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Leonel Narváez Gómez,
IMC Quiero
hoy, hacer memoria de Teresa, un milagro maravilloso de la irracionalidad
del Perdón y de
la reconciliación. A
los 22 años, Teresa sufrió el enorme dolor de perder
su único hijo de 3 años. Una noche, en una oscura
calle de su pueblo, un desconocido que la pretendía y que
ella de tajo rechazaba, le propino dos tiros de pistola a su pequeño
hijo y lo mató. Antonio, el asesino, fue capturado
y posteriormente, condenado a 18 años de cárcel. Después
de un año de llorar desconsoladamente, Teresa quiso ir de
incógnito a la cárcel con algunas amigas a conocer
a quien le había matado a su hijo. Le atormentaba el deseo
de saber quien era esa bestia que le había causado tan profunda
pena. Aquel mismo día, Antonio les contó la triste
historia de su vida. Había sido un niño violentado
inicialmente por su mismo padre, dejado luego por su madre
con los abuelos ancianos y finalmente
abandonado a su suerte en las calles. La historia corta es que
Teresa, se llenó d compasión por la historia trágica
de Antonio, lo
siguió visitando regularmente
en la cárcel. Hoy en día, están casados y
tienen tres hijos. El
Perdón y la reconciliación son posibles.
Los humanos tienen la capacidad heroica de perdonar lo imperdonable.
Es la imagen del Dios de misericordia que brota en cada célula
del ser humano. Sin perdón y sin reconciliación no
hay futuro, decía con razón Mandela. _____________________________ En
esta reflexión busco inicialmente resaltar
los elementos básicos del Perdón y la reconciliación.
Seguidamente, presentaré la propuesta de una
metodología y
finalmente compartiré la experiencia de las Escuelas de Perdón
y Reconciliación – ESPERE – que se lleva actualmente
en Colombia y Brasil. El nombre “espere” hace
referencia a la necesidad de
un mínimo ejercicio de espera ante el asalto constante e inesperado
de la rabia y del cerebro primitivo, propio del carácter ardiente
de los humanos. El
método ESPERE tuvo origen en la Universidad
de Harvard con un grupo de expertos de las ciencias sociales con
los cuales por casi dos años se trabajó conjuntamente,
definiendo la metodología y los contenidos necesarios
para popularizar la cultura del Perdón y de la reconciliación. Tuve
la fortuna de vivir 10 años, en la tribus
Gabra del norte del Kenya y Etiopia, en donde la palabra paz es una idea arquetipo de acepciones profundas. Nagayat (paz) es la
palabra que ha definido desde hace muchos siglos, todos los actos
de su vida cotidiana. Paz es todo.
Cada 7 años celebran el jubileo y cada 7 veces 7 (cada 50
años), celebran el Gran Jubileo. Una de las expresiones sobresalientes
de esta fiesta, es la celebración del perdón y de la
reconciliación. Ya en las culturas más antiguas existía
la cultura de la reconciliación. En la Universidad de Harvard, tuve la oportunidad
de recibir clases de
autores famosos en los temas de resolución de conflictos como
Roger Fisher, William Ury, Ronald Heifetz y algunos otros. Posteriormente,
trabajé de cerca con los lideres de los grupos guerrilleros
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) e incluso
colaboré en las negociaciones de paz entre el Gobierno y la
Guerrilla. En
todos estos ambientes llegué a conclusiones
importantes: que las técnicas de resolución de conflictos,
por buenas que sean, no bastan para resolver los conflictos; que
sabemos muy poco sobre la teoría y menos sobre la práctica
del Perdón y de la reconciliación; que las rabias,
los odios y los deseos de venganza subyacen ocultos a
los conflictos; que esas rabias no son solo individuales sino sobre
todo colectivas, y que sin resolver esas rabias y deseos de venganza,
todo proceso de resolución de conflictos está avocado
a fallar. Para enaltecer la guerra, Virgilio en su Eneida
empezaba con aquel famoso verso “arma virumque cano” (le
canto a las armas y a los varones…) pero para temperar
la venganza, casi contemporáneamente, los dramaturgos griegos
se preguntaban cómo hacer para castigar un crimen sin cometer otro crimen? Las fotos
trágicas de Irak, España, Palestina, Colombia, son
solo una expresión mínima de lo que puede causar la
rabia y la venganza de los seres humanos. En
Colombia tenemos una violencia arrastrada por más de 40 años. Contemporáneamente,
decenas de conflictos en muchas otras partes del mundo siguen escalando
violencia tras violencia. Será que los humanos
tenemos solamente genes para la guerra? Será que
una ceguera colectiva nos infectó a todos y nos ha forzado
a entrenarnos constantemente para la guerra? Será que los
humanos podemos cambiar el rumbo de una historia de violencia y de
venganza constante? Paradójicamente los que
debiéramos ser expertos en Perdón y reconciliación,
los sacerdotes y religiosos, sabemos muy poco. En una reciente reseña
bibliografiíta sobre el tema del Perdón desde
la época de San Agustín (siglo V) hasta nuestros días,
se descubrió que existían millones de títulos
sobre el Perdón con Dios, pero menos de 170 títulos
que hablaban del Perdón con el otro o la otra. De verdad,
el tema del Perdón y la reconciliación es un tema todavía
en su infancia en las ciencias sociales y en
las ciencias espirituales. Posee sin embargo una poderosa genética
interna que es preciso recuperar con urgencia. Por
siglos, el tema del Perdón
y de la reconciliación ha sido monopolio de los clérigos.
De algún modo, y sin duda en forma inconsciente, tal monopolio
se convirtió en una forma de poder erróneamente institucionalizada
por la organización eclesiástica. Ello sin negar, claro
está, el poder misterioso de transformación que tiene
el sacramento de la confesión. Este
monopolio del perdón
fue reforzado con los temas del pecado y del infierno.
Así, por siglos, se ha reducido torpemente el tema de la justicia
al mero castigo. La misericordia y la ternura de Dios pasó a
un segundo lugar, prefiriéndose más bien la autoridad
y la ley. La
justicia punitiva se convirtió en una forma
sutil de institucionalización de la venganza. En esta ceguera En
el caso de Colombia, ya hemos comprendido que no basta el acuerdo
político entre las elites en conflicto para
lograr la paz. La paz política queda muy frágil
y fugaz sino logra transformar los odios y rencores que subyacen
en las bases sociales, que son la fuente generadora de más
y peores conflictos. Es
ya teoría aceptada que el capital social precede al capital
económico.
Parte fundamental del capital social es precisamente la cultura del
Perdón y de la reconciliación. Por
eso que no es exagerado decir que un
pobre con rabia es doblemente pobre. La violencia puede ser personal,
interpersonal o colectiva y puede tener expresiones a nivel físico, sexual, psicológico
y de carencia/desatención. Las cifras
consolidadas de la violencia criminal en el mundo durante el año
2000, elaborados por la Organización
Mundial de la Salud, trae cifras aterradoras: de un total de 1.659.000
muertes violentas, 520.000 fueron homicidios. Pero más trágico
todavía, 810.000 fueron causadas por el suicidio. El conflicto
bélico ha producido comparativamente mucho menos: 310.000
muertos. Como fácilmente se puede aceptar, son los países
con más bajos ingresos los que poseen los niveles más
altos de violencia. LA OMS concluye que el factor más
paralizante del desarrollo y el desafío más grande
a las ciencias sociales es la violencia y entre ellas la violencia
societaria. Una
forma más sencilla de clasificar la violencia
es identificándola como violencia organizada (guerrillas,
narcotráfico) y violencia societaria, dentro de la cual aparece
como una epidemia invisible la violencia intrafamiliar. Para
el caso de Colombia, y en general para Latino América, hay una tendencia errónea.
Mientras que la violencia
organizada en Colombia solamente produce el 18 por ciento de
la criminalidad y se le gastan 95% por ciento de los recursos, la
violencia societaria produce más del 80 por ciento del
a criminalidad. Entre los jóvenes de Colombia, el 18% de ellos ha dado muerte a alguien,
60% de los jóvenes ha visto matar, el 68% ha visto cadáveres,
25% ha visto secuestrar, el 16% ha participado en secuestros y el 40%
de los jóvenes Las fuentes de la violencia societaria tiene
ya orígenes bastante definidos: primero la violencia intrafamiliar,
segunda la venganza o ajuste de cuentas, tercero, las riñas
y discusiones, y finalmente, la intolerancia social. Con frecuencia se cree que la causa central de la violencia
intrafamiliar sea la pobreza o el alcoholismo. Para el caso
de Bogotá, la causa principal son las dificultades en
la comunicación (67%). Dentro de la vida religiosa tales
indicadores coincidencialmente parecen ser los mismos: los religiosos
manejamos todavía serias dificultades en el manejo de la
comunicación. Dentro de las tendencias más perversas
del mundo actual, sobresale la tendencia a responderle a la violencia
con más violencia. El
caso del Presidente Bus en USA es un ejemplo
sobresaliente. De hecho, el costo total de la lucha contra la violencia
gira entre el 5% y el 25% del PIB en algunos países. Como expresión
contrapuesta a todo ello aparece el terrorismo. El terrorismo ha
desarrollado su habilidad para inspirar el odio y cultivarlo a través
de lo que los expertos llaman el cognitive rehearsal (entrenamiento
cognitivo) o sea la capacidad de devolver el cassette continuamente,
llenarse de rabia ante la ofensa recibida e ingeniarse formas refinadas
de venganza. Se
han logrado identificar tres de las causas más inmediatas
de la violencia. Primero: no sabemos controlar la rabia.
La rabia es de hecho, una de las emociones más primitivas
que tenemos los humanos. Una palabra, un gesto o una acción
de rabia puede tener repercusiones serias en la relación de
personas o grupos humanos. Segundo: no conocemos alternativas
para resolver los conflictos más que la acción
violenta. Hemos aprendido que para resolver los diferencias el único
camino es la violencia. Sacamos así lo peor de nosotros mismos.
La cultura de la compasión, de la ternura, de la benevolencia
es ciertamente escasa... incluso entre nosotros los religiosos. Tercero: en
lugar de mediadores nosotros tenemos aguzadores, es decir gente
que ha acostumbrado a echarle leña al fuego. La falta de instancias
de mediación en nuestras vidas y ambientes son cada vez más
sentidas también porque vivimos en una cultura donde nosotros
estamos mediados por un ideal guerrero de triunfo (el deporte es
un buen ejemplo de ello) que, de algún modo, nos incita interiormente
a la violencia. Los
mismos descubrimientos neurológicos recientes confirman que
el ser humano, en este proceso de evolución, permanece todavía
con buena parte de su cerebro primitivo que se expresa con frecuencia
con conductas incontroladas. El entramado psicológico o
el cableado interior humano aun propende a la violencia. Cómo
lograr niveles más avanzados de crecimiento humano, es precisamente
el esfuerzo que se hace a través del Perdón y la reconciliación. Para entender mejor la profundidad de lo que hablamos
me permito referirlos a los conceptos profundos de Anna Harendt en
su famoso texto sobre la Condición Humana. Ella insiste
en que hay dos impostores en la sociedad: el pasado que nos pesa (algo muy válido para el caso de
las negritudes e indígenas) y el futuro que nos preocupa. Por eso el pasado es necesario redimirlo con el perdón y el futuro lo tenemos
que asegurar con los pactos o sea a
través de la reconciliación. Me parece esencial, antes que nada, que nosotros como
religiosos asumamos en
todo su rigor, aquella bienaventuranza de Jesús que nos invita
a ser misericordiosos como Dios es misericordioso. El Papa Juan Pablo
II decía recientemente
que los religiosos y religiosas manifiestan con su carisma peculiar,
el rostro misericordioso de Dios y el corazón materno de la
iglesia. Cuando las personas nos ven a nosotros, nuestras actitudes
les deben ayudar a ver al Dios del amor, de la bondad y de la ternura.
Tal vez nada sea tan esencial al apostolado y a al misma evangelización
como este concepto del amor infinito de Dios. Reconociendo
la discusión teórica que
existe acerca del tema, es necesario distinguir la diferencia entre
Perdón y reconciliación. El Perdón es un ejercicio
que yo hago conmigo mismo. Es el ejercicio de sacarme el veneno de
la rabia y del rencor que yo tiendo a reciclar por dentro y que tiene
consecuencias negativas en todo mi ser. La reconciliación
en cambio, es el camino hacia mi ofensor. Mientras el Perdón
es ejercicio terapéutico, la reconciliación es un ejercicio
social. Puede haber Perdón sin reconciliación pero
no puede haber reconciliación sin Perdón. En algunos
casos, la reconciliación no es posible o no
es aconsejable. Sin embargo, el ejercicio del Perdón es en
si mismo, ya el 90% por ciento del camino hacia la reconciliación. Hablar
de Perdón y reconciliación exige
un cambio de paradigmas: contra la irracionalidad de la violencia
nosotros proponemos la irracionalidad del Perdón, contra la
locura de la guerra, la sabiduría de la reconciliación.
Pero no basta hablar del Perdón. El impacto y la transformación
se logra solamente cuando las victimas actúan el ejercicio
en sus propias vidas. El Perdón no es un ejercicio racional
solamente. El Perdón es un ejercicio de alta dimensión
emocional, comportamental y espiritual. El
laboratorio de Perdón de la Universidad
de Wisconsin en Madison, ha demostrado que para lograr perdonar,
la persona, victima de algo, necesita de 10 a 15 horas de trabajo
muy específico sobre el tema. Esa persona debe nombrar su
rabia y a su ofensor, debe re-estructurar la ofensa a través
de la memoria, y debe volver a ganar poder sobre sus propias emociones.
Es el ejercicio complejo y difícil de recuperar la armonía
interior. Las
ESPERE son grupos de 10-15 personas, que se reúnen para transformar
sus rabias, odios y deseos de venganza. Son grupos que se encuentran
ordinariamente cada semana , en lugares informales, con unas reglas
mínimas — sobre todo de completa confidencialidad — acordadas
entre los participantes y firmadas por cada uno de ellos. Estos grupos
son guiados por animadores o sea personas del mismo Barrio
que se capacitan para
tal fin. Estos animadores pueden ser niños, jóvenes,
hombres o mujeres. A
estos grupos nunca se invita a los victimarios, pues nadie quiere
sentirse señalado como victimario. Se invita
siempre a las victimas. Es allí donde las personas descubren
que ellos no solamente son victimas sino también victimarios.
Guerrilleros, paramilitares, militares, delincuentes de todo tipo,
encuentran con sorpresa que detrás de su rabia hay ofensas
del pasado que se escalaron en odios. Esos odios, al igual que heridas
sangrantes, es necesario tratar con urgencia para que no sigan afectando
toda la vida de las personas. Cuando
persona que ha sido victima o victimario de alguna ofensa, grande
o pequeña, normalmente
hiere los 3 pilares más importantes de la existencia humana:
el significado de vida, la seguridad y la socialización. La gran tarea del animador de las
ESPERE es colaborarle a las personas para recuperar la integridad
de esos tres pilares. La
psicología de los traumas habla de tres
herramientas básicas para ayudar en este proceso. Primero es
necesario garantizar ambiente seguro. Es el holding environment del
grupo o empatía, elemento fundamental
que facilita que las
personas logren expresar su dolor. Se trata de un ambiente contenedor, que
permite que el dolor no se desparrame y que ayuda a las personas
a recomponer las partes divididas de su ser. Segundo, es necesario ayudarle a las personas a contar
la historia de lo que les sucedió. Contar y hacer memoria
es un ejercicio de alto valor sanador. No
sin razón, los católicos cuando celebramos la Eucaristía hacemos
memoria todos los días de un crimen, pero mirándolo
con ojos nuevos. La
cruz y la muerte de Cristo, no obstante toda su crueldad, se convierten
en actos poderosos de salvación. Tercero,
a través de este proceso, las victimas
gradualmente se resocializan y
recobran la capacidad de relacionarse adecuadamente con los demás,
incluso a futuro con sus propios ofensores. El
esquema general de las 10 etapas básicas
del Perdón y de la reconciliación siguen la dinámica
de concientización, decisión, y compromisos (pactos).
La experiencia ha enseñado que el proceso de concientización
es fundamental en este ejercicio. De hecho, entre más se logre
aclarar en las personas, las significaciones que tienen acerca del
Perdón y de la reconciliación, mayor impacto logran
en sus vidas. Los 5 primeros módulos están
dedicados al perdón y tienen los siguientes títulos: de
la oscuridad a la luz, decido perdonar, miro con otros ojos, comprendo
a mi ofensor, establezco un puente. Los 5 módulos restantes
se refieren a la reconciliación y toca los siguientes temas: construimos
la verdad, promovemos la justicia, hacemos un pacto y celebramos
la memoria y la reparación. Al
iniciar los 10 módulos o etapas, la personas
participantes escogen un sujeto de perdón y reconciliación que
les servirá como entrenamiento concreto durante todo el curso.
Los participantes entienden entonces que el Perdón y la reconciliación
exige práctica y por lo mismo, esfuerzos muy concretos. Durante
todo el curso, de hecho, el Perdón
es presentado como un acto heroico y como una de las expresiones
más profundas de la santidad a la que estamos llamados
todos los humanos. Creemos que sea esta una expresión privilegiada
de aquel sean perfectos como mi Padre del cielo es perfecto. El
módulo que une al Perdón con la reconciliación
es el módulo llamado “establezco un
puente”. Siendo que la reconciliación normalmente
empieza por el lado de las victimas, se invita entonces a la víctima
a comenzar a construir el puente desde su orilla. La reconciliación,
normalmente empieza por el lado de las victimas porque son ellas,
y solamente ellas, quienes poseen el poder de desatar la ofensa.
De un modo misterioso, el victimario queda dependiente de la victima
y solo gracias a un ejercicio liberador, que se convierte en don de la victima, puede el victimario
recobrar su libertad y su integridad. Per-donar es entonces
hacer don para el otro. Es para dar no para recibir. El
primer módulo de la reconciliación
es construimos verdad. La
verdad no es ni mi versión de los hechos ocurridos y tampoco
la versión del otro. La verdad es la sumatoria de las dos
versiones. Tener la capacidad para descubrir la verdad del otro es
parte fundamental de la reconciliación. Por eso que en el
ejercicio de la verdad, es necesario tener en cuenta 3 tipos de lógicas.
Primero, la lógica de los acontecimientos (cómo
ocurrieron las cosas?), segundo, la lógica de los significados (cuál
mensaje quería enviar?) y finalmente la lógica de
la necesidad (cómo salir de aquí?) Cuando las personas
se quedan solamente en la lógica de los acontecimientos entonces
se bloquea el proceso de la reconciliación. La reconciliación
es una exigencia de la lógica de la necesidad de que
la vida prosiga. Dentro del ejercicio de construir
verdad, la memoria juega un rol de primera importancia. Se hace necesario hacer
memoria, precisamente para evitar el efecto distorsionador que
tiene el olvido. Los cristianos hacemos memoria de un crimen
(la crucifixión de Jesús) para mantener viva y fresca
la verdad de ese evento salvífico. Recordar es una forma noble
de agradecer y por eso la eucaristía se convierte en acción
de gracias que transforma y permite a las personas ir más
allá de la simple lógica de los acontecimientos. En
un mundo de violencia se hace urgente recuperar esta ética
de la memoria que en el fondo es la ética desde las víctimas.
En la historia del mundo ha predominado la ética desde los
victimarios y esa tendencia centenaria es necesario transformarla. El
segundo módulo de la reconciliación
es promovemos la justicia. Aquí se busca de romper
el modelo de la justicia punitiva para instaurar el modelo de la
justicia restaurativa. Hacer justicia entonces, no es castigar al
ofensor sino y sobre todo, es recuperar al ofensor. Se busca
de imitar la justicia de Dios que justifica y aplica siempre
la misericordia y la compasión: como
dista el oriente del occidente así de grande es la misericordia
de Dios ... Su amor no tiene fin. Mencionábamos al inicio que los grandes dramaturgos
griegos se preguntaban cómo hacer para castigar un crimen
sin cometer otro crimen. De hecho, la cárcel, la cadena perpetua
y peor aún, la pena de muerte, se han convertido en formas
oficializadas de venganza. Con frecuencia, en la vida religiosa,
caemos en el paradigma del hijo mayor de la parábola del Hijo
Pródigo. Pide castigo para el hijo menor. El Hijo mayor sabía
cumplir con todos sus deberes pero no sabía amar. Los religiosos
sabemos cumplir rigurosamente con todos los deberes religiosos (rezar
el oficio fielmente, el santo rosario, celebrar la Eucaristía
...) pero con frecuencia, no sabemos amar. El
tercer módulo es elaboramos un pacto. Uno
de los elementos claves dentro de la espiritualidad testamentaria
es la alianza, el pacto. Los pactos se convierten en la expresión
más profunda de los nexos que unen a los humanos entre si
y con Dios, que se hace testigo de esos acuerdos. Los
pactos tienen básicamente
tres grados. El pacto más bajo es el pacto de co-existencia.
Es el perro y el gato que conviven en la misma casa y deciden de
respetarse y no ofenderse. Aquí estamos a nivel de simple natura. Un
pacto de grado más alto es el pacto de
convivencia. Las personas elaboran ya un proyecto mínimo
de vida para llevarlo a cabo conjuntamente. Aquí estamos
a nivel de cultura. El
grado más alto es
el pacto de comunión o comunidad. Aquí estamos
en el nivel más refinado de espiritualidad Con
sobrada razón, se
puede afirmar que ciertos estilos de vida religiosa en los conventos
se queda a nivel de simple co-existencia expresada a través
de relaciones frías e indiferentes. Son realidades que reclaman
a gritos cambios radicales, en cuanto que se convierten en anti-testimonios
del evangelio de Jesús. El
cuarto y el quinto módulo
desarrollan los temas de la reparación y de la celebración
de la memoria y vida nueva. Es verdad que en muchos casos será imposible
reparar suficientemente ciertas atrocidades. Ni en Sud Africa, ni
en Alemania, ni en Rwanda, ni en ningún lugar. Es por eso
que es necesario trascender lo que es la reparación simplemente
material para inventar formas de reparación simbólicas
pero igualmente compensadoras. Es igualmente importante comenzar a fortalecer la
cultura de la reparación vicaria. Los participantes
a las Escuelas de Perdón y reconciliación en algunos
Barrios en Bogota han comenzado a establecer la práctica de celebraciones
de memoria y reparación por medio de reuniones de la comunidad
en donde le permiten a las victimas de algún infortunio o
violencia contar la historia, facilitar el reconocimiento de su dolor
y recibir simbólicamente algún gesto de reparación
por parte de una de la comunidad. Cuarto,
se aplica una estrategia de multiplicación
por células. Finalmente, es una propuesta no solamente
de heroicidad sino también una propuesta de alta política
y del mas refinado trabajo social. Dentro
de las ESPERE se le da mucha importancia al rito, al símbolo, a la ceremonia. Se busca de recuperar positivamente
toda aquella cultura acumulada en las cortes de justicia en donde
se usan símbolos y ritos (el martillo, la peluca del juez,
la toga, el ambiente sagrado) para darle solemnidad a este nuevo
tipo de justicia restaurativa y a este poderoso paradigma
de la compasión y de la ternura. Los gestos y ritos ayudan
así a hacer visible, solemne y simbólica el acto heroico
del Perdón y de la reconciliación pero sobretodo, ayudan
a que las víctimas, con frecuencia agobiadas por el caos infligido
por una violencia, recuperen el sentido de orden y armonía
de las cosas. Las
Escuelas de Perdón y Reconciliación – ESPERE — se
convierten así en espacios sagrados donde las personas recuperan
y fortalecen lo más valioso de su humanidad y de su espiritualidad:
la ternura, la bondad, la compasión. Es lo que nos hace parecernos
más a la Divinidad. _______________ Las ESPERE,
se llevan a cabo actualmente en ciudades de Colombia y de Brasil
con poblaciones de Barrio, con miembros de Congregaciones Religiosas,
con estudiantes de Escuela, con grupos de desplazados, con grupos
de subversivos reinsertados, con profesionales de las áreas
sociales, con personal de las cárceles y últimamente
con empresas. Para mayores informes, visitar: www.fundacionparalareconciliacion.org o escribir a: leonel@fundacionparalareconciliacion.org __________________________________ Bibliografía básica
_______________________ Footnotes |