas y claras; en él la palabra clave es la de 'interdependencia': todo depende de todo y todo repercute en todo; crece exponencialmente el pluralismo: no sólo hay pluralidad de ideas, también de razas, de culturas, de creencias, de sensibilidades. Esta pluralidad ya existía, pero lo nuevo es que las condiciones objetivas obligan a que esta diversidad se coordine, se articule, conviva, se organice. Estamos en la encrucijada de un creciente e irreductible pluralismo que confluye con una inevitable necesidad de convergencia y coordinación ante el hecho de la interdependencia.

Un análisis somero

Casi no merece la pena detenerse a describir los fenómenos objetivos que nos hablan de esta tendencia y que afecta a todos los niveles: económico, político, cultural, religioso, ecológico... Por dar sólo unas pinceladas: ya no se trata sólo de la evidente interdependencia económica que incluye a todas las naciones; se trata de que cultures que hasta hace poco habían permanecido recíprocamente impermeables, se ven obligadas a convivir, a comprenderse, a relacionarse de cerca; se trata de que los principios de independencia nacional que han estado vigentes durante siglos (inviolabilidad de fronteras, autonomía de los estados para resolver los propios asuntos, o para darse autónomamente el tipo de gobierno que bien les parezca, etc.) se están viendo desbordados por el proceso histórico: multinacionales, injerencia humanitaria, intervencionismo de la ONU: ninguna nación puede sobrevivir en el aislamiento. Se trata de que las grandes ciudades de occidente se están convirtiendo en un crisol multirracial, multicultural y multirreligioso a cause de la emigración, los refugiados, la movilidad social y laboral transnacional y no podemos seguir como si todo estuviera igual.

Incluso las religiones superan la traditional distancia y enfrentamiento y realizan foros conjuntos para rezar por la paz y la superación de la violencia (Jornadas de Asís, Kyoto, Roma...). El desarrollo de los Medios de Comunicación y de la informática está minimizando las barreras del espacio y del tiempo, pues no sólo vuelven accesibles a nuestros ojos y oídos cualquier rincón del planeta, sino que den una repercusión international a fenómenos o curiosidades que antes no sobrepasaban el nivel local, regional o national; la red mundial de Internet proporciona un acceso personal y casi de inmediato a lugares inaccesibles poco tiempo atrás.

Todo esto, junto con muchos otros fenómenos derivados, están cambiando muchos de los parámetros clásicos y establecidos de las conductas, de los criterion, de las formas de comprender y juzgar la realidad, pues con frecuencia resultan insuficientes o inadaptados pare afrontar las nuevas situaciones.

Tensiones y tentaciones

Esta nueva configuración genera un serie de tensiones:

*Tensión general particular: la globalización está provocando una reacción defensive, tendente a salver las particularidades: nacionales, de etnia, de tradición, de culture, de religión. Por miedo a ser engullidos por la culture dominante invasora; por miedo a que se aplanen las diferencias en un uniformismo empobrecedor. Por doquier surgen dialécticas: nacionalistas, regionalistas, tribalismos urbanos y culturales. Hay una fuerte reivindicación de los derechos de las minorias ante la avalancha de una cultura de las naciones dominantes que parece querer invadirlo todo.

* Tensión unidad pluralidad: ¿cómo lograr articular la desconcertante pluralidad humana en una unidad que no sea

aplanadora de las diferencias? ¿Cómo conseguir que el fuerte a influyente no acabe por aplastar y eliminar al débil?

¿Cómo hacer para que la acogida de to diverso no acabe por diluir la propia identidad en un mestizaje devaluado? ¿Cómo encontrar el tipo de relación adecuada en la que la diversidad se traduzca en enriquecimiento recíproco en vez de en una lucha por prevalecer?

* Tensión ideal-real: en coherencia con el progresivo proceso de globalización estamos asistiendo al despertar de una serie de conciencias, de mentalidades acordes con la situación objetiva que se nos viene encima: conciencia ecológica; conciencia antiarmamentista (pacifismo, aun con sus ambigüedades); conciencia antirracista; conciencia solidaria (voluntariados, ONG); conciencia del papel de la mujer. Todo eso es positivo, un signo que apunta hacia el futuro: to ideal.

Sin embargo, la cultura mayoritaria en Occidente adolece de unas carencias que, más que facilitar la respuesta a estos desafios, la pueden bloquear. Y es que la cultura vigente que hemos heredado en buena parte es contradictoria respecto de las attitudes, los valores y las opciones que se requieren para que estas conciencias emergentes se puedan desarrollar:

* Una cultura individualista (poco abierta a las necesidades, urgencias y llamadas ajenas)

* Una cultura materialista: demasiado dependiente del consumo, del bienestar, del "pasarlo bien", de la imagen.

* Una cultura relativista: que, si bien es refractaria a las posturas absolutistas — y esto es positivo —, socava la firmeza de los valores, la continuidad de las attitudes, la consistencia de las opciones morales y no proporciona las convicciones personales que se requieren.

* Una cultura que desconfia de la razón y promociona las experiencias: aunque haya razones para desconfiar de los grandes discursos — por el use ideológico que de ellos se hate — la razón y los instrumentos teóricos son los medios indispensables para justificar (es decir, hacer razonable) y universalizar (es decir, hacer accesible a otros) las opciones que se precisan.

* Una cultura que se desentiende de lo social y no cree en las instituciones políticas: se produce un refugio en lo privado, en el pequeño rincón (donde se afirma una libertad y una total ausencia de normas). Esta situación priva de la perspectiva necesaria el abordaje de los problemas globales.

En resumen, todo lo que rodea a la "postmodernidad" y su materialismo lúdico y vivido sin mala conciencia, no parece la base más adecuada para desarrollar la respuesta adecuada a estos problemas. Así se reproduce la típica esquizofrenia burguesa: aunque se aspire a sanar teóricamente las fracturas heredadas en todos los ámbitos (y no es la menos importante la fractura Norte/Sur que no cesa de agrandarse) esto es puro idealismo, pues la mayoría carece en realidad del horizonte mental, de los recursos morales, de los valores elegidos y de la capacidad de esfuerzo y sufrimiento para afrontar el reto.

Esta ambivalencia se traduce en una doble tentación, en ambos casos negativa: la tentación maximalista y minimalists.

*La "tentación maximalista" se refiere a la emergencia de los fundamentalismos cultural o religioso como reacción a los frutos más negativos de la cultura ambiental moderns, (drogas, pornografia, desintegración de la familia...), al pluralismo ideológico sin norte y relativista donde todo vale porque nada vale de verdad y a la separación entre legalidad y moralidad, legalizando conductas éticamente rechazables (aborto, eutanasia, clonación, etc.). Manifestaciones extremas son el rebrotar de la violencia (racista, nazi, religiosa).

* Por otro lado está la "tentación minimalista". Me refiero al intento de respuesta que desde las claves de la modernidad se pretende dar a los problemas emergentes. Se podría sintetizar así: dado que estamos en una cultura tan plural donde todo es posible, donde no hay canon ni norma y donde todo es cuestionable, basta con establecer un marco de tolerancia y libertad para afrontar con solvencia los problemas de la globalización y el pluralismo. Es la aparente solución que tiene más vigencia y aceptación entre nosotros. Y no basta.

La tolerancia, aunque sea una palabra cargada de prestigio en nuestra sociedad, es ambigua. Porque puede proceder de la acogida y aceptación del otro — yentonces sí es valiosa —, o puede tener como raíz la simple indiferencia, el "pasar" del otro mientras a mí no me afecte. En este último caso, se revela completamente ineficaz cuando aparecen los problemas. Porque no arranca de la aceptación del distinto como distinto sino del desinterés ("Mientras no moleste, que haga lo que quiera"). La tolerancia solo establece un marco formal una "comunión de mínimos" a todas luces insuficiente.

El cambio de "paradigma"

Estos intentos de respuesta, incluso en sus mejores versiones, resultan inadaptados para resolver el problema porque lo que la situación parece requerir es lo que los científicos denominan un "cambio de paradigma", es decir, un cambio radical del modelo clásico de entender las relaciones humanas. No basta sólo con aprender a tolerar o respetar las distintas costumbres, razas, estilos, creencias que ahora, inesperadamente, están en medio de nosotros. No basta con un talante de apertura que sepa valorar lo distinto, ni siquiera con una genérica aspiración al entendimiento y la colaboración.

El reto que plantean la situación de complejización y la enorme interdependencia es aprender a articularse, a "formar sistema", es decir, lograr coordinar la diversidad hasta formar un todo complejo, esforzándose por encontrar un significado común que nos permita crecer juntos hacia algo nuevo. Se trata de ir creando el "sistema tierra", y el reto no es pequeño.

Es así como se perfila en el horizonte que la única respuesta adecuada a la necesidad de conjugar unidad y plurálidad entre los seres humanos va en la línea de la comunión. La única relación que puede ayudar a superar los prejuicios, el único diálogo que ayuda a crecer es el que se establece desde el don recíproco integral. No basta pues la pasividad del dejar espacio, del tolerar o del respetar, hay que pasar a la actividad de la entrega, de la acogida, de la comprensión. La globalización nos habla de una transición de época, que, inevitablemente, está generando crisis fuertes, porque apunta a una situación completamente nueva.

Un lugar para Dios

¿Que consecuencias tiene la globalización respecto de Dios, de la idea de Dios, de la experiencia de Dios? ¿Le abre nuevas posibilidades? ¿Esta nueva configuración social abre nuevas pistas al mundo de Dios en nuestro mundo? De entrada, la repuesta sería más bien negativa, si consideramos que una mayoría de las sociedades occidentales llegan a esta situación inmersas en el horizonte de la secularización. No obstante, dado que están condenadas a entenderse con culturas para las que la realidad de Dios sigue siendo un presupuesto natural, ahí se perfila una posibilidad. Aunque no está nada claro si en dicho intercambio será la secularidad o la fe tradicional la que acabe imponiéndose.

No obstante, aquí lo que nos interesa abordar es si la globalización ofrece un horizonte específico, propio, para la recuperación de un lugar para Dios en nuestra sociedad.

Y, a priori, cabe decir que, siendo nuestro Dios Uno en Trinidad de personas y, por tanto, la más alta articulación de unidad y pluralidad interpersonal que cabe pensar, parece tener mucho que decir ante este problema social. Un Dios que se define como relación de personas y cuya plenitud es comunión de amor puede muy bien servir de luz al respecto, aunque se trate de personas especialísimas y de una comunión del todo particular. No sólo. Ante el reto de sanar las fracturas y promover el diálogo entre las culturas, la fe cristiana, desde la encarnación y desde la sabiduría de la cruz, posee un criterio decisivo para la inculturación y para la reconciliación.

El problema de estas consideraciones previas es que dicen mucho y no dicen nada. Pues aunque resulte estimulante plantear esta analogía entre la situación de nuestro mundo y el corazón de Dios, lo importante es establecer las vías de acceso, concretar y dar consistencia a este vínculo para que no resulte ser una de tantas comparaciones edificantes.

A la verdad, no son pocos los que hoy critican el intento de configurar la comunión interhumana a la luz de la comunión trinitaria. Se le acusa de no respetar adecuadamente el Misterio y la transcendencia de Dios, el carácter especialísimo de su condición de personas, de simplificar la dinámica interpersonal de Dios, identificándola demasiado rápidamente con el intercambio humano, etc.…

El problema es que no tenemos aquí el espacio suficiente para plantear y responder a dichas objeciones. Baste apuntar que el concepto clave de la antropología cristiana, "creados a imagen y semejanza de Dios", se refiere, lógicamente, al Dios Trinidad, y alguna conexión ha de haber entre las personas divinas y las humanas cuando el Verbo se ha podido hacer hombre y el Espíritu ha podido ser derramado en nuestros corazones.

Por otra parte, la petición de Jesús al Padre que recoge el evangelio de Juan:

"Padre, que todos sean uno, como Tú en mí y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros" (Jn 17,21), o "para que sean uno como nosotros somos uno, yo en ellos y to en mí, para que sean perfectamente uno" (17,22), parece confirmar el planteamiento si consideramos que el termino griego Kazós que está a la base de el ambiguo término castellano "como" no indica aquí analogía, comparación, o cierta afinidad: significa "exactamente igual que", con el mismo significado que en el caso del mandato: "Amaos unos a otros como yo os he amado".

Juan Pablo II confirma de forma explícita lo dicho cuando afirma: «La participación en la comunión trinitaria puede transformar las relaciones humanas creando un nuevo tipo de solidaridad" (Vita Consecrata 41) y lo ha remachando últimamente : "La comunión que encarna y manifiesta la esencia del misterio de la Iglesia es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da"; por lo cual "Espiritualidad de comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el Misterio de la Trinidad que habita en nosotros y cuva luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado" (Novo Millenio 42 y 43).

Pero, más allá del debate sobre los fundamentos en el que no podemos centrarnos, lo que realmente interesa es descubrir de qué forma la relación, la intercomunión, la obligada articulación interpersonal se convierte en un lugar de acceso, en una nueva oportunidad para Dios.

El significado de la comunión: la mediación horizontal

Cuando la comunión cristiana se vive trinitariamente, es decir, desde el mandato del amor recíproco, con la misma radicalidad del "como" de Jesús, el resultado no es sólo la fraternidad, el encuentro, la acogida mutua, la amistad profunda. Es algo mucho más valioso: es la presencia de Dios mismo. Y esto cambia enormemente el significado de la comunión porque hace que la comunidad sea lugar de la experiencia de Dios presente entre los hermanos. El valor específico de la comunidad cristiana reside en que es y debe ser una mediación del encuentro con Dios, tan válida como la oración y los sacramentos.

El presupuesto de esta afirmación es aquella presencia de Jesús prometida a los discípulos que están unidos en su hombre, porque se aman con el mismo amor de Jesús (Mt18,20). Y esto es algo que, afirmado por la teología, todavía no nos to acabamos de creer, quizá porque en el decurso de la historia se ha perdido, pero era una conciencia viva en la primitive Iglesia. Así S.Basilio: "¿De qué manera podemos hacernos dignos de tener a Jesús en medio de nosotros reunidos en su hombre? Aquellos que se reúnen en el hombre de alguien deben conocer bien la voluntad de quien los ha reunido y conformarse a ella". Y Juan Crisóstomo: "Ahora bien, ¿ es que no hay dos o tres reunidos en su hombre? Los hay, pero raras veces. Porque no habla el Señor simplemente de reunión (...) Porque lo que aqui quiere decir es lo siguiente: si alguien me time como cause principal de su amor al prójimo, yo estaré con él... Pero es dificil encontrar alguien que ame al prójimo por Cristo, como es debido". Orígenes habla de la concordia "que une y contiene al Hijo de Dios" y comenta: "...Cristo, donde ve dos o tres reunidos por la fe en su nombre, va allí y está en medio de ellos, atraído por su fe y provocado por su unanimidad".

No creo que dicha presencia pueda reducirse al hecho de reunirse, o rezar juntos o celebrar la eucaristía. Sabemos por experiencia que dichas actividades, incluso las más sagradas, las podemos realizar bien poco unidos, y sin embargo se juega algo muy importante. Lo específico de esta presencia de Jesús en su comunidad nace del cumplimiento del mandato del amor recíproco, que genera, analógicamente y a nuestro nivel de creatures, algo semejante a la unidad trinitaria. Pueden parecer palabras fuertes, pero Juan Pablo II dice "la comunión fraterna... es espacio teologal en el que se puede experimenter la presencia mística del Señor resucitado" (Vita Consecrate 42). Esta es la gran novedad, lo que me atrevería a denominar como el "salto evolutivo" que representa la comunión trinitaria vivida en el seno de la Iglesia.

La explicación es simple: "El hombre, redimido y divinizado, puede ya amar al otro hombre como Cristo lo ha amado: porque Cristo vive en aquel que ama y porque en el otro hombre, amado por él, vive elm ismo Cristo. Su recíproco amor es divinizado, es trinitario. Es Cristo en mí el que ama a Cristo en tt; y este recíproco amor es Amor de Cristo, es Espíritu Santo".(1) Como afirma S.Agustín, "será un único Cristo amándose a sí mismo en ambos".(2) Y entonces se entiende esta mística presencia de Jesús porque «Entre dos que se amen así, con el amor de Cristo, se establece la presencia de un Tercero — análogamente a cuanto sucede en la Santísima Trinidad, donde el Padre y el Hijo se amen en el Espíritu Santo —, un Tercero que es Cristo mismo resucitado presente en la fuerza y la luz de su Espíritu".(3)

No quisiera dar la impresión de que a comunión al estilo trinitario es una realidad simple, idealizada o desencarnada. No. La comunión no es un éxtasis beatífico, sino una conquista diaria, marcada por el misterio Pascual de Cristo.

El mandamiento nuevo implica, además de la reciprocidad, un aspecto de muerte: "como yo os he amado". La gran lección altísima, divine, heroics de Jesús es su amor haste el extremo, haste la prueba de la muerte y muerte de Cruz. El amor que busca la comunión ha de ester dispuesto a dar la vide y dada, a veces, en condiciones sumamente negatives. Ha de ester dispuesto a asumir, a negarse, a tomar la cruz. Pero no ya en clave de mérito, por ascética. Es un morir pare la reconciliación, pare la unidad. Si hemos de morir a nosotros mismos es pare que Jesús nazca en nuestro corazón. Hemos de morir el unó en el otro pare que Jesús esté entre nosotros.

Esto supone enriquecer la comprensión de la Iglesia como mediación del encuentro de los hombres con Dios. Además de la mediación vertical, representada por la jerarquía, que asegura esta presencia divina mediante la Palabra y los sacramentos, la comunidad expresa una mediación horizontal de Dios, más vinculada a la vida que a la estructura, en la que Dios aparece en el centro del círculo como fruto del amor recíproco entre los creyentes, en la que todos son necesarios clérigos, religiosos, laicos, pero todos en el mismo plano: Jesús ha dicho dos o más.

Lo peculiar de esta mediación es que resulta especialmente adecuada para los tiempos que corren. Es un çamino ágil, moderno, que no requiere una gran preparación en el destinatario (como sucede con la oración o los sacramentos), que no requiere recinto sagrado y permite llevar la presencia de Jesús a todos los ambientes por secularizados que seen, sin necesidad de confesionalismos previos o de actos explícitamente religiosos, to que la hace única para poder evangelizar to secular en tanto que secular, respetando su autonomía; que salta pór encima de las barreras históricas que los hombres hemos establecido. Es posible vivir el amor recíproco, y por tanto, un cierto tipo de comunión con cualquiera.

Hace posible mostrar a Dios de forma casi evidente, hacerle palpable, experimentable, facilita el que se pueda detectar la presencia viva de Dios incluso por los alejados, o quienes no le conocen o están enredados en una situación negativa. En una época en que el hombre se desentiende de las grandes preguntas, y apuesta por la supremacía de la experiencia, la comunión cristiana, así vivida, se convierte.en la gran posibilidad de que experimenten los frutos de la comunión con Dios, aun sin conocerlo. Esta es la razón de por qué Jesús ha llegado a condicionar la credibilidad del anuncio evangélico y la credibilidad de los mismos discípulos a dicha unidad.

El significado immediato

Pare calibrar el significado de esta experiencia es preciso tener en cuenta la enorme transformación de las claves tradicionales de la experiencia religiosa que la secularización está provocando. En la actualidad, muchos jóvenes, en particular los hijos de padres secularizados, carecen de experiencia religiosa, pues la falta de una socialización religiosa ambiental y familiar no sólo les dificulta enormemente el acceso a las vías clásicas del encuentro con Dios (oración, palabra, sacramentos), sino que los convierte en religiosamente analfabetos. No saben a qué experiencias humanas se refiere tanto lenguaje religioso que hoy pervive entre nosotros, pero carente de contenido vital.

Algo semejante hay que decir de la pérdida de la expectativa de salvación: pocos entienden qué se esconde bajo esta palabra y acaban por reducir esas expectativas humanas profundas a los objetivos consumistas con que nos bombardea la propaganda. Pare no pocos, lo más parecido a una experiencia religiosa es que el equipo de sus amores gane la Liga de Fútbol, que le toque la primitive, o conseguir el coche soñado. En el piano social me parece una alternative a este dilema en que nos vemos envueltos desde el post-concilio, a propósito de la presencia social de la Iglesia: o sistema de cristiandad, o difuminarse como levadura en la mesa. Dilema que, traducido en la terminología al uso, se formula como la alternativa entre ser "cristianos de presencia" o "cristianos de mediación". Si nuestra unidad genera la presencia viva del Señor, podemos ser 'cristianos de mediación' sin miedo a que la masa acabe por engullir o desnaturalizar la levadura y sin necesidad de postular esa fuerte afirmación institucional/confesional que, según algunos, parece la única vía para afrontar con garantías el proceso de secularización.

En el plano intelectual, dado el bloqueo de otras vías clásicas para plantear la cuestión de Dios, me parece una alternative interesantísima. En efecto, la tradicional vía cosmológica parece cerrada porque, por una parte, el mundo técnico y artificial que nos rodea ha interpuesto una barrera que nos aleja de los misterios fundamentales de la muerte, de la vida, de nuestra condición de creaturas: nuestras experiencias en este campo ya no nos facilitan el encuentro con Dios, más bien se entienden como un desafio al ingenio del hombre; por otra, el desarrollo científico y su investigación de la Naturaleza, aunque ha ayudado a purificar la religiosidad de elementos espúreos, se ha llevado por delante la capacidad 'sacramental', es decir la mirada por la que la experiencia de los misterios del cosmos servía de puente para dar el salto hacia el Misterio fundamental, el misterio de Dios.

Pero tampoco la vía antropocéntrica que puso en marcha la cultura moderna, que hacía de la conciencia el lugar del encuentro con Dios, ofrece mejores resultados. En efecto, la desembocadura de este camino de la modernidad ha sido entender a Dios como el enemigo del hombre y postular su muerte, pare que el hombre pueda vivir (Nietzsche). Y la postmodernidad tampoco facilita las cosas porque, al entender la subjetividad del hombre como individualidad radicalmente cerrada en sí misma, convierte la interioridad humans en un laberinto sin entrada ni salida, en el que ya ni se plantea la cuestión de Dios, se come detrás de pseudo-dioses al alcance de la mano, y se traduce en una culture extraviada porque se ha desarraigado de la villa interior que la ha hecho nacer. El resultado es la actual experiencia del "silencio de Dios" que tantos sufren sin saber cómo afrontarlo.

Pero si, como afirman todos los maestros del Espíritu, no se puede alcanzar a Dios, sin un acto de renuncia, de negación de uno mismo, de transcendencia, de aperture, de olvido de sí por amor al Absoluto, pare dejar que Él "se diga" en nosotros — y esto es la esencia de la villa interior — , se entiende el valor que puede tener, en este contexto, el hermano y una juste relación con él. Si, gracias al amor recíproco con los demás entramos en esa dinámica de olvido de nosatros, por amor a los hermanos, y eso nos permite el encuentro con Dios, mediante un don recíproco que nos acerca al modelo trinitario, se intuye haste qué punto la relación se convierte en una oportunidad pare romper el círculo cerrado que mantiene cautiva la interioridad del hombre de occidente y que bloquea su acceso a Dios.

Significado global

Hablábamos al principio de un "cambio de paradigma". A mi modo de ver, descubrir la relación interhumana, planteada desde la reciprocidad trinitaria, como lugar del encuentro con Dios significa algo similar, un radical cambio de mentalidad, una nueva época. Si durante siglos prevaleció el modelo cosmocéntrico como vía privilegiada del encuentro con Dios — bajo la guía del pensamiento griego —, y aquí toda la enorme producción metafisica de la escolástica; si a partir del Renacimiento este modelo fue siendo reemplazado por el modelo antropocéntrico que hacía de la conciencia del individuo el lugar necesario de la experiencia religiosa, con manifestaciones tanto religiosas (ejercicios de san Ignacio) como antirreligiosas (la filosofía 'atea' de la conciencia: Feuerbach, Nietsche, Freud...); en nuestro tiempo parece que estamos asistiendo al manifestarse de un nuevo camino: el "nosotros", la relación interpersonal auténtica, la comunidad como lugar privilegiado — aunque no exclusivo — de encuentro con Dios. Es sólo una hipótesis, pero me resulta muy sugestiva porque es, ciertamente, la más coherente con la imagen trinitaria de Dios; porque coincide con la actividad del Espíritu que ha hecho nacer en la Iglesia post-conciliar un mar de comunidades cristianas, y no creo que sea por pura casualidad; porque resulta coherente con la nueva imagen de la Iglesia como misterio de comunión: "la realidad de la Iglesia-comunión ... represents el contenido central del misterio" (Christifideles Laici, 19), con esa actitud de diálogo: con los hermanos de otras Iglesias, con las grandes religiones, con los alejados o no creyentes; y, en último término, con todo to que decíamos al principio sobre la globalización y la necesidad de buscar la comunión como única vía de salida a la situación que se nos viene encima.

Así es como interpreto que se perfila un nuevo horizonte para Dios en la nueva situación y así es como, creo, se puede hablar de la globalización como una oportunidad histórica para la fe cristiana.

La vida consagrada

¿Qué represents to apuntado para los religiosos? No nos queda espacio, pero baste decir que, dada nuestra opción por la vida comunitaria, la vida religiosa debería ser el 'lugar geométrico' para desarrollar esta vía de experiencia de Dios y, dada nuestra misión de signo, para difundirla. Al menos así lo ha entendido el Papa cuando en Vita Consecrata nos decía: "A la vida consagrada se le asigna un papel muy importante a la luz de la doctrina sobre la Iglesia-comunión (...) se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente expertas en comunión y que vivan la respectiva espiritualidad como testigos y artifices de aquel proyecto de comunión que constituye la cima de la historia del hombre según Dios" (n.46) para luego reafirinar: "La iglesia encomienda a las comunidades de vida consagrada la particular tarea de fomentar la espiritualidad de comunión" (n.51). El reto es logar fecundar nuestra vida comunitaria con la raíz trinitaria, pues aun dentro de nuestra vida común llevamos la marca del individualismo espiritual y, por desgracia, aun estamos lejos de que nuestra vida en común sea lugar manifiesto de experiencia de Dios. Pero éste es el reto del futuro.

Notas:

* Misionero Claretiano. Profesor de Teología en el Estudio Teológico Claretiano de Madrid.

1 P. Coda, "La Iglesia profecía de la humanidad realizada", en VV.AA., La Iglesia, salvación del hombre, Madrid,1986, Ciudad Nueva, pg.94.
2 In 1° loann , 10,13.
3 P. Coda, op.cit., p. 94.

 

Ref.: Vida religiosa, Vol. 90, cuaderno 3, mayo 2001.